lunes, 31 de mayo de 2010

¡Antes!

Por Conrado Roche Reyes

Aunque de familia adinerada, a José, joven de 18 años, desde que abandonó los estudios pocos meses antes, se partía el lomo trabajando en una de las empresas paternas. Comenzó en la bodega logrando ascender paso a paso. Ahora se desempeñaba como asistente del Director.

Como hay muchos, su papá no se cansaba de repetirse que él había comenzado desde mero abajo. Intendente, o lo que es lo mismo poco menos que el mozo. Y que a base de perseverancia, mucho trabajo, estudió por las noches contabilidad…

Y le lanzaba la misma vieja historia de sufrimiento hasta llegar a ser lo que era: uno de los empresarios más ricos del Estado. Y nadie le quitaba de la cabeza que su primogénito aprendería a manejar sus negocios golpe a golpe “desde abajo, como yo”.

Durante su aprendizaje, duro, José fue tratado igual que cualquier empleado más. Con su nuevo puesto, tenía ya un buen sueldo. Y un sueño: tener un carro, ya que la condición paterna fue esa. ¿Anhelaba ser propietario de un carro?, pues tendría que comprarlo con su dinero. Y ya estaba en condiciones de hacerlo. Y lo hizo. Sentíase el rey del mundo manejándolo. Usado, pero en buenas condiciones.

A medida que ganaba mejor, vendía su coche para comprar otro más reciente. Era una especie de obsesión. Le gustaban tanto los coches que llegó a tener cuatro. Fue el comienzo de su carrera en el negocio de compraventa de coches. Compraba barato y vendía caro.

Lo primero que hacía al despertar era revisar las ofertas de autos. Visitaba lotes (él tenía ya varios), tianguis, a particulares. Sin embargo, siendo su negocio venderlos, cuando alguno le agradaba en serio se quedaba con él.

Aquel día del año 1984, miró en su garaje un precioso Bentley como se decía en el argot, “sanito”. Averiguó a quién pertenecía y sin regatear se lo compró. Era su lujo. Reluciente, lo puso en el lugar más visible en el lote matriz. Como se dice, estaba enamorado de él. Le fascinaba observar cómo la gente se acercaba al coche para admirarlo. Algunos le hicieron ofertas. Nadie le llegaba al precio. Era carísimo; “¡como el de John Lennon”, decía a modo de orgullo. Seguro estaba que no existía en Mérida quien pagase la suma que él pedía.

Por entonces, todavía no comenzaba la avalancha migratoria de huaches a nuestra ciudad. Se les miraba a los pocos que había con cierto recelo.

Cierta vez, desde su oficina miró cómo tres huaches se deshacían en elogios acariciando la joya. José, orgulloso, salió a su encuentro y les preguntó si se les ofrecía algo. Ellos nada más mostraban su admiración. Eran fanáticos, como él, de los coches.

Preguntaron si estaba en venta. José, henchido, les dijo el alto precio. Los fuereños se miraron. Uno habló: “Mire, nos gusta, nos gusta mucho. Le propongo algo. Le doy una parte en efectivo, mas ese juguete”, dijo apuntando a otro carro, el de ellos, estacionado enfrente. José casi se va de espaldas. Se trataba de un carro de la misma marca, pero de los más codiciados. De colección, una verdadera joya. Lo vio como si estuviese frente al Tal Majal.

Hizo números. La oferta no estaba nada mal. Lo tocó, lo acarició. ¡Listo! Se decidió. Sería suyo. “Señores, creo que nos vamos a entender”, exclamó con entusiasmo José. “¿Sería posible probarlo, una vueltecita”. Los huaches aceptaron encantados, pero ellos también querían probar el suyo. “No hay problema”.

José tomó el volante de su alfombra mágica con un huach a su lado mientras los otros lo hacían en su Bentley.

Dio unas vueltas por Montejo. Faz reluciente. El resto de los automovilistas miraban aquel prodigio de cuatro llantas abobados. Después tomó la Avenida Itzáez. Era, como dicen, una seda, seguido por los demás compradores. A la altura del aeropuerto toda duda se disipó, sería suyo. Reía con su acompañante.

Cuando intentó dar la vuelta para regresar, el huach le dice con sombría voz y pistola en mano: “Sigue derecho pendejo o aquí mismo te lleva la chingada”. Bastó una leve observación para que José se diera cuenta de que el tipo hablaba muy en serio.

Continuaron por la carretera a Campeche. Ya lejos de la ciudad, el fulano le ordenó se metiera a una brecha. Avanzaron monte adentro. En cierto lugar, otro huach los esperaba. Se detuvieron y minutos después llegaron los del Bentley.

A gritos y mentadas de madre lo obligaron a internarse al monte apuntándole con sus fuscas. “Entréganos todo el dinero que tengas, sabemos que hoy retiraste un millón de pesos, tu tarjeta de crédito y chequera firmada”.

José se orinó. Estaba muerto de miedo, uno de ellos tenía la mirada muy cabrona. “¡Desnúdate!”. Obedeció. El de la mirada fea insistía: “De una vez, a darle Crank”. El pobre José cayó de rodillas en cueros suplicando por su vida, “llévense todo, pero por favor no me maten”.

El que parecía ser el jefe preguntó a sus compinches con la mirada. “Aquel”, el malo, repetía: “de una vez”.

Por alguna razón, el jefe ordenó a los otros que se retirasen. Lo hicieron en los Bentleys, quedando solos, José, en pelotas, y el huach, quien le dijo: “Estás chamaco y me das pena. Pero cuídate. No andes nunca solo. Ustedes los yucatecos son bien pendejos. Se creen muy chingones y no lo son. ¡Ni te imaginas lo que va a pasarle al país! ¡Ah!, y en poco tiempo”. Corrió al coche y desaparecieron.

El pobre José, además, durmió esa noche en la cárcel. Todo desnudo en la carretera, nadie creyó por entonces su historia. “¡Pendejo!, aquí no pasan esas cosas. Deja de fumar esa pendejada”.

Al cabo de unos años, todos quienes se rieron de José sufrieron algún tipo de chantaje.

Carlos Santana: ¿Te gusta por guapachoso?

Por Conrado Roche Reyes


Para usted, ¿quién es el mexicano más conocido en el mundo? La respuesta será variable dependiendo el ámbito en que nos desenvolvamos. Para la elite culta, probablemente sería un Carlos Fuentes, Octavio Paz, Frida Kalho, etc. Entre la gente ordinaria, el común de los mortales, Pedro Infante o Jorge Negrete. Para quien la gira en la historia, Benito Juárez, etc., pero la incontrovertible verdad, lo tangible va por otro lado.

El mexicano más popular a nivel internacional es un músico, guitarrista, toca rock: Carlos Santana, sin lugar a dudas. Santana es conocido en el más apartado lugar de cualquiera de los cinco continentes.



Los anteriormente mencionados, con todos los méritos posibles, no son remotamente tan conocidos como Santana. Islas Fidji, pasando por Bombay, Hanoi, países islámicos, Africa, ya no digamos Europa, los EE.UU. o Suramérica, el hombre es reconocido y conocido y respetado. Carlos Santana es ya un icono de la música.

Todos escuchamos sus famosas grabaciones. Y es que el tipo tuvo la genial idea de incorporar ritmos latinos a la música rock, innovándolo y teniendo la aceptación mundial.

En México, y en Mérida particularmente, creo que en su momento (finales de los sesentas), no hubo quien no tuviese o escuchase canciones como “Black magic woman”, “Oye como va”, “Samba pa ti”, “Evil ways”, “Europa” y tantos éxitos basados en dicha combinación, percusiones exóticas latinas y rock.

Nadie olvida un nombre: “Chepito” Arias, percusionista. Modelo a seguir de varios sujetos negados para tocar algún instrumento tradicional rocanrolero, quienes, al menor descuido, ahí estaban en el escenario echándose “La Paloma” con las tumbadoras, la mayoría, muy negados hasta para eso como “El rábano”, “Pinkuski”, “Gabi”, “Charles”, “Buga”, todos muy malos, pero que aprovecharon el boom santanero (medio cumbiambero) para estar en sus cinco minutos de fama sobre un escenario. “Yo toco percussions”. ¡Fo!

Santana fue un suceso mundial. Pero tuvo también su época de confusión. Dejó la fórmula que le dio fama incorporándose al hinduismo junto al enorme guitarrista John Mclaughlin. Incluso ambos se cambiaron de nombre, John fue “Mahavisnu” y Carlos “Devadip”.

Durante esta época, su fama decayó. Fueron varios años. Santana se adhirió al movimiento chicano, a la campaña de legalización de la mariguana. Los periodistas huaches tiraron el borrego de que Santana fue alumno de Javier Batiz. ¡Mentira! Ambos tocaron en Tijuana pero nuestro personaje siempre fue superior a Batiz, lo que se demostró en un concierto en Puebla. Batiz se vio como un novato a su lado. Por cierto, aquel concierto lo abrió el mamón Ravi Shankar, quien no comenzó a tocar hasta que nadie fumase. ¡Chingaderas!

En la última década, Carlos Santana regresó a lo que le dio fama y dinero: música tropicosa. Ganó un Grammy por “Súper Natural”.

Ahora bien, lo que pocos saben es que el paisano se inició como blusista (que hoy retoma). Su primera grabación fue un chance que le dio nada menos que el súper blusista Mike Blomfield en el álbum “Super Session” en donde toca una rola, un blues: “Sonny Boy Williamson”, mucho antes de ser famoso —de aquí saltó a ella—, hoy Carlos Santana anda bluseando de nuevo con monstruos como BB King, en un intento por recuperar su alma.

El sabe que aquello guapachoso fue un medio, mas su fin es blusear, por tanto, Carlos Santana, para desilusión de muchos, es hoy un guitarrista de blues. Como comenzó. ¿Lo sabías?

viernes, 28 de mayo de 2010

Poética del desamparo

Por José Castillo Baeza

Tengo que tratar de mantenerme ocupado con el trabajo. He visto que las personas así consiguen frenar el sangrado de la sensibilidad cuando a ésta le da por desbordarse sobre las regiones de la cotidianeidad. Su caudal inunda los pueblos civilizados donde habita el hombre funcional que siempre lleva zapatos; inunda las tierras del hombre del siglo XXI, esas en cuyas laderas crecen las flores del bienestar social, la comodidad y la normalidad de la vida que le permite ser sin verse atormentado por su reflejo de gritos.



Así logran soportar algunas personas. Otras que tienen más suerte, colocan un televisor entre el hombre sentado en una silla rota y el espejo que contiene, en su transparencia, la imagen de ese mismo hombre, pero sentado sobre sus rodillas en el suelo, con las manos sobre la cara, muerto en llanto. ¿Cubrir el espejo con una manta? Sí, también es una opción, aunque se corre el riesgo de que el hombre atrapado en el reflejo, en uno de sus movimientos, carcomido por la desesperación que le causa el desgarro de no verse del otro lado, ocasione la ruptura del espejo.

Cuando pienso en la opción de sumergirme en el trabajo es cuando caigo en la cuenta de que no puedo mantenerme ocupado, porque mi oficio se sustenta en mirar el techo; me percato de que no puedo correr de aquí para allá, ni estar apurado; no puedo no pensar porque pensarte es la faena que me persigue y a la cual me he consagrado un poco queriendo, entre la risa y el llanto. Y el oficio de escribir no ofrece seguro de vida.

La H que le falta a tu nombre, enmudece triste en la punta de mi pluma. Aún así decido escribirla, quizá para saberte otra. Y sin embargo, sólo consigo comprender que la ficción agoniza traicionada por los deseos imposibles que la vida y el tiempo le ponen enfrente.

Trabajar con emociones significa vivir contaminado. No encuentro, en este laboratorio con tuberías rotas y focos quemados, un traje que me proteja de las sustancias que caen en mis manos. Aquí no hay forma de tapar las fugas de azufre, el poco oxígeno que entra desde fuera alcanza para respirar a medias, tan sólo para no morirse asfixiado.

¿Cómo depositar este ardor en la boca de un personaje sin quemarme? ¿Cómo recorto, sin herirme, la hoja en blanco que tapiza mi epidermis? ¿Para qué abrir el capullo de la hiel si sé que una metáfora de alas atigradas se irá volando para no regresar jamás?

Sólo me protege el narrador que invento todos los días, suerte de distancia que se interpone entre el fuego y yo. Pero en días como éste en el que voy caminando descalzo y con el pecho roto, arrastrando a cuestas mi sombra que aferra sus uñas al asfalto, ese ser pequeñito que me invento y que navega sobre las aguas del papel, naufraga al encontrarse con tus ojos. Y yo me hundo con él.

Habla conmigo: no me dejes idealizarte. Sé que tu cintura es un árbol cuyas hojas se pasean por los cielos que tanto me gusta frecuentar, pero esa conciencia no cesa esta agitación; hazme saber todos los días que ese árbol se enraíza en la tristeza de la tierra…quizá así consiga ocupar mi mente en el trabajo.

Hoy puedo empezar escribiendo tu nombre con H, por ejemplo.


miércoles, 26 de mayo de 2010

¿Cuánto vale?

Por Conrado Roche Reyes

Conozco a Alejandro Lora hace más de treinta y cinco o cuarenta años, por medio de Miguel Manzur. Fue la época de más popularidad del rock tocado por mexicanos. En los lugares más nice actuaba alguno. Bares de hoteles elegantes, sitios ex profeso. Aquí, seguíamos en la eterna lucha por tocar, impedido esto por un enfermo y traumado jefe policiaco –al que sus continuadores imitaron— que tenía sus fobias: las putas y el rock. Se autonombró “capitán”. Entonces los yucas íbamos al D.F. a escuchar arrobados a los grupos, cantidad y calidad, que allí se desenvolvían. Fue un breve espacio de tiempo en el que las estrellitas del momento tenían como trofeo a su roquero. La rifaban: “Bandido”, “Tinta Blanca”, “Enigma”, “Peace and Love”, “Zig-zag”, “Free Way” y (por involuntaria omisión se me escapan demasiados) “Three Souls in my Mind”. Estos y otros tocaban en conciertos. De “Three Souls”, entre elementos que nadie recuerda, estaba Lora.

Este, clasemediero, era eso, uno más entre el moloch. De familia sin problemas económicos, Alex era un hippie mariguano más, y músico. El rock vivió su mejor momento.

En el año de 1971, Luis de Llano y otros empresarios organizaron un festival de rock como complemento a una carrera de autos, que era el evento estelar, invitando a los grupos que quisieran a tocar en el mismo. La sorpresa fue que casi todos los que estaban en el candelero aceptaron y se puede decir que de gratis.

“Festival de rock y ruedas en Avándaro”. Repito, a los huaches les encanta eso de las carreras de autos, porque lo vuelven fandango (ver “Mecánica Nacional”), pero sucede que para sorpresa de todos, organizadores incluidos, asistieron al lugar más de 250,000 personas ¡a escuchar rock!

Imagínese el lector tal muchedumbre “Living in peace”. No hubo ningún incidente que lamentar. La prensa los abatanó “Todos desnudos, sexo, drogas, orgía”. En realidad sólo se encueró una chavita de Monterrey.

Allí, Lora conoció a “Chela” (“Mi domadora”, ay). Esta sí era de extracción humilde, pero logró enganchar al entonces reventado Lora hasta el matrimonio. Bajo la influencia de esta mujer, abandonó a su grupo y formó –nada pendejo— “El Tri” (era un campeonato futbolero). Pienso que ni él mismo se imaginó el éxito y trascendencia que tendría. Y éste llegó, con mucha imaginación, mercadotecnia y “veletismo”. “El Tri” es más que un buen grupo, un fenómeno social. Aconsejado por “Chela” (a la que al igual que Lennon y McCartney hizo parte de su banda), Lora ha sido partidario, según le convenga, del EZLN, de AMLO, de Fox, del PAN, de la Virgen de Guadalupe, contra la Ley de Arizona, etc., etc.

La última ocasión que platiqué con él fue en Cancún, donde, cual Luis Miguel u otra “luminaria”, cerró “la parrilla”. Me confesó que ya casi no tomaba ni se daba su toque. Ocasionalmente, a escondidas de “Chela” lo hacía. Y, -esto fue hace diez años- me dijo que su hija le daba problemas.
La chavita se ha visto envuelta en líos. Ahora, mató a un trabajador. Ella venía bien peda. Sin embargo, los medios la han cubierto. Me dio asco un programa dirigido por una mujer odiada y convicta en su país.

Amiga del criminal Fujimori y que buscó por todo el continente en donde le levantasen el cartel. En todos lados la despreciaron, excepto en un país: ¡México! Tiene un “Talk show”, al cual invitó a “Chela” y a la viuda del muertito. Paupérrima. Burdamente indujo el programa a favor de la hija de Alex. Allí, en público, esta asquerosa mujer “Laura de América”, hizo que la pobre viuda, con cuatro hijos aceptase (“Chela” hecha un mar de lágrimas “por lo que pasa mi pobre hija) gastos funerarios ($80,000), honorarios de su abogado ($150,000), indemnización ($500,000 y regateó doña Lora). La viuda, con cara de “algo es algo” y muy triste, aunque miraba muy feo a “Chela”.

Yo le preguntaría: “¿Cuánto?”, “cuánto qué”. “Sí, ¿cuánto vale?” (?). “¿Cuánto vale, cuánto cuesta tu hija?”…. El otro, feliz apoyando a los de Arizona.


viernes, 21 de mayo de 2010

Días de mayo

Rodolfo Menéndez y José Martí



Por Carlos E. Bojórquez Urzaiz




El mes acoge una alegría que en cuatro días disuelve lo que significa el nacimiento de Rodolfo Menéndez, cuyo goce comienza a diluirse al darnos cuenta que el 19 de mayo tendrá lugar, como cada año, la evocación de la trágica caída en combate de José Martí. Ambos florecían como poetas, sobrio en su lenguaje el profesor de La Escuela Primaria, mientras el hombre de La Edad de Oro explota en el ardor que recorría su alma, desde el verbo encendido hasta los ojos que quemaron la mirada sensual de Rosario, la musa por la que se quitó la vida Manuel Acuña.

Los dos eran insurgentes, confinados uno y otro por un coloniaje desleído en toda América, a excepción de las Antillas Mayores, donde España regateaba la libertad, sin poder extirparles sus ideas revolucionarias. Algunas veces, sin resignarse al presente, la anquilosada metrópoli ibérica amanece queriendo renovar sus espuelas e intenta refrenar el derecho a la independencia cubana, en tanto Menéndez y Martí atraviesan las vanguardias de su tiempo para apostarse donde haga falta.

Mayo los enaltece como hijos del Yara, pese a la arrogancia que exhibió Madrid, donde se figuraron que la expatriación los borraría para siempre. Años de 1850 y de 1895: origen por el cual el docente educará hasta el fin de sus días tratando de redimir a Yucatán del rezago, sin retorno posible a Cuba, porque la república de José Martí fue entregada a causas inconfesables, y la Enmienda Platt entorpeció sus 30 años de lucha contra los imperios. Mucho tiempo antes, en marzo de 1877, Menéndez abrazó a Martí observando absortos la efigie de Chacmool, en un cruzamiento de la ciudad de Mérida. Por eso el 19 de mayo de 1896, al cumplirse el primer aniversario de la muerte del Apóstol cubano, Rodolfo Menéndez expresó en casa de su hermano Antonio, que José Martí: “Era maestro de la resurrección de un pueblo; era maestro de la libertad; era maestro de la grandiosa democracia americana. Y su maestría la adquirió luchando, luchando siempre contra el poder de los opresores, contra los desafueros de la injusticia colonial“.

Pero en 1894, un año antes de su muerte en Dos Ríos, como presagiado el destino de su querido amigo Rodolfo, quien llegó a ser nombrado Benemérito de la Educación Pública en Yucatán, Martí escribió: “...A respetar el derecho enseña Menéndez, y a conquistarlo: a pensar por si: a hablar sin bozal: a aborrecer la doblez y la cobardía: y quien de eso es maestro en esta vida, muere con honor.”

Estos dos cubanos necesarios para el Estado de Yucatán, asumieron con sus historias personales, y muchos años de diferencia, que “La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida...,” como anotó alguna vez Martí. De manera que cuando se recuerda la dolorosa caída del Apóstol cubano, con sus grandes dignidades políticas y literarias, se contrae el júbilo que ocasiona el natalicio de Rodolfo Menéndez, pues la alegría de mayo, tan solar como cálida, es frágil y abarca cuatro días para tener un tiempo para el regodeo irrenunciable.

jueves, 20 de mayo de 2010

El arte de enseñar



Por Hortencia Sánchez


Me he encontrado con buenos amigos que, tiempo atrás fueron mis maestros de bachillerato, y no me son distantes porque continuamos frecuentándonos al abrazar la misma profesión: el teatro. A todos los quiero, los respeto, los estimo, pero, sin duda alguna, siempre se tendrá preferencia, o mayor afecto, por algunos.




A mi maestra de danza, María Eugenia Borges, la quiero muchísimo porque tenía la virtud de dejar a sus alumnos libres para explorar, proponer, mostrar sus inquietudes a través de su movimiento; ella no ponía límites en la creación. Creo que fue una de las personas que más han tenido que ver con mis logros en el arte. Envío todo mi respeto, mi cariño y agradecimiento, por haber sido tan magnífica persona, capaz de enseñar no sólo una técnica para la danza, sino un camino hacia la libertad.

Pero también, en mi camino de aprendizaje, existió un hombre que dio vida, alas, para que muchos de los que nos formáramos en esta disciplina emprendiéramos el vuelo, mi gran maestro, pero sobre todo amigo, Rubén Chacón. Han pasado los años y continúa, como siempre, acompañándome en los recuerdos. Sin duda a muchos de sus alumnos les sucederá igual.

Y en este mes, que celebramos al maestro, una gran creadora, la maestra Perla Szuchmacher ha partido. En el 2004 contamos con su presencia en Yucatán, ya que vino junto con el maestro Jorge Ferro a asesorar un proyecto de Teatro Escolar. En aquella ocasión platiqué con ella, me sinceré acerca de las dificultades que enfrentábamos al realizar este proyecto; ella comprendió muy bien este sentir, me dio un fuerte abrazo, asegurándome que el camino que transitábamos era el correcto. Le obsequié un abanico para que cada vez que lo usara llegara a ella el calor de nuestra Mérida, el olor a mar y la paz envidiable de nuestra tierra. Ahora ella se ha marchado. Seguramente desde el cielo mira cuántas personas dejan caer la lluvia sobre su recuerdo. Pasará el tiempo y vendrá a nosotros su palabra, sus “Malas palabras” que nos enseñaron que las diferencias nos acercan y solidarizan con el amigo. Maestro Larry, un abrazo. Maestro Ferro, te acompaño en tu despedida. Tú sabes que sólo es una separación por algún tiempo, ya nos encontraremos con los que han partido en otro espacio, sólo nos queda soñar, construir y decirnos las palabras que surjan por ser necesarias.

Por lo tanto te digo, maestro, gracias por haber compartido tus conocimientos con nosotros, gracias por habernos arropado en tu sombra, gracias por ser mi maestro.

Matrimonios y mortaja...

Por Conrado Roche Reyes

El Hotel Hacienda Inn. Situado en la Avenida Itzáes, aviación, Aeropuerto, -¿Cuál será su nombre oficial?- paso obligado para lunamieleros que hacían un alto ahí antes del viaje en sí “para consumar su amor”, tenía un Night Club llamado “El makech púrpura -hoy, no sé si ambos existan todavía-, el hecho es que un día “X” rolábamos por allá un servidor y Mike Manzur, en el apogeo de su manera de tocar la guitarra. Teníamos por entonces una excelente banda, con “El judío”, en la batería, “el mazapán”, primera voz, Jorge Gorocica, teclados, Carlos Ceballos. Flauta, Oscar Núñez, guitarra acompañamiento y segunda voz, un servidor en el bajo. El grupo era “Restricción” y éramos los únicos sobrevivientes del ni tan velado veto al rock and roll. Vivíamos de ello pero haciendo malabares. Los contratos escaseaban. Hablábamos de ello. Al pasar frente al “Makech”, miramos a Alfonso Seijo, quien administraba el lugar y era amigo nuestro. Mike, con aquel olfato que tenía para estos menesteres, detuvo el coche y nos apeamos para platicar con él. ¡Milagro!. En el instante que nos miró, nos dice que le caímos como del cielo, nos platicó que estaba remozando el lugar que había funcionado siempre como todos en la ciudad, pero él quería revivir la época de los cafés cantantes que tanto éxito tuvieron en el D.F., pero no había encontrado un solo grupo de rock, que sería el sello del café. Seijo sabía que Mike era especialista. Preguntó si teníamos un grupo con repertorio listo, ya que inauguraba en poco tiempo. Allí mismo se firmó el contrato, aunque al día siguiente nos fue a escuchar a casa de Mike en el Campestre (vade retro, burgueses) quedando más que satisfecho. En realidad, por la época y el entorno, Alfonso Seijo se la estaba jugando. Serían “tardeadas” (no recuerdo el horario pero a las 8 p.m. terminábamos). No se vendería alcohol. En aquel tiempo, Mérida era muy chica y el lugar se antojaba lejísimos.




En pocas palabras, todo en contra. Llegó el día del debut y para nuestra sorpresa, el local estaba lleno a reventar, con gente en la calle. Al parecer nuestra música gustó, ya que actuábamos a diario con muy buena afluencia de gente. Y sin licor. Todo mundo feliz. A nosotros libertad total...pero, no sé cómo (es muy abusado para esto) contrató de gerente al único cantante mudo del mundo. Miquísimo. El clásico imbécil que cada dos minutos nos decía que le bajemos al volumen. Panista además, que una noche importante (sábado) prefirió asistir a algo y no se presentó al “Makech”, le dieron gas.

Como “El mazapán” o no iba o se mamaba con los cuidacoches, entraba yo al quite a cantar. Yo no sé el motivo, pero a las mujeres, aun con el novio u lo que sea, quieren con “ese”, alguno de los que están tocando. Los meseros nos entregaban papelitos con nombres y teléfonos de féminas. Todo el conjunto bateó más de 300.

Cierta vez, me entregaban uno de estos que decía: “¿Quieres ser mi novio?”, pregunté al mesero cuál era la interfecta. Me señaló a una güera con sus amigas. Me senté con ella. Platicamos. Se volvió asidua. Y ¿Qué crees amigo lector? ¡Que me casé con ella!.

miércoles, 19 de mayo de 2010

¿Qué necesidad hay de perder el alma?


Por Conrado Roche Reyes

El radio del automóvil a todo volumen: “If the mountains scrambled in the sea I don’t see. If the sunshine stops his shine I don’t mind. If all the hippies cut all the hair I don’t care… “¿Have you experienced? ¿Have you ever be experienced? Well I’mm”, cantaba Jimi Hendrix. Trabajosamente y de milagro el motor respondió. Llegaban al sitio de peregrinación universal: Huautla. Antes, viajando —según “Las Vibras” indicaran- todo se regía por malas o buenas vibras, y los más “iniciados” consultaban el “I ching” —el libro de los muertos que contenía el supuesto conocimiento de la suprema verdad, conocieron lugares de belleza inexplicable. Playas solitarias, mar incomparable, vegetación exuberante. Todo aún virgen. La naturaleza dispuesta a hacer sexo con ella. Puerto Angel, Huatulco, Puerto Escondido. Allí, los cinco viajeros, tres hombres y dos mujeres jóvenes –eternamente- dieron rienda suelta a su imaginación. Casi el paraíso.

La población llamada Huautla, había sido visitada por famosos: Allen Ginsberg, Jim Morrison, Aldous Huxley y se comentaba que hasta los Beatles y los Stones. Toda nuestra intelectualidad, Cuevas, Monsiváis, Agustín, Gironella, etc. Físicamente, se trataba de un pueblucho más. Uno que otro hippie gringo y muchos jipitecos mixtecos, acolhuas, chalcas, tlahuicas, con su clásica indumentaria, que se convirtió en una especie de uniforme (algo así como nuestros actuales chavos alter nativos).

Caminaron por las calles, ante la recelosa mirada de los nativos. No existía ni la más pinchurrienta fondita. Una sola tienda –con un letrero pintado que decía “The rising sun”; muertos de hambre y sed compraron en “The rising sun” latas con sardinas y coca colas. Aquel ambiente místico, mágico, tibetano, no se percibió en ningún momento. Ahora, la cuestión era cómo conseguir lo que fueron: hongos, “carne de Cristo” decía el incipiente marketing. A la famosa sacerdotisa María Sabina, que se supone sería la persona más conocida entre los lugareños, era una mujer nada más, sólo una mujer.

Sin embargo no faltó el “Diller” mixteco zapoteco que lo ofreciera. ¡Carísimos! Después de paranoica espera —lo que si abundaba en Huautla eran militares— y pensando que el aborigen “se había ido al baño” (pelarse con la feria) éste por fin regresó. En un envoltorio de papel periódico traía los “ongayes”. Advirtió que los tomasen en algún lugar tranquilo. “Con cuidado, están fuertes”.

Encontraron en las afueras un pasaje ideal, con un arroyo cerca. Uno a uno los tomaron. “Sabor a tierrita” dijo el “iluminado” del grupo. ¡Tierrita! La que casi lo recoge en su seno.

Al principio todo fue maravilloso. Vivos colores. El que tocaba guitarra lo hacía como nunca. Cada quien comenzó a deambular sin rumbo. Las chicas, con el rostro ya medio apanicado. En cierto momento, sin ponerse de acuerdo, se encontraban todos en una choza abandonada. Se miraban desconfiando uno de otro. De pronto, “iluminado” con la faz distorsionada, gritó angustiado que las paredes de la choza se movían hacia el centro, los aplastarían, y salió corriendo.

La Malena, chava desenfadada, desparpajada, machísima (putísima) rompió en amargo llanto. Se revolcaba en la tierra repitiendo mil veces: “¡Soy una puta, soy una puta!”. El de más allá, acostado boca arriba, sin mover un músculo, los ojos cerrados y las manos en el pecho, antes dijo que se iba a morir. Y si, no tenía pulso, su corazón no latía. La otra chava, estudiante de medicina sentenció: “No hay nada que hacer, está muerto”. Fue un viaje a la pesadilla de la calle 507, IV parte.

El paso de las horas eternas —bajo el voltaje—. Malena, repuesta, recobrado su color, ya estaba buscando con quién acostarse. El muerto, como Lázaro, resucitó. La doctora quería ya regresar. Pero el “iluminado” no aparecía. Buscaron por el pueblo. Les indicaron que en la iglesia estaba un loco llorando abrazado a una imagen de Cristo. Con mucho trabajo consiguieron llevarlo al carro.

De esa expedición, la doctora es hoy honorable madre de familia. El muerto, es psicólogo de profesión. De Malena no se supo más. Y el “iluminado” anda metido en las sacristías, el cuello plagado de escapularios, bastante Lorenzo Barcelata. Muchos cuentan maravillas de la psicocibina, pero, así como puede ser provechosa, puede ser el averno. ¡No vale la pena intentarlo! ¿Pa’ qué?

Programa general del Primer coloquio de literatura para niños y jóvenes




PRIMER COLOQUIO DE LITERATURA PARA NIÑOS Y JÓVENES

La literatura para niños:
Pequeña ficción que amplifica el mundo.




Miércoles 19 de mayo 2010


Actividades matutinas:

Taller de lectura para niños impartido por Brenda Alcocer
Hora: 9:00 hrs.
Lugar: Biblioteca Central Manuel Cepeda Peraza, Sección Infantil.

Espectáculo de narración oral con Socorro Loeza
Hora: 10:30 hrs.
Lugar: Biblioteca Central Manuel Cepeda Peraza, Sección Infantil.

Actividades Vespertinas:

Inauguración del Primer Coloquio de Literatura para niños y jóvenes.
Hora: 17:00 hrs.
Lugar: Sala de Arte del Teatro Mérida

Conferencia magistral a cargo de la Mtra. Cristina Leirana Alcocer titulada “¿Quiénes escriben para niños en Yucatán?”.
Hora: 17:30 hrs.
Lugar: Sala de Arte del Teatro Mérida.

COFFE BREAK

Mesa I: Actuales programas de lectura nacionales y estatales y sus resultados*.

Hora: 19:00 hrs.
Lugar: Sala de Arte del Teatro Mérida.
Invitados: Ligia Ocampo, Celia Rosado, Manuel Iris, Rafael Morcillo López, Rita Castro y Silvia Madrid.
Modera: Celia Rosado


Jueves 20 mayo de 2010


Actividades matutinas:

Taller de lectura para niños impartido por Clotilde “Coty” Moguel.

Hora: 9:00 hrs.
Lugar: Biblioteca Manuel Cepeda Peraza, Sección Infantil.

Taller para niños impartido por el IEGY.

Hora: 10:30 hrs.
Lugar: Biblioteca Manuel Cepeda Peraza, Sección Infantil.


Actividades Vespertinas:

Mesa II: Literatura contemporánea para niños en la Península: Diálogo entre escritores, ilustradores y diseñadores.

Hora: 17:00 hrs.
Lugar: Biblioteca Manuel Cepeda Peraza.
Invitados: Jorge Roy Sobrino, Melba Alfaro, Adriana Ramírez de Alba, Lucina Castillo y Raúl Pérez Navarrete.
Modera: Cristina Leirana.

COFFE BREAK

Mesa III: Narrativa, Revistas e Historietas como primer acercamiento a la lectura.

Hora: 18:30 hrs.
Lugar: Biblioteca Manuel Cepeda Peraza.
Invitados: Carlos Bojórquez, Verónica García, Yazmín Tadeo, Raúl Arístides, Jazmín Castillo y Zoraida Vázquez.
Modera: Ricardo E. Tatto


Presentación del libro El Jaguar azul de Martín Ramos (Chetumal)

Presentadores: Celia Pedrero y Miguel Ángel Civeira González.
Hora: 20:00 hrs.
Lugar: Biblioteca Manuel Cepeda Peraza.


Viernes 21 de mayo 2010


Actividades matutinas:

Taller de Lectura para niños impartido por Grisel Riverón.

Hora: 9:00 hrs.
Lugar: Biblioteca Manuel Cepeda Peraza, Sección Infantil.

Espectáculo de teatro por alumnos de la ESAY titulado Transformers
Hora: 10:30 hrs.
Lugar: Biblioteca Manuel Cepeda Peraza, Sección Infantil.

Actividades Vespertinas:

Mesa IV: Teatro para niños: ¿Abuso del didactismo?
Hora: 17:00 hrs.
Lugar: Biblioteca Manuel Cepeda Peraza.
Invitados: Salvador Lemis, Nataschia Rodríguez, Tito y Tita, Óscar López e Ivi May.
Modera: Nataschia Rodríguez

COFFE BREAK

Mesa V: Literatura para niños en lengua maya.

Hora: 18:30 hrs.
Lugar: Biblioteca central Manuel Cepeda Peraza
Invitados: Socorro Loeza, Fidencio Briseño, Vicente Canché y Patricia Martínez Huchim.
Modera: Patricia Martínez Huchím

Conferencia magistral a cargo del Mtro. Oscar Muñoz titulada "La lectura y la literatura para niños".
Hora: 20:00 hrs.
Lugar: Biblioteca central Manuel Cepeda Peraza


Sábado 22 de mayo de 2010


Presentación del libro: El cuartel de Dragones, de la Mtra. Brenda Alcocer.

Presentan: Nataschia Rodríguez y Giselle Acevedo Escalante.
Hora: 10:00 hrs.
Lugar: Biblioteca Central Manuel Cepeda Peraza.

Testimonios de Niños Lectores

Hora: 11:30 hrs.
Lugar: Biblioteca Central Manuel Cepeda Peraza.
Invitados: Cesar Enrique Huchim Flores, Juanita Hernández García, Jorge David Madero Biro*.
Moderador: Prof. Jorge Osorio Manzano (Mediador de Sala de Lectura-Progreso)


CLAUSURA


ENTRADA LIBRE A TODOS LOS EVENTOS

BIBLIOTECA PÚBLICA CENTRAL ESTATAL
MANUEL CEPEDA PERAZA
CALLE 55 X 62 DEL CENTRO HISTÓRICO
MÉRIDA, YUCATÁN

sábado, 15 de mayo de 2010

Presentación del libro Las siete formas de combate

Martes 18 de mayo

presentación del libro de cuentos


"Las siete formas de combate"
de Miguel Ángel Civeira



Presentan Juan Esteban Chávez Trava, Joaquín Peón Íñiguez e Isaac Ventura.


Biblioteca Central Estatal "Manuel Cepeda Peraza" (Calle 55 x 62, Centro)

8 de la noche.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Rojo


Por José Castillo Baeza



Porque ese cielo azul que todos vemos ni es cielo ni es azul…
Argensola



De niño, don Urbano me enseñó que antes de pintar sobre las paredes de una casa, había que raspar los pedazos secos para que la nueva capa de pintura no se descascarara. No importa —decía el viejo Urbano— de qué color se trate, si no raspas, terminará por caerse. En aquel tiempo, mi madre quería un rojo vívido para la fachada y yo juraba que ese color, con toda su intensidad, jamás perdería ni una pizca de su tonalidad.




Don Urbano no vio las pancartas que el PAN ha puesto en la ciudad. No pudo verlo, se regresó a trabajar el campo antes de que se lo devoraran la miseria y la desolación. Y cómo quisiera contarle que tenía razón, que en varios puntos de Mérida hay pancartas pintadas de un rojo violencia, de un rojo que ataca nuestra dignidad al pedirnos a nosotros, los ciudadanos, que no pintemos de ese color nuestra ciudad blanca. Sí, don Urbano, blancura que se aplicó a nuestras paredes sin raspar antes el azul etéreo, celeste, artificioso.

Lo triste, don Urbano, es que el asunto va más allá del partidismo. La política no se reinventa, no necesita hacerlo porque nosotros tampoco nos reinventamos: todas las noches nos cuentan el mismo cuento para arrullarnos. No exigimos una historia nueva porque el objetivo no es escucharla con pasión sino adormecernos con ella. Sherezada no tiene nada qué temer, su imaginación podría irse cabalgando hacia el desierto y perderse allí para siempre.

Ningún partido político me genera —y creo que jamás lo hará— el más mínimo sentimiento de empatía. Ello no impide la indignación: la tónica de las campañas políticas ha sido burda; por un lado el escándalo, las banderas y los automóviles pitando por toda la ciudad (como si un claxonazo nos asustara a la hora de ejercer el voto y tachásemos asustados de escuchar el pitido a nuestras espaldas); y por el otro, la tristeza de una candidata que, en sus spots televisivos, tiene cara de querer salir corriendo de la elección, meterse en su cama y abrazar su osito de peluche. Lo que resalta, sin embargo, son las patadas de ahogado que demuestra Acción Nacional al ensuciarnos las calles con sus ridículas pancartas: “Ciudad Blanca, que no te pinten de rojo”. Hay perversidad y juego sucio, hay connotaciones de violencia y sugestión barata. Se trata del mecanismo que la derecha ha utilizado históricamente: la manipulación del discurso bajo la bandera de una supuesta moral en aras de “proteger”, “salvar”, “cobijar”. Azul artificioso.

No se trata de defender al PRI ni a nadie. Simplemente se trata de hacer la denuncia de un hecho ruin, porque lo cierto es que, en estos días sofocantes, el sol no duda en resquebrajar las capas de pintura vieja y seca. Las grietas hormiguean dejando su camino de abismo en cualquier rincón de la pared o del techo. Pero la luz, cómo duele decirlo, también adolece. Hay una capa de pintura —es más bien una mancha— que se ríe del calor y de los rayos solares. Al PAN se le olvida que México, desde hace algunos años, (desde hace muchas muertes), está pintado de rojo por la mano que salió de su partido.

Porque la sangre ni raspando don Urbano, ni raspando.

Nowhere man

Por Conrado Roche Reyes

Unas cuadras antes, nos vimos a los ojos, dos anónimos caminantes. Yo debía tomar la iniciativa. Con algo de timidez. Emprendí el ataque. Entre el remolino de gente que hojeaba los libros que los expositores mostraban al público, feria del libro, feria pueblerina. Se detiene y toma uno al azar. Te paras junto a ella y haces lo mismo. Es de Steinback. Presumes de conocimiento ya que la dependienta te saluda y llama por tu nombre saliendo a relucir tu oficio. La anónima levanta la vista y te mira. Es, Dios mío, realmente bella. Pregunta a la chica algo. Algo-nada.

Definitivamente extranjera. Acento suramericano. Es angustiosamente atractiva. Cabello negro. Piel muy blanca. Nariz perfecta. Sus ojos denotan dureza, algo, en su mirar. Te pegas más a ella. Quieres sentir su respiración. Olía a mujer. Sin ningún perfume despedía un aroma arrebatador, fresco.



Finalmente te decides. “Tu no eres yucateca”. Voltea el rostro. Entre retadora y amable. “No, ¿Cómo lo sabes?”. “Es que la mujer yucateca es inconfundible (por asociación te viene a la mente un lec)”. Observando las portadas te indica su origen: es uruguaya. La primera persona de tal país que vez en la vida. No sabes nada del mismo, excepto que juegan fútbol. Tiene en las manos un libro de cocina. Preguntas si le gusta el arte culinario. Ella, sorprendida, mira el ejemplar. Entonces por primera vez ríe. Lo tomó así porque sí. Avergonzada. Su risa es una explosión de hermosura, como un arcoiris. “No, en realidad no busco algo en especial. ¿Tu, que estás hojeando?”. “John Steinback, un gran hombre. El libro es “Las viñas de la ira”, excelente, un clásico”. Camina entre los puestos. Las miradas de los hombres son de admiración y deseo.

Sus Jeans muestran un bello trasero y su blusa blanca, con dos botones desabrochados dejan adivinar unos senos realmente admirables.

Con aquel pronunciado dejo, casi argentino, habla: “Escuché que vos sos escritor. ¿Qué escribís?”. “Pues... De todo, excepto poesía a la que tengo alguna reticencia”. “Te pregunto porque, al parecer, aquí, todos son artistas. Me han abordado muchos escritores, algunos pintores, estudiosos de los mayas. Músicos -bastantes-, ¿Es así? O tengo una percepción equivocada”. “Mira Verónica -ya me había dado su nombre-, esta ciudad está llena de locos que se meten a, por ejemplo, escritores o periodistas, o actores con un solo fin: Ligar, ¿sabes qué significa?”. Respondió afirmativa, pero añadió: “todos, menos tu, por supuesto”, y volvió a mostrar esa sonrisa fuera de este planeta. Llevaba en la bolsa trasera de mi pantalón un par de artículos periodísticos, algo arrugados mismos que le enseñé. Ella, al desgaire, comenzó a leer uno. Se detuvo. Me dice de sopetón que si la invitaba a un café. Por un milagro del Señor, tenía bastante dinero ese día. La llevé al restaurante “Pane e vino”, a media cuadra de la plaza, enfrente al teatro Mérida. Cuando entramos al lugar, fuimos objeto de las miradas de todos, mujeres incluidas. Se hizo un minuto de silencio mientras ocupamos nuestra mesa. Las palmeras se estremecieron a su paso. Durante el trayecto y en el restaurante, hasta quienes me rehuyen y abominan me saludaban afectuosos sin faltar el “guapísimo”, o el escritor que se nos quisiera pegar. Yo no tuve qué hacer nada. Ella se los quitó de encima: “Por favor, estoy tratando un asunto de suma importancia con el señor”, mostrando entonces una dura intimidante mirada.



Pedí vino. Verónica parecía muy interesada en mis textos. Investigó cuantos libros habría yo publicado, etc. Después de varias copas, achispados ambos, me dice: “oye, esto ya lo había leído por Internet. Jamás pensé conocer al autor. Pensé que sería uno de esos engreídos, pedantes, pontificadores, y tú eres la persona más divertida y natural del mundo. ¿De esto vives, se puede vivir aquí de escribir?”. “Mira, yo soy un caso de la naturaleza, la excepción, pero si, de esto vivo”. “Pues sucede que yo también -dijo-, doy clases en la Universidad”.

El vino, que alegra el espíritu, hizo el milagro de que la mantuviese contenta. Embonamos a la perfección para no hacer más largo el cuento, llegó el instante en que ella me dijo que la llevase a donde yo quiera. Eran ya más de las 12 de la noche. Pagué. Nos levantamos y salimos a la calle. Era un cincho. Caminando tomados de la mano preguntó que en donde estacioné mi carro. “No tengo, vamos a tomar un taxi”. Parece que le dije la peor ofensa, como si aquello fuera imposible repitió”. “¿No tenés carro?”. Allí terminó la magia. Inventó un pretexto y se largó. Comprendí, más bien confirmé que el ser un hombre de a pie, es un gravísimo impedimento para casi todo. Ya me había sucedido antes, pero peor, la Dulcinea me vio bajar del camión...y huyó...Salve automóvil, que sin ti, somos auténticos hombres de ninguna parte.

martes, 11 de mayo de 2010

Simplemente madre

Por Hortencia Sánchez

Compartir los aciertos de ser una muy buena mamá es recurrente, pero, al menos por ahora, me interesa participar las vivencias no tan placenteras de lo que, como madre, ha sucedido con mis dos maravillosas creaciones.




Cuando ambos eran muy pequeños equivoqué el camino. El primer día que llevé a mi pequeño a una estancia, al querer abrazarlo con más fuerza, lo pasé por encima de mi cuerpo y, sin querer, su cabeza se golpeó contra la pared que estaba atrás de mi asiento; él lloró mucho, sin poderme reprochar nada, porque apenas contaba con cuarenta días.

A mi entrañable hija, ahora una mujer plena, cuando tenía pocos años y la llevé al pediatra, le envió una medicina que le di sin leer las instrucciones, por la que durmió durante unas doce horas; al inquietarme la llevé al doctor, el cual me comentó que le di el concentrado que tenía que haber mezclado. Me solté a llorar, por lo que el doctor me dijo: “Pudo ser terrible, ya lo superó, quédate contenta”.

Cuando estuve embarazada se me ocurrió montarme en una moto, chocamos y a ella nada le pasó.

Ahora ambos han crecido, suelen quererme mucho, no me miran con gran respeto, soy una más que habita y convive en su espacio. Cuando me miran distraída, y saben que no les haré mucho caso, sólo me dicen: “Hortencia… ¿me oíste?”

He formado, o deformado, a dos hijos libres, inteligentes, seguros de sí mismos. Dos seres sensibles que han decidido abrazar y dar vida a las artes. Tal vez si fuera una madre común debería preocuparme, pensar que el ambiente los podría corromper, llevar por el rumbo de los excesos, del desmadre; no obstante estoy tranquila, sé que amamanté bien su alma, por lo que tiene que ser grandiosa, estupenda, plena.

El tiempo ha pasado, ya no se me caen de la cama, ya no lloran exigiendo mi abrazo, ya no me asusto mucho cuando algunas veces se enferman.

No persigo que me miren como la madre grandiosa, merecedora de su cariño, de su entrega; no quiero, no exijo regalos, estos me los he entregado yo misma a manos llenas. El que sus amigos estén en casa, el que me tengan confianza, el que me señalen mis errores, pero, sobre todas las cosas, que entiendan que cada noche, cada día que les hago saber que soy tan imperfecta, tan terrenal, tan absurda es para que entiendan que mis reproches, o las luchas por que consigan, o dejen esto o aquello, es sólo un intento por que encuentren un muy buen cielo.

Este diez de mayo no les pediré que se queden a mi lado, es más acompañaré a mi pequeño hombre a inscribirse para presentar examen en un bachillerato para estudiar arte.

Estoy casi segura que han comprendido que cada amanecer que mis ojos se abren los presiento, los asumo como siempre, muy dentro de mí, muy lejos de mi persona porque su vida, su futuro, les pertenece.

En mis manos sólo queda el recuerdo de todas las luchas, de toda la entrega, el intento de saberlos independientes, grandiosos, dueños de su errores o grandes aciertos.

Los regalos me los otorgo yo, me he comprando unos hermosos tenis, un gran concierto escuchando al gran Sabina.

No me deben nada, no les debo nada. Los formé… los construí… por tener mucho miedo, por no sentirme terriblemente sola, por no querer despertar sin tener unos ojos que mirar, unas manos que tomar, pero sobre todo por no sentir que pasé el camino por esta tierra sin haber dejando una pequeña parte de mi persona.

Entre los regalos que me he hecho, también se encuentra un muñequito de trapo, al que le he puesto nombre, no quiero necesitarlos más de lo necesario.

Ellos viven su presente, conviven con otros que sueñan y añoran del mismo modo. Mi hija construye en la escena, mi hijo como un experto en la música, un buen metalero.
Yo he dejado a mi madre sola con sus angustias y problemas, segura de que los resolverá como siempre lo ha hecho.

Me han comentado infinidad de veces que soy un ser bastante cursi, confieso que es verdad. Quien ha tenido la oportunidad de albergar a otra vida dentro del cuerpo, respirando juntos la bocanada de aire, es porque sabe que las palomas, los pájaros, encontrarán su propio y maravilloso vuelo.

Mil felicidades a todos los seres que dan vida y dejan construir propios y grandes cielos.

¿Lo sabes, amada, querida, increíble mamá? Con nombre de flor, y vida terrena: Guirnaldina. ¡Qué maravilla de existencia pusiste entre mis manos!

¡Todo el amor del mundo de tu siempre vulnerable y terriblemente cursi, hija!


ritualteatro@hotmail.com


lunes, 10 de mayo de 2010

Dilema

Por Conrado Roche Reyes

Casi todos los fundadores de religiones que a pesar de los siglos transcurridos permanecen hasta nuestros días, parten del supuesto de Buda: los hombres son infelices. Todos. Incluso aquellos que parecen felices; pero Siddhārtha Gautama, para suprimir el dolor, enseña que se suprima la vida. La mayoría de los hombres son infelices porque no han sabido encontrar la verdadera vida, deben convertirse en lo opuesto precisamente de lo que son; hagan lo contrario de lo que hacen, y se sentirá sobre el mundo la fiesta de la felicidad.

Hasta ahora han seguido a la naturaleza, se han dejado guiar por sus instintos, han aceptado y, sólo de palabra, una ley provisional e insuficiente; han creído encontrar la felicidad en el alcohol, en la carne, en el dinero, en el poder, en la ciencia, en la crueldad, en el arte y no han hecho sino acrecentar su mal. Si hasta ahora no se ha obtenido lo que se buscaba, no queda más que invertir la vida presente, es decir, cambiar nuestro espíritu.

Nuestra infelicidad permanente es la prueba de que los modelos seguidos resultan fallidos; que nos es hostil la naturaleza; que el pasado no tiene razón; que el vivir como bestias y seguir los instintos elementales de las bestias, apenas embellecidos y barnizados de humanidad, es lo mismo que pudrirse en el descontento y revolverse en la desesperación. Los que han denunciado la infinita miseria del hombre han visto bien. Los pesimistas tienen razón. ¿Cómo refutar a los pregoneros de nuestra ignominia?

Todo aquel que no ha nacido para revolverse contento en el cochinero; todo aquel que no sólo tiene dos brazos y un estómago, sino un alma y un corazón; todo aquel cuya alma es de temple más sutil y, por tanto, incesantemente herida, no puede menos que sentir disgusto hacia los hombres. En los de condición más áspera, esa repugnancia se transforma en odio, en los de naturaleza más generosa, en compasión y fraternidad. ¿Cuál es tu y mi condición, nuestra naturaleza?

Sabina de un trago



Por José Castillo Baeza



Para Olga y Elena


Algo nos arrancan las canciones de Joaquín Sabina; son cosas que él se fuma, entran en su pulmón cansado y salen convertidas en una nube desesperada que entra de nueva cuenta en nosotros. O bien, cosas que se quedan en el aire esperando que alguien se refleje en ellas, en ese vapor que lo mismo cobra la forma de un amor desencajado, la silueta del encuentro con una prostituta que también vende cariño o el contorno del vómito que escondemos bajo la camisa bien abotonada hasta el cuello.




En el concierto que ofreció el cantautor español el pasado martes en esta ciudad de Mérida, pudimos escuchar el sabor que deja el vinagre en la garganta. Nos emborrachamos poquito, cantamos ese soplo de nuestras tristezas que también son las del otro, las de la historia de este siglo con su “maldito mayo de París” y su “maldita ley del embudo”; con su “gripe postmoderna” y sus “peces de ciudad”.

Ahí estaba, frente a nosotros, el “niño con cara de viejo” moviéndose de un lado a otro sobre un escenario que desacralizaba con sus desparpajos; jugando con sus músicos y representando pinceladas teatrales con la bellísima Marita, su corista; fumándose un cigarro que le permitía, en los entretiempos, dejar volar a sus extraordinarios músicos; reinventando los temas de las canciones añejas por medio de las recientes.

Durante las pausas entre las canciones, Sabina reivindicó su condición de bohemio absoluto: “Vinagre y rosas”, su nuevo disco, es el resultado de emprender un regreso a los preceptos que lo consagraron como artista, es decir, cantar su modo de entender la vida, festejando y llorando cada noche la condición de los días inútiles, de las mañanas crudas. Por eso fue a Praga a romper sus canciones con el poeta y narrador Benjamín Prado, por eso prefiere mirar una sola vez la luna que vivir cien años buscándole un sentido a las banquetas que templan sus pasos.

Esa noche, en los salones del Siglo XXI, la diversidad del público se manifestó en el rostro de los boletos que iban desde 1800 hasta 400 pesos; se manifestó también en la presencia de la clase política, la pasividad de los ancianos, los gritos de los estudiantes, y hasta en los que estaban ahí por un decreto divino trasnochado (“¿ese es el que canta Ojalá?”). No pude evitar preguntarme entonces qué es lo que hay en las canciones de Joaquín Sabina que, como el humo de su tabaco, se desvanece por todo el aire no sin antes impregnarlo de su voz.

Y creo que la respuesta está en los gritos del borracho que, en lo más profundo de nosotros, vive atragantándose con las dolencias de la vida. Ahí, bien oculto para algunos, se bebe de golpe el vaso de ron al tiempo que sacude nuestras entrañas con sus tambaleos. A veces, unas gotas del delirio del borracho lubrican nuestros ojos, y es entonces que alcanzamos a mirar con cierta sensibilidad el mundo.

Porque el de Sabina, es un canto a la degradación del hombre que en el camino lo pierde todo, excepto esa cosa extraña que lo sigue haciendo humano: la conciencia de su desolación y del vacío que habita detrás de esta pecera, la misma conciencia que le permite, que nos permite, seguir manteniéndonos erguidos durante, por lo menos, los siguientes 19 días y 500 noches.

Quizá un poquito más.


Brindé con el diablo a tu salud

Por Hortencia Sánchez

Pues sí, para lograr estar escuchando y mirando a Joaquín Sabina, no me quedó de otra que vender mi alma al diablo. No obstante, Sabina le hizo trampa. Yo había convenido con el chamuco de entregársela después de disfrutar del concierto, al salir el demonio me exigía lo convenido. Le dije: tómala. Él se retiró furioso…. - Pinche Sabina, me ganó otra vez, él ya se llevó tu alma.




El concierto fue delicioso. A las siete de la noche las puertas de acceso a las zonas más caras estaban vacías. En la que costaba un poco menos que dos cartones de caguamas ya había personas esperando. Salí a la calle a fumarme un cigarro, me sentía un tanto inquieta ya que mis expectativas del concierto eran grandiosas. Minutos antes ya había saboreado una lata de cerveza helada, antes había escuchado a una curadora cubana hablando de la importancia de la Bienal de Cuba, junto algunos creadores, entre ellos Gerardo Martínez, y comentábamos sobre diversas problemáticas del arte y la cultura en nuestro estado. También escuché a un joven creador de la plástica, Jorge Espinoza Torre, que nos motivaba a valorar lo importante que es nuestro centro histórico, la propuesta y trabajo de los creadores de nuestro estado.

Ante la frescura de estas sensaciones, cuando miro a Joaquín Sabina en escena, los pensamientos encuentran un orden, el optimismo regresa a acompañarme y comprendo en ese instante que los creadores, que los artistas tienen que pisar muy fuerte el escenario, respetando al público, convenciéndolo, creando y viviendo para éste, más allá de construir para las conveniencias, los premios o las dadivas.

Mi amado Sabina me muestra la imagen que ya presentía, de figura espigada, de energía contagiosa, de voz aguardentosa y de hombre intenso. Su acompañante, la mujer que hacía los coros, representaba los personajes de sus canciones, era muy sensual, muy teatral y tiene una hermosa voz.

En el concierto había seguidores de todas las edades; hombres y mujeres de cabellos un tanto blancos, algunos cuarentones, otros adolescentes, unos niños, pero seguramente el más pequeño era el que resguardaba una joven madre embarazada, que no dejaba de brincar, para después llorar junto a muchos de nosotros cuando escuchábamos: “Y morirme contigo si te matas / y matarme contigo si te mueres / porque el amor cuando no muere mata / porque amores que matan nunca mueren.

Ahí se reunieron a cantar políticos, funcionarios públicos, medios de comunicación, teatreros, tamborileros, burócratas, estudiantes, vagos, y todos miramos, escuchamos, cantamos junto a Joaquín Sabina que nos decía a través de su poesía: Vivir, vivir como quieran pero vivir, aquí estoy junto a ustedes a pesar de los infartos, y no me asustan, continuaré viviendo intenso, compartiendo lo que soy en el escenario, siendo vital como un niño, mientras canto: “Pero si me dan a elegir entre todas las vidas, yo escojo la del pirata cojo con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo…”

Tocando muy fuerte el tambor me recuerda el sonido intenso de mi corazón.

Hasta siempre, maestro Sabina. Dijiste volver para conocer la ciudad sagrada de Chichén Itzá. Cuando sepa de tu regreso dejaré algunos excesos para poder estar en primera fila, muy cerca de ti.

El sueño de cada uno de los que acudimos a tu concierto era que nos miraras a los ojos, que notaras la lluvia intensa que nos provocaba escuchar tus letras, tu vida intensa; queríamos que descubrieras que podemos ser tan intensos como tú.

Te agradezco que hayas salvado mi alma. Sé que regresará a mí lentamente, poco a poco, mientras escucho tus nuevas letras y voy entendiendo que mis casi cuarenta y cinco son apenas el inicio de la fiesta que encontramos en la vida. Gracias por compartir la tuya con todos nosotros.

¡Hasta siempre! ¡Te amo!


viernes, 7 de mayo de 2010

El mundo según Michael Moore



CENTRO CULTURAL JOSÉ MARTÍ
PROGRAMACIÓ DEL CINE FORO

Mayo de 2010

Ciclo “El mundo según Michael Moore”


Martes 11

Ciclo “El mundo según Michael Moore”: Masacre en Columbine (Estados Unidos, 2002) de Michael Moore, con Michael Moore, Charlton Heston y Trey Park.

Distinciones: Ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

Documental sobre el tiroteo de la preparatoria Columbine y el control de armas en los Estados Unidos.

La película le sirve a Michael Moore para hacer una reflexión sobre la libertad, la democracia y la igualdad.

Comentarios a cargo del Lic. Mario Helguera Bolio y Raúl H. Pérez Navarrete.

Centro Cultural José Martí / Adolescentes y adultos / 20:00 horas / Evento gratuito



Martes 25

Ciclo “El mundo según Michael Moore”: Sicko (Estados Unidos, 2007) de Michael Moore, con Michael Moore, Tony Benn, Reggie Cervantes, John Graham y William Maher.

Distinciones: Ganadora de un premio de la Asociación de Críticos de Cine de la Ciudad de Chicago por mejor documental, entre otros 16 reconocimientos.

Documental que expone el corrupto sistema de salud de los Estados Unidos, al que compara con los servicios prestados en otros países como Gran Bretaña, Francia y Cuba.

La película le sirve a Michael Moore para hacer una reflexión sobre la democracia y la libertad, usando como base sus investigaciones sobre el sistema de salud estadounidense.

Comentarios a cargo del Lic. Mario Helguera Bolio y Raúl H. Pérez Navarrete.

Centro Cultural José Martí / Adolescentes y adultos / 20:00 horas / Evento gratuito

jueves, 6 de mayo de 2010

Libertad



Por Hortencia Sánchez


“Allá, donde los caminos se borran, donde acaba el silencio, invento la desesperación, la mente que me concibe, la mano que me dibuja, el ojo que me descubre. Invento al amigo que me inventa, mi semejante; y a la mujer, mi contrario: torre que corono de banderas, muralla que escalan mis espumas, ciudad devastada que renace lentamente bajo la dominación de mis ojos. Contra el silencio y el bullicio invento la Palabra, libertad que se inventa y me inventa cada día”
Octavio Paz



En estos tiempos cuando se acercan las celebraciones por la Revolución y la Independencia de México y que el 3 de mayo se celebró el Día Internacional por la Libertad de Prensa, me pregunto: ¿Qué tan cierta es la libertad?




No pocas veces hemos sido testigos de encarcelamientos injustos. Hace apenas unos días, soltaron a dos mujeres indígenas que lograron ser liberadas después de haber estado encarceladas injustamente duranter varios años. ¿Y qué decir, en nuestra localidad, del compañero Lorenzo Peraza?

Contra los poderosos, los que están encumbrados, luchar no es nada fácil, aunque se cuente con la libertad para hacerlo, expresando la inconformidad o el desacuerdo. Cuántos pobres indígenas han sido presos, privados de manera injusta de su libertad, por no poder defenderse al no hablar el idioma de las mayorías y no contar con un profesional de las leyes que entienda su lengua y de esta manera logre defenderlos.

La libertad no es cosa fácil, ya que estamos apresados por conveniencias que no nos permiten disfrutar por igual de este derecho.

Se dice que el voto es libre y secreto, no obstante se reciben llamadas donde se realizan encuestas y, sin importarles estas normas, te cuestionan sobre a quién le otorgarás el voto.

Si deseas ser tomado en cuenta para que tus solicitudes obtengan respuesta, tienes que declararte simpatizante de algún partido.

Sin ser una ley escrita, se acostumbra colocar en niveles medios y superiores a los que estuvieron realizando campaña, sin importar el nivel o perfil para hacer estos nombramientos. Entonces para qué sirve nuestra libertad de voto si se terminará beneficiando a una minoría. Se nos quiere convencer de que la mejor manera de encumbrarse y llegar a obtener beneficio de los programas de gobierno, es callando, olvidando nuestra maravillosa libertad para expresarnos, para dar a conocer nuestras inconformidades, inquietudes, anhelos.

Pero también, se nos olvida que esta maravillosa libertad no fue creada para usarla en base a mentiras, o desprestigios. Solemos atacar no sólo al político, al funcionario, sino nos vamos y arremetemos contra la persona, hurgamos en su vida íntima, en su manera de desarrollarse fuera de su función pública, todo con el fin de causar daño.

La libertad de prensa es, sin duda, una gran herramienta para dar a conocer los aciertos y desaciertos de los hombres, de los partidos, de las dependencias, del gobierno, de la sociedad.
Utilicémosla con honestidad, no olvidemos la fuerza que tiene por quedar escrita, tatuada en la memoria, en la historia; por lo tanto, démosle esa fuerza, esa valía. Pongámosla por encima de nuestras particulares conveniencias, de nuestras preferencias, otorguémosle el pensamiento libre, justo, ético, como un humilde homenaje a las mujeres y hombres que han perdido la libertad, la vida, por ser congruentes con su lucha en la prensa, teniendo como anhelo la construcción de un país libre y mejor.

ritualteatro@hotmail.com


miércoles, 5 de mayo de 2010

El arte de morir

Por Hortencia Sánchez

Como seres humanos, imperfectos, solemos dejarnos llevar, nuestras aficiones y gustos nos son impuestos, consumimos y deseamos, casi siempre en masa, tememos ser auténticos. En el arte, por el contrario, se intenta explorar, manifestarse en la particularidad, aunque las influencias de otros creadores, escuelas o estilos, de alguna forma se harán presentes.

Me da gusto percibir, mirar, palpar lo que viene sucediendo actualmente con las artes visuales en Yucatán, sin dejar de reconocer la historia, el gran bagaje que ha existido mucho tiempo atrás, que será mejor conocido, ahora que se ha editado un material sobre la historia de la plástica yucateca.
Sin duda, el que exista una escuela a nivel licenciatura en esta área ha contribuido para que los jóvenes crezcan, encuentren maneras contemporáneas para expresarse, para dejar sus anhelos, sus sueños, sus inconformidades.



En algún lugar entre el cuerno y el pez, de Jorge Ermilo Espinosa Torre



¿Qué será lo que sucede, lo que propicia este crecimiento, el que puedan desarrollarse y experimentar? ¿Tendrán que ver sus magnificas instalaciones, sus buenos maestros, su nivel económico, su trabajo constante, o que su labor, su búsqueda, pueda realizarse en forma individual?

No obstante, el desarrollo en las artes visuales no es privativo de la ESAY; otros jóvenes creadores, egresados de otros espacios educativos, de igual manera están dando frescura y propuestas a las galerías de nuestra ciudad.

Asistí a la inauguración de la exposición “El arte de morir”, en la Galería Picheta, organizada por el colectivo RIZOMA.

“El arte de morir, primer asalto del colectivo Rizoma, surge del acuerdo que siete traficantes de musas firmaron para sacudir las artes plásticas locales. Sus estrategias van desde la autogestión y la tauromaquia financiera hasta el surrealismo cultural y los kamikazes ideológicos…” Kathia Christensen.

Disfruté del trabajó de cada uno de los integrantes de este colectivo ya que encontré varias historias:

Cristian Núñez “Los niños mueren sobre la noche oscura”.

Jorge Espinoza Torre: “La paloma encontró un árbol para anidar, el niño fue feliz, la música y el color lo acompañaban, él se trasformó, mutó, vivió”.

Cristian Núñez: “Jugando con los monstruos, mientras contemplas la muerte colgada en el cielo. El abismo no tiene fin, las escaleras no te llevan a ningún lado”.

Lizette Abraham: “Me descubro, me trasformo, cambio de piel, de paisaje, salgo de mí”.

Henry Ceh “Ocultas, la imagen se nos fue borrando, arrancando, salimos de nuestro cuerpo, ahora nos vemos, nos reconocemos”.

Josué Abraham: “Las imágenes me asustan, resuenan mis peores pesadillas en donde el agua me aniquila, me ahoga, me desaparece entre cuerpos de niños, hombres y mujeres ahogados en el mar de tantas angustias”.

Álvaro Burgos: “Cuelgas la vida en un tendedero, las letras encontrarán respuestas”.

Esta noche me recuerda el calor permanente de mi Mérida que invade todos los encuentros, todos los lugares, por lo que esta galería no se encontró a salvo. El violinista tocó a pesar de la noche caliente, con el ruido que invade la plaza, él no se da por vencido, continúa tocando; miró a cada uno de los asistentes, imaginó que algún día podríamos estar colgados en las paredes, ya que nada importa si morir es todo un arte.

Esta exposición se encuentra en la Galería Vicente Gahona “Picheta”, en la plaza del mismo nombre, sobre la calle 61 x 60 y 62, centro, y permanecerá abierta hasta el 15 de mayo.

ritualteatro@hotmail.com

martes, 4 de mayo de 2010

Así era… y más

Por Conrado Roche Reyes

Hace muchos años. Parece que fue ayer. De niño en la primaria me dio por tocar la batería. Incluso formé parte de un conjunto de chamacos tocándola. Tiempo después, sin carnal ni comparsa, o sea, solo, me dio por la guitarra. Entonces en todo hogar yucateco que se respetara, dicho instrumento formaba parte de los bienes muebles en la casa.

Recuerdo que lo “primerito” (yucatequismo) que saqué, fue la introducción, el “punteo” del éxito de “Los rebeldes del rock”, “Melodía de amor. Después, con las dos cuerdas de abajo (mi-sol) con un dedito, acompañaba canciones.

Poco a poco, y fijándome, añadí un dedo más, con estos tres, anular, medio e índice, ya las armonías sonaban “como en el disco”. Durante muchos años ejecuté, se puede decir, todos los rocanroles de moda con este singular truco. Quienes sabían tocar me decían que eran “tonos inventados”. Puede ser, pero sonaba igual, que es lo que cuenta.

Los nombres de los siete tonos no los sabía. Para que el lector se dé una idea del número de canciones que sabía, mencionaré sólo algunas: “Pensaba en ti”, “Sigue tocando”, “Nena no me importa”, “Diana”, “Muchacho solitario”, “Presumida”, “Noches y días perdidos”, “Adiós a Jamaica”, “Lluvia”, “Cien kilos de barro”, “Dulces mentirillas blancas”, “El Tigre”, “La novia de mi mejor amigo”, etc., etc.

En donde me estrellaba era en los solos. Siempre fui malísimo, y en las rolas cuyos tonos eran muchos y difíciles, como “La hiedra venenosa”, “Mujer bonita”, “La suegra” y otras. Sin embargo, los cuates de secundaria iban a mi casa a escucharme tocar. Y otra cosa rarísima: nunca se me cruzó por la mente tocar en un conjunto de rock.

Con “Los Beatles” y la ola inglesa, me aporreé. En el principio, muy pocos en Mérida sabían tocarlas. Recuerdo a Pepe Villamil, quien me enseñó algunas. Jorge Cuevas, idem (ellos incluso hacían “voces”), Daniel Mandujano, que me pasó los tonos de “Thinks we say today”, “When I get home”, que eran de las más difíciles y las que más me gustaban.

Saqué sólo de los Stones “Out of time”, “Get out of my cloud” y otras.

Fue entonces cuando surgió Mike Manzur (entre nosotros), quien quería formar un grupo de aquí. Acudía al monumento con su guitarra acústica. Escuchó a varios que deseaban tocar con él.

Pedrito Silveira y su hermano Pablo. “El Numo”, “El Maextro”, “El Yumi Yumi” y varios bajistas de la vieja guardia. Una noche “El Zorrito” Montalvo le preguntó quién era el que le gustaría como bajista. Mike respondió que ninguno, “pero el único que puede agarrar la onda es éste”, y me apuntó. Yo, que en mi vida había empuñado ni siquiera una guitarra eléctrica.

Pues se empeñó en enseñarme. Parece que aprendí. Tocábamos ya profesionalmente lo que nadie podía. Quienes hoy se ostentan —hablo de los rucos— como súper bajistas, entonces lo más grueso que tocaban era “El Juego de Simón”, “Sugar”, “Honny” y acaso “Credence”. Lo mío fue cosa de unos diez años.

Hacía otras cosas. Ellos, los profesionales que al yo comenzar a tocar tenían años en la música, nunca la dejaron tocando literalmente lo que sea y donde sea: “La Atómica”, “Montparnasse”, “Bikini”, “La rumba” y “Moloch” conjuntos. Obviamente tienen “callo”.

Recuerdo a uno que era como su sombra (de Manzur), a quien dijo (aunque digan que no lo dijo): “Mira, no insistas, no me gusta tocar con pendejos”.

Aunque no dudo haya dicho también, de este mismo músico: “Es el mejor bajista con quien he tocado”. Frase que dijo muchas ocasiones refiriéndose a “El caballo”, “El Keno”, “El Meme”, Oscar, yo, Iván, “Xic”, Zurita, Shilinski, “El pato”, “Gigio”, etc., etc., y es que así era Miguel Manzur, a quien no creo nadie haya conocido mejor que “Yoni”.

Así que siglo XXI, Padre…



Por José Castillo Baeza


Los tiempos electorales siempre destapan muchas cloacas. Éstos suelen llegar como torrenciales aguaceros que, lejos de aclarar el aire, lo enturbian; ponen al descubierto lo endeble de nuestro suelo y lo desamparados que estamos en este terremoto grisáceo de nuestra era, de la realidad de nuestro país. Temblor del que sólo damos testimonio cuando las grietas comienzan a devorarse nuestra cotidianidad.



Así lo constatan hechos como el que ha referido recientemente la prensa local, en cuanto a la pronunciación política de algunos sacerdotes católicos del sur del estado que, de ser considerada como tal, entraría en los terrenos de la libertad de expresión a la que todo ciudadano tiene derecho. Sin embargo, casos como el del párroco de San Servacio en Valladolid, Pbro. Melchor Trejo Alvarado, desenmarañan una serie de cuestiones que tienen como eje principal el abuso del poder moral que los fieles otorgan a los sacerdotes católicos.

Según un rotativo local, Trejo Alvarado declaró que el votante debe de considerar que el candidato a elegir “sea una persona honesta, con valores y principios, que tenga una familia sólida porque eso será la base para garantizar que hará un buen trabajo” ...Una familia sólida...

Pero el problema no estriba tanto en la postura ni en la manifestación de las ideas (la Iglesia católica se ha cansado de expresar su desacuerdo ante cuestiones como el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, el uso de anticonceptivos), sino en la propagación de los mensajes ya sea dentro del marco de una ceremonia ritual tan importante para el feligrés como es la misa (en la que éste deposita toda su confianza y credibilidad), o a través de otro tipo de medios. Es imposible soslayar la condición que tienen los sacerdotes como voces de autoridad para una gran mayoría en el país; “representantes de Dios en la tierra” ni más ni menos, y como tales, les sobra conciencia para no darse cuenta de la influencia que cargan sus palabras —ya no digamos los actos—.

Ante las reacciones que ha generado este tipo de hechos, la Iglesia católica ha levantado su voz. El padre Lorenzo Mex Jiménez declaró hace unos días que no están violando ninguna ley al hacer este llamado y que lo que promueve la Iglesia es la participación ciudadana en la elección: “orientar” a los feligreses “teniendo en cuenta que somos un país mayoritariamente católico”. Y entonces la caricatura se forma cuando el presbítero José Iván González Aguilar, párroco de Oxkutzcab, en su reacción ante las acusaciones por parte de las autoridades y de la propia sociedad civil, declara que “estamos en el Siglo XXI”, sin prevenir que con sus palabras otorga razón a los argumentos en su contra y al propio desarrollo de la Historia.

Y sí, es cuando uno se da cuenta que el tejido de los siglos a través del tiempo, esa suerte de peldaños entramados mediante los cuales supuestamente vamos escalando, son en realidad una gran hamaca en medio de la brisa cósmica, donde todas las virtudes y los desaciertos de las épocas conviven, simultáneamente, dentro de un relato donde la organización del tiempo es lo que menos importa. Actualmente encontramos lo mismo al sacerdote medieval que al déspota ilustrado; lo mismo al candidato de plástico que una campaña multimediática, tecnificada y vacua; la misma idea de progreso y el mismo sistema feudal (con su lejana noción de libertad).

A este ritmo se mece nuestra hamaca novelada. Y, en este vaivén eterno que a nadie adormece, sigue sin aparecer el rostro del mecedor. ¡Ah!, pero con qué claridad vemos su dedo índice.

lunes, 3 de mayo de 2010

La música transforma

Por Hortencia Sánchez


Cuando los programas en TV empiezan aburrirme —lo cual ocurre muy a menudo—, decido instalarme a mirar unos DVD. Inicio el viaje con un concierto en video con Bunbury, un hombre al que me hubiera querido tragar a besos; su música me regresa a la vitalidad, al querer ser optimista.

Después disfruté del video de Real de Catorce, cuando se presentó en Hard Rock. Inmediatamente me recordó mi estancia en Cozumel, en un bar con el mismo nombre, donde festejamos “El Día Internacional del Teatro”, para después trasladarnos a otro bar, donde nos instalamos hasta las tres de la mañana, hora en que llegó personal de seguridad con pasamontañas y AK-47 —llamados cuernos de chivo—, perros y personas revisando a los ahí reunidos. Tuve miedo, traía mucha cerveza dentro, me preocupó que se soltara alguna balacera.

Por suerte no pasó a más y pudimos retirarnos del lugar.

Pero regresando al video, disfruto de la energía de José Cruz, y esta noche, como siempre, encuentro su coraje, su fuerza su azul, “en sus ojos refleja un hilillo de luz… una copa de vino, una línea en la mano que rueda al final”.

Quién imaginaría en aquellos catárticos conciertos que la desgracia lo esperaba a la vuelta de la esquina; él vivió más allá, con el rostro maquillado, con las niñas en orgasmo mientras disfrutaban de su imagen.

Hombre, máster, como quisiera que te diera calma saber que, como yo, muchas personas te necesitamos, te añoramos y nos gustaría decirte que no importa que el día de hoy tu cuerpo no te responda al igual que en esos ayeres, que tu voz no sea la misma, aquella que enloquecía a las jóvenes. Sé que somos parte de ti como en los mejores conciertos que nos regalaste.

La vida y la muerte se elevan y los hombres como tú encuentran la fuerza para levantarse cual paloma que vuela muy alto, como cuando yo, como adolescente, encontré en tu música los mejores, los más amplios cielos azules.

En este mes cumplí 20 años de estar con mi pareja, creo que hemos logrado estar juntos porque tu canción, tu música, nos marcó.

Gracias por compartirla.

Eres mi abrigo de invierno
los cielos se agitan de frío
guardo esperanza en el saco
y unos terrones de azúcar.
Llegas como una princesa
ante su príncipe vago
ardo en la luz de tu boca
oigo Rapsodia en azul,
juntos el uno en el otro con las ventanas abiertas.
¿Cómo serían las ciudades en otra vida?
¿Cómo serían las ciudades en otra vida?
¿Dónde nos ha llevado nuestra forma de ser,
muestra callada locura nuestro mágico ayer?
Baila conmigo en el patio al amanecer
bajo este pelo de lluvia y contraley
Bajo este pelo de lluvia y contraley.
Eres mi amiga de invierno
trae tu verdad a mi cama
salva mi vida esta noche
sálvame a mí de mi alma.
Henos aquí tan brutales
como dos perros fumando
dándole origen al fuego
con el ardor del amor.
Y aunque seamos tristes
siempre soñamos despiertos
como dos niños corriendo tras un buen día.
Como dos niños corriendo tras un buen día.
¿Dónde nos ha llevado nuestra forma de ser,
muestra callada locura, nuestro mágico ayer?
Baila conmigo en el patio al amanecer
bajo este pelo de lluvia y contraley
Bajo este pelo de lluvia y contraley.

Grandes y hermosos recuerdos continúan regalándome los compositores, los intérpretes, porque, sin duda alguna, la música nos trasforma.

ritualteatro@hotmail.com

domingo, 2 de mayo de 2010

Yo no quiero un amor civilizado



Por Hortencia Sánchez


Yo no quiero un amor civilizado,
Con recibos y escena del sofá;
Yo no quiero que viajes al pasadoY vuelvas del mercado
Con ganas de llorar.

Yo no quiero vecinas con pucheros;
Yo no quiero sembrar ni compartir;
Yo no quiero catorce de febrero
Ni cumpleaños feliz.
Yo no quiero cargar con tus maletas;
Yo no quiero que elijas mi champú;
Yo no quiero mudarme de planeta,
Cortarme la coleta,
Brindar a tu salud.

Yo no quiero domingos por la tarde;Yo no quiero columpio en el jardín;
Lo que yo quiero, corazón cobarde,
Es que mueras por mí.


Al fin podré admirar de cerca a Joaquín Sabina, gran compositor e intérprete, que estará en la blanca Mérida este 4 de mayo en el Centro de convenciones Siglo XXI.



Hace unos quince años escribí sobre él en este mismo espacio, le he seguido la pista a través de sus letras; una de ellas es uno de mis himnos:

Yo no quiero juntar para mañana,
No me pidas llegar a fin de mes;
Yo no quiero comerme una manzana
Dos veces por semana
Sin ganas de comer.

Yo no quiero calor de invernadero;
Yo no quiero besar tu cicatriz;
Yo no quiero París con aguacero
Ni Venecia sin ti.

No me esperes a las doce en el juzgado;
No me digas volvamos
a empezar;
Yo no quiero ni libre
ni ocupado,
Ni carne ni pecado,
Ni orgullo ni piedad.

Yo no quiero saber
por qué lo hiciste;
Yo no quiero contigo
ni sin ti;
Lo que yo quiero,
muchacha de
ojos tristes,
Es que mueras por mí.

Y morirme contigo
si te matas
Y matarme contigo
si te mueres
Porque el amor cuando
no muere mata
Porque amores que matan nunca mueren.

Cuando tomo una cerveza fría, y disfruto cada trago, mi alma se magnifica acompañando la parranda, escuchando su voz, la poesía que escapa de su garganta.

A lo mejor, tal vez, cuando esté en Mérida, el dinero no me alcance para estar en su concierto, no obstante lo intentaré, aunque sea en las últimas filas, ya que no se trata de estar en lugar V.I.P, me conformo con escuchar su voz, sus letras, imaginar sus manos, sus ojos y eso es suficiente, saberme una más de sus admiradoras.

Han causado revuelo sus declaraciones sobre la inseguridad y el consumo de drogas. Qué dicha que los artistas puedan opinar, ir en contra de lo que se pretende escuchar.

Comió con el presidente, le dijo lo que quería, lo que le parecía absurdo o necio.

Maestro Sabina, me agrada tu manera de tomar la vida de las manos, fumártela muy despacio, cantar con quien se te dé la gana o quien te presente como toda una personalidad, como lo hace Fito Páez cuando lo has acompañado en alguno de sus conciertos.

Cuando te escucho cantar con Chavela Vargas, mi país, los mariachis y la bohemia me arropan.

A Sabina no lo trajeron a Chichen Itzá. Tal vez si hubiera sido de esta manera no hubiera aceptado. Quisiera pensar que él sí cree en la magia de los lugares sagrados, esos que fueron abandonados por nuestra raza porque presintieron que serían mancillados, utilizados, comercializados. No somos ya parte de ese misticismo, de esa magia. Pobres de nosotros que los hemos convertido en un show, en un espectáculo circense, en una burla.

Él estará en un Centro de Convenciones, a donde llegan los seres terrenos a buscar la palabra del cantante, del amigo, del bohemio, sin ofender a Kukulcán, a los aluxes, a las estrellas en el firmamento, al silencio.

No eres el cantante de moda, tú eres el que siempre ha estado, el que no siguen las multitudes, sólo los que saben escuchar tu palabra, vivir con la poesía, con la entrega. Sabes decir las historias de tantas maneras.

Te encontraré por querer tener un poco de tu pasión, porque te has anidado en mi ser.

Espero cantar contigo, mirarme en ti para continuar, por al menos otros treinta años, escuchando tu música, acompañada por la bohemia, la irreverencia, las letras atrevidas. Cantaré contigo: “Vístete de putita, corazón, vuélveme loco…”

(Tal vez lo haga…)

ritualteatro@hotmail.com


sábado, 1 de mayo de 2010

Arte y cultura en la red



The art of Dave Mckean

Sitio dedicado al trabajo del diseñador inglés Dave McKean. Incluye postales, carteles y portadas de libros, historietas y discos.

www.mckean-art.co.uk



E. A. Poe Society of Baltimore

Desde 1997, esta página posee una amplia información sobre Edgar Allan Poe, el escritor estadounidense creador de poemas como Annabel Lee y narraciones como La caída de la casa Usher, El misterio de Marie Roget, William Wilson y El corazón delator.

www.eapoe.org


Herzeleid. The number one source for Rammstein

Originaria de Alemania, Rammstein es una banda que sorprendió en 1995 con un disco de gran fuerza y frescura que podría clasificarse como rock industrial. Este sitio contiene, entre otras cosas, noticias, traducciones al inglés de sus letras, fotografías, así como amplia información sobre los integrantes y su música.

www.herzeleid.com



Museum Rodin

Vida y obra del escultor francés. Descripción del museo, las colecciones exhibidas, actividades, fotografías del jardín.

www.musee-rodin.fr


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