lunes, 23 de julio de 2012

Sincretismos religiosos en México: la santería cubana en Mérida


Por Nahayeilli Juárez Huet*


*Investigadora del Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) Peninsular.


Las religiones afroamericanas como la santería, el candomblé, el vudú y el palo-monte por mencionar sólo algunas de las más conocidas, se originan con el comercio trasatlántico de esclavos africanos de casi cuatro siglos (s.XVI-XIX). De acuerdo con Roger Bastide (1971), uno de los investigadores clásicos el tema, dichas religiones pudieron germinar en el seno de los llamados cabildos y cofradías que eran asociaciones mutualistas organizadas bajo advocaciones católicas y constituidas en cada ciudad por africanos y afrodescendientes de una misma procedencia étnica. A la larga, en estos espacios nacieron las religiones afroamericanas en sus distintas variantes aunque hay que subrayar que poseen elementos en común tales como: la existencia de un ser creador pero inaccesible; la creencia en intermediarios entre el creador  y el hombre (en la santería se les llama orishas) a quienes se les puede granjear favores y protección con ofrendas; el culto a los ancestros; y el uso de métodos y técnicas de adivinación (oráculos) y comunicación con seres del mundo espiritual (mediumnidad, videncia…) con los que se negocia para lograr un camino de vida menos adverso.


Altar en honor a los orishas, Progreso, Yucatán.


La santería nace en Cuba, se considera de base yoruba[1] se difunde ampliamente en el continente americano después de la Revolución cubana (1959).  Es una religión que se gestó dentro de un contexto colonial predominantemente católico pero que también integró a lo largo de su conformación elementos del espiritismo kardeciano que tomó una gran fuerza en el siglo XIX. Asimismo se complementa con otros cultos de origen africano, como el Palo Monte por ejemplo. No está en lo absoluto circunscrita a poblaciones afrodescendientes, tal como lo ilustra justamente el caso de México. Su presencia en nuestro país es un fenómeno contemporáneo que ha sido impulsado por las industrias de la música y el cine (especialmente en la primera mitad del siglo XX), los flujos migratorios, el turismo y las tecnologías de comunicación. Cabe destacar que aunque la santería en nuestro país es practicada como religión desde finales de los años sesenta, siendo la capital mexicana su lugar principal de concentración, es sobre todo a partir de la los años noventa que comienza a hacerse mucho más visible en otras ciudades y regiones del país, como es el caso de la península de Yucatán en donde además de Mérida, también se practica en Campeche, Cancún y Chetumal.

 A pesar del catolicismo dominante, hoy, la pluralidad religiosa es ya una característica del paisaje religioso meridano en el cual la santería se va abriendo camino y espacio. El periodo de su difusión más palpable comienza hace una década a través por un lado, de santeros del D.F. que emigraron o vivieron por un tiempo en Mérida y Progreso  y por el otro de la migración cubana y del flujo de visitantes yucatecos a Cuba. Una gran mayoría de sus adeptos mexicanos siguen considerándose católicos, y al mismo tiempo varios son (antes de que conocieran la santería) espiritistas. A lo anterior se suma una diversidad de prácticas orientalistas que sus mismo adeptos hacen complementarias, en especial en el terreno de las “mancias” (lectura de cartas), técnicas terapéuticas (limpias, sanación) y manejo de energías de corte oriental.

Es difícil saber el número de afiliados a esta religión ya que la vasta mayoría se declara ante el Censo como católico. Hay que subrayar sin embargo que por primera vez se incluyó la categoría “afro” en el Censo  de 2010 aunque ésta encierra muchas variantes y no existe una sistematización de datos por el INEGI que nos pudiese dar mayor información al respecto. A lo anterior debemos sumar que a nivel social  a menudo se le categoriza como secta, brujería, charlatanería y “falsa religión”; se le vincula al imaginario de lo demoniaco, y de manera ambigua con la delincuencia. Esto, debido a las representaciones que históricamente construyeron los grupos dominantes (la Iglesia católica, las empresas coloniales, etc.) sobre la misma y a una difusión tergiversada y sensacionalista de algunos medios de comunicación más contemporáneos. Estas representaciones tienden a confinarla a la estigmatización.

Cabe destacar que su imagen y valoración no siempre es la misma, esto dependerá en dónde circule. Lo mismo se pueden encontrar varios de sus símbolos circulando en mercados y botánicas o Centros esotéricos y de magia, que en espacios y eventos culturales en donde se presenta como un patrimonio cultural no sólo cubano sino afrodescendiente. En internet abarca una gran variedad de representaciones y existe una gran diversidad de foros y cibernautas adeptos, seguidores o simpatizantes de la misma.

Sus practicantes provienen de distintos estratos socio-económicos y niveles educativos heterogéneos. Aunque no se trata de personas de recursos escasos ya que las servicios religiosos y sobre todo las ceremonias de iniciación o festivas en un nivel colectivo implican un desembolso económico llamado “derecho” que puede superar hasta más de 10 veces el salario mínimo (por el número de personas que trabaja en los rituales que duran a veces hasta 7 días, además de la materia prima que se necesita, entre otras cosas) El nivel de escolaridad varía ampliamente, desde primaria (terminada o truncada) hasta posgrado e incluye también algunos oficios (artesanos, costureras…). Las ocupaciones de sus iniciados se distribuyen en áreas diversas: comerciantes, profesores, técnicos, empresarios, amas de casa, funcionarios de gobierno, abogados, ingenieros, artistas (músicos, bailarinas), y estudiantes. Hay una predominancia de mujeres aunque las jerarquías más altas las ocupan los hombres. Los yucatecos iniciados en esta religión que decidieron mantenerla como el eje fundamental de su devoción y práctica religiosa, aseguran haber encontrado salud, estabilidad y recursos simbólicos gracias a los cuales cobra sentido la vida e incluso la desgracia.

 Así,  pesar de su estigmatización resulta paradójico sin embargo, que el atractivo de la santería no parece disminuir, sino todo lo contrario, y es hoy parte de la cotidianidad religiosa de muchos meridanos. También están aquellos que sin ser iniciados no dejan de consultar con el santero de su confianza, de hecho, esta población de consultantes parece ser mayoritaria con respecto a los iniciados. La presencia de esta religión en un México caracterizado por la presencia de una gran diversidad de prácticas y creencias, en muchos sentidos análogas con la santería, dan pie a nuevos préstamos y permanentes sincretismos.



[1] Categoría que designa a un grupo etno-lingüístico en África occidental, principalmente Nigeria y Benin






Publicado originalmente en Diario de Yucatán, 18 de febrero de 2012.


2 comentarios:

Ava María dijo...

Muy interesante este artículo, la Red Literaria del Sureste, es de obligada revisión, sumo siempre conocimientos novedosos, y agradezco las lecturas e informaciones culturales, todas, que nos comparten, saludo a sus miembros y les deseo muchos éxitos en la labor literaria que desarrollan. Desde Cuba una fiel y curiosa lectora.
Eva

La Red Creativa dijo...

Muchas gracias por sus comentarios como siempre, Ava María. Un saludo afectuoso hasta la hermana Cuba

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