martes, 4 de enero de 2011

Las siete formas de combate de Miguel Ángel Civeira González



Por Raúl H. Pérez Navarrete

Es indudable que en los últimos diez años se ha estado escribiendo un nuevo capítulo en la historia de la literatura que se hace en el estado de Yucatán. Dramaturgas como Karla Marrufo, poetas como Manuel Iris, Agustín Abreu, Tomás Ramos y Manuel Tejada, y narradores como José Castillo y Juan Esteban Chávez son algunos de los jóvenes que forman parte de las primeras generaciones de graduados de las licenciaturas en letras que se ofrecen en Yucatán.

Junto a estos escritores, también se encuentra Miguel Ángel Civeira González, autor del libro Las siete formas de combate (ICY-CONACULTA, 2010), “colección de 20 cuentos organizados en siete secciones que representan distintas formas de enfrentarse a la vida…”

Miguel Ángel Civeira González “nació en el orwelliano año de 1984, en la no menos orwelliana ciudad de Mérida, Yucatán.” Entre otras cosas, ha sido niño de coro, vendedor de limonada, ecologista, cinta amarilla en karate, basquetbolero mediocre, paleontólogo aficionado, coleccionista de monedas, vegetariano tramposo, creyente en ovnis, creador de campañas para Age of Empires, fan de Star Wars, actor, modelo, universitario, freak de la generación, articulista, papá soltero, vendedor de revistas, corrector de ortografía, ponente en congresos, maestro de prepa, presentador de películas, activista, bloguero, redactor de notas periodísticas, psiconauta, reportero, licenciado en letras hispánicas…

Autodefinido en la actualidad como “aspirante a escritor”, la siguiente charla con Civeira González se llevó a cabo en el Parque de las Américas, lugar en el que se ubica el Centro Cultural José Martí, donde Miguel Ángel trabaja como uno de los coordinadores del cine foro de ese espacio.

Con música de los Beatles interpretada por los actores de la cinta Across the universe como fondo, Civeira González contestó las siguientes preguntas:


Háblame de Las siete formas de combate ¿cuándo surge el libro y por qué el título de éste? ¿Qué significa?

El libro no surge como una idea homogénea. Yo empiezo a escribir cuentos por separado, de diferentes temas entre sí; el más antiguo, que es el de “La fabulosa tienda de don Cosme González”, lo empecé a concebir en el 2003, en ese momento hice el primer borrador; los demás fueron saliendo solitos. Cuando ya tenía un cierto número de cuentos empecé a concebir la idea de organizarlos en un libro. En 2007 terminé una primera versión de éste, la cual fue revisada, y estuve tocando algunas puertas para ver quién lo publicaba. Luego lo revisé unas cuantas veces más y lo propuse al Instituto de Cultura de Yucatán donde me recomendaron hacer unos cambios los cuales me parecieron muy buenos, muy pertinentes; creo que el libro quedó muy bien gracias a ello.

El nombre Las siete formas de combate me vino a la mente por La guerra de las galaxias, por las siete formas de combate con el lightsaber, las artes marciales con las que entrenan los jedi… y pues me pareció un nombre pegajoso para el libro. A partir de ese concepto decidí dividirlo en siete secciones y que cada sección tuviera, si no un tema, sí un tono, una atmósfera. Decidí empezar por los cuentos en apariencia más optimistas; creo que si se leen una segunda o tercera vez uno se da cuenta que hay cosas ahí ocultas. En el libro hay cuentos muy variados, desde unos muy fantásticos hasta otros sobre la vida cotidiana. El libro termina con un cuento sobre odio, sobre miseria, sobre la misantropía.




Estos tonos de los que hablas se mencionan en la contraportada…

El libro empieza por un optimismo casi infantil, pero es un optimismo que se logra ignorando los aspectos oscuros de la realidad por lo que parecen cuentos “chistosones”, sin embargo, en ellos hay algo ahí oculto. Hay también cuentos con una atmósfera misteriosa, otros con una atmósfera onírica, otros que tratan del miedo, del dolor, y así sucesivamente. No me gustaría decir “esta sección es de esto y la otra sección de esto otro” porque en realidad sólo tengo muy bien definidas la primera y la última, el resto lo dejé más generalizado; preferiría que los lectores se den cuenta de cómo está organizado.

Tú no tallereaste el libro, tú lo escribiste solo.

Sí, lo escribí solo, pero en el ICY me dieron unos consejos sobre el orden de los cuentos y sobre la inclusión de algunos otros. En realidad me dijeron que dudaban sobre un cuento sobre el cual yo también dudaba. Entonces me pareció que si los dos teníamos la duda y no estábamos completamente satisfechos, pues me dije “vamos a sacarlo”.

¿Y ese cuento cuál es?

Un cuento que ya no se incluyó. Y pues hice algunos cambios: algunos cuentos los desterré para otros proyectos. Uno de ellos se fue a un proyecto de cuentos eróticos y otro para un libro de cuentos de terror para de esa manera hacer mi binomio “eros y tánatos”… Pero eso todavía es un proyecto.

Los cuentos no los tallerié con nadie, los hice yo solo… bueno, miento… el cuento de “La tienda de don Cosme…”, en una de sus primeras versiones, la maestra Beatriz Rodríguez me hizo el favor de revisarlo y me señaló muchos vicios del estilo que tenía; a partir del tallereo de ese relato aprendí muchas cosas que luego me sirvieron para revisar yo mismo los cuentos.

Creo que es fascinante conocer el proceso creativo, el saber cómo una persona llega a ese producto final.

Yo no sé, a veces trato de echarme para atrás y no me acuerdo de cómo empezó, de repente ya tengo el cuento y ya está. Hay algunos casos muy específicos en los que sí me acuerdo de cómo empezó la idea, pero en general no hay una formula. Cada cuento surge de manera distinta, por diferentes inspiraciones.

¿Qué tan importante fue para ti la formación universitaria, estudiar una carrera como Letras Hispánicas?

Fue muy importante porque me dio las lecturas necesarias para mi formación como escritor, creo que sin carrera, por lo menos a mí -sé que hay personas autodidactas que lo hacen maravillosamente; los profesionales de la literatura somos minoría- me sirvió para darle un orden a mis conocimientos, a mis lecturas; sin la carrera, sin maestros que me guiaran, no le habría podido dar coherencia a mis lecturas pues yo supongo que habré tenido lecturas muy desordenadas. También está el aspecto de la teoría de la literatura, créanlo o no, la teoría literaria sirve para la creación literaria.

Es notoria la variedad de temas de los 20 cuentos que conforman el libro, sin embargo, existen constantes, como por ejemplo una visión sarcástica de las clases sociales altas que es evidente en cuentos como “La fabulosa tienda de don Cosme González”, “Veterinario acusado de fraude sale libre” y “Un cuento sin título” ¿Qué puedes comentar al respecto?

El cuento del veterinario está basado en una anécdota, en un suceso real: un día llegó una amiga mía a decirme que cuidara a un perrito por una noche -un perrito precioso- pero que era cruza de husky siberiano con pastor alemán que el hermano de mi amiga le había regalado a la novia; la mamá de la novia no aceptaba tener un perro que fuera una cruza de dos razas diferentes por lo que no tenían dónde dejar al perrito; fue por esa razón que me lo quedé una noche. A partir de eso dije: “¿qué tiene esta gente en la cabeza?”, y fue así que concebí la idea del cuento. No son inventos míos, así son estas personas.

Yo estudié en una escuela privada, estudié en el Colegio Peninsular Roger's Hall, escuela muy fresa donde asistía un poco de la élite meridana y fue de esa manera que conocí la forma de pensar de estas personas.

Otro tema que salta a la vista es una visión pesimista del mundo intelectual, sobre todo en el cuento “El hijo del sabio o ¡He creado un monstruo!”. Mi pregunta es ¿con una gran inteligencia viene una gran infelicidad?

No, para nada, yo creo que el cuento no es solamente sobre el intelectual, es que el mundo no parece estar hecho para las personas inteligentes, el mundo es hostil para los inteligentes y eso es algo que también quería retratar en ese cuento; no es que los intelectuales sean pedantes, egoístas y encerrados, sino que realmente el mundo ahí afuera es supersticioso, intolerante, conformista; un mundo en el que una persona medianamente inteligente se puede sentir amenazada. Eso lo vemos en las escuelas en donde los niños inteligentes son acosados por los demás, algo que incluso ya vemos en el ámbito de la vida adulta.

No creo que con una gran inteligencia venga una gran infelicidad, al contrario.

La religión y las supersticiones igualmente son presencias constantes en Las siete formas de combate. ¿Religión y superstición son para ti palabras sinónimas?

Vaya, esa es una pregunta muy difícil. Creo que existe la espiritualidad independientemente de la superstición y que además mucha gente confunde espiritualidad con superstición. Creo que lo que debería de ser una serie de preceptos para hacer a los seres humanos más justos y más benévolos con su prójimo son ignorados y, en su lugar, son observados los rituales, los mitos, los ídolos, los símbolos y los altares que sí creo son supersticiones.

Hay dos cuentos que siento resaltan en el libro, son relatos que califico como alegóricos, metafóricos; uno es “Lloré cuando calló la Ciudad de Azúcar” y el otro “¿Quién vive?”. ¿Qué significan estos cuentos?

Creo que es hacer trampa que un escritor explique sus textos, hay que dejarlos abiertos a la interpretación pero en “Lloré cuando calló la Ciudad de Azúcar” hay muchos juegos de palabras; muchas imágenes de ese cuento me vinieron de la música de Cri-Crí. Es uno de los cuentos más antiguos del libro, lo empecé a escribir en la misma época de cuando escribí el de don Cosme, es uno de los primeros. “La ciudad de azúcar” empezó como un ejercicio de escritura automática y luego le fui dando forma.

El cuento de “¿Quién vive?” fue un arrebato de inspiración: me senté y lo escribí de corrido. Conforme lo iba escribiendo me fui encontrando con sentencias un poco “locochonas” que me gustaron y que fueron formando un significado.

¿Cómo un capricho?

Empezó como algo caprichoso, de hecho, ese cuento empezó con el título de un relato de Ítalo Calvino que se llama “Uno de los tres todavía está vivo”. Al leer ese cuento empecé a pensar: “uno de los tres está vivo… entonces qué tal si tenemos tres cadáveres, uno de ellos está vivo, entonces cómo saber que uno de los tres está vivo si todos están moviéndose…” El cuento de Ítalo Calvino no tiene nada que ver con eso pero fue así como empezó, además de algunas cuestiones que surgieron de forma automática como la descripción del escenario, de las montañas, del pueblo; fue algo que veía muy claramente.

Mencionaste a Cri-Crí. En los epígrafes que utilizas el de Gabilondo Soler es el único real. Háblame de los epígrafes.

El primer epígrafe es el que despotrica en contra de los epígrafes. Quería ponerle a cada una de las secciones algún epígrafe que fuera ingenioso; el primero es el que habla de los epígrafes porque yo siento que en este medio de jóvenes escritores le ponen epígrafes a todo, hasta al más sencillo ensayo. Me parece que en muchos casos es en cierta forma es un ejercicio de pedantería: “miren, yo he leído todo esto”, mientras que en otros es ampararse bajo la sombra de ese gran autor: “me amparo bajo este gran autor que me influye”. Es así que decidí hacer los epígrafes yo mismo, excepto el de Cr-Crí, que me parece muy poderosa esa frase: “anoche estaba yo solo y vino el lobo y vino el lobo”; puede dar miedo si la separas de su contexto.


Junto a los epígrafes hay otro elemento que acompañan a los textos: las ilustraciones del libro, ¿tú las hiciste?

Sí, yo las hice. Son dibujos de una sola línea que se retuerce una y otra vez dentro sí misma hasta que se vuelve a encontrar con el principio. Son dibujos que empecé a hacer durante la carrera porque a veces me aburría, bueno, no sólo cuando me aburría, tengo manos muy inquietas y necesito estar jugando con algo, entonces para tener las manos ocupadas y atender a lo que decía el profesor hacía estas líneas. Luego decidí darles forma pues en un principio eran completamente abstractos. Los que están incluidos en el libro fueron hechos después de escritos los cuentos. Para este libro fue la primera vez que decidí hacerlos en forma, en un pedazo de cartulina, con tinta negra, con cuidado; algunos me tomaron más de un día en terminarlos.

Las referencias cinematográficas son igualmente obvias: La noche de los muertos vivientes, Frankenstein, Fantasía… E incluso el relato “No lo sé” me hizo pensar en el cine de Tarantino y en cintas japonesas como Battle royale ¿Qué importancia tiene para ti el cine?

El cine es muy importante para mí, yo soy cinéfilo, soy completamente cinéfilo, de hecho, me duele no poder ver todo el cine que quisiera. El cine es muy importante, es algo que siempre introduzco a la literatura…Y lo que mencionas sobre “No lo sé”… pues no lo había pensado así pero puede ser.

En el mismo nombre del libro hay referencias al cine; hay muchas referencias ahí…

¿Más de las que yo mencioné…?

Hay ahí referencias que están ocultas… huevos de pascua.

Yo esperaba que también mencionaras el cine foro del Centro Cultural José Martí…

Pues trabajo en el cine, he asistido a muchos cursos de cine, trabajo en un cine foro, incluso intenté hacer uno cuando estudiaba en la Universidad Modelo que no funcionó; siempre he estado cerca del cine. También tomé un curso de dirección cinematográfica e incluso hice un corto que está ahí, olvidado en algún cajón.

¿Algún día lo veremos?

Pues no sé (risas).

Además del cine, también estás involucrado en la difusión cultural con la Red Literaria del Sureste y con tu blog ¿qué puedes decir al respecto?

Pues como tú bien sabes, la Red Literaria del Sureste somos un grupo de amigos, maestros y alumnos que tenemos como fin promover el conocimiento, la literatura y la lectura aquí en Yucatán. En realidad estamos empezando; lo importante que hemos hecho se ha circunscrito a la ciudad de Mérida pero esperamos ir creciendo poco a poco. Yo he tenido el gusto de participar en los homenajes que se le han hecho a Edgar Allan Poe, a Arthur Conan Doyle y a Charles Darwin.

Honestamente tenía dudas sobre preguntarte por el blog, me refiero a la cuestión del anonimato.

Es anónimo pero no es anónimo, es decir, no pongo mi nombre en el blog pero todo mundo sabe quién soy. Me han dicho que el blog está mejor que el libro (risas).

Además de la difusión cultural, tú eres profesor en el nivel medio superior, ¿cuáles son las principales satisfacciones y cuáles las mayores decepciones de esta profesión?

He tenido muchas satisfacciones, creo que la más inmediata es el aprecio de los alumnos, eso me ha dado mucho gusto; he tenido alumnos que me piden que les de la materia tal, que me dicen “¿y no nos va a dar usted esta materia? Haga que nos de esta materia”. También la satisfacción de ver que se logra un cambio en sus mentes; tengo alumnos que empiezan a leer, que empiezan a pensar, a reflexionar, a tener un sentido crítico. Eso es una de las grandes satisfacciones.

Y con respecto a las decepciones, no sé si decir la mayoría, pero creo que a un gran número de alumnos, por lo menos yo, simplemente no pude hacer más por ellos que ayudarlos a pasar la materia y, a veces, ni eso.

Ya me adelantaste algo al principio pero ¿qué planes tienes a futuro?

El libro de cuentos de terror lo tengo casi listo, en cuanto al de relatos eróticos tengo las sinopsis de cada cuento, tengo en mis notas cómo quiero que vaya cada texto pero todavía no lo he empezado a escribir así que creo que va para largo. Tengo un libro de cuentos de terror que ya está casi listo y a ver si sale; tengo ya los cuentos escritos, sólo queda hacer las correcciones que uno nunca termina de hacer.


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