lunes, 30 de agosto de 2010

Otras estatuas


Por Jorge Cortés Ancona


Con motivo de las justificadas protestas contra el monumento a los Montejo, que han permitido sacar a la luz auténticas perlas de insensatez ultraderechista, se ha hecho mención de otros monumentos que merecen ser reubicados o, en su caso, realizados, a fin de hacer justicia a sucesos históricos que fueron positivos para la mayoría de la población yucateca.

Antes que nada, tengo bastantes reservas contra ese culto idolátrico a determinadas figuras. Un culto que es una forma de religiosidad travestida de laicismo, pero igual de fanática. La historia no se hace sólo por redentores, caudillos que hubiesen luchado solos contra formidables ejércitos o que hubieran transformado la realidad social por el puro magnetismo de su personalidad.



¿Por qué no erigirle estatuas al sufrido y heroico pueblo yucateco, a la población maya, a los trabajadores henequeneros, a las mujeres de estas tierras? ¿O, a semejanza de nuestro ejemplar Monumento a la Patria, erigirlos a hechos colectivos, de masas, como fueron la Independencia de México, la Guerra de Castas o la Revolución Mexicana?

Volviendo al tema de los próceres, comparto la propuesta de que haya un monumento a Salvador Alvarado en un lugar socialmente visible, transitado, de Mérida. Que le rinda tributo a este personaje que no ha sido nunca del agrado de las clases económicamente poderosas de nuestra entidad, que -aparte de detentar la riqueza- han pretendido manipular la historia para legitimarse ante la sociedad, la cual a su vez concibe como sinónimo de un limitado sector de la clase alta.

Tendría que crearse una estatua nueva de Alvarado, porque la que estuvo en Cordemex y hoy está medio escondida en una avenida escasamente transitada, tiene connotaciones que no van acordes con la sociedad contemporánea.

Si bien dicha estatua corresponde a otro momento histórico, la concepción justificadora del paternalismo político y del clientelismo no es algo digno de celebrar en estos tiempos de reivindicación de los pueblos originarios de América.

Decimos esto porque la estatua plasma al general sinaloense abrazando a un campesino maya y mostrándole el camino. Aunque Alvarado no era alto, aparece con dimensiones bastante mayores que el campesino y ese abrazo implica una buena dosis de minorización del maya, como si requiriese necesariamente del apoyo de un político revolucionario para ser protegido y saber por dónde avanzar.

Es verdad que esa protección y esa indicación del camino fueron acciones reales de Alvarado, pero no fueron producto de una capacidad mágica o de un poder sobrehumano, sino de una serie de factores y condiciones que le permitieron marcar un cambio sustancial en la vida de Yucatán.
Y quienes concibieron esa escultura parecieran estar justificando una minorización del indígena y del campesino, como si fueran gente débil que sólo puede ser sostenida por un poder político superior.

Esta concepción es muy similar a la del obelisco a Felipe Carrillo Puerto que se encuentra en una glorieta del Paseo Montejo. En esa obra de Tomassi, el prócer motuleño es plasmado como un hombre enorme (él sí era alto) que abraza paternalmente a dos semidesnudos mayas –varón y mujer-, que por las dimensiones mismas ya son entendidos como menores de edad.




Pero este monumento a Carrillo Puerto fue erigido en un momento en que era necesario un contrapeso a la carga retrógrada de ese Paseo y ello justifica que permanezca ahí en el futuro. Respecto al de Alvarado, sí habría que cambiarlo de lugar a fin de hacerlo más evidente para toda la población, aunque me parece mejor que se esculpa otro donde se vea a este político, militar e intelectual visionario en un plano más equitativo respecto a la sociedad yucateca, más activo por sus propios ideales y no como un legitimador del gastado paternalismo político.


sábado, 28 de agosto de 2010

“SENDEROS (Poemario)”, de José Joaquín Uc Valencia


Por Jorge Luis Canché Escamilla

Comentarios al libro:

Deseo manifestar un sincero agradecimiento a Joaquín Uc Valencia por la atenta invitación hecha a mi persona para ser presentador de su libro “Senderos” (Poemario) editado por la siempre entusiasta empresa Editores Maldonado del Mayab dirigida en los tiempos de hoy por Roxana Maldonado Espinoza. Así mismo aprovecho está misma oportunidad para felicitar a Roxana por continuar impulsando con gran entusiasmo la iniciativa que tuviera su padre Raúl “Chini” Maldonado Coello de crear la Feria Municipal del Libro que en está ocasión lo hace en su LI edición con la participación de 22 expositores y habiendo tenido como marco principal homenajear muy merecidamente a la antropóloga Hilaria Maas Collí, investigadora del Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi” de la UADY. Felicitación que va desde luego también a la Dirección de Cultura del Ayuntamiento de Mérida por tan noble tarea en los tiempos de hoy.



El programa también ha considerado entre otras actividades la presentación de los libros: “Conciencia Cero” de Rita Hernández y “Senderos” de Joaquín Uc Valencia. Este último, da lugar a reunirnos en este Centro Cultural “José Martí” del siempre hermoso y admirado Parque de las Américas, orgullo de los yucatecos, que se ha constituido en el lugar referente de los amantes de la cultura en general.

De Joaquín académico, he tenido referencias desde hace muchos ayeres, primero como estudiante de maestría a inicio de los 90´, luego como director de la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Campeche (UAC) y posteriormente Secretario General de la institución mencionada a fines de los 90´. Tiempo en el cual compartimos inquietudes, iniciativas y proyectos a favor de la enseñanza y aprendizaje de la Ciencia Económica en la Región Sur- Sureste. Como escritor y poeta supe de él a principios del 2000 con su obra poética “Travesía”. Sin haberme sorprendido del todo por tan feliz noticia, fue grato saber que cumplía con una de las tareas más nobles que tiene el ser humano: transparentar sus sentimientos derivados de su interior a partir de la observación a través del lenguaje escrito arropado por esa gran sensibilidad expresada en palabras, en poesía, en creación. Libro que tuvo sus orígenes -según expresa el propio autor- en los años que van de 1984 a 1990 y que alude a ese viaje arquetipo, no exento de aventuras y peligros que todos efectuamos consciente o inconscientemente por nuestros mares interiores.

Con este hecho se reafirma lo que gran número de poetas y escritores han expresado en torno a la creación literaria: “todos los seres humanos son capaces de expresar sus sentimientos, la diferencia está, en que unos asumen la responsabilidad de hacerlo en forma escrita y transparentarlos hacia la belleza que nos da el sonido al ritmo de la palabra”. Está expresión con frecuencia se la hacía saber Don Joaquín Bestard a sus talleristas, con el único afán de impulsarlos hacía la composición de las letras.

Ciertamente, solo el ser humano es capaz de expresar con palabras sus sentires, emociones, apreciaciones, contradicciones consigo mismo y para con los demás; solo él es capaz de enfrentar realidades e irrealidades a partir de su consciente, emotivo y reflexivo para construirse nuevas visiones que den lugar a tener realidades diferentes a las que puede apreciar en su circunstancia existencial.

Justo en estos momentos vale recordar aquel cuestionamiento que en alguna ocasión le hicieran al poeta y escritor Octavio Paz en relación a la poesía y el quehacer del poeta, este fue: ¿Qué pretende el poeta cuando expresa su experiencia? Paz contesta: “La poesía ha dicho Rimbaud, quiere cambiar la vida. No piensa embellecerla como piensan los estetas y los literatos, ni hacerla más justa o buena, como sueñan los moralistas. Mediante la palabra, mediante la expresión de su experiencia, procura hacer sagrado al mundo; con la palabra consagra la experiencia de los hombres y las relaciones entre el hombre y el mundo, entre el hombre y la mujer, entre el hombre y su propia conciencia. No pretende hermosear, santificar o idealizar lo que toca, sino volverlo sagrado. Por eso no es moral o inmoral; justa o injusta; falsa o verdadera, hermosa o fea. Es simplemente poesía de soledad o de comunión. Porque la poesía que es un testimonio del éxtasis, del amor dichoso, también lo es de la desesperación. Y tanto como un ruego puede ser una blasfemia”.

Joaquín hace poesía y la realiza en forma tal que la disfruta con singular entusiasmo. A este respecto, el conocido escritor campechano José Luis Llovera Baranda, en la presentación del libro “Travesía”, comentó lo siguiente: “En está obra Joaquín disfruta a plenitud amor, tristeza, fatalidad, añoranzas, y asume con la bandera de la poesía el sentimiento colectivo de esos estados anímicos”. He aquí como nuestro autor es valorado en su tierra natal, por otro insigne escritor.

Joaquín no se detiene, por el contrario, mira hacía adelante sin dejar de ir revisando lo hecho en ese afán de perfeccionar su quehacer estético, de lo ya realizado, por lo que incorpora nuevas expresiones de imágenes de gran belleza en donde aborda temas relacionadas con el amor, la nostalgia, la naturaleza, preocupación y conciencia social en una imaginable e inagotable fuente de palabras dotadas de sensibilidad, creatividad y composición poética. Así fue, por lo que nos presenta ahora su obra ampliada denominada “Senderos” (Poemario), en donde la presencia recurrente es el amor.

Veamos si no, tomando algunos versos. En Musa de Otoño le canta así:

Radiante, tu belleza/ Intimida al alba/ Presurosa, la mañana te ofrece/ Su roció por guirnalda/ La armonía múltiple del follaje/ Y todos los colores del paisaje/ Te rodean y engalanan/ En la remota soledad agreste/ Eres como la divina Gea: / A tu paso brotan/ Las maravillas de la tierra.

En Soñarte, lo hace de la manera siguiente:

Te percibí de muchas formas/ los rayos del sol/ me trajeron tu calor/ el viento/ susurro tu nombre/ El mar con su murmullo/ fue la voz de tu corazón/ Y La caída de la tarde/ Los jardines en flor/ Me trajeron tu perfume/ Pero no estabas/ Solo la noche/ Mi eterna aliada/ Cuando mi esperanza/ Ya casi agonizaba.

Y en Tu presencia, así:

De algún tiempo/ A esta tarde/ Tu recuerdo ilumina/ Aún los días sombríos/ De algún tiempo/ a esta parte/ Ya no estoy solo/ Porque, aunque estés ausente/ tu presencia está conmigo/ Y todo esto ocurre/ Porque de algún tiempo/ A esta parte/ Yo bese tus labios/ Y tú te quedaste en los míos.

Al amor filial lo tributa a través del artificio del acróstico, particularmente a sus amigos y familiares expresando admiración y cariño, este se encuentra en “Hasta luego compadre”, “En memoríam” y en "Tus Quince años”.

Sin embargo es en sus dos grandes amores Campeche –lugar de origen- y Mirtha Guadalupe hoy su esposa, donde desborda su creación poética realizando el ejercicio de prosa en el primero y del verso en el segundo, y lo hace con tal sensibilidad que las palabras por si mismas denotan la inspiración proveniente de su yo interior desbordante de pasión y de fidelidad al ser amado. He aquí entonces, el trabajo poético que Joaquín Uc Valencia nos entrega sin egoísmos para compartirlo y disfrutarlo. Ofrecimiento que no debemos omitir, por lo que hago una atenta invitación para adquirir y leer el libro “Senderos (Poemario)” dedicado al amor en su infinita expresión poética.

jueves, 26 de agosto de 2010

El compromiso con el teatro



Por Hortencia Sánchez


“La verdad en el arte dramático es siempre esquiva. Uno nunca la encuentra del todo, pero su búsqueda llega a ser compulsiva. Claramente, es la búsqueda lo que motiva el empeño. Tu tarea es la búsqueda. De vez en cuando, te tropiezas con la verdad en la oscuridad, chocando con ella o capturando una imagen fugaz o una forma que parece tener relación con la verdad, muy frecuentemente sin que te hayas dado cuenta de ello. Pero la auténtica verdad es que en el arte dramático no hay tal cosa como una verdad única. Hay muchas. Y cada una de ellas se enfrenta a la otra, se alejan, se reflejan entre sí, se ignoran, se burlan la una de la otra, son ciegas a su mera existencia. A veces, sientes que tienes durante un instante la verdad en la mano para que, a continuación, se te escabulla entre los dedos y se pierda.”

Harold Pinter



Hace algunos años para lograr tener el nivel de licenciatura en alguna área del arte era necesario hacer las maletas y partir hacia la capital del país o a Jalapa, Veracruz.

Desde Junio del 2007 dio abrió la Escuela Superior de Artes y a la fecha han egresado dos generaciones; en este mes terminan la carrera los jóvenes de la tercera generación. Sin duda vendrán a unir sus esfuerzos con el teatro profesional, a crear espectáculos que puedan atraer, convencer, formar públicos. La puesta en escena con la que egresa la tercera generación de la ESAY Teatro cuenta con la dirección del maestro José Ramón Enríquez, importante creador en el ámbito nacional. Le pido que comparta parte de sus experiencias para entender de qué manera la ESAY llega a atender a un sector estudiantil que no contaba con este tipo de formación.



Maestro, ¿Cuántos años en la formación de actores?

- Desde que entré como miembro del Consejo Asesor del Centro Universitario de Teatro, a invitación del maestro Raúl Quintanilla, no he parado; deben ser ya como unos veinte años. En ese entonces yo ya impartía clases en el CUT, ligado a la formación de una manera más estructurada, después ya me tocó ser director del CUT; posteriormente llegué a Mérida. Según yo venía a olvidarme del trabajo e inmediatamente se estaba fundando la ESAY, a la que me invitan a integrarme como docente, por lo que a la fecha no he parado.

¿Y por qué venir a Yucatán?

- La verdad es que es una ciudad que me gusta muchísimo, es una ciudad muy cordial, pero el gran motivo fue mi dificultad para vivir en la Ciudad de México, lugar en el que yo nací, una ciudad que adoro, es hermosísima, pero cada día se vuelve más inhumana. Realmente llegó un momento en el que dije, no puedo con este tráfico, no puedo con esta violencia, no puedo con el miedo en las calles. Por todas estas cosas que oímos todos los días; en cambio Mérida es una ciudad en la que estoy muy contento, realmente he renacido en esta tierra.

¿Qué significa la ESAY para nuestro Estado?

- Creo que era muy necesario tener una escuela superior de teatro. Mérida siempre ha sido un polo cultural muy importante a lo largo de la historia, y era un poco absurdo que los muchachos que se querían preparar desde una formación más estructurada, desde el punto de vista académico, tuvieran que optar o por la ciudad de México, con todos los problemas a los cuales ya me he referido, o por la ciudad de Jalapa. De alguna manera Jalapa se convirtió en la capital académica del teatro. Entonces tenemos muchísimos de nuestros maestros y actores que fueron a Jalapa, eso está revirtiéndose, muchísima gente ya está viniendo de otros lados a hacer lo lógico. La capital del sureste cultural es Mérida, sí tenía que ocupar este espacio. Claro, estamos empezando con una escuela, son muy pocos años, algunas generaciones egresadas. Estamos egresando a la tercera, es poco pero esto ya se nota en la cantidad de gente que viene a solicitar entrar, lo cual permite hacer una selección mayor y más cuidadosa.



¿Cómo mira el que una nueva generación se incorpore al mundo profesional?

- El problema del teatro lo conocemos, se ha hablado muchísimo, se ha profetizado su desaparición desde hace un siglo, que si cuando apareció el radio, que si cuando apareció el cine, la televisión, y nos damos cuenta que sí, es verdad que hay una crisis de asistencia a las salas, que se ve poco teatro. Sí, es verdad que hay crisis en ese sentido, pero el teatro no desaparece, a la gente le gusta y además hay quien se decide ha dedicar su vida al teatro, entonces eso quiere decir que el teatro tiene mucha vida por delante y mucho espacio. En el momento que vemos que hay gente como nosotros, que estamos platicando, que nos hemos dedicado a esto toda la vida, todo el esfuerzo que estamos dando es porque este mundo nos llama. Son generaciones nuevas que salen, muchos pueden decir que no hay espacios, campo de trabajo; yo creo que en el teatro esto es histórico, esto ha sido siempre así. El cómico se abre sus espacios, es muy importante que salgan generaciones, que se encuentren, se conozcan, vayan juntos consiguiendo su público.

¿Con que obras egresa esta generación?

- Con dos obras cortas del autor Harold Pinter. Decidimos tomar a este autor como el material de trabajo de este año. Los textos son: “Luz de luna” y “Polvo eres”. La primera se presenta, a partir de este lunes, martes y miércoles, a las 20:00 horas , jueves, viernes y sábado a las 18:00 y 20.30 horas, en el teatro del IMSS (T1). La entrada es gratuita.

Regresando al montaje, es importante afrontar un texto tan difícil como es el de Pinter; no se gradúan con cualquier cosa, él es uno de nuestros premios Nobel en el Teatro, el otro fue Dario Fo. Es un texto lleno de dificultades, de ambigüedades, de trampas, tanto para el espectador, como para el propio actor. Refleja el dolor del mundo contemporáneo; es un teatro muy difícil, muy dolido. Para muchachos de esta edad es todo un reto, estoy muy contento de mirar cómo se han crecido al castigo; van para arriba, con los pocos elementos que pueden tener en la producción; creo que no se necesita más al tratarse de actores en formación, que ellos se busquen sus espacios y su construcción.

Me despido del maestro segura de que asistiremos a disfrutar de un montaje comprometido con el teatro.

ritualteatro@hotmail.com

martes, 24 de agosto de 2010

Unamuno y Borges: el código de la melancolía

Revista "Solaluna" No. 3, Recordatorio de cierre de convocatoria

Sol de Mérida

Por Jorge Cortés Ancona

Cabe preguntarse qué tan natural es el sol que padecemos en Mérida. La pregunta es por supuesto absurda si la consideramos en su literalidad, pero a lo que hacemos referencia es a la intensidad con que lastima la piel, el modo en que quema y se hace anímicamente insoportable, más allá de lo que debería ser.

La impresión que deja el hecho de andar en nuestras abrumadoras calles soleadas es la de estar sometido a la ráfaga permanente de un arma de alto poder. Y no creo que esto sea normal, es dudoso que haya sido así siempre el sol de esta tierra ni desde la antigua T’hó y ni siquiera tres décadas atrás. Llevo años caminando esta ciudad a todas horas y nunca me había preocupado caminar al mediodía como ahora.

Tal vez sea necesario pensar en otras formas de vestir. Aunque parezca ilógico, será necesario emplear manga larga para que los antebrazos no nos ardan tanto. Esta molestia la sienten los conductores de vehículos que andan mucho tiempo circulando o quienes van en viajes de más de hora y media por carretera, ya que por la exposición de un solo antebrazo desnudo terminan con un tono de piel notoriamente asimétrico. Y decir tono es eufemístico porque es un cambio de color radical. En Oaxaca, por ejemplo, venden en las calles mangas para choferes a fin de que el brazo izquierdo quede protegido de los rayos del sol.

Gente que se ha ido a vivir a otros lugares, como el Distrito Federal y estados cercanos, con independencia de su color natural de piel, ha tenido un evidente cambio en la intensidad de dicho color y ha dejado de padecer de ardor de piel, a pesar de moverse también por calles soleadas. Esto indica que aquí nos encontramos en una situación extrema, de temibles consecuencias a futuro.

Si queremos seguir viviendo en nuestra amada ciudad meridana, tenemos mucho por hacer contra este implacable calor y este dañino sol, aparte de quejarnos todo el tiempo. Pienso en acciones ecológicas que incluyan la reforestación, pero también en modos técnicos de abatir estos extremos, sin que ello signifique violentar la Naturaleza.

Sobre todo, pensar en una labor más activa en materia de psicología social, ya que en las calles son notorias las reacciones violentas por razón del clima. Gente que pierde la paciencia, que maneja agresivamente o que se adormece de manera súbita por el efecto calorífico, con los consiguientes riesgos para todos los que los circundan.

Tenemos que prever que esas reacciones no deriven en problemas mayores, como asuntos banales que salen de control. Un hecho de este tipo ocurrió en una de las más recientes tardes, cuando se suscitó un altercado entre el conductor de una camioneta tipo Suburban y el chofer de un atestado autobús de la ruta 1 de Francisco de Montejo. Por la combinación de prisas, calores extremos y estrechez de calles, en pleno cruce de las calles 62 x 59 se empezaron a insultar, para que luego el autobús tratara de empujar a fuerza la camioneta que se había detenido con miras a impedirle el paso. En ese concurrido sitio donde hay cafés, restaurantes, tiendas de artesanías y casas de cambio fue rápida la aglomeración de curiosos.

No sé si alguien más, aparte de mí, se habrá estremecido cuando el conductor de la camioneta bajó furioso, amenazando a gritos al canoso chofer del autobús y buscó algo en la parte posterior de su vehículo. Temí que fuera un arma de fuego, pero se trataba de un martillo con el que rompió los vidrios del lado derecho del chofer, quien para el caso se levantó asustado de su asiento.


El desahogo quedó aparentemente ahí, cuando ambos volvieron a sus asientos y se retiraron con sus respectivos arrancones quemallantas. Digo aparentemente, porque el autobús se vio obligado a darle la vuelta a la manzana para regresar por la 59 a su paradero; el chofer se veía demasiado nervioso e iba más aprisa de lo debido. Este hecho dejó el mal sabor de boca de cómo se puso en riesgo la integridad física de tanta gente, tanto de quienes estaban en el autobús como la de los demás conductores de vehículos, transeúntes y mirones. ¿Qué tanto peso habrá tenido el agresivo calor para esta conducta violenta?


domingo, 22 de agosto de 2010

El árbol de la vida


Por Hortencia Sánchez

Un día no basta para mirar lo que un museo ofrece a nuestros sentidos; regresé a mirar el trabajo de los artesanos de nuestro país. No me es posible evitar traer, de manera recurrente, a lugares, creadores, o personas de mi pueblo, que, de alguna manera, me han convertido en un ser más sensible.




Hoy, al mirar las salas del Museo de Arte Popular de Yucatán, me cobija el universo mágico de nuestros artesanos, donde recrean la realidad con su ensueño, su color, su tierra.

“El Museo de Arte Popular de Yucatán tiene como misión fortalecer el trabajo de los grandes maestros del país y de los artistas populares yucatecos, a través del estudio, rescate, preservación y difusión de los talleres de artesanos; además de realizar proyectos y programas dirigidos a la niñez y apoyar la comercialización de piezas de un excelente nivel de calidad.”

En la Sala 1 se exhibe “MILENARIO ARTE DE TEJER”. Los vestidos traen el matiz a nuestros ojos, los colores, las texturas; la vestimenta que portan con orgullo algunas mujeres, entre ellas las que se dedican a su confección. Mujeres de barro, madera y sol.

En la Sala 2 se exhibe “IMAGEN YUCATECA”. Un hermoso terno, acompañado por la vestimenta del varón.

En la Sala 3 se exhibe “ESPACIOS SAGRADOS”. Máscaras, utensilios que les permiten agradecer, pedir a los dioses de la naturaleza, del campo, de la cosecha.

En la Sala 4 se exhibe “LA DIVERSIDAD EN EL ARTE”. Objetos realizados con piedra, metales, jícaras, calabazos, baúles, cruces, bateas, juguetes, alebrijes, instrumentos.

En la Sala 5 se exhibe “REGALO DE LA TIERRA”. La ficha técnica contiene las palabras de una artesana que asume su talento como un don que le permite utilizar a la madre tierra para crear y dar vida a su trabajo, a su expresión, a los árboles de la vida.



Transitar por cada una de las salas trae la calma, el sentirse orgullosos del oficio tan entrañable de cada uno de los artesanos de este heterogéneo país, ya que cada pueblo tiene un particular modo de recrear su realidad.

Regreso a conversar con el director del museo Jorge Victoria.

¿De qué manera se podría atraer público a los museos?

- Siendo sincero, la propaganda no funciona. Es necesario crear conciencia en los niños para que el día de mañana, en el futuro, nos visiten de manera voluntaria. Pero, para lograr esto ahora, sería necesario convertir las visitas al museo en una obligación, que formaran parte de los programas de la SEP; que el museo sirva como herramienta educativa. Es lamentable que asistir a las ferias populares (Xmatkuil), sí sea una obligación y se olviden de una actividad que logrará formar mejores ciudadanos. Ni siquiera se trata de falta de recursos; a este espacio han llegado muy pocas escuelas particulares. La prioridad del museo no es la visita del turismo, creemos firmemente en que el museo es una gran herramienta educativa para nuestros niños.

¿Qué proyecto existe en puerta?

- Por ahora está pendiente difundir en municipios la exposición de juguetes tradicionales; el primero que se atendería seria Maní.

¿Tu trabajo como investigador y el museo?

- Es parte de mí la búsqueda, encontrar similitudes entre las lejanas y diversas regiones. ¿Sabes que en los últimos años me he dedicado a indagar sobre la negritud en la región? En nuestro país existe una caja de resonancia llamada marimbol; sorprendentemente en el Museo de Arte Popular de Tenerife se exhibe una. El arte popular tiene varias vertientes.

He mirado en museos de otros países nuestras piezas. Ahora que tenemos en Yucatán las de la familia Linares, es una gran oportunidad para conocer y disfrutar la cartonería que realizan nuestros artesanos. Hace poco me encontré con piezas sobre la muerte en un museo del extranjero; se nos identifica por la manera en que nos relacionamos con ella.

Me despido. Mientras camino los pasillos escucho las risas de algunos niños que visitan el museo como parte de sus actividades en un curso de verano. Lo hacen bien acompañados, ya que la escritora Celia Pedrero es su maestra y les cuenta sobre los artesanos y la magia de los árboles de la vida.

Asistir a un museo es viajar, conocer de otros. Atrevámonos a conocerlos.


ritualteatro@hotmail.com

viernes, 20 de agosto de 2010

Homenaje a Saramago


La muerte viene


Por Hortencia Sánchez



En estos días de vacaciones me he dedicado a disfrutar de lo que me place. Por las mañanas leo detenidamente las noticias de este medio; no hay prisa, no tengo que cumplir, por ahora, con deberes. Parto hacia el Museo de Arte Popular de Yucatán, ubicado en el barrio de La Mejorada.

Muchas personas no asisten a los museos. Creo que si entraran y caminaran sus salas quedarían atrapadas. Cuando era niña sólo asistí al Castillo de Chapultepec; las galerías y museos se volvieron parte de mí ya entrada la adolescencia.




Cuesta trabajo quitarte el temor de entrar a un lugar en el que no es común estar y aún más, cuando tal parece que la cultura para el pueblo se afianza en las telenovelas, la música guapachosa y el teatro del chiste, de la banalidad; los otros espacios pareciera que no le corresponden, que no los necesitan. Sin embargo, es obvio que a cualquier persona le son útiles. ¿Para qué? Pues al menos para tener otras cosas de que hablar, que compartir, mirar lo que las manos de los artesanos, o los artistas crean, cuáles son sus preocupaciones, sus anhelos, cómo somos y cómo nos miramos como sociedad.

Invertir en estos recintos, en su creación, sus exposiciones y promoción, al igual que en cualquier manifestación artística de nivel, traerá mejores condiciones de vida a un niño, un joven, un adulto.

Quien ha transitado como consumidor, o ejecutante del arte, será muy difícil que maltrate a sus hijos, a su pareja, o que cause daño a la comunidad. En cambio el ciudadano que consume enajenación, chiste, desmadre, seguramente más de una vez ya habrá agredido al prójimo. Asistir a los espacios culturales muestra otra perspectiva de la vida y, por qué no, de la muerte.

Al ir manejando hacia el museo, vino a mí un poema que hace muchos años formaba parte de uno de mis textos de la obra “Sobre la muerte y otras despedidas”:

¿Qué se hace a la hora de morir? ¿Se vuelve la cara a la pared?
¿Se agarra por los hombros al que está cerca y oye?
¿Se echa uno a correr, como el que tiene
las ropas incendiadas, para alcanzar el fin?
¿Cuál es el rito de esta ceremonia?
¿Quién vela la agonía? ¿Quién estira la sábana?
¿Quién aparta el espejo sin empañar?
Porque a esta hora ya no hay madre ni deudos.
Ya no hay sollozo. Nada, más que un silencio atroz.
Todos son una faz atenta, incrédula de hombre de la otra orilla.Porque lo que sucede no es verdad.

Rosario Castellanos.


Así que cuando me encuentro en medio de la sala que alberga la exposición LA MUERTE ANIMADA EN LA CARTONERÍA POPULAR, me inquieto un poco de estar sola entre tantas figuras mirándome desde sus ojos vacíos, mostrándome sus huesos, sus oficios.




Si cerrara los ojos en este momento, sé que al abrirlos escucharé sus pregones, los cantos, las pláticas, las carcajadas, el encuentro de todos estos personajes en una magnifica fiesta a la muerte.

En esta sala se casó la muerte de blanco, con sus uñas grandes, con sus mejillas ruborizadas; está feliz de la mano del catrín, del bigotudo, caminarán juntos hacia la vida eterna, hasta que la muerte los separe. Corrijo, hasta que la vida los separe.

Mientras tanto los acompaña la música del cilindrero, el olor a sopes, el sabor de las paletas deshaciéndose en nuestras bocas, mientras los pajareros nos leen la suerte.

Antes de retirarme me acerco al director del museo, mi buen amigo Jorge Victoria, y le lanzo la pregunta:

¿Qué piensas de la muerte?
--La representación es muy bella.
--¿No le temes?
--No. Tendrá que llegar algún día. Espero que no sea pronto, sé que está, que existe; no sé si veré un túnel de luz, un algo que me lleva, lo mejor es no pensar en ella.

A lo mejor es como la Catrina, de José Guadalupe Posada, que utiliza como personaje antagónico en una de sus obras David Olguín, llamada Bajo Tierra, en la que al final Posada, el grabador mexicano, se vence a ella, deja de huir y le pide a gritos que lo lleve consigo, dándole un beso eterno.

“Producto de la unión de dos culturas el arte popular mexicano muestra a la muerte, sin el pánico occidental y desprovista de la gravedad prehispánica, en un mundo de formas y colores donde esqueletos y calaveras adquieren un carácter cotidiano en las vestiduras de personajes populares cargados de sátira y buen humor”.

La exposición LA MUERTE ANIMADA EN LA CARTONERIA POPULAR permanecerá en exhibición hasta el mes de noviembre.

ritualteatro@hotmail.com


miércoles, 18 de agosto de 2010

Usureros y otras especies


Por Jorge Cortés Ancona



Están proliferando los usureros, por lo visto, y a sus feroces extracciones hay que sumar a las casas de empeño y a las docenas de tipos de negocios donde las deudas engordan al cuadrado.

Mala costumbre la de andar pidiendo prestado, pero con la dura necesidad qué se le va a hacer. Solución fácil con eso de que el futuro no existe. Nuestra costumbre de considerar sólo el tiempo inmediato nos hace caer en esta trampa demoledora de vidas, familias y capitales.

Hay cimas muy visibles en el negocio de la usura, de todos bien conocidas; sin embargo, hay otras partes que se mueven en terrenos tan llenos de vegetación, que permiten a los usureros pasar plenamente inadvertidos. Resulta difícil de creer que burócratas de sueldo modesto se dediquen a esa actividad. Recuerdo a un par hace varios años, que hacían préstamos por pequeñas o medianas cantidades, sin tener muchos sobresaltos. De dónde provenía el dinero que prestaban era un misterio, pero se afirmaba que era suyo, quizá por alguna venta muy bien hecha de bienes inmuebles o por haber recibido una herencia muy nutrida.



También estaba el caso de un cuida-coches y “viene-viene” que también daba sus préstamos en pequeño, en la calle y a plena luz del día. Hacía felices a muchos porque era fácil de localizar y resolvía el problemita o problemón de volada.

En negocios y oficinas es común ver el carrusel de prestamistas en pequeño, a veces cobijados en la organización de mutualistas. Pululan por las oficinas con los días de pago bien palomeados y ofrecen intereses tan aparentemente bajos que despiertan la tentación de los ilusos, como señora en tienda de ropa rebajada o caballero en hora feliz de video-bar. Aunque no necesiten el dinero, o peor aún, estén ahogándose en deudas, no dudan ni un segundo en adquirir el nuevo lazo asfixiador.

Siempre a nivel oficinesco, recuerdo en los años ochenta a un señor que llevaba a cabo un extraño negocio, consistente en cambiar al instante los cheques quincenales de los empleados mediante un minúsculo pago. Si lo que ganaba un empleado era, por decirlo en términos actuales, 1,284 pesos, el señor se quedaba con los cuatro pesitos y entregaba el resto en efectivo. Si suponemos que les cambiaba los cheques a unos 100 ó 150 empleados, la cifra que tenía que llevar en su portafolio sería de alrededor de 150 mil pesos.

Si consideramos que su ganancia andaría alrededor de unos 500 pesos, cabía preguntarse si valía la pena correr tanto riesgo. Aun tratándose de la tranquila Mérida de entonces, el cambiador no estaba exento para nada de un asalto, máxime que se sabía de sus andanzas quincenales para su generosa labor. Además, en esos años de alta inflación los intereses bancarios permitían obtener esos mismos 500 pesos en cuestión de días.

Sobre todo, una pregunta que nunca pudimos resolver con certeza era la de bajo qué condiciones podía cambiar los entre 100 y 150 cheques en el banco, para recuperar su efectivo y obtener su ganancia, con todos los riesgos que ello implicaba. Piénsese sólo en que se le extraviase un cheque o que el cajero se hiciera bolas a favor del banco y toda la ganancia se habría ido a pique. Por ello era bastante creíble que se trataba del calculado “bisneo” de algún banquero, que quizá lo aplicaba por interpósita persona en varias oficinas públicas con tolerancia oficial de aquel entonces. A fin de cuentas, en su parte visible no se trataba de un delito, aunque vayamos a saber si no se estaba haciendo mal uso de algún recurso bancario o público.

Sobran maneras de practicar la usura o de hacer negocios raros con márgenes de ganancia muy pequeños, pero que generan buen ingreso por su amplio volumen. En esos menesteres abunda la imaginación que nos hace falta en otros aspectos de nuestra turbulenta vida mexicana.

Por esto!, 12 de agosto de 2010.

lunes, 16 de agosto de 2010

El vacío en medio de la nada

Por Hortencia Sánchez

Encuentro en el “feis” un poema de amor, qué delicia el amor… ese que de manera cotidiana vamos olvidando, ya que nos hemos encerrado junto a la pantalla a espiar la dicha o desgracia ajenas.

Subimos nuestros recuerdos, nuestro presente, hasta nuestro futuro, intentando convencer a los otros de nuestro ser contemporáneos, actuales; de que nos miren y vean lo dichosos que somos; viviendo… viviendo en los ojos de los otros.



Me encuentro mi propia imagen, ahí junto a otras muchas, donde la sonrisa es más grande, más venturosa; y a final de cuentas para qué sirve la amistad de lejos, esa que no está junto a mí, en cuerpo presente, metiendo sus dedos en mi corazón, abrazando este cuerpo tan deseoso de calor, de sabor, de amor, de sinceridad, por sabernos volubles, tan imperfectos, tan humanos de carne y hueso, de olor a sudor, de agua saladita, de carne trémula, de un poco de rencor, de odio, pero con grandes deseos de tener entre las manos las tuyas, mirar tu mirada, decirte que la felicidad cada mañana se me adelanta… y cuando quiero atraparla ya está muy junto de otro, de otros…

Quisiera sonreír con una sonrisa grande, ser optimista y pensar que soy muy feliz, y me doy cuenta que eso es una gran mentira; soy triste porque no alcanzo a ocultarme de mis miedos, porque mi país está deshecho en pedazos de huesos, de sangre, de sueños convertidos en pesadillas.

Soy infeliz porque no consigo que miren el cielo del mismo rojo que yo lo miro; soy infeliz porque en las cosas que creo ya muy pocos creen.

Y en este marasmo, me trae más tristeza una canción:

¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Tanta sangre que se llevó el río,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

No será tan fácil, ya sé que pasa.
No será tan simple como pensaba.
Como abrir el pecho y sacar el alma,
una cuchillada de amor.

Luna de los pobres, siempre abierta,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Como un documento inalterable,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Y uniré las puntas de un mismo lazo,
y me iré tranquilo, me iré despacio,
y te daré todo y me darás algo,
algo que me alivie un poco nomás.

Cuando no haya nadie cerca o lejos,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Cuando los satélites no alcancen,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Hablo de países y de esperanza,
hablo por la vida, hablo por la nada,
hablo por cambiar esta, nuestra casa,
de cambiarla por cambiar nomás.

¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón...


Y qué mejor manera de dejar atrás la infelicidad, que tener la gran esperanza de Fito Páez y Mercedes Sosa. Guardar para otros la sonrisa grande, dichosa, el amorcito.

Yo prefiero decirte: ¡Compañero, amor, cuánto me dueles… cuánto te quiero!

ritualteatro@hotmail.com

sábado, 14 de agosto de 2010

“El reloj” de Cantoral y la rima

Por Jorge Cortés Ancona

Es frecuente que quienes se inician en la poesía, en nuestra tierra, crean que ésta depende obligadamente de la rima. Equiparan el hecho de rimar con hacer poesía, y para colmo tratando de rimar en consonante, que es en la que coinciden tanto vocales como consonantes a partir de la última vocal acentuada.

Algo ha pasado en nuestros oídos contemporáneos, que escasean los poetas con capacidad de manejar con fluidez la rima consonante. Cuando lo logran, generalmente es en el verso de arte mayor, el que tiene nueve sílabas métricas o más. Rimar versos cortos en consonante fue un privilegio del Siglo de Oro, como en los casos de Lope de Vega y Sor Juana. Pasados los siglos, esta aptitud pareciera haberse acabado con los poetas modernistas, con José Martí a la cabeza. En la actualidad, es raro encontrar a un escritor con la capacidad de rimar versos cortos en consonante, entre ellos algunos poetas cubanos, quizá por la tradición de la décima que persiste en la isla.




La tradición popular de nuestra lengua se ha basado históricamente en la rima asonante, aquella en que la coincidencia de palabras se da sólo entre las vocales. Es la tradición del romancero y del cancionero anónimo español, el de nuestros corridos e incluso el de muchas de las primeras bombas yucatecas. La rima en asonante permite, además, mayores libertades en cuanto a que a menudo se alterna con versos no rimados y ello facilita mucho la expresión, evitando los horribles sonsonetes en que incurren quienes no dominan el arte de rimar (que es decir, en la actualidad, la inmensa mayoría de quienes intentan versificar rimando).

La asonancia permite muchísimas más opciones de rima que la consonancia. Si quiero rimar “tiempo” en consonante sólo dispongo de los derivados “destiempo” y “contratiempo”. Pero en cambio, en asonante, tengo “viento”, “cielo”, “veo”, “espero”, “yucateco” y un gigantesco etcétera de palabras, incluyendo esdrújulas como “pétalo” y “muérdago”.

Recomiendo a quienes quieren sujetarse a la rima, que traten –al menos en sus inicios— de dominar este tipo de rima, antes de intentar meterse en las complicaciones de la rima consonante, que los llevará a resultados seguramente muy penosos. Si quieren escribir letras de canciones piensen en la canción más famosa de Roberto Cantoral, que es “El reloj”, la cual, a diferencia de “La barca” del mismo autor, se basa en una rima asonante. La reproducimos íntegra para un análisis métrico muy elemental:

Reloj, no marques las horas, / porque voy a enloquecer; / ella se irá para siempre / cuando amanezca otra vez. // Nomás nos queda esta noche / para vivir nuestro amor, / y tu tic-tac me recuerda/ mi irremediable dolor. // Reloj, detén tu camino / porque mi vida se apaga. / Ella es la estrella que alumbra mi ser / yo sin su amor no soy nada. // Detén el tiempo en tus manos, / haz esta noche perpetua, / para que nunca se vaya de mí, / para que nunca amanezca.

“El reloj” está escrito en octosílabos, salvo dos que son endecasílabos terminados en aguda. Al respecto, hay que tener en cuenta que las sílabas se cuentan de manera métrica y no sólo gramaticalmente. Esto es, con sinalefas (uniones de vocales de distintas palabras para formar una sola sílaba) y otras licencias poéticas. Los dos endecasílabos, a su vez, tienen un ritmo acentual en grupos de a tres y dos sílabas métricas, con la inicial acentuada: éllaeslaes-tréllaquea-lúmbrami-sér; páraque-núncase-váyade-mí.

La palabra “enloquecer” rima en asonante con “ver”, “apaga” con “nada” y “perpetua” con “amanezca”. A su vez, “amor” rima en consonante con “dolor”. Si se escucha (u observa) con cuidado, nos daremos cuenta de que sólo los versos pares tienen rima mientras que los impares quedan sueltos, es decir, sin ningún tipo de rima.

Con todo ello, podemos tener una noción de cómo, además de la música instrumental (la que indica un ritmo que llamaríamos exterior), hay otro intrínseco en el texto poético. Una canción pervive no sólo por la música a la que acompaña o por la que es acompañada, sino también por su ritmo interno. Y aquí, en esta letra de Cantoral, podemos apreciar las virtudes de los versos con rima asonante, alternados con versos no rimados. Eso es tener buen oído no sólo de músico, sino también de poeta.

Por esto! 11 de agosto de 2010.

jueves, 12 de agosto de 2010

Nuestras artes y sus saltos

Por Jorge Cortés Ancona

Extraños saltos generacionales se han vivido en las artes y las letras de Yucatán, concretamente una falta de continuidad a nivel creativo y en cuanto a la persistencia de los programas y proyectos institucionales e independientes en materia de cultura.

Tengo en cuenta dos casos recientes. Uno tiene que ver con el teatro regional y el otro con la música. Con relación a la primera disciplina, han sido muchas las menciones acerca de que con su fallecimiento Héctor Herrera “Cholo” deja un vacío difícil de llenar. Es inevitable suponer que pasarán décadas para que aparezca alguien con su capacidad histriónica y su talento creativo.





Asimismo, nos encontramos con la observación que hizo hace varios días Víctor Salas en POR ESTO!, una observación que (al menos yo recuerde) nadie se había atrevido a hacer públicamente: que en la música yucateca no han surgido, desde hace años, figuras que destaquen a nivel nacional.

Al margen de que en el ámbito musical de ahora, altamente comercializado, pesan mucho los aspectos estéticos y cosméticos de los cantantes más que su voz, aparte de que predominan los modos de composición que se basan en arreglos derivados de sofisticadas tecnologías, lo que dice Salas es una verdad que nos duele reconocer. Se elogia mucho nuestra música popular yucateca, pero parece que desde hace años estamos viviendo algún descenso creativo y de talento, a pesar de los esfuerzos aislados que se han hecho para dar oportunidad a nuevos compositores e intérpretes.

Nos consta que en Yucatán se realizan muchos espectáculos y conferencias. En todas las disciplinas observamos un ascenso productivo, a la vez que con frecuencia se plantean y llevan a cabo búsquedas artísticas. Sin embargo, ¿será que a pesar de ello estemos ante un espejismo, al menos en cuanto al alcance real de contenido e interés de dichas propuestas?

Me parece que ha hecho falta continuidad en el valor de lo que se está haciendo y las razones de ello derivan de que durante décadas se abandonó la posibilidad de formar a nuevas generaciones, no se pensó en una capacitación constante con miras al futuro y en varias áreas, se dio un estancamiento de productividad creativa y de recepción de público.

Podemos notar qué pobres fueron en el campo creativo las décadas de los sesenta y los setenta en comparación con otras. Aun cuando podamos hablar de la creación de algunos grupos y de algunas obras memorables en esos años, sin duda fueron tiempos de escasez, que luego se vieron barridos por una nostalgia ilusionista que impidió una renovación constante. En su mayor parte, sólo brotes momentáneos, chispazos.

Las razones que pueden servir de explicación son variadas y dentro de una enumeración caótica podemos pensar en una educación artística obsoleta; una formación demasiado apegada al truco y la pirueta aparatosa, más que a la reflexión acerca del entorno personal y colectivo; apología y práctica institucionalizada del alcoholismo; falta de información acerca de lo que ocurre en otros ámbitos; falta de disciplina de trabajo; desconocimiento de cómo la estética se ha visto desplazada en algunas artes, persistencia de ideas románticas en contra de la profesionalización del artista y del escritor; poco conocimiento de los cambios radicales en los modos tradicionales de composición; resistencia al empleo de nuevas tecnologías y nuevas materiales; prejuicios raciales, morales y sexistas; egoísmos, egolatrías y culto a la personalidad de artistas y escritores; desfase convenenciero entre fama pública y producción intelectual; desdén hacia los espacios de reflexión… La lista no se agota con todo esto.


Por esto!, 9 de agosto de 2010.

martes, 10 de agosto de 2010

Fragmentos del cocuyo

Gotero de letras

Por Carlos E. Bojórquez Urzaiz


El cocuyo trae su pomada a la copa del árbol, sin el rumor que entonan las campanas. Regresa en el compás que hacía falta a los pájaros, y sienta sus reales en el dorso de la barda. Como si fuera el gajo más verde del monte, me aclara la mirada, hace creer que aún es larva y que restan pocas horas para que leve anclas. Camina al hogar de la paloma, se acicala el copete y comienza a iluminar antes de tener luz en el atisbo. Se acuesta al amanecer, piensa que Nicaragua es la flor rasguñada de Estelí y se arroja sobre el polen de Guatemala.

La aurora de Guantánamo, quizás por ser la primera en asomar sus rayos, acostumbra redimir la tradición de atrapar cocuyos y ponerlos patas arriba, exigiéndoles que presagien algo. Si se incorporan rápido, como por supuesto ocurre, se trata de un augurio cuya gracia refresca la posibilidad de amor, pero acto seguido el animalito muere.

Sin embargo, en este lugar donde rige el civismo del café, se mantiene viva la rutina de asediarlos la noche entera, aunque lentamente el alumbrado público obliga a localizarlos en lugares apartados, o en la copa de los árboles donde instalan su pomada.

Por lo que a nosotros toca, el asunto era un tanto semejante, porque después de capturar y reunir numerosos insectos encendidos, los metíamos en unos pomos de vidrio y salíamos a recorrer la oscuridad del barrio. En estos derroteros, jamás tropezamos o nos golpeamos con algo, pues el curioso quinqué ideado por el ingenio de los niños, guiaba cabalmente el camino de regreso a casa. Era como si tuviéramos la mejor linterna, pero sin depender de otra energía que no fuera la voluntad de atrapar cocuyos en los montes colindantes.

Con el paso de los años, aquellos terrenos repletos de plantas y henequenales, los fueron habitando y se construyeron casas sin preocuparse por la frescura que albergaban. En consecuencia, los cocuyos se han vuelto excepcionales, por lo que si se presentan con su pomada radiante sobrevolando mi patio, sin el rumor de las campanas y en el compás que olvidaron los pájaros, sencillamente festejo su llegada, como ocurrió la otra noche camino a Estelí donde un amigo descubrió nuevas luces en sus vocablos.

Pero duele saber que la infancia no podrá alumbrar sus caminos con un frasco de cocuyos, ni iluminarán más el camino a casa. Quizás en eso reside el misterio de la poesía, como la escrita por Rafael Gutiérrez, quien sin luciérnagas y atravesado por una guerra que desgajó su casa, procura una tregua para hablarme de las ceibas yucatecas que recuerda tanto.

domingo, 8 de agosto de 2010

La comedia de luto: ha muerto “Cholo”

Por Conrado Roche Reyes

Héctor Herrera fue un monstruo, uno de los más grandes monstruos salidos de los ancestros quienes ya habían engendrado –y lo fueron ellos mismos— pilares de un género tan difícil como agradable al público: el teatro regional. Yucatán es, si no el único, uno de los pocos lugares donde existe dicho teatro. Hijo del gran “Sakudo”. “Cholo” era lúdico, confiado, buen hombre, sin avidez de riquezas. Encontró paz en su casa, en Mérida, consigo mismo. Actor nato, consiguió conciliar a nuestra dividida sociedad. Su público lo amó hasta su muerte, acaecida recientemente.

Muy aparte de su irrebatible calidad como actor, amó su a tierra, Yucatán, lugar de todas las fragancias y magnificencias. Sus playas de este lugar prodigioso, quemado por el sol, habitado por tantas sangres de pueblos diversos. La riqueza de “Cholo” estaba en su querido público, la gente. Y es que buenos maestros no le faltaron. Nacido entre actores y para ser actor. Y lo fue. Y de los grandes. El más aventajado de la dinastía tercera. Muy joven llamó la atención. Pronto, fue quien encabezó el elenco con su creación del huiro más pícaro que haya existido: “Cholo”.

La primera ocasión que miré actuar a “Cholo” fue haciendo pareja con otra inmortal: “Petrona”, en el teatro “Fantasio”, donde nuestros dos máximos referentes de lo que es el verdadero teatro regional, “Cholo” y “Petrona”, ¡casi nada!, hacían las delicias a una butaquería llena todas las noches, en dos representación diarias, durante temporada largas, creo sin día de descanso. Eran “tandas” en las que los diálogos –de la actualidad de entonces—, muy bien estructurados, verdaderos mano a mano de la comicidad real, nos hacían desternillarnos de risa. La trama podía ser sátira-saeta-política, crítica social, o aventuras y desventuras en que los poderosos no quedaban muy bien parados. Yo no sé si fue censurado en alguna ocasión, pero “Cholo” decía sus verdades a los poderosos. En este sentido, era muy valiente. También cantaban a dúo, graciosísimas parodias a canciones de nada. Y lo hacían muy bien musicalmente hablando, con una “Petrona” haciendo una magnífica segunda voz (no hay que olvidar que Ofelia Zapata dirigía y tocaba el piano –y cantó- en su propia orquesta femenil), acompañados por los músicos de planta del “Fantasio” dirigidos por “El Chino” Sabido. Posteriormente, presentaba una variedad con los cantantes más cotizados: Manolo Muñoz, Alberto Vázquez, cómicos como “Tilín” (El fotógrafo de la voz), guapísimas vedettes como la deseable Chelo Schiller; y daba oportunidad a valores locales como Jaime Bardales, los Aragón, los Espaciales, los Maos, la guapa Charito Stein, etc.

“Cholo” probó suerte en la capital, donde filmó varias cintas despojándose de su yucatequísimo alter ego. Lo recuerdo como mayordomo en algunas comedias del galán Mauricio Garcés. También viene a mi mente un filme en el que si hace el papel de yucateco (no “Cholo”) con la buenona de moda (“yo sólo me desnudo si el guión lo exige”. Todos sus guiones lo exigieron) Sasha Montenegro, “Blanca Nieves y sus siete amantes”. Nuestro querido Héctor prefirió regresar a la tierra de sus amores sintiendo que debía impulsar el teatro regional, lo que hizo hasta que el Creador lo llamó.

Hoy, se rinde homenaje de cuerpo presente al máximo representante de nuestro teatro en el máximo templo teatral, el Peón Contreras, al que asistieron desde las más altas autoridades, comerciantes, compañeros actores, pero lo principal y más emocionante, la espontánea presencia del pueblo. Y digo espontánea porque el gran histrión tenía pocas horas de fallecido, pero el pueblo que lo adoraba, comunicó la infausta noticia y ha acudido en tropel a despedir a Héctor Herrera “Cholo”, a quien “Petrona” espera para hacer reír a San Peter.

viernes, 6 de agosto de 2010

Yucatán sin Cholo

Por Jorge Cortés Ancona

La sonrisa envolvedora y los ojos a punto de salir volando. Tal vez ese sea el recuerdo más inmediato de Héctor Herrera “Cholo” dentro y fuera de los escenarios. Un rostro embebido de felicidad.



Popular en verdad, mencionable en cualquier situación por su capacidad para improvisar y por sus chistes, su imagen social nunca dejó de ser constante aun en los momentos más álgidos de su enfermedad. Era un referente vivo para todo yucateco, una presencia que atravesaba clases sociales y grupos de edad.

Para muchos era un orientador acerca de lo que estaba ocurriendo en Yucatán. También un cohesionador de la sociedad en momentos en que podía haber habido una fractura. Su solución era el humor, un humor a la yucateca y, más aún, un humor al estilo Cholo, con ingeniosa espontaneidad al igual que con moderación en los dobles sentidos sexuales.

Su vida fue el teatro y para gran parte del público todo en él tenía que volverse humor teatral. Sin embargo, a pesar de ello, fue versátil en su labor actoral, como lo demostró en el papel del lacónico y solitario anciano de la película Lake Tahoe o en obras que nada tenían que ver con el teatro regional.

Quizá haya sido difícil para él que los espectadores se hayan empeñado en encasillarlo en un sólo rol, que su capacidad interpretativa no haya sido valorada igual por el público cuando se trataba de otro tipo de personajes y otro tipo de obras.

Era brillante en sus parodias de telenovelas (“¡Oh, Rina!”, “Mirando a tu mujer”), o para dar títulos a situaciones de actualidad, que en la misma frase concentraban todo lo que estaba ocurriendo (como “El pan dulce de cada día”, a principios de los noventa) o como en un caso que me gusta recordar: una solución irónica al cultivo de algún ocioso guasón, que dio lugar a que durante días hubiera caravanas de yucatecos yendo a ver los ovnis que supuestamente se avistaban en el municipio de Homún. Cholo dio mate al asunto cuando dio con la clave real de lo que suponemos había desatado el fervor ufológico: “Los platillos de Homún… y queso”, aludiendo también al tipo de sándwich de moda en esos años setenteros.

Con sólo mencionar la palabra “Cholo” se podía generar sonrisas en Yucatán. Podía ser un momento feliz sin importar si la mención venía al caso o no. Decir “Cholo” era hacer uso de un imán con el cual se atraería a todo tipo de público.

En nuestra niñez fue el cómico superhéroe “Cholomán” y también el que publicitaba la presentación de a litro de una bebida de cola. Fue también el chino de los “plecios balatos” de una cadena local de supermercados. No pudo faltar que fuera rey feo del carnaval. Por ello, estaba en todos lados y convencía.

Eso explica que hace treinta años haya habido excursiones turísticas que se publicitaban con Cholo como guía: para mucha gente esa sería razón suficiente para el viaje, una verdadera relajación que superaba las posibles maravillas a visitar.

Su peso en la sociedad se notaba en uno de los rumores más usuales en toda elección de veinte años atrás, que era la de que en los recuentos aparecían miles de votos proponiendo a Cholo para el cargo de que se tratara en la boleta. Eso no ocurrió en su demasiado tardía candidatura, cuando no era ya el momento para que su participación política fuera motivadora para una sociedad con crisis recurrentes.

¿Por qué los partidos más fuertes de Yucatán no recurrieron a él cuando estaba en plenitud de condiciones físicas y cuando se requería para levantar los decaídos ánimos de una sociedad que se empobrecía, sobre todo en los ochenta y a mediados de los noventa?

La noticia de su muerte llegó en pocos minutos a todos lados, y en todos los casos fue la misma lamentación, el mismo desaliento. Yucatán tendrá que acostumbrarse a vivir sin Cholo, sin su crítico más popular, su voz más llena de alegría, quizá la encarnación final de una manera de ser del yucateco.

martes, 3 de agosto de 2010

Sobre Mi Vida, de León Trotsky

Leer para liberarse


Por Cristóbal León Campos


Al acercarse el aniversario 70 del asesinato de León Trotsky resulta de gran utilidad, para los activistas y los movimientos sociales, echar una mirada a la vida revolucionaria del principal dirigente del Ejercito Rojo. En la historia del comunismo, dificilmente pueda encontrase un personaje que levante tanta polémica y que fuera tan perseguido por el estalinismo. Alrededor de su imagen giran versiones tan distantes y, en su mayoría, distorisionadas, elaboradas por los sectores intelectuales de la derecha, como por aquellos que sirvieron al poder de Stalin.

León Trotsky fue expulsado de Rusia en 1928 por la burocracia estalinista, que había producido el proceso de degeneración que sufrió el Estado soviético, al dejar de un lado las ideas de su fundador Lenin. Desde su expulsión, Trotsky vivió “un planeta sin visado” como dijera el poeta André Breton. Su vida dio un giro extremo hasta el día de su muerte, pues luchó contra la degeneración estalinista que en nombre del comunismo persiguió y asesinó a los compañeros de Lenin de la Revolución de Octubre y tergiversó las tesis fundamentales del marxismo.

La batalla que libró el general del Ejército Rojo es una de las experiencias más importantes en la búsqueda del camino para la construcción de un mundo mejor. La crítica que vertió en innumerables hojas en el exilio, contienen aportaciones indispensables para quienes pretenden la construcción del socialismo a nivel mundial.

La autobiografía “Mi Vida. Memoria de un revolucionario permanente” (Editorial Debates, Barcelona 2006) es uno más de los campos de batalla de Trotsky: “En sus páginas, el autor sigue librando el combate que llena su existencia”. La cruzada por la defensa de las ideas del auténtico marxismo son el fundamento principal de la obra. Trotsky desmiente cada una de las mentiras y calumnias que el régimen termidoriano -como llamara al régimen encabezado por Stalin- difundió sobre él. El proceso de octubre, su entrada a la fracción bolchevique en 1917, el desarrollo de las contradicciones en la economía planificada soviética y el inicio de la degeneración estalinista son algunos de los puntos que describe Trotsky para desmentir, sobre todo explicar el proceso que atravesaba la naciente URSS cuando fue expulsado.

“Mi Vida” se publicó por primera vez en 1930, es un retrato autobiográfico con la intención de transmitir a las nuevas generaciones de marxistas y revolucionarios lo mejor de la experiencia revolucionaria. El libro es, además, una defensa ante todos los ataques que recibió por encargo de Stalin y, a través de la argumentación, demuestra la falsedad con que se ha señalado que las pugnas entre Stalin y él eran motivadas por la rivalidad personal, y deja muy en claro que sus diferencias siempre fueron por las políticas equivocadas que se implementaron en Rusia después de la muerte de Lenin. Como el mismo León Trotsky señala en el prólogo de su obra: “La lucha entablada por los epígonos en torno al poder, no tiene, como pretendo demostrar aquí, un carácter puramente personal, sino que revela una fase política: la reacción contra el movimiento de Octubre y los primeros síntomas del giro termidoriano”. La defensa del marxismo y el internacionalismo proletario fueron el eje principal de su vida y lo que le costara la muerte al Viejo, como lo llamaban sus camaradas más cercanos.

Las ideas de Trotsky han tratado de ser ocultadas por la burguesía y por algunos sectores de la izquierda para tratar de desacreditar las ideas del marxismo. La verdad es algo que no se puede ocultar y, en medio de la peor crisis del capitalismo, las ideas del marxismo vuelven a ser estudiadas por jóvenes y trabajadores que buscan una explicación para la situación nacional e internacional que acontece en sus respectivos países.

La vigencia del pensamiento de León Trotsky se demuestra con la agudización de las condiciones de vida de los pueblos del mundo. Es por eso que “Mi Vida” constituye una obra de gran valor, pues es el propio Trotsky quien desmiente cada una de las calumnias que se lanzaron en su contra, además de desenmascarar el carácter contrarrevolucionario del estalinismo y la burocracia soviética. Es, también, una valiosa arma para la batalla cotidiana contra el sistema capitalista, que es incapaz de satisfacer nuestras necesidades más elementales.


Por esto!, 31 de agosto de 2010.

lunes, 2 de agosto de 2010

Valentía Yucateca


Conrado Roche Reyes


A MIS LECTORES:


Antes que nada debo aclarar al lector que soy una especie en extinción, aquella de los que estamos negados para comprender el uso, deshuso y abuso de todo lo relativo a la cibernética. Con esto quiero decir que para mi las palabras twiter, portal, wikipedia, messenger, son palabras desconocidas.


Con muchísimo trabajo me programó mi hijo una compu-uayy- en Word para que me sirviese únicamente para el trabajo fecundo y creador, pero al poco tiempo algo le hice a ese aparatito demoníaco y hasta el día de hoy permanece ahí mirándome entre telarañas. Jamás me sentado al Internet, ni sé como funciona, de lo que si me han informado y he escuchado por parte de comunicadores es el buen o mal uso que se le puede dar.


He recibido por teléfono por parte de varias personas una noticia que a simple vista es banal, pero que puede también tener consecuencias aterradoras tanto para el difusor como al receptor de ciertos mensajes. En nuestra ciudad han proliferado-me dicen los que conocen de esto- cócoras, es decir, infinidad de periódicos y revistas virtuales. Como antes aclaro, yo, Conrado Roche Reyes, jamás he escrito y mucho menos sentado a leer este tipo de modernismos. Me parecen propios para chavitos imberbes, aspirantes a pendejos y a alguno que otro de buena fe.




En el colmo de la falta de hombría, alguien o alguienes han estado utilizando mi egregio nombre para difamar a otras personas. ¡MARICONES!, en lo personal me importa un soberano sebo el que lo hagan usurpando mi personalidad. Expertos en el arte del temor y la envidia. Cizañeros afeminados, putos closeteros, yo ni siquiera leo sus estulticias en contra de quien quieren atacar, parapetándose en mi nombre pensando que con esto me hacen a daño. A mi, ustedes, lo único que me pueden hacer, han hecho y harán, es seguirme pelando el chile. A quienes estas carroñas han ofendido, calumniado o lo que sea desde sus entrañas y hormonas chuecas y putrefactas no les pido disculpas ya que no tengo culpa alguna. Señores, y señoras: si leen algo ofensivo a su dignidad o persona por medio de Internet, les juro por mis hijos y nietos- y vaya que es lo que más quiero en el mundo- que se trata de otras personas que con bajuno y oscuro fin, como la tumba en donde yace mi amigo anonimato, usurpan mi nombre para satisfacer sus más que perversos y para mi incomprensibles fines, golosos e iracundos súcubos habitantes de lo más prostituido que tiene un hombre: la hipócrita y sucia envidia-que comprobado está científicamente produce cáncer- seres de hígado purulento, cangrejos disfrazados de revoltosos, opiáceas almas de las tinieblas de Baal. Labios gruesos de mamador con bucles grasientos y sucios, sigan, sigan, me la maman. Mi cabreo es por la reputación de quienes usando mi nombre abatanan con sus palabras de medusa. Amables personas, lectores, lo único por lo que yo respondo y lo hago con orgullo, es lo que publica en POR ESTO!. De los cócoras puñales que me tienen un sosias, ahora cuídense ustedes. Ya más o menos se está elaborando una lista que se está dirimiendo por eliminación en base a estilo y la cantidad de odio y veneno que acumulan, su putería y malas mañas. Gente especializada en delitos cibernéticos. El chip que todos ustedes tienen incrustado en sus respectivos anos con uses está siendo rastreado.


Por de pronto la denuncia penal ya está interpuesta. Están cometiendo mis queridas suripantas con mini pene, y eunucos al servicio de la rebelión de los falenos, un delito del orden federal considerado como grave. Ya sé quién eres, te he estado observando. Miren, hasta de evasión fiscal les van a clavar hijos de puta. Su edificio de mentiras de derrumbara como le sucedió a la Gran Prostituta.


Por Esto!, 30 de Julio de 2010.

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