sábado, 3 de abril de 2010

Judas


Por Conrado Roche Reyes


El personaje más indefinible y misterioso de la Semana Santa y de toda la historia conocida de Cristo, es Judas Iscariote, el hombre que lo vendió. El evangelio habla muy poco de él y de sus razones que lo hicieron traicionar a su Maestro. Judas era un hombre avaro. Las 30 monedas que recibió son en realidad una suma muy pequeña para un hombre al que atraía la riqueza. Sería el equivalente actual a no más de mil pesos. No es una suma suficiente para tentar a alguien que sus mismos compañeros describen como un avaro como para cometer tal abominación, la peor traición de la historia. Entonces, cómo un hombre tan amante del dinero permaneció tanto tiempo con tan pobres compañeros. Si necesitaba aquellas 30 monedas, ya una vez con ellas, bien pudo huir sin tener que entregar a Jesús. Debió de existir algún otro motivo.

Los Cainitas, una secta hereje, afirman que, sabiendo Judas por las propias palabras del Maestro que éste tendría que morir, aceptó con infinita tristeza su infamia para que todo se cumpliese. Que fue un instrumento valiente y necesario y voluntario de la Redención. Según ellos, Judas fue un héroe mártir digno de veneración.

Otra teoría, Judas, que amaba a su pueblo, esperaba la liberación del mismo por medio de Cristo, tal como el pueblo llano creía. Esperaban a un rey que vengaría agravios y restauraría el reino de Israel. Judas, al darse cuenta poco a poco que se trataba de un Mesías muy diferente, para desahogar su rabia y desilusión, lo entrego. Pero ni esto es suficiente para explicar el porqué de quien vendió a Cristo... Pudo abandonar antes a los apóstoles y unirse a otros que si pensaban en rebelión.

Hay quien afirma que Judas creía en Jesús, pero dejó de hacerlo. Escuchando sus palabras-de Cristo-, la creciente hostilidad de los romanos y sin el levantamiento que esperaba, acabó por perder la fe en aquel a quien hasta entonces había seguido. Imaginó que el Sanedrín no se conformara con una sola víctima y condenase a todos los que de tiempo atrás seguían a Jesús. Vencido por el miedo, creyó salvar la vida por medio de la traición. La cobardía habría sido entonces su móvil. O fue la venganza. No se traiciona sin odiar. Pudo no soportar lo que habló en la cena, el trato a María Magdalena. El reproche de Jesús molestó al discípulo quien probablemente ya había sido reprendido antes por su avaricia. La envidia que anida en los seres perversos. Y, juzgando que era el momento de vengarse sin peligro fue que acudió a Caifás. ¿Pensaría en realidad que su traición llevaría a Jesús a la muerte?, o pensó tal vez que solamente lo azotarían y encarcelarían.

La historia de Judas después del beso abominable hace pensar que la condena a Jesús le estremeció con una consecuencia terrible. Mateo describe su desesperación con algo de pena por él, de tal manera hace suponer que el traidor experimentó un gran terror y horror de lo que por su culpa sucedió. Al rechazarle las monedas los sacerdotes, las arroja al templo, le quemaban. Ni así obtiene algo de tranquilidad y corre a ahorcarse para morir el mismo día que su victima con un remordimiento muy profundo.

Hay que recordar que Jesús escogió a Judas para que fuera uno de los Doce, portador como los otros de la buena nueva. Lo escogió y lo tuvo consigo, junto a si, en su mesa. ¿Lo habría hecho de saber que era un mal hombre incurable?. Hasta los últimos días, hasta la última noche, Jesús no trata a Judas de diferente manera que a los demás. Con los demás le da el pan y el vino, su cuerpo y su sangre. Lavó sus pies quien moriría con su complicidad al día siguiente. Y cuando llega Judas entre las espadas de los romanos y le da el beso, Jesús no lo rechaza sino que le dice: “Amigo,¿Qué vienes a hacer?. Es la última vez que habla con él y le llama amigo, como acostumbraba desde el principio. Estas palabras del traicionado aumentan nuestras dudas en vez de descorrer el velo del aterrador misterio. Sabe que Judas es ladrón, y administra el poco dinero que poseían. Sabe que es perverso y le confía verdades más valiosas que todas las monedas. “Hay de aquel hombre por quién es traicionado el Hijo del Hombre”, había dicho poco antes Jesús. Suena esto a compasión, no de condena, si consideramos el triste destino de Judas. Si éste odia a Jesús, él no demuestra enojo alguno en contra Iscariote. Jesús no sólo fue traicionado, fue vendido a bajo precio. Si hubiese sido vendido a buen precio, la ignominia sería menor. Judas es un misterio que solo conocían él y Jesús.

Para que el misterio sea aún mayor, todos somos algo Judas, las monedas de Judas, multiplicadas mil veces por los traidores de siglos a hoy. Por los sucios negocios, aumentados por los intereses. Hoy, los políticos y poderosos pueden dar fe, el más grande monumento hecho por la mano del hombre no bastaría para contener las monedas producidas hasta el día de hoy por aquellas 30 que arrojó a los políticos de entonces, en el delirio del remordimiento, el hombre que vendió a Cristo. Dos únicos seres en el mundo saben el secreto de Judas-hoy con tanto seguidor-: Cristo y el traidor.

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