domingo, 31 de octubre de 2010

Clausell en Yucatán



Por Jorge Cortés Ancona


Entre la variada información que aparece en las secciones “Leyes y Decretos de Yucatán” y “Documentos para la Historia de la Revolución”, de POR ESTO!, a cargo de Faulo M. Sánchez Novelo, nos enteramos de que el pintor Joaquín Clausell fue Secretario de Gobierno de Yucatán durante la breve gubernatura del Gral. Eugenio Rascón, en 1913.




Algo sabíamos de las actividades públicas de Clausell, que era abogado y ejerció como tal y que tuvo inquietudes políticas que manifestó tanto en la labor de funcionario de la Secretaría de Justicia como en su efímera calidad de periodista y caricaturista. Nacido en Campeche en 1866, emigró joven a la capital de la República, pasó una temporada en París, y vivió casi toda su vida en el Palacio de los Condes de Santiago de Calimaya (actual Museo de la Ciudad de México, en la calle de Pino Suárez), por haberse casado con una descendiente de esos nobles afincados en México desde la época novohispana. El pintor falleció en un recorrido por las Lagunas de Zempoala en 1935 al caer accidentalmente a un pantano.

Clausell fue un pintor impresionista, el más importante de México dentro de esa tendencia. Extraordinario pintor de paisajes, continuó la plasmación de un género que en México tuvo brillantes exponentes originarios y europeos desde el siglo XIX y que podríamos ver como una secuencia discontinua en el estilo pero bien enlazada en la cronología: Casimiro Castro-Eugenio Landesio-José María Velasco-Joaquín Clausell-Dr. Atl-Luis Nishizawa, aparte de casos especiales como los del británico Egerton y otros extranjeros de paso por México. Como bien señala Juan García Ponce, Clausell convirtió en pintura un mundo que lo seducía.

Fue un pintor autodidacta, pero que logró una capacidad técnica y una profundidad en su visión personal del paisaje. En palabras del mismo García Ponce: “su contemplación se entrega en sus cuadros como una reflexión, no es un recorrido exterior sino un proceso de interiorización de lo inmediato que nos regresa al campo de lo inmediato interiorizando ese proceso”.

En Campeche, donde llevan su nombre tanto una importante galería como la Bienal de Pintura del Sureste, se adquirieron siete cuadros del autor en 2008, por lo que puede considerarse un acervo importante en la entidad donde nació. Es evidente que su pasión por los paisajes marinos le debió mucho a su bella ciudad natal tendida frente al mar, y también por eso el frescor del agua de Veracruz, Fuentes Brotantes (Tlalpan, D.F.), el canal de Iztacalco y las lagunas del Estado de Morelos.



Dado que para las fechas en que estuvo en Yucatán, Clausell ya desarrollaba una obra con su sello característico, habría que preguntarse si pintó imágenes relativas al paisaje yucateco y también si existe alguna obra suya en alguna colección particular o en alguna bodega (como tantas cosas nada valoradas por tanta gente). Sería todo un acontecimiento mirar nuestro paisaje de hace un siglo con una interpretación impresionista.

Sería también un aliciente para la creación auténtica, contra la deshonestidad y la simulación, porque, tal como expresó Xavier Villaurrutia en 1945, la obra de Clausell, “desarrollada silenciosa y podríamos decir, secretamente, es una de las hermosas pruebas de que aún es posible el desinterés artístico en una época de ambición y publicidad; de que aún es posible la probidad artística en un medio en que la moneda mala rechaza y deja fuera de circulación la buena moneda; y de que en un mundo de ruidos y proclamas, son aún posibles la soledad y el silencio creadores”.

viernes, 29 de octubre de 2010

Me recuerdas mi tristeza

Por Hortencia Sánchez


“…Las palabras, las mías y las ajenas, flotan en el aire, quizá se cruzan o simplemente se encuentran o desencuentran. Lo cierto es que las unas no saben de las otras…”

Mario Benedetti



Cuando pienso en la esperanza… amarro mis años y los dejo bien atrás. Empiezo de nuevo y contemplo de forma distinta.

Un hombre en el recinto de la palabra me mira desde lo más profundo de sus ojos; escribe historias en que pareciera que nos llevará a un final feliz, pleno, sin embargo en el camino va dificultando la vida de cada personaje, ya que estos sufren, odian, aman, se retuercen entre la ilusión y el desencanto.

En estas historias no todos los personajes se casan o cuentan con quien los procure, ni tienen hijos, ni terminan viviendo felices para siempre. En estas narraciones los personajes se desbaratan como única forma de sobrevivir.




En el libro “El porvenir de mi pasado”, de Mario Benedetti, las narraciones que pareciera que van a otorgarle a los personajes la felicidad, o el tesoro deseado, cuando están a punto de llegar a tocar el cielo, algo sucede que tambalea su mundo y caen a un abismo oscuro, cubierto de alambres de púas que les recuerdan lo terrenales y humanos que son.

Historias cortas que narran la esencia de la vida, el transcurrir de años, de dulzura, pasión, pero también de desencanto y vejez.

Mario Benedetti, como gran creador de historias, de palabras construidas en justa medida, me lleva a disfrutar de lo que le acontece a cada uno de los personajes. Me atrapa con la ironía que maneja para que el lector pueda apasionarse, conmoverse y hasta disfrutar de la manera en que se derrumba el mundo del ser humano.

La lectura que me ofrece está acompañada por el ardid, la incredulidad y morbo. Cuando voy avanzando en ella los personajes van dibujándose a sí mismos, por lo que observo sus más íntimos miedos, deseos y sueños.

Cuando creo que ya me he apropiado de la historia, ésta sacude mi sentimiento porque el final esperado no llega de la manera añorada, se burla de mí, pero, a fin de cuentas, la vida es injusta, cabrona, cínica.

Me alegra, me motiva, me emociona, encontrar en el andar a hombres que le dan vida a la vida con su escritura, que es un regalo que me prodigan extendiendo al sol la mañana iluminada, colgando lágrimas sobre las nubes para parir aguaceros, mostrando que vivir no es fácil, que la niñez, la adolescencia, la vejez y la muerte algún día llegarán, no obstante existe el camino que no nos queda de otra más que andar, porque… qué más es la existencia, sino el cúmulo de interrogantes y sueños que en algún momento nos habitarán.

ritualteatro@hotmail.com

miércoles, 27 de octubre de 2010

1910, de Magaloni


Por Jorge Cortés Ancona

Un poema puede leerse como un relato, e incluso es para ponerse en duda si hay diferencia entre poesía y narración en tanto que discurso (y sobre eso la crisis del concepto de género literario…). Ejemplo de ello es un breve poema narrativo, preciso en su concentración y con una capacidad de sintetizar toda una serie de situaciones cotidianas es el titulado “1910”, del poeta yucateco Honorato Ignacio Magaloni (1898-1974).




Incluido en el libro “Polvo tropical” (1947), el poema cuenta con 37 versos octosílabos divididos en 12 estrofas de tres versos con rima asonante en los impares y con un verso gráficamente aislado que marca un momento culminante. No se expresa directamente que se trate de un entorno yucateco, pero la referencia al “bolán” y varios términos relacionados con el henequén permiten ubicar el texto en una hacienda de Yucatán.

El hecho contado engloba una totalidad de sufrimientos padecidos durante mucho tiempo. Desde el inicio está viva la violencia: “Llegó don Antonio Ocampo / y del bolán de su hacienda / descendieron Dios y el diablo. // Lo saludaron tres indios / inclinando las cabezas / y escondiendo los cuchillos”.

Después viene una pausa de referencia al entorno y a sus protagonistas diarios: “La humilde tierra del campo / a sus plantas se tendía / como perra junto al amo. // Encabezaban las milpas / lejos algunas cabañas / con sus indios en cuclillas”.

Los hechos reiterados del derecho de pernada y de los abusos sexuales a capricho, porque el dueño de la hacienda es el dueño de las vidas y las almas, marcan el momento conflictivo a resolverse. El modo de presentarlo es en forma de diálogo: —¿Qué piensas, indio bilioso? /—Me cogieron a la hija / que le gustó a don Antonio”.

Después la narración se hace de modo oblicuo, pero sin dejar de apuntar al hecho que produjo la crisis. Son de hacer notar las referencias a la Iglesia y a la Revolución: “Tres o cuatro golondrinas / jugaban al tobogán / de una choza a la iglesita… // Y de pronto el campanario / se puso a gritar furioso: / ¡Yo soy revolucionario!

Seguidamente, el lugar del conflicto se suma como un personaje a la acción, en una serie veloz de elocuentes imágenes visuales y verbales, Lo inanimado encarna en los propios peones y el hostigador lugar del suplicio diario se humaniza en la lucha. Incluso las pencas de henequén traspasan su condición metafórica de armas: “La máquina raspadora / mordió las últimas pencas / rugiendo como leona. // Los caminos alargaban / los brazos amenazantes / con sus músculos de lajas. // A distancia los planteles / invadían horizontes / con sus mares de machetes”.

Como consecuencia de este modo indirecto que conlleva la elipsis de la sangrienta venganza, llegamos al primer desenlace, el del hecho conflictivo: “Y de allí cargado en hombros / llegó rígido y sangriento / el cuerpo de don Antonio”. De donde viene el verso de enlace gráficamente aislado, pero rimado con el primero y el tercero del último terceto: “Dios y el diablo huyeron de él. // Y en el rojo día aquel / se durmió toda la sombra / debajo de un gran laurel”.

Hasta Dios y el diablo le tuvieron pavor o asco a este hacendado, que es decir la gente buena con la Iglesia y los malévolos políticos y hacendados porfirianos. El color rojo alude a la sangre, pero también a todo un símbolo de la época revolucionaria en Yucatán. Sin embargo, qué ambiguo es ese final, que si en principio hace pensar que la luz ilumina esta tierra, por otro lado –dadas las candentes temperaturas acostumbradas— hace pensar también en una pérdida del cobijo, del manto protector, a la vez que de un adormecimiento general de nuestra población yucateca.

lunes, 25 de octubre de 2010

Los elegidos

Por Hortencia Sánchez


“Los dioses eligen a los más jóvenes -dijo- para una áurea muerte; lo escribió muchas veces, muchas veces lo supo, lo esperó muchas veces.

Al cumplir cuarenta años sin mayor heroísmo ¿qué queda de aires y sueños hacia la grandeza?
Al cumplir cuarenta años, con resignación ácida, sólo queda ver quiénes, con una áurea muerte, fueron elegidos por los dioses”

Marco Antonio Campos


Hace una semana me enteré de que el actor y maestro Israel Martínez había muerto, su partida cala en lo más profundo. La última vez que nos vimos tomamos juntos unas cervezas, conversamos del teatro, de las ventajas y desventajas de realizarlo en la capital y en la provincia; se miraba feliz, realizado. Él fue alumno de la Escuela Nacional de Arte Teatral y después docente de la misma. Era un hombre hermoso, partió pronto y su despedida me trae la tristeza. La manera en que intento rendirle un humilde homenaje es a través de este pequeño cuento de Oscar Wilde, que dice acertadamente lo que es nuestro destino.

EL ARTÍSTA

Un día nació en su alma el deseo de modelar la estatua del placer que dura un instante.

Y marchó por el mundo para buscar el bronce, pues sólo podía ver sus obras en bronce.

Pero el bronce del mundo entero había desaparecido y en ninguna parte de la tierra podía encontrarse, como no fuese el bronce de la estatua del dolor que se sufre toda la vida.




Y era él mismo con sus propias manos quien había modelado esa estatua, colocándola sobre el único ser que amo en su vida. Sobre la tumba del ser amado colocó aquella estatua que era su creación, para que fuese como muestra del amor del hombre que no muere nunca y como símbolo del dolor del hombre, que se sufre toda la vida.

Y en el mundo entero no había más bronce que el de aquella estatua.

Entonces cogió la estatua que había creado, la colocó en un gran horno y la entregó al fuego.

Y con el bronce de la estatua del Dolor que se sufre toda la vida, modeló la estatua del Placer que dura un instante.

Vaya un fuerte abrazo y un gran beso para tu familia, tus amigos Alma Bernal, Luis Ibar, Analie Gómez y tantos más que lamentamos tu pronta partida.

¡Hasta siempre amigo y compañero!


ritualteatro@hotmail.com

sábado, 23 de octubre de 2010

Muere Alí Chumacero


CIUDAD DE MÉXICO | Sábado 23 de octubre de 2010 Redacción | El Universal


El escritor mexicano Alí Chumacero murió la noche de este viernes, a los 92 años de edad, víctima de neumonía, se dio a conocer a través de los portales de Internet de varios medios de comunicación, e incluso por reportes de twitteros.




El Fondo de Cultura Económica, del que fue editor, corrector y tipógrafo por cerca de 60 años, también lamentó por medio del Twitter el deceso del reconocido poeta y autor. Incluso en Wikipedia ya se publicó el 22 de octubre como la fecha de su deceso.

Alí Chumacero, quien residió en el Distrito Federal desde 1937, perteneció al grupo de escritores que fundó la revista "Tierra Nueva" y dirigió la publicación entre 1940 y 1942.

Fue también redactor de la revista "El Hijo Pródigo" y de "México en la Cultura"

A poco más de dos años de recibir un merecido homenaje por la comunidad cultural del país, se recuerda las palabras que pronunció en aquella ocasión y que hoy son realidad: "Quiero que a la hora de la hora cuando me vaya con la música a otra parte, me recuerden como un hombre venido de un pueblecito pequeño que se llama Acaponeta, de un estado pequeño que se llama Nayarit; buscando un sitio propio".

Con información de Wikipedia.


Ricardo Mimenza Castillo y la Revolución

Jorge Cortés Ancona


Muy esclarecedor sería reconstruir el itinerario de la poesía de tema revolucionario en Yucatán y las consecuencias que en la literatura produjo la llegada del Gral. Salvador Alvarado. Por otra parte, seguir el tema indianista e indigenista que habrían de florecer en Luis Rosado Vega, y más adelante en Antonio Mediz Bolio y Ermilo Abreu Gómez, pero que ya tenían antecedentes lejanos en el siglo XIX y directos en el período alvaradista, cuando se escribieron las obras pioneras.

Muy representativa de los dos aspectos, el revolucionario y el indianista, es el poemario “Rebeldía (Cantos Revolucionarios)”, de Ricardo Mimenza Castillo (1888-1943), publicado en 1915 por la Imprenta y Linotipia de “La Voz de la Revolución” y dedicado “al Sr. Gral. D. Salvador Alvarado, en cuya labor revolucionaria brotaron estos himnos”.





Por si esta dedicatoria no bastara, una especie de epígrafe, merecedor de una página, advierte que “El pedagogo D. Rodolfo Menéndez me escribió una vez llamándome Poeta de la Revolución… Me consideré indigno para tal honor, pero a exultar a la Revolución social mexicana, a eso aspiran estos humildes cantos”. Llama la atención que aparezca el verbo “exultar”, es decir, “alegrarse, regocijarse”, y no “exaltar”, que es lo que de acuerdo a la sintaxis parecería más lógico.

(Es de notar que el título evoca de algún modo la zarzuela “Rebelión”, de Arturo Cosgaya y Lorenzo Rosado Domínguez, cuyo estreno fue cancelado en el Circo Teatro Yucateco en 1907, y que tuvo que esperar a ser montada en 1909 en el Teatro Peón Contreras. Una obra que, como señala Enrique Martín Briceño, fue una “disonancia” que hizo pasar un mal rato al grupo hegemónico de los hacendados yucatecos).

El primer poema, el que le da nombre al breve poemario de doce textos, se refiere a través de la sinécdoque de la campana a la caída de la Iglesia como redentora de la gente campesina. El fuego, a través del rayo, la ha quemado al igual que a la torre que la resguardaba: “La campana desposóse con el rayo / una noche de tormenta”. La justicia se imparte ahora de otro modo: “Sólo el fuego ejecutor de los castigos / va llamando por doquiera / a la misa secular de la justicia / a los pueblos de la tierra”.

Otro poema de tema histórico-político es “Los revolucionarios”, donde en rápida sucesión se exalta a Sócrates, Cromwell e Hidalgo pero también a Madero y a Carranza.

Una leyenda maya en verso se titula “El símbolo del enano”. Un poema relacionado con la explotación de los mayas es “Los ilotas”, título que en sí mismo implica el degradante nivel social en que se tenía a la población rural maya: “Por las sendas polvorientas, / peregrinos, / en tropel muy silencioso / van los indios”. El poema hace referencia a las glorias pasadas y a la deplorable condición sufrida bajo el opresor dominio de los terratenientes: “Estos parias / son los indios / que llegaron con Cocom en la protesta / a la cumbre más audaz del heroísmo”.

El poemario concluye con “Las panteras”, un canto a América, tema que ya tenía antecedentes líricos de tema político en Rubén Darío, pero que aquí se enfoca en una denuncia de las tiranías, para un repaso histórico antecedente del brillante conjunto de novelas hispanoamericanas sobre dictadores: “Es una ergástula la América / y en ella pasan las panteras y hay un aullido de dolor”. El argentino Rosas, el colombiano Rafael Núñez, el paraguayo Doctor Francia, los dos López y, aunque falta el responsable de la dictadura más prolongada para esa época, aparece otro Díaz mucho menos conocido y de nombre Adolfo: “mísero Efialtes, gran traidor, / el que a la riente Nicaragua / a Yanquilandia la vendió”.

Por supuesto que no puede faltar el aun fresco dictador mexicano derrocado un año antes “Después en una apoteosis / de cieno viene en un tremor / Victoriano Huerta el maldito / que sus charreteras manchó / asesinando en el Derecho / las convicciones del Honor, / espectro de la Tiranía / gran matricida y gran ladrón”.

Más adelante, se expresa una visión apocalíptica “Todos los pueblos de la América --libres porque lo quiso Dios-- iban tras esas miserables / panteras como un gran turbión”. Y serán una voz divina y Dante Alighieri quienes se encarguen de enviarlas al infierno. “Plomo candente les llovía / igual como una maldición. // Y las panteras, las hirsutas, / iban rugiendo de dolor / en tanto que en la América ardía / el Sol de la Revolución”.

Varios patriotas y pensadores hablaron de la unidad espiritual, cultural y política de nuestros países, con una visión plenamente libertaria, pero ¿será éste de Mimenza Castillo el poema más antiguo en que se invoque de manera explícita un espíritu revolucionario continental?

jueves, 21 de octubre de 2010

Mutilaciones y cosmética


Por Jorge Cortés Ancona

¿Llegará el día en que la cosmética masculina y femenina incorpore las mutilaciones corporales? Al paso en que vamos, con la aceptación social de las perforaciones y los tatuajes, no sería raro que también se hagan amputaciones a capricho de miembros naturales para ser sustituidos al gusto por otros postizos.

Hace unos meses la revista Time publicó en su portada el doloroso retrato de una joven afgana a quien el marido talibán le había amputado la nariz y las orejas. En la foto el cabello disimulaba la ausencia de éstas, pero la falta de nariz sobresalía de manera imperante en el rostro. Más perturbador aun es que la belleza de la muchacha se haya podido sobreponer a esa carencia. Incluso, escuché a alguien decir con timidez que le parecía excitante ese rostro mutilado. Creo que al talibán que la mayoría de los varones llevamos en nuestro inconsciente le ha de remover el sedimento sexual milenario de los sacrificios y las laceraciones.




Días después de la salvaje agresión del depravado fanático, la muchacha huyó de su casa y logró asilarse en un refugio clandestino en su país, para de ahí ser transportada a California, donde hace unos días le implantaron un apéndice nasal artificial. De acuerdo con las fotos, su alegría fue desbordante.

El asunto de perder las narices no es nada nuevo. Según Fernando Benítez, en la época colonial se tiene noticia de un embarque de narices de madera que un comerciante extremo-oriental envió a la Nueva España a través de la Nao de la China. Al parecer, el oriental había hecho por encargo algunos apéndices nasales de madera a soldados españoles establecidos en Filipinas y quizá por ello creyó cosa común que los belicosos cristianos peninsulares y criollos anduvieran por el mundo con la cara lisa. Se desconoce cuál fue el destino de tan singular producto importado, pero es de suponerse que fue un total fracaso de ventas.

Una nariz de madera tal vez hubiera podido pintarse de colores. Ahora es un implante que a la larga posiblemente permita a los vanidosos lucir, según el antojo del día, apéndices chatos, aguileños, respingados y de gran calibre. Con colores o sin ellos, además de piercings y una que otra arracada o nariguera colgando de las fosas nasales. Total, que así ni duele.

En tiempos prehistóricos eran usuales, al parecer, las mutilaciones de falanges, tal como se ve en los dedos de muchas manos “en negativo” de la pintura rupestre, en las que se apoya la palma sobre una pared de la cueva y se sopla el pigmento alrededor, dejando de ese modo impresa la huella de la mano en un entorno coloreado.

Entre pueblos indígenas sudamericanos que vivían como cazadores-recolectores eran también comunes las amputaciones de falanges en señal de duelo a la muerte de familiares varones muy cercanos, tal como entre otros señaló el navegante portugués Pedro López de Souza en 1531: “cuando muere alguno de ellos según el parentesco, así se cortan los dedos: por cada pariente una articulación; vi que muchos viejos no tenían más que el dedo pulgar”. Hace uno o dos años, en una de esas noticias de agencia que circulan por internet, se habló de un experimento a base de células madre que permitió regenerar la falange mutilada de un individuo. Desconozco la veracidad de la información y si fue un éxito comprobado.

Por supuesto que la prueba mayor de todas estas sustituciones es la de los implantes de pechos, que en algunos países ya son incluso regalos para las quinceañeras. Fuera del dudoso criterio visual que pretenda verlos bellos, los senos postizos son rígidos e insensibles. Prefiero la suavidad y el estremecimiento de las turgencias naturales, en las que de verdad –virilmente hablando- el tamaño no importa.

Hay tanta irracionalidad en el voraz mundo comercial de la cosmética y la moda de uno y otro género, con tanta sumisión colectiva a sus dictados, que así como ahora abundan las tetas postizas no se ve lejano el día en que por razones estéticas del más puro capricho personal y no por causa de enfermedades o accidentes, se presuman narices, orejas, labios, manos, brazos, piernas y hasta penes y testículos artificiales. Aunque no sientan ni produzcan nada.


domingo, 17 de octubre de 2010

Retribuciones de hoy


Por Jorge Cortés Ancona

El otorgamiento de una beca proveniente de fondos públicos lleva consigo varios factores de tipo ético. Primero que nada, quién debe recibirlo. ¿Es válido otorgar becas y apoyos a personas con un buen nivel de ingresos por encima de quien no cuenta con los ingresos suficientes? ¿Es ético que una beca sirva para pagar el sueldo de la nana de los hijos del recipiendario, cuando ese mismo dinero sería toda una salvación para otros artistas y escritores muchísimo más necesitados?

En todo otorgamiento de becas, se debería considerar los niveles de ingreso de los aspirantes (vinculados a sus obligaciones de manutención de personas) y las posibilidades que se pueden tener por los propios medios. Y si la convocatoria no lo especifica, bien cabría asumirlo como un deber de conciencia.




Esta injusticia hace que reciban becas y apoyos personas que pueden costearse sin problemas viajes al extranjero y gozar de sofisticados productos de la industria cultural, y que en cambio otros que tal vez nunca en su vida puedan ir más allá de los límites nacionales queden relegados. Se hace caso omiso de la obligación política de atender los contextos.

Pocas veces ha ocurrido esta consideración de las circunstancias. Hace algunos años, se comentó en algunos círculos el hecho de que un proyecto muy bien fundamentado e impecablemente presentado quedara sin apoyo por razón de pretender difundir las acciones de una institución que perfectamente hubiera podido costear el proyecto por sí misma. La consideración ética de quienes integraron ese jurado fue difícil de entender para muchos, pero quienes tienen conciencia de los altos grados de desigualdad económica que caracterizan a México saben que se tomó una decisión correcta.

Este asunto de los patrocinios ha estado ligado a la arrogancia de considerar al artista como un ser superior, que por su propia condición de creador está por encima de cualquier obstáculo legal y de que existe la obligación del Estado de mantenerlo. Se beca a artistas y escritores por ser tales, pero los técnicos, obreros y empleados bien que podrían reclamar igual derecho. Un viaje a lugares donde puedan recibir capacitación y actualizarse por supuesto que podría ser de beneficio colectivo.

Todo apoyo hace pensar en la idea de cuál es el beneficio para una sociedad, ya que por lo regular se invierte mucho, sin que ese gasto se retribuya de forma pública. Es común, que sin manifestarlo explícitamente de esa manera, se le considere dinero destinado a fondo perdido.

En determinados períodos de la política cultural yucateca se ha pensado que las becas representan dotaciones de prestigio, palabrita empleada para darle más importancia a la fama de la persona que a las obras mismas. El valor está en el personaje famoso, en un individuo que vale por su currículum. La persona es el objeto artístico o literario valioso y no su obra. Se llega a pensar que ese dinero es lo menos que el Estado puede dar a tan insignes personajes.

Ha sido un error ese énfasis en las individualidades por encima de los procesos y acciones colectivas. Parece que nuestras artes son obras de sujetos que trabajan en desiertos, en la soledad más absoluta y con una ausencia de factores e instituciones pasadas y presentes. Por ello es que se produce mucho, pero con la tristeza de que desaparezca en el remolino de lo efímero.

Por esto!, 14 de octubre de 2010.

viernes, 15 de octubre de 2010

Nuestra austeridad tradicional


Por Jorge Cortés Ancona

La ostentación ha sido una discordancia en la historia de esta tierra llana y pedregosa. Cuando veo esos espectáculos llenos de recargamientos, esa expresión tan saturada de circunloquios y palabras domingueras, esa cosmética de obras, acciones e ideas, entendemos por qué a veces fracasan tantos proyectos de otro modo viables.

La austeridad ha sido el sello rector de Yucatán a lo largo de su milenario pasado. Los mayas del estilo Preclásico y Clásico, antes de la llegada de los fuereños itzaes lucían una arquitectura con escasa decoración, como se puede ver en Dzibilchaltún. Aun el estilo Puuc, el más ornamentado, se basa en la repetición de esquemas geométricos y de los mascarones de Chac y no en la profusión de elementos heterogéneos (ni siquiera en el delirante Codz Poop, de Kabah). En su iconografía, los dioses mayas están más delineados con mayor claridad que los temibles dioses aztecas.



Con la evangelización cambiaron los ritos y la parafernalia pero no la esencia. Caracterizados por la humildad, los franciscanos erigieron una gran cantidad de iglesias en la parte de norte de la Península yucateca, con una eficacia estructural y una austeridad de ornamentos acordes con su voto de pobreza. Esas iglesias imponen por su sencillez exterior e interior y son la manifestación en piedra de todo un carácter colectivo.

Incluso lo poco que tenemos de barroco es también austero. Estructuralmente, a nivel de edificios nada es barroco en Yucatán y en lo ornamental no hay nada churrigueresco sino un barroco a secas, como se ve en la iglesia de La Candelaria, de Mérida. Incluso, la única fachada que tiene una composición barroca y no sólo ornamental, que es la del templo de San Juan, se limita a las ondulaciones y a su remate mixtilíneo y hasta sus estípites (ahora remarcados en color blanco) en las torres pueden calificarse de sencillos si se comparan con los de otras iglesias del país. El barroco popular de retablos como los de Teabo, Yaxcabá, Maní, Tipikal y Santa Elena manifiesta una digna humildad.

Las casas coloniales de Yucatán son ejemplo de austeridad, casi siempre sin ornamentos y cuando los hay son muy escasos y discretos. La excepción es la primera casa concluida en Mérida, que fue la de Francisco de Montejo con su agresiva portada de estilo plateresco, obra de arte ostentadora de poder y de violencia. 

En Yucatán no hubo palacios coloniales como los de México y Puebla.
A nivel popular nuestra austeridad se percibe en los altares de muertos, modestos, que tienen lo que deben tener, muy lejos de la profusión de objetos, flores y colores de los que se dan en otras regiones de México. De ninguna manera un tipo de altar es mejor que el otro, porque en estas cuestiones de cultura no tienen pertinencia las comparaciones evaluadoras. Cada tipo de altar vale como tal en su respectiva región. Por ello también la impertinencia de querer imponer las calaveras alegres. Para los mayas y mestizos de Yucatán la muerte es un hecho solemne, asumido con un profundo respeto y que se manifiesta con dolor. Aquí no nos reímos de la muerte ni con la muerte.

Nuestra fuerza y nuestra belleza han estado en la actitud austera, en esa capacidad de emplear pocos elementos para crear obras persistentes a lo largo de la historia. Hasta nuestra nomenclatura urbana es sencilla, práctica y racional con su sistema de coordenadas.

Quisiera que ese espíritu de discreción fuera nuestra conducta habitual, no la estridencia, el aparato escenográfico ni el exceso de palabras sin sentido. Que no sigamos el efecto teatralizador procurado durante la visita de Porfirio Díaz a Yucatán, con obras ostentosas, efímeras e inanes. Un burdo engaño para el dictador, que fue un profético autoengaño para los mismos hacendados yucatecos.

jueves, 14 de octubre de 2010

La Filosofía de una Revolución frustrada

Entrevista con Arturo Azuela en el Congreso Internacional de Estudios Literarios en la UADY


Por Carlos Castillo Novelo


El tema de la Revolución no se ha agotado sino que se actualiza constantemente, y esto es, en mucho, gracias al estudio de los analistas del discurso quienes aportan nuevos datos sobre los caudillos y la lucha armada. Partiendo de esta premisa, el escritor y académico Arturo Azuela ofreció una entrevista en el marco del Congreso Internacional de Estudios Literarios realizado por la Universidad Autónoma de Yucatán.

En este evento, impulsado por la licenciatura en Literatura Latinoamericana y el cuerpo académico Estudios Literarios, Arturo Azuela ofreció la conferencia magistral “Literatura y Filosofía en la novela de la Revolución”.



Arturo Azuela (México, DF, 1939) es escritor y académico. Entre sus novelas destacan “El tamaño del infierno”, Premio Xavier Villaurrutia, 1974, y “Manifestación de silencios”, Premio Nacional de Novela INBA, 1978. Maestro en ciencias matemáticas e historia y profesor de literatura mexicana, fue director de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de México.

Ha sido director de literatura y subdirector general del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA); director del Consejo Directivo de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Escritores y consultor internacional del Fondo de Cultura Económica (FCE). Actualmente es presidente del Seminario de Cultura Mexicana.

En una breve charla al término de su participación pudimos abundar un poco más sobre su punto de vista sobre el momento actual, en el que el tema del centenario de la Revolución mexicana es promovido por los medios masivos de comunicación y la publicación de numerosas novelas que tratan temas de dicho periodo.

-A cien años de la Revolución mexicana, ¿Cuál es su punto de vista acerca del movimiento y el reflejo de ésta en la literatura?

-Es un tema que sigue adelante, que se sigue repensando. Es una revolución inclusa, una revolución frustrada. Se están retomando muchos principios desde el punto de vista artístico, filosófico, historiográfico. Son muchas novelas en las que vemos cómo en la realidad no se cumplieron los propósitos revolucionarios. Todo esto se refleja en el quehacer artístico y particularmente en el novelístico.

-Actualmente se ha desatado un boom de novelas y trabajos sobre los revolucionarios. ¿Es esto producto del interés del público o se debe a que apenas estamos conociendo a los personajes históricos, y que aún falta mucho por saber de ellos? Tal parece que no los conocemos…

-Sí los conocemos. Lo que pasa es que ha ido cambiando el acercamiento, la perspectiva va siendo distinta; cada día encontramos puntos de vistas, cosas novedosas; también los archivos se han ido abriendo y hemos encontrado cosas que no sospechábamos como la vida privada de los escritores y de los líderes del movimiento revolucionario, entonces, se encuentran siempre novedades, y esa novedad la reflejan los escritores.

-En esta vertiente de reescribir la historia ¿Qué escritores actuales considera que vale la pena leer y estudiar?

-Se me ocurren muchos. Se han retomado vetas, te menciono el caso de Madero en el reciente trabajo de Ignacio Solares, de Eduardo Lizalde con la novela “Siglo de un día”, se me vienen a la cabeza diez nombres y entre ellos el de Paco Ignacio Taibo II, quien publicó varios textos sobre Pancho Villa, en fin, son perspectivas novedosas de finales del siglo veinte y del veintiuno que debe uno conocer.

En su conferencia magistral, el también presidente del Seminario de Cultura Mexicana ofreció más información del que es, quizá, el más famoso escritor de la gesta revolucionaria, Mariano Azuela, quien, además, fue su abuelo.

Aseguró que Mariano Azuela manejó tesis evolucionistas en su obra y que su cercanía con la obra de Darwin hizo que se enfrentara a las ideas filosóficas positivistas y funcionales del gobierno de Porfirio Díaz. Se refirió a que actualmente se encuentra trabajando en el tema de la filosofía y la novela de la Revolución, en particular las obras de Agustín Yáñez, José Revueltas y Juan Rulfo.

De este último dijo que era un escritor cercano al nihilismo y que en su obra podemos encontrar una visión pesimista de la historia: “Rulfo era catastrofista, su obra tiene una relación cercana con el existencialismo”.

También comentó la necesidad de estudiar a fondo las obras de José Revueltas bajo su propia concepción marxista; la cual resultó sumamente interesante para estudiantes del marxismo europeo.

Estableció, asimismo, que existe una relación entre el sicoanálisis y la novela “Al filo del Agua”, de Agustín Yáñez, cuyo erotismo es digno de un análisis encaminado a la sexualidad y a la concepción de la mujer dentro de la Revolución mexicana.

En todos estos escritores, destacó, se puede observar un riguroso conocimiento científico plasmado a lo largo de sus novelas más reconocidas.

 Por esto!, martes 12 de octubre de 2010.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Vargas Llosa

Por Jorge Cortés Ancona

Decía el crítico marxista Gyorgy Lukács que aunque un escritor sea reaccionario en su vida y pensamiento, puede ser capaz de plasmar en sus novelas la dinámica cambiante de la realidad social. Tener la virtud de escribir ficciones realistas donde se historien narrativamente las contradicciones de una sociedad. Uno de sus ejemplos era Balzac, el monárquico adepto del Antiguo Régimen, pero en cuyas novelas –el vasto conjunto que conforma “La condición humana”- a través de vidas comunes y personajes de diversos sectores se percibe el vertiginoso ascenso de la burguesía a costa de la nobleza así como las transformaciones que produce la sociedad capitalista.

El punto de vista de Lukács es aplicable de lleno a Mario Vargas Llosa, ganador del Premio Nóbel de Literatura 2010, quien desde hace casi 40 años dio un giro hacia posiciones política y económicamente neoliberales, aun cuando en aspectos morales mantenga posiciones claramente progresistas. Sus novelas, en cambio, tienen la cualidad de plasmar personajes, situaciones, lugares y problemas que corresponden a Perú y otros países, pero susceptibles de ser extendidos a toda Latinoamérica e interpretables de manera universal.

Si Aristóteles decía en su “Poética” que la poesía es más verdadera que la historia porque ésta habla de lo que sucedió mientras que la otra habla de lo que podría suceder, con lo cual la poesía tiende a expresar lo universal en tanto que la historia expresa lo particular, encontramos esa condición de veracidad y universalidad en novelas que siguen siendo legibles, que no han perdido vigencia al paso de las décadas (algo que no podríamos decir de tantas novelas de Carlos Fuentes). Por eso, el también brillante ensayista y estudioso del género novelesco que ha sido Vargas Llosa habla de “la verdad de las mentiras”, la ficción que dice verdades perdurables más allá de su realización material o narrada.

En sus novelas despliega descarnadas disecciones del poder, sea la represión de una escuela militar en “La ciudad y los perros”, el terror y la ignorancia del fanatismo religioso en “La guerra del fin del mundo”, o las mañas con que se erige y se combate una dictadura en “La fiesta del chivo”.

Vargas Llosa emplea una técnica muy compleja en sus novelas, como en la impecable noveleta “Los cachorros” con la integración sintáctica y semántica de dos narradores en plural, donde uno habla en primera persona y el otro en tercera, o los tiempos que se superponen en “Conversación en La Catedral”, donde hasta tres conversaciones ocurridas en años distintos y con distintos personajes se van entrecruzando sin que ello evite al lector saber de qué conversación se trata (el pasado incide en el presente y en el futuro, se entrelazan y se superponen, como ocurre en la realidad).

Sin embargo, el escritor peruano no ostenta las costuras, no es de los novelistas que quieren impresionar con el uso de recursos inusuales que sólo terminan haciendo pesada una lectura y obligando a abandonarla luego de unas pocas páginas. En su caso, la técnica está al servició del relato narrado, es como un carril bien aceitado que hace fluir la novela y se integra al mismo tiempo al significado.

El conjunto de sus novelas ofrece una visión múltiple de la vida humana, incluyendo el erotismo, el arte, el humor, la cultura popular. A pesar de sus recelos hacia el indigenismo, ha sido incluso capaz de expresar un relato desde la interioridad mental de un indígena machiguenga en contraste con un narrador urbano, educado al modo hegemónico occidental, en “El hablador” y como novelista ha sabido ser congruente entre su reflexión sobre el género y su práctica novelística. Podemos sentirnos muy distantes de sus actuales ideas políticas y económicas, pero como lectores no lo estamos respecto a su condición forjadora de un amplio y rico universo novelesco.

lunes, 11 de octubre de 2010

Salir de la ínsula

Por Hortencia Sánchez

Cuando el miedo te come la lengua,
has llegado al umbral del silencio.
Es necesario hablar…
Xenia Gasca

Ha causado polémica el viaje realizado por algunas compañías, de reciente creación, como resultado del programa Práctica de vuelo, las cuales después de trabajar en un curso para realizar los montajes se presentarían en el Teatro Julio Castillo, de la Ciudad de México, por lo que se les rentó un camión de línea para realizar este viaje. No entiendo cómo el responsable no previó lo arriesgado que resultaba el viaje.

Tampoco entiendo por qué los integrantes de las compañías aceptaron estas condiciones, ya que resulta un retroceso a los logros obtenidos como creadores, como es el respeto a la labor y por lo tanto el apoyo con medios adecuados para viajar.

Nos enteramos que el Gobierno del Estado, al saber que estas compañías estaban en riesgo y que habían viajado durante más de cincuenta horas para llegar a su destino, inmediatamente ordenó la compra de 35 boletos de avión para su retorno.

Es necesario estar atentos a lo que sucede en el arte, el teatro, la creación de esta tierra caliente. Sucesos como este me motivan a dar a conocer asuntos que están latentes en nuestra labor.




Hace meses, más bien años, cuando se nombró al responsable del Departamento de Teatro, no nos pareció dicho nombramiento, no por cuestiones de empatía, o no, con Juan de la Rosa, sino por considerar que no contaba con las herramientas necesarias para dar impulso y crecimiento al área. A la fecha las inconformidades continúan sumándose, ya que no han surgido proyectos o programas que cubran las expectativas de la comunidad.

Se nos solicitó que diéramos a conocer qué acciones considerábamos necesarias a cubrir; varios compañeros nos reunimos a trabajar, elaboramos dichas propuestas y las hicimos llegar al ICY: Nada sucedió con ellas. Se pidió que la dirección de la Compañía de Teatro del Estado fuera asumida por diversos directores, en base a la calidad de proyectos que se propusieran. No fue de esta manera, no obstante que las puestas realizadas por Francisco Marín han dejado mucho que desear, ya que varios actores con buen nivel han quedado fuera de este proyecto por no ser parte de sus amigos.

Se hizo llegar una propuesta de convocatoria para realizar proyectos de coproducción y ni siquiera fue valorada. Los espacios para temporadas de las compañías continúan sin existir. Las adecuaciones a los existentes jamás se han concretado. Continuamos viendo cómo las otras áreas avanzan, realizan festivales, eventos y nosotros, “bien, chiflando en la loma”.

He asumido al paso de los años que no todos podemos hablar bajito, sonreír, y ser un cliché de ciudadanos modelo. A veces, muchas veces es necesario señalar el error, las incongruencias, la falta de seriedad y compromiso que se tiene hacia el arte y la cultura. Mientras continuemos calladitos, porque así nos vemos más bonitos, muchos compañeros morirán sin contar con la seguridad social, sin fuente de trabajo, sin respeto a la profesión y dignificación de la misma.

¿Qué más tenemos que esperar para hacer algo, y no permitir que el espurio deje limosnas al rubro del arte y la cultura?

¿Cuándo diremos algo para cuestionar a quienes en nuestra provincia levantan la mano para aprobar el gasto en esta rama, y que se atreven autorizar 290 mil pesos para pago de un comediante? Cuando que este recurso pudiera utilizarse para dar producción a distintos creadores de las diversas áreas artísticas garantizándoles producción y pago de honorarios.

Los creadores, los teatreros, debemos perder el miedo y decir lo “indecible”, superando el temor al veto, a que se nos cierren puertas y tener que vivir en el silencio o en el halago desmedido.

Nos toca continuar la lucha, merecemos, como cualquier otro profesionista, respeto a nuestro trabajo, a nuestra esperanza de lograr una sociedad equitativa.

ritualteatro@hotmail.com

domingo, 10 de octubre de 2010

Evocaciones


Por Carlos E. Bojórquez Urzaiz1


Halaga ser invitado para hablar de Salvador Rodríguez Losa, cuya personalidad inagotable en acciones e ideas humanas, hace difícil un esbozo de su vida y su obra. En cambio, quizás puedo evocar alguna faceta de su pensamiento, desde la luz de los recuerdos que de él conservo y de sus enseñanzas perennes, a los que acudimos algunos de sus ex alumnos a la hora de surcar el difícil arte de la vida. Hace apenas unos días, por ejemplo, me tocó hacer una glosa a la conferencia de Miguel Limón Macías, director de la Comisión Nacional de Libros de Texto, acerca de la paternidad de la idea de los textos gratuitos en México, atribuida a Adolfo López Mateos, bajo consejos del poeta Jaime Torres Bodet. Como en otras ocasiones, precisé echar mano de uno de sus adagios favoritos, que dice: “los triunfos tienen muchos padres, pero las derrotas son huérfanas”. No entraré en los detalles de las acotaciones que expuse en esa conferencia, pero deseo advertir que si se desconoce la desbordante personalidad de Salvador, y su dominio pleno de la sabiduría popular yucateca, se puede pasar por alto que detrás de la sencillez de sus aforismos, subyace su fascinante mundo de la duda, el cual lo llevó a indagar cualquier verdad prefigurada. Alguna vez, en el café Sevilla lo escuché conversar y contrapuntear apasionadamente, con Clemente López Trujillo y Leopoldo Peniche Vallado, respecto al general Lázaro Cárdenas. Quedé sorprendido con los bien delineados rasgos de la personalidad del general Cárdenas que ofrecía Salvador Rodríguez a sus interlocutores, quienes figuran en una obra de Nicolás Guillén, como anfitriones de la visita de Cárdenas a Mérida, en abril de 1961. En cuanto se retiraron López Trujillo y Peniche Vallado, quise saber más cómo había conocido Rodríguez Losa a Lázaro Cárdenas, y entonces me fue detallando la asombroso historia de él y su primo Mario Renato Menéndez Rodríguez relativa a las investigaciones y la génesis de la obra, "Yucatán o el genocidio", cuyos resultados preliminares dieron a conocer en una entrevista que tuvieron con el general Cárdenas. Años más tarde, por voz de Menéndez me enteré que Salvador interpeló al mismísimo Lázaro Cárdenas, respecto a las dudas que aún tenía de la corrupción henequenera denunciada por Mario Renato, expresándole más o menos lo siguiente: “General, no vale la pena discutir con mi primo, todo lo que ha visto es verdad; a mí me consta que no dormía por ir al campo y verificar su trabajo”.

El corolario de ésta que da la impresión de ser una simple anécdota, fue en verdad una gran enseñanza que puso al relieve cuán auténtica y profunda era la vocación de Salvador Rodríguez por la duda, cuyos signos de interrogación guiaron su vida intelectual y política, actitud que, por cierto, contrastaba con la infinita bondad y tolerancia que lo caracterizó como amigo y como maestro. 

No deseo agotar su paciencia con adagios y anécdotas de una vida que bien merece elogios por haber obsequiado su nombre para el premio anual instituido por la Confederación de Profesionales de la Península, y que como en esta ocasión, se otorga a personalidades distinguidas del medio profesional. Me gustaría, sin embargo, reparar en la rara virtud que poseía Salvador para hacer sentir a cada uno de sus amigos, que era su mejor amigo y que confiaba en él, más que en cualquier otro amigo. Cuando falleció, recuerdo haber visto sollozar a comunistas, católicos, masones y políticos variopintos, asegurando cada cual que perdían a uno de sus mejores elementos, o a su militante más comprometido. Y no es que Salvador fuera ecléctico, nada de eso, él era un librepensador que hacía sentirse cómodos a sus adversarios, fue dueño de un humor incomparable y se autoproclamaba príncipe heredero del apodo de su padre. Amó como pocos la Facultad de Ciencias Antropológicas de la UADY y a todos los que de ella egresamos, la sirvió desde su fundación hasta su sentida muerte y no tuvo claudicaciones de última hora. No cultivó enemistades, pero si a alguien le caía mal, y le decían que era por envidia, respondía sosegadamente con otro de sus adagios ejemplares: “Nadie es monedita de oro…”

Confieso que si bien sé que debo concluir pronto esta intervención, no encuentro la manera de hacerlo, porque al pensar en Salvador Rodríguez acuden a mi memoria, y desde luego a mi corazón, momentos prominentes de la vida en los que gocé de su compañía cálida, siempre alentadora y no por ello menos implacable, frente a cualquier dejo de injusticia, o contra las cosas absurdas en las que suele uno caer por las bajas pasiones humanas. Sirvan entonces estas sencillas palabras como resumen de su vida ejemplar, de su magisterio universitario, y acaso como un homenaje en este hermoso acto que celebra el talento de quien fue mi profesor más querido en el Alma Mater.


1 .- Palabras pronunciadas el 9 de octubre de 2010, en ocasión de la VI entrega del Premio Maestro Salvador Rodríguez Losa, conferido por la Confederación de Profesionales de la Península de Yucatán.

sábado, 9 de octubre de 2010

Evocación de la matanza de Tlatelolco, La memoria histórica y el 68



 Cristóbal león Campos

La historia oficial de México está construida por la demagogia del poder. Esta historia se nos enseña en las aulas mediante los programas educativos del momento, y se difunde a través de los medios de comunicación masiva con objeto de formarnos un pensamiento homogéneo, acorde a lo bien visto por el poder, para asegurar el control establecido por la clase burguesa gobernante. Pero contrario a lo anhelado por los poderosos, existe también una historia oculta, excluida de los almanaques históricos y los libros de texto, arrojada al olvido de la desmemoria por el discurso oficial. Esta historia real cuenta la versión de los oprimidos, de la resistencia, y se mantiene viva aunque tiene innumerables páginas arrancadas y borradas.

Una de estas páginas, una de las más trascendentes, fue escrita el año de 1968, cuando miles de estudiantes junto con trabajadores que los apoyaban, hicieron oír su voz al resto de la población del país y gran parte del mundo. Exigieron respeto a la autonomía de las instituciones educativas, reformas sustanciales en la sociedad. Esa voz que se escuchó por vez primera en la capital y se extendió por varias de las ciudades más importantes del país, se convirtió rápidamente en un grito popular por la democracia, por la libertad plena, por la igualdad entre hombres y mujeres, un grito contra el autoritarismo y el abuso del poder.

En varios países -Francia, Checoslovaquia, Argentina, Estados Unidos, etc.- se vivió lo que en México desde el mes de julio acontecería, cuando la juventud comenzó a luchar por la construcción de un mejor país, conscientes de la necesidad de transformar las raíces de nuestra patria. La conciencia se fue construyendo paso a paso como una unidad indisoluble, indestructible; pues estaba basada en las necesidades populares, en las contradicciones del capitalismo, en la conciencia social de la transformación.

Ante esta dignidad extendida, tal y como lo demuestra la historia, el gobierno autoritario y déspota tuvo como respuesta el lenguaje de las balas, de las tanquetas, de la represión y de la muerte. La tarde del 2 de octubre de 1968, conforme a lo planeado por los integrantes del movimiento estudiantil-popular, se realizaba un mitin en Tlatelolco con el fin de informar los avances en la lucha política y democrática. Daba la apariencia de ser un día como cualquier otro en la tan necesaria lucha. Sin embargo, el poder había decido marcar para siempre la Plaza de las Tres Culturas y las vidas de toda una generación. Había decidido que la noche de Tlatelolco no se olvidara jamás.

Alrededor de las seis y cuarto de la tarde, la plaza rebosaba de gente, los vecinos observaban el mitin por las ventanas de sus departamentos y casas. Todos escuchaban con atención al orador, cuando de pronto unas luces de bengala iluminaron el cielo; eran la señal. No pasaron más de diez segundos cuando la plaza se vio surcada por miles de balas que se dirigían a los asistentes.

Policías y militares rabiosos golpeaban, arrestaban y asesinaban a su propio pueblo, mientras los hombres del guante blanco, los encubiertos del batallón Olimpia, dirigían las acciones y apresaban a los dirigentes en el edificio Chihuahua. Cuando la noche cayó la plaza estaba bañada en sangre, las cárceles repletas de presos políticos, cientos, miles, incontables. Muchos cuerpos fueron arrojados en zonas inhóspitas en donde jamás serían encontrados, muchos presos no fueron registrados para no llenar los cuadernos de la evidencia, muchos otros jamás llegaron a las cárceles, los desaparecieron, los borraron, los ocultaron en medio del silencio convertido en verdad oficial. Todavía sus familias mantienen la esperanza de volver a verlos con vida.

Al día siguiente no hubo grandes encabezados en la prensa, no hubo imágenes en la televisión, no hubo noticias en la radio, son en realidad muy pocos los medios de comunicación que mencionaron algo de los trágicos sucesos, la revista Por Que? fue la única que difundió la verdad desde el inicio del movimiento. Parecía que no había pasado nada. Era el silencio de lo que se dice correcto, de lo que se dice necesario, era una inyección letal de desmemoria, de exclusión de los almanaques y libros de historia pagados por los asesinos explotadores. Lo que sí estaba en cartelera eran las próximas Olimpiadas que se celebrarían en la capital.

Pero ante esa pretendida desmemoria, frente a esa exclusión oficial, está siempre la conciencia popular, que de voz en voz, de persona a persona, transmite la verdad, recuerda a los caídos y mantiene la exigencia de justicia, esa misma que enarbolan los familiares que siguen esperando reunirse con sus desaparecidos, que conduce a las madres que perdieron a sus hijos, exigencia que guía los pasos que retumban en lo más profundo del corazón de nuestra patria año con año, cuando las calles de México reciben a los manifestantes que gritan: ¡DOS DE OCTUBRE NO SE OLVIDA!

El fin del movimiento del 68 en México no es un hecho aislado, pues el 10 de junio de 1971 fueron nuevamente masacrados estudiantes universitarios y politécnicos en la capital del país a manos del grupo de choque creado por el Estado, llamado los “halcones”, quienes actuaban en clara confabulación con las “fuerzas del orden”. La naturaleza del poder es evidente, la violencia de Estado se ha repetido en Acteal, Aguas Blancas, Atenco y Oaxaca, Yucatán, por citar sólo algunos ejemplos acerca del accionar del Estado ante todo conflicto social. Esto es claro: la violencia del poder se grabó hasta en el último rincón de nuestro México moderno en la Plaza de las Tres Culturas.

La transcendencia del 68 apenas comienza a comprenderse en su verdadera dimensión. El movimiento estudiantil-popular que se desarrolló en México, es el antecedente de las nuevas formas de resistencia que en los últimos años se realizan. Su carácter anti-autoritario y autogestivo, sirve de ejemplo a las generaciones recientes, que cansados de los abusos del poder y de las mentiras de los partidos políticos, se organizan de manera horizontal e independiente para buscar la transformación del país. La impunidad, el autoritarismo, la demagogia, aún persisten, fueron aspectos cuestionados de la sociedad en el 68 pero no pudieron ser erradicados, y esto hay que tenerlo muy pero muy en cuenta. Dicho en forma simple, falta mucho trabajo por hacer.

Ninguno de los intentos por ocultar la verdad, por dejarla en el olvido, han logrado borrar la memoria histórica del pueblo mexicano que persiste y se reproduce, para que las nuevas generaciones podamos conocer la verdad, para que a cuarenta y dos años comprendamos la necesidad de exigir justicia, y de reconocer el valor de todo aquel que levanta la voz para demandar una vida digna.

El 68 y la matanza de Tlatelolco no son una efeméride que debamos recordar con demagogia y cinismo. Ha sido y es uno de los ejemplos más grandes de la lucha que debemos desarrollar para realizar la tan urgente transformación de raíz que nuestro país necesita, a fin de terminar para siempre con la injusticia y la desigualdad que sustentan la falsa democracia en la que vivimos, organizados demos el paso al México de los de abajo.



Concurso Literario "Solaluna Revista"


jueves, 7 de octubre de 2010

Mario Vargas Llosa gana el Nobel

La Academia Sueca ha roto la tendencia de los últimos años y ha concedido a Mario Vargas Llosa el premio Nobel de Literatura, el primero que recibe un escritor en lengua española desde 1990, cuando lo recibió Octavio Paz.




Vargas Llosa era un clásico de los candidatos al Nobel desde hacía muchos años. Su candidatura, sin embargo, parecía en declive. Primero, se argumentó que el Nobel de Gabriel García Márquez ya competía para todos los escritores de su generación, la del 'Boom' latinoamericano. Después, se consideró que su postura política, liberal, crítica con la socialdemocracia, no era coherente con la línea de la Academia sueca. Los nombres muy conocidos también habían desaparecido de la lista en los últimos tiempos.

La carrera y la vida de Vargas Llosa es conocida: su infancia en una familia de clase media descompuesta está contada en 'Los cachorros' y en 'La ciudad y los perros', ambientada en el colegio militar Leoncio Prado. El paisaje de su juventud limeña aparece en 'Conversación en La Catedral'. Sus años en Bolivia se dejan ver en 'Pantaleón y las visitadoras'...

Después, Vargas Llosa se trasladó a Barcelona y se convirtió en núcleo duro del 'Boom' latinoamericano, junto al que entonces era su amigo Gabriel García Márquez, y al amparo del editor Carlos Barral. Vargas Llosa sólo volvió a Perú para competir en las elecciones presidenciales de 1990. El escritor, que se presentó con un programa de corte liberal, perdió las elecciones en contra de todos los pronósticos ante un candidato de origen japonés casi desconocido: Alberto Fujimori.

Pese a esa derrota, Vargas Llosa no ha renunciado a su faceta de observador de la sociedad y la política a través de su actividad periodística, ni ha dejado de escribir novelas de tema político, como 'La fiesta del chivo'. Su doctrina es clara: defensa del individuo sobre el colectivo, liberalismo económico, defensa estética de la tradición racionalista de Occidente...

Esa postura le ha creado muchos detractores a Vargas Llosa y, de hecho, lo alejó durante años de los favoritos al Nobel. Nadie, sin embargo, ha dejado de valorar la literatura del escritor peruano. Sus bazas: el oído para los sonidos del lenguaje oral, la capacidad para crear tramas complejas sin que sus obras se banalizaran, la creación de un espacio y un paisaje muy personales...


Tomado de www.elmundo.es

miércoles, 6 de octubre de 2010

No tengo tiempo para el suicidio



Por Hortencia Sánchez



Me gustan los hombres que no sonríen, que se enojan con la simplicidad, que viven, al menos por algunos días, disfrutando de uno que otro exceso, pero sobre todo que se aferran a la vida, ésta a la que le pueden dar la vuelta cada vez que quiere incomodarlos o dejarlos tristes, y que no se atreverían a dejarla, a abandonarla, por lo que toman de la mano su destino, sin saltar de la cornisa. Yo, como ellos, prefiero caminar por la orilla, ir dejando cada paso bien puesto, seguro, sin claudicar. Para la muerte y el descanso no tengo tiempo.

Llamó mi atención el nombre del espectáculo con el que la Compañía de Danza Contemporánea de Yucatán festejaba su XXIII aniversario: “Cuando tenga tiempo me suicido”, que se presentó en el Teatro Mérida el 24 y 25 de septiembre. Asistí a la función el sábado. El teatro contaba con una buena cantidad de público; el colmo sería que no fuera así, tratándose de una función gratuita.

El personaje (bailarín principal) inicia su danza de manera lenta, al centro del escenario. Varios personajes (bailarines en conjunto) van acompañando su vida, su camino. El escenario cuenta con grandes andamios a los costados de la escena y una rampa al centro; a la izquierda del público una especie de cornisa de madera va del escenario a la platea.




Sin duda la compañía quiso apostarle a este trabajo. Qué difícil y complicado para cualquier interprete mostrar las angustias, las frustraciones, los miedos, la desilusión, el coraje, la inconformidad, la traición, el desamor, la esquizofrenia, la locura, el miedo, ya que en esto y más debieron adentrarse para realizar la búsqueda de su trabajo. ¿Cómo muestras sin tener la posibilidad de traer la palabra, o el manejo de las emociones? ¿Cómo no se desgasta el discurso al reiterar una y otra vez el cuerpo? Sólo es posible si se está vivo, atento, en comunión con el espectador.

Plantear la temática de suicidio sin duda es necesario, ya que en nuestro estado, desgraciadamente, es una constante. Importante es que la compañía haya realizado su búsqueda artística teniendo como motivo este tema tan delicado.

“El verdadero sentido y el verdadero valor de la vida están en entender que sobrevivir depende de que haya un “para qué” o un “para quién” y entonces, creer que para todos los seres humanos… la vida vale la pena ser vivida? Sobrevivir para qué, sobrevivir para quién?

Quizás todo se justifique en la acción, en el miedo que causa la posibilidad que la muerte lo sorprenda. Puede que sea la única elección de vida que les quede a quienes en la vida no pudieron elegir nunca. Tal vez todo radique en la falsa fantasía de que la vida viaja por la ruta de las grandes decisiones y no por el camino angosto y polvoriento de las pequeñas elecciones”

Me agradó el uso de varios elementos que fueron sirviendo para apuntalar la historia. La especie de elevadores transparentes, la pecera con líquido rojo, las plumas, las canicas que al caer al escenario hacían gran estruendo.

No obstante la coreografía se sentía un poco encajonada ante la utilización de los andamios, ya que una vez que se deslizan por ellos se termina la exploración.

El integrar al montaje la interpretación de Nancy Mas, a capela, contribuyó a la nostalgia que nos trasmitía este trabajo, pero faltó unificar, en vestuario, a esta intérprete con el resto de los participantes.

Enhorabuena para esta compañía que ha logrado sortear los obstáculos durante tantos años.

“Cuando tenga tiempo me suicido”

Coreografía y director artístico: Milton Acereto
Diseño de iluminación:Graciela Torres/ Realización de montaje: Abraham Martínez
Diseño de escenografía: María José Canto
Asistente de dirección y dramaturgia: Eduardo Santander
Edición y producción de audio: Milton Acereto
Diseño y realización de vestuario: Adán Argáez
Video e imagen de obra: Milton Acereto
Fotografía: Carlos León
Artista invitada: Nancy Mas
Entrenamiento en danza clásica: Nicolás Flores
En danza contemporánea: Lourdes Magallanes
Bailarines: Milton Acereto, Abril Trujillo, Adán Argáez, Cariño Cervantes, Erika Campos, Fanny Ortiz, Rosalía Loeza, Noriana Diesel, Verónica Castillo.


ritualteatro@hotmail.com

lunes, 4 de octubre de 2010

El Movimiento del 68 y sus lecturas actuales


La Red Literaria del Sureste, México-Nuestra América

Invita a la

Mesa redonda:

"El Movimiento del 68 y sus lecturas actuales"


Participan:




Lilián Paz Ávila


Ivi May Dzib

Cristóbal León Campos



Moderador:


Mario Mex Albornoz



Fecha: Miércoles, 06 de octubre a las 20hrs.


Lugar: Biblioteca Pública Central Estatal "Manuel Cepeda Peraza"


domingo, 3 de octubre de 2010

El pragmatismo yucateco



Por Jorge Cortés Ancona

Alguna vez expresaba mi asombro y decepción por esa actitud de los yucatecos tan tendiente al inmediatismo: una mentalidad en la que si no hay resultados favorables rápidos o la perspectiva de una fácil ventaja material, no se emprende nada. De igual modo, esa pasmosa pasividad, esa paciencia desesperante de las clases bajas yucatecas.

Un amigo, a quien hacía el comentario, me respondió que había que entender las difíciles condiciones en que se había desarrollado la vida en Yucatán. Lo duro de adaptarse al extremo calor, la humedad, los insectos, la tierra pedregosa, el aislamiento geográfico de otras épocas, y para colmo la opresión colonial y la esclavitud en las haciendas. Lo yucatecos han luchado duro para sobrevivir con dignidad en esta tierra.

La respuesta me hizo cavilar sobre sus alcances y posibles contradicciones. Pero por obra de las vueltas que da la vida, el mismo amigo me hizo la misma pregunta, aunque planteada de otro modo. Su queja tenía que ver con la exigencia de una reciprocidad o una remuneración respecto a cualquier petición que se hiciera en materia escolar o meramente amistosa. No se podía pedir nada sin que apareciera la exigencia de una compensación por la tarea o el favor solicitados.




Había que ampliar la respuesta anteriormente dada. Como una imprevista consecuencia de la primera respuesta, los yucatecos de las clases populares y rurales se han acostumbrado a que les quieran inculcar acciones o costumbres ajenas a sus necesidades, a que los manejen como cifras en experimentos y acarreos de todo tipo (no sólo político-partidistas, ojo).

Como ejemplo recuerdo a un pescador de San Felipe que allá por 1981, se quejaba de un rancho de tilapias que habían construido en una especie de ojo de agua cerca de Buctzotz, lo cual fue una ocurrencia de unos funcionarios federales que desde un helicóptero creyeron que esa hondonada equivalía a una laguna. Por supuesto que los resultados fueron desfavorables y costosos, y el pescador se quejaba de por qué nunca les preguntaban a ellos qué era más conveniente, a ellos que tenían la experiencia del trabajo y del lugar. Por qué nunca les preguntaban cuáles eran sus necesidades reales.

La gente se ha dado cuenta de que son una meta a cubrir, que son objeto de necesidades a cumplir en programas de orden público que a menudo están distantes del contexto en que se desenvuelven. Por ello, a quienes más interesa que se cumplan esos objetivos es a los funcionarios y no a la propia gente.

Conforme a ello, siempre van a obedecer cuando se les proponga que cultiven alcachofas, que construyan sus casas con madera de cerezo, que usen técnicas agrícolas tibetanas, que bailen polkas, que aprendan a hablar finlandés o que se embriaguen con vermut.

Van a obedecer pero con remuneración de por medio, pues a ellos no les interesa ni les gusta ni les sirve nada de eso en su realidad inmediata, aun cuando todo ello pueda tener importancia en otros entornos del mundo. A quienes les interesa que esas acciones se cumplan es a los funcionarios, sobre todo federales, que por añeja mala costumbre han pretendido estandarizar a todo México, como si las zonas montañosas fueran iguales que las zonas costeras, selváticas o desérticas.

Es decir, que hay una lógica de por medio. No eres tú, funcionario federal (o lo que sea) el que me está haciendo el favor, sino yo el que te está ayudando a cumplir con lo que te han encomendado en tu oficina. Tú eres el que cree que eso a mí me sirve, no yo. Y a ti te pagan por ello, a mí no. Así que retribuye. De este modo se manifiesta una parte del pragmatismo yucateco.

viernes, 1 de octubre de 2010

Arte y cultura en la red



Pablo Neruda


Biografía cronológica, obras, estudios críticos y enlaces, con secciones dedicadas a sus orígenes, las mujeres de su vida y las casas y colecciones del poeta chileno Pablo Neruda.


www.neruda.uchile.cl



Proyecto Ensayo Hispano

Repertorio y antología ibero e iberoamericano de ensayistas y filósofos, por José Luis Gómez-Martínez de la Universidad de Georgia.


www.ensayistas.org



Tarsila do Amaral

Sitio en línea de la artista plástica brasileña Tarsila do Amaral.


www.tarsiladoamaral.com.br
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