sábado, 13 de noviembre de 2010

La invencible nostalgia

Rodrigo E. Ordóñez Sosa

Estoy consciente que la película “The Expendables” no será catalogada como una joya cinematográfica ni mucho menos un reto a la inteligencia del espectador. Sin embargo, debo admitir que como cierre de una etapa, representa el broche de oro perfecto, no sólo por la cantidad de veteranos actores de acción que aparecen, sino porque su argumento retoma todos los elementos de las películas anteriores para contarnos la última aventura cinematográfica de Estados Unidos en las selvas latinoamericanas.




Pese a lo sencillo de la trama, logró mantenerme pegado a la butaca y en ningún momento la acción decayó. Al contrario, fue una espiral de explosiones, madrazos, balazos y navajas volando que cumplieron su propósito de desconectarme de la realidad.

A mediados de los ochentas se configuró el héroe de acción de Hollywood, protagonistas duros y directos, curtidos en mil peleas de cantinas, con armas enormes y capacidad destructiva descomunal, películas donde el trazado moral esta delimitado sin ambigüedades y con una filosofía sencilla: los buenos ganan y los malos mueren. Definitivamente salimos de la sala fracturados por la nostalgia de una época que marcó a muchos de nuestros padres y revivió noches enteras cenando frente al televisor que brincaba en medio de edificios derrumbados y helicópteros destrozados.

Estrenada en 2010, The Expendables congregó a los duros del cine: Sylvester Stallone, Bruce Willis, Arnold Schwarzenegger, Jason Statham, Jet Li, Dolph Lundgren y Mickey Rourke. Esa combinación es la propuesta de Stallone para que “las mujeres dejen de preguntar dónde están los hombres de verdad”, una referencia franca de un cine que ha adoptado los héroes estéticos, vaporosos y con más cremas que las actrices.




Ese encuentro de hombres acostumbrados a abrirse camino con la fuerza de sus bíceps y municiones, significó retomar los elementos y lugares recurridos en el género de acción de la vieja usanza. Los protagonistas viajan en grandes motos a través de una ciudad oscura, prostitutas envejecidas, talleres mecánicos y salas de tatuaje para presidiarios, paisajes urbanos cubiertos de oscuridad y botes de basura repletos. Estos son los paisajes de fondo donde se mueven los héroes, quienes a golpes y puñetazos defienden el honor de sus mujeres. De ese “paraíso” son expulsados a las selvas latinoamericanas, para derrotar a los dictadores y narcotraficantes de una isla extraviada.

Sin embargo, los nuevos elementos que aparecen en la trama al principio son imperceptibles, aunque después de reflexionar un poco nos percatamos de ello. En primer lugar andan en sus motocicletas con cascos, utilizan chalecos antibalas, respetan la realidad en los combates cuerpo a cuerpo. Por esa razón Jet Li no logra vencer a Lundgren, cuestionan sus actos y reconocen su discapacidad cultural.



Un elemento nuevo que aparece es un acto de honestidad para Estados Unidos: su intervención en los asuntos de Latinoamérica, porque precisamente un ex agente de la CIA es quien suministra el dinero para sostener al ejercito del dictador, son ellos quienes exigen que se plante la droga y son ellos los ejecutores de la matanza y la tortura que sufren los habitantes de la isla. Una honestidad brutal en congruencia con los héroes que plantea la película y su propuesta implícita es arriesgada: los enemigos de Estados Unidos no provienen del exterior, sino que de sus propias filas salen los arquitectos del terrorismo.

Finalmente, en Internet me encuentro con la declaración de los protagonistas: que si logran vencer a las grandes producciones de superhéroes que abundaron este año, regresarán con un nuevo proyecto. Si es así, no sería lo mismo, definitivamente para mí es un cierre y su última incursión cinematográfica. Espero que comprendan que a veces hay que irnos por la puerta grande.


Por esto!, miércoles 3 de noviembre de 2010.

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