sábado, 14 de enero de 2012

El idioma maya yucateco y la familia lingüística mayance

Por Martín Sobrino Gómez

Popularmente la palabra “dialecto” tiene un sentido despectivo y suele aplicarse a lo que en realidad son idiomas como tales pero que por cuestiones históricas no tienen prestigio social en la comunidad en la que se encuentran inmersos. Ejemplos característicos de esta situación los encontramos en nuestro propio país. Es típico escuchar que suelan referirse a las lenguas de los grupos autóctonos de América como “dialectos”. Y las razones son variadas.



La mestiza, de Fernando Castro Pacheco

Se cree que al no poseer escritura, muchos de estos sistemas de comunicación no llegan a tener el estatus de “idioma”. Con frecuencia se señala el número de hablantes como un indicador de este mismo estatus, es decir, suele creerse que se necesita cierta cantidad de hablantes para que un “dialecto” se convierta en “idioma”. En más de una ocasión los estudiosos del lenguaje, no sin cierta extrañeza, han escuchado decir que los “dialectos” no poseen gramática y que por eso no son “idiomas”. Otra noción de dialecto en sentido negativo es la que los grupos dominantes de una sociedad particular suelen aplicar a la manera de hablar de los individuos pertenecientes a estratos inferiores de la escala social, que utilizan una forma “corrupta” del idioma. Toda esta creencia por supuesto

es falsa. Por otro lado, los mismos hablantes de lenguas indígenas comienzan a referirse a sus idiomas como “dialectos”, aunque no con el sentido peyorativo sino más bien con el de identidad pues los contraponen a los “idiomas” al señalar generalmente a las lenguas de origen europeo. De manera general y sin entrar en detalle podemos decir que un dialecto, como se entiende en los estudios del lenguaje, es la variedad de una lengua. Esta variedad generalmente se habla dentro de los límites de una región que a la vez forma parte de otra región geográfica más grande.

La lengua es un sistema de comunicación hablada compartido por una o más comunidades humanas. Es por ello que a pesar de poder traducir palabras y expresiones de un idioma a otro, o más bien, de encontrar equivalentes para su interpretación, pues si no se conoce la estructura de la lengua y la cultura de la sociedad o sociedades que la hablan, no será posible percatarse plenamente del sistema de valores de esas comunidades.

Desde que los frailes españoles en el siglo dieciséis llegaron a la provincia de Yucatán e iniciaron sus estudios sobre el maya le dieron el carácter de lengua, y de hecho sería así cada vez que se hiciera algún tratado sobre ella. En el siglo diecinueve puede verse que los estudiosos e intelectuales de la época, tanto mexicanos como extranjeros, se referían al maya también como un idioma. Sin embargo, la clasificación científica de las lenguas en ese momento no era aceptada por todos. En esa situación encontramos al abate Brasseur de Bourgbourg, aquel gran estudioso y amante de las culturas americanas que descubriera el Popol Vuj, el ballet-drama del Rabinal Achí y la Relación de las cosas de Yucatán de fray Diego de Landa entre otros documentos de valor histórico. Bourgbourg no aceptaba las tres etapas propuestas sobre la evolución de los idiomas, sobre todo porque la última etapa tenía toda la estructura de los idiomas europeos y las dos primeras tenían más qué ver con los idiomas de Asia, África y América. Esto por supuesto deja ver la subjetividad de aquellos investigadores al concebir más evolucionadas a las lenguas imperiales y literarias de aquel momento. Eligio Ancona en su Historia de Yucatán al respecto narra lo siguiente:

El abate Brasseur de Bourgbourg se ríe un poco de esta clasificación, desafía a los sabios a que le señalen dónde termina la [segunda etapa] para empezar la [tercera etapa], y se indigna del desdén con que éstos tratan a los idiomas americanos. Añade que el maya, el quiché y el mexicano deben ser colocados bajo este punto de vista, a la misma altura que el griego y el latín...


Abate Brasseur de Bourgbourg



El maya yucateco pertenece a la rama yucatecana de la familia lingüística mayance. En la familia mayance existen muchas otras lenguas que se agrupan de acuerdo con sus semejanzas y sus diferencias. Esta familia lingüística se compone de 32 lenguas mayas, de las cuales dos son ya lenguas muertas (chicomucelteco y choltí), y se divide en cuatro ramas: huastecana, yucatecana, cholano-qanjobaleana y mameano-kicheana. A su vez estas ramas se subdividen en nueve grupos: el huastecano con las lenguas huasteco y chicomucelteco; el yucatecano con las lenguas maya yucateco, lacandón, itzá y mopán; el cholano con las lenguas chontal de Tabasco, chol, chortí y choltí; el tzeltalano con las lenguas tzeltal y tzotzil; el chujeano con el chuj y tojolabal; el qanjobalano con el qanjobal, el akateko y el jakalteko; el grupo mameano con el mam y el tekiteko; el grupo ixileano con las lenguas ixil y awakateko; y finalmente el grupo kicheano con el uspanteko, el kaqchikel, el tz’utujil, el k’iche’, el achí, el sakapulteko, el sikapakense, el poqomchí, el poqomán y el kekchí (Kaufman1990).



Distribución geográfica de las lenguas mayas (Fuente: Wikipedia.org)


Sólo para dar una aproximación al panorama lingüístico del maya yucateco, pensemos que el mopán, que se habla en Belice y que pertenece a la misma rama lingüística que el maya (la yucatecana), está tan cercano de éste como lo puede estar el portugués del español. Por otra parte, si comparamos el maya yucateco con el tzotzil o con el quiché, ambas lenguas pertenecientes a otras ramas de la familia y alejadas geográficamente, tendremos una diferenciación más o menos como la que hacemos del español con respecto al francés o al rumano por decir algo. No se trata pues de dialectos mayas sino de lenguas mayas.

Que la familia lingüística se llame mayance no quiere decir que todas esas lenguas se derivaron del maya de Yucatán, es más bien una etiqueta científica para designar a un gran grupo de idiomas que comparten muchas características debido a que tuvieron el un origen común. De hecho, actualmente los mayas de la península de Yucatán, los itzáes, los mopanes y los lacandones (cuyas lenguas forman la rama lingüística yucatecana) son los únicos que designan a sus propios idiomas con el nombre de “maya”.

Los hablantes de las otras lenguas de la familia, fuera de la rama yucatecana, no conocen sus propios idiomas con este nombre. Tomemos por ejemplo los casos del tzotzil y el tzeltal que se hablan en Chiapas. Son lenguas hermanas entre sí, y vendrían siendo algo así como lenguas “primas” del maya de la península de Yucatán. La denominaciones propias de estos idiomas son bats’i k’op y bats’il k’op respectivamente. Lo que estos nombres significan en una traducción literal es ‘lengua (k’op) verdadera o legítima (bats’i, bats’il)’. Podemos decir lo mismo de las lenguas chol y chontal, la primera hablada en el Norte de Chiapas y la segunda en Tabasco, en las que las denominaciones en lengua indígena, lak ty’añ y yoko t’an respectivamente, tienen el mismo significado que en los casos anteriores, esto es, ‘lengua (ty’añ, t’an) legítima, verdadera o propia del lugar (lak, yoko)’. Es para fines de clasificación que los investigadores nombran a las lenguas de esta familia lingüística con el nombre “maya” seguido del nombre del grupo: maya chol, maya tzotzil, maya quiché.



Se decidió llamar “mayas” a ese gran conjunto de lenguas, en parte porque los mismos investigadores también llamaron así a la cultura y a la civilización compartida por estos grupos. La razón es, al parecer, que los primeros investigadores de las grandes construcciones ancestrales en lo que hoy conocemos como área maya (península de Yucatán, Tabasco, Chiapas, Belice, Guatemala, Honduras y El Salvador) se sirvieron principalmente de documentos históricos en los que la modalidad yucateca de esta cultura fue la que se representaba en ellos. El mayista norteamericano Michael D. Coe sobre esto apunta:

Como apéndice del primer volumen de Incidents of Travel de 1843 [del explorador John Lloyd Stephens], los lectores podían encontrar la aportación de Pío Pérez, Ancient Chronology of Yucatán, que hacía por primera vez una explicación notablemente detallada del funcionamiento del calendario maya, en el cual se daban los nombres de los meses y los días nativos. Además, en el segundo volumen podían leer el original maya y una traducción al inglés de una importante crónica de la ciudad de Maní, en la que aparecían ciudades antiguas como Chichén Itzá y Mayapán. De ese modo, por vez primera, los estudiosos aplicaban documentos mayas de la época colonial a la comprensión del pasado prehispánico.1

La Relación de las cosas de Yucatán de fray Diego de Landa, descubierta por el abate Brasseur de Bourgbourg en 1862, ha sido de los más importantes documentos históricos para el estudio y comprensión de la vida de los mayas en la época prehispánica. La cultura maya yucateca es la que el religioso describe en la Relación.

Sin embargo, en otros documentos podemos encontrar referencias a otras variedades del maya e incluso a otros idiomas. El fraile Antonio de Ciudad Real, en su Tratado curioso y docto de las grandezas de la Nueva España (un tratado de la época colonial sobre temas como historia, ceremonias, dioses y demás), hace mención de las diferencias que podían encontrarse en la lengua maya en aquella época y aun menciona a la lengua chontal de Tabasco:

Todos los indios de aquella provincia... hablan una lengua que se llama mayathan o lengua de Maya, excepto los de Campeche que difieren en algunos vocablos y llámase su lengua canpechthan o lengua de Campeche, y los de Tixchel que tienen otra lengua más diferente, llamada putunthan o chontal; pero los unos y los otros son muy pocos respecto de los de Maya, y sabida la lengua déstos (sic) fácilmente se sabe la de los otros.

En la misma Relación de las cosas de Yucatán se proporciona cierta información sobre la variación del maya:

Que la lengua de esta tierra es toda una, y que esto aprovechó mucho para su conversión aunque en las costas hay alguna diferencia en vocablos y en el tono de hablar; y que así los de la costa son más pulidos en su trato y lengua...

Desde el siglo dieciséis, al menos con respecto a los vocablos y a la prosodia, se han señalando las diferencias entre los hablantes de maya. Así por ejemplo, en el Calepino de Motul algunos de los vocablos registrados se presentan como característicos del maya que se hablaba en la región de Campeche, puesto que antes de dar el significado de la palabra se hace notar que “en lengua de Campeche” tiene un significado especial o que sólo ahí se usaban tales vocablos.2

El chontal de Tabasco, que en la referencia de Lizana se le nombra con una denominación propia de los hablantes de maya para referirse a este idioma lejano (putunthan), sabemos hoy día que desde ese entonces era una lengua perteneciente a otra rama de la familia distinta al maya de Yucatán. En cambio, la variedad del maya de Campeche que se pone de relieve en los documentos históricos en contraposición al maya de Yucatán es, al igual que este último, un dialecto del idioma que los lingüistas de hoy llaman maya yucateco y se considera como lengua distinta del itzá, del mopán y del lacandón.3

Para el caso del maya yucateco, idioma original de la península de Yucatán, encontramos hoy en día dialectos o variedades regionales donde en un primer acercamiento notamos ciertas diferencias entre el Oriente, el Sur y el centro de Yucatán o entre diversas regiones de Campeche y Quintana Roo. Al sur de Belice y en el Petén guatemalteco nos topamos ya con los idiomas mopán e itzá respectivamente.



Notas al pie

[1] Coe, M. El desciframiento de los glifos mayas, p. 101.

[2] Este diccionario de maya se ha fechado perteneciente al último cuarto del siglo dieciséis y se piensa, por una referencia hecha por el autor, que fue confeccionado en la ciudad de Motul.

[3] La etiqueta “yucateco” también se emplea ya por tradición para designar al maya de Yucatán, Campeche y Quintana Roo.



Referencias y obras consultadas

ANCONA, Eligio. Historia de Yucatán. Cuatro tomos. Impresión facsimilar. Universidad de Yucatán. Mérida. [1878] 1978.

Calepino de Motul 1995 Edición de Ramón Arzápalo Marín, México: UNAM, IIA, 3 tomos.

CIUDAD REAL, Antonio de. Tratado curioso y docto de las grandezas de la Nueva España. Edición de Josefina García Quintana y Víctor M. Castillo Farreras. UNAM. Instituto de Investigaciones Históricas. México. 1993.

COE, Michael D. El desciframiento de los glifos mayas. Fondo de Cultura Económica. México. 2001.

KAUFMAN, Terrence. “Algunos rasgos estructurales de los idiomas mayances con referencia especial al k’iche’”. En Nora C. England y Stephen R. Elliot (Comps.) Lecturas sobre la lingüística maya. Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica. La Antigua Guatemala. Plumsock Mesoamerican Studies. South Woodstock. Vermont. Guatemala. pp. 59-114. 1990.

LANDA, Diego de. Relación de las cosas de Yucatán. Introducción de Ángel María Garibay. Editorial Porrúa. México. 1978.

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