sábado, 18 de septiembre de 2010

Antonio Mediz Bolio, repaso íntimo

Carlos E. Bojórquez Urzaiz*

Esta noche deseo confesar que sin la más mínima discreción, asomé la mirada sobre la gracia de las abejas y las ceibas que don Antonio Mediz Bolio descubrió en el Alma del Mayab, revisando algunos retratos antiguos que conservo, cuyas imágenes muestran el rostro humano que lo acompañó hasta el día de su muerte. En ellos descubro su insigne semblante, desde los días de infancia, sin su afectuoso Bel Xol, por quien suspiró adolorido cuando fueron separados en la hacienda Sacnicté, pero rodeado del calor familiar de sus padres y hermanos, incluidos Tomás y Guadalupe que no habían fallecido, unos de pie y otros sentados, bajo las arquerías de su hermosa residencia en la calle 65 de la ciudad de Mérida. Enseguida reparo en una fotografía cordialísima de don Antonio almorzando bajo los árboles de mango y aguacate, en una quinta del rumbo de Pensiones, acompañado de Eduardo Urzaiz Rodríguez, de Rómulo Rozo que aún no había concluido la obra cimera del Monumento a la Patria**, de Conrado Menéndez Díaz, de Luis Peniche Vallado y todo un enjambre de Amigos del Arte, entre quienes figuraban cuando menos dos fundadores del Ateneo Peninsular, aquella institución revolucionaria que instituyera el general Salvador Alvarado en compañía de Mediz Bolio. Hay otros retratos más personales, más íntimos, y en ellos cautiva con la sonrisa de maíz que caracterizó a don Antonio: uno, en medio sus hermanos el poeta Rafael y la cuentista María, durante una visita de ésta a Mérida en 1954, ya que ella residía en la Ciudad de México, donde trabajó como investigadora de la Biblioteca Nacional. Y una más, en la que Mediz Bolio extiende sus brazos como enormes gajos de ceiba, en un abrazo fraterno a sus sobrinas Trinidad, Cristina, Ginón, Ana María y otras que no logro identificar, en las puertas de la capilla que había en la hacienda Ochil, donde solía meditar el poeta.
 



Aquel indiscreto recorrido por los retratos de don Antonio Mediz Bolio, que acaso pudiera resultar superficial a quienes gustan de los estudios “eruditos”, describe sin embargo, como pocos de sus libros, las facetas de un entorno familiar y afectivo que no debieron ser ajenos al sentimiento del intelectual yucateco más completo del siglo XX, y que supo armonizar en su ingenio, el hombre de letras, el hombre de acción y el ideólogo vertical, como apuntó con acierto don Leopoldo Peniche Vallado.

Admitamos pues, que”…La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida,” en particular cuando apreciemos la vida y obra fecundas de don Antonio Mediz Bolio. Pero también haríamos mal si olvidáramos al poeta Humberto Lara y Lara, que el 15 de septiembre de 1965, durante el octavo aniversario de la muerte del autor de La Tierra del Faisán y del Venado, exigió con gallardía que se editaran las obras de Antonio Mediz Bolio para el deleite del pueblo yucateco, porque en el pueblo recogió el Alma del Mayab y es patrimonio de todos, en particular de los mayas excluidos, a quienes el Poeta de Ochil ofrendó sus libros con eterno entusiasmo. Y es que si comparamos las fotografías mencionadas al principio, donde sus familiares y amigos acompañan la intimidad que coronó sus poemas, con los actos populares de sus funerales, las palabras del poeta Lara y Lara recuperan su significado original.

Porque la muerte de Mediz Bolio no era verdad, resultaba un imposible o cuando menos un suceso difícil de aceptar para los cientos de yucatecos que escoltaron su féretro, desde el aeropuerto de Mérida, donde fue recibido el 15 de septiembre de 1957 al anochecer, hasta el Paraje de Ochil, donde se instaló una capilla ardiente que en breves minutos se rodeó de coronas, entre las que destacaba una, según registró la prensa: una “…muy hermosa, de gladíolos blancos y rosados…con esta sencilla inscripción: A Antonio, de Lucrecia.” Sus deudos, encabezados por la viuda, su hija Josefina de Peón, su hermano el abogado Rafael Mediz y sus sobrinos, precisaron multiplicarse para recibir las condolencias de las decenas de personas que desfilaron por Ochil para darle el último adiós a don Antonio.

Que se sepa, en los tiempos recientes ningún funeral ha recibido la enorme concurrencia popular que acompañó a Mediz Bolio, pues al día siguiente, el 16 de septiembre, un extensísimo cortejo salió del Paraje de Ochil con destino al Congreso del Estado, donde después de varias guardias de honor, encabezadas por el Gobernador del Estado Víctor Mena Palomo, Jaime Orosa Díaz pronunció uno de los más sentidos y hondos discursos de su vida. Marchó luego a la Universidad, y el ataúd fue recibido por el Rector Francisco Repetto Milán, quien realizó la primera guardia, porque que en la víspera el Alma Mater yucateca había distinguido a Mediz Bolio con el título de Doctor Honoris Causa. Después de varias ofrendas de los profesores y los estudiantes de la Universidad, el cortejo atravesó la ciudad rumbo al panteón, donde don Antonio fue despedido con la música y las voces de su inmortal poema Yucalpetén, musicalizado por Guty Cárdenas.

Pero si alguien se atrevió a expresar que al morir Mediz Bolio voló como sus abejas de Cuzamil, en alusión al canto que acompañó su despedida, la pluma de escritores como Carlos R. Menéndez, Leopoldo Peniche Vallado o José Díaz Bolio, comenzaron una cruzada para mantener viva la obra del Poeta de Ochil, que 8 años más tarde, por su entrañable admiración y los conocimientos profundos que tenía de su literatura, el poeta Humberto Lara y Lara demandó que los libros de Antonio Mediz Bolio se pusieran al alcance del pueblo yucateco. Nosotros, haciendo eco al viejo clamor de Humberto Lara, en este año del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución mexicana, a la que Antonio Mediz Bolio sirvió desde todas las trincheras que le fue posible, por la que sufrió el exilio, en la que acompañó a Salvador Alvarado y a Felipe Carrillo Puerto para desarticular los reductos de la dictadura porfirista: solicitamos, con el debido respeto, al Gobierno del Estado de Yucatán, a las instituciones que corresponda, que a la brevedad posible restituya de su patrimonio a los yucatecos, haciendo llegar gratuitamente a los habitantes de nuestro Estado, en lengua maya o en español, algún libro o algún opúsculo de don Antonio Mediz Bolio. Indudablemente, esta acción enriquecerá nuestra identidad de yucatecos y nos hará prescindir de cualquier tutelaje que no sea la libertad, como anticipó Alfonso Reyes en la carta que a manera de prólogo preside la obra cenital de Mediz Bolio, La Tierra del Faisán y del Venado. “Conocer es resolver…” apuntó el poeta enorme de Nuestra América. Honremos entonces la memoria de don Antonio Mediz Bolio, editando masivamente sus obras, obsequiémoslas a los humildes de esta tierra, por el bien de todos, por Yucatán.


*Palabras leídas por su autor en el Teatro José Peón Contreras, durante el LIII Aniversario Luctuoso de don Antonio Mediz Bolio.
**Este monumento, como se sabe fue inaugurado en abril de 1956, siendo gobernador de Yucatán Víctor Mena Palomo.

1 comentario:

Pito Loco dijo...

Hace algunos años hospedado en un hotel de Merida, dejaron un pequeño cartón en la almohada de la cama junto al tradicional chocolate para dormir.... Había en el, una prosa que segun recuerdo había sido escrita por el maestro Mediz Bolio....

A lo largo de años el tecxto se ha ido borrando de mis recuerdos y la verdad, aquel trozo de prosa, me imagine yo solo podia pertenecer a algo majestuoso....

Leia algo como bajo un cielo de de 10,000 estrellas, cada uno como un broche de diamante, la brisa corre fresca y sutil, y en medio de esta escena, yo no se si estoy vivo o sueño vivir....

Alguien me podría ayudar a encontrar a que escrito de Don Antonio Mediz Bolio, corresponde...?

Mi correo es hotboost@gmail.com

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