domingo, 21 de marzo de 2010

Comentarios al libro, Historia de Halachó de Miguel Ángel Kú Mis

Por Jorge Luis Canché escamilla

A Miguel Ángel Kú Mis, tuve la oportunidad de conocerlo cuando recibí de él, una invitación para presentar su libro: Gremios, Devoción a Santiago Apóstol en Halachó, Yucatán, presentado el 15 de julio de 2008, en los bajos del Palacio Municipal del municipio de Halachó. Joven de 31 años, maestro de primaria, muestra una sed enorme de saber de la historia de Halachó, el papel jugado antes y después de la conquista. Pero sobre todo, de los tiempos contemporáneos. Ese primer encuentro –entre él y yo- fue de una sinergia en la que pudimos intercambiar nuestras visiones sobre el lugar del que ambos provenimos: Halachó, así como de su circunstancia en el Camino Real. La de él, desde la observación de su estancia de vida en el sitio referido y la mía, desde los recuerdos, vivencias y lecturas aisladas del mismo lugar, desde la ciudad de Mérida. En Miguel Ángel hay algo más todavía, su formación como maestro, su convivencia con diversas comunidades en el proceso de la enseñanza y del aprendizaje, da lugar a despertar su vocación de investigador lo que lo lleva a indagar sobre su origen y el papel de la cultura maya, nuestra cultura en el espacio geográfico en que se encuentra.

En el primer encuentro al que me he referido, tuve la oportunidad de conocer los proyectos futuros del maestro Kú Mis, siendo el inmediato: la edición de la Historia de Halachó en dos tomos, lo que me pareció extraordinario. Al pedirme que prologara el primer tomo “Del Postclásico al Porfiriato”, me sentí gratamente honrado y complacido, aceptando de inmediato tal encomienda. Debo decir, que hacía mucho tiempo deseaba saber más de Halachó y su historia, conocía la existencia de algunos eventos registrados en sus anales; así como el hecho, de haber sido un sitio importante por el lugar geográfico que ocupa entre Mérida (la capital del estado), Campeche y la capital del país. Al igual de la fama de sus novenarios (gremios) dedicados al Santo Patrón Santiago Apóstol y el festejo de onomástico que se realiza en la tercera semana de noviembre. Pero, nada más.

En este primer tomo de la historia de Halachó el autor ubica su origen en el Periodo Clásico de la civilización maya (150 d. de C. – 900 d de C) refiere de acuerdo a investigaciones de Lorraine A. Williams Beck y el japonés Tsubasa Okoski Harada que los Canché vivían en Dzitbalché, los Mut en Xicincah (lugar desaparecido, los Tayú en Tzemez Akal (lugar desaparecido) y los Eúan en Mopilá, por mencionar algunos. Sitios que fueron y son lo que ahora conocemos como comisarías de los municipios.

Loable en verdad, el interés que tiene Miguel Ángel por rescatar la historia de Halachó y sus alrededores, la cual además, ofrece principalmente a sus conterráneos halachoenses y demás miembros de la sociedad yucateca. Esto es justamente lo que actualmente se requiere, esto es, recuperar nuestra identidad como herederos de la Cultura Maya tener el sentido de pertenencia y trascender con ella hacia el futuro y ponerla al servicio de las nuevas generaciones, sintiendo el orgullo de pertenecer a tan reconocida estirpe.

A fin de abordar el periodo establecido de la Historia de Halachó I, el autor divide el contenido del libro en cuatro períodos: Postclásico, Época Colonial, De la Independencia a la restauración de la República y el Porfiriato.

Siguiendo está metodología documenta y señala la localización, población y etimología de Halachó. Indicando que la situación de pueblo fronterizo con el estado de Campeche, y puerta de entrada a Yucatán por el conocido Camino Real, contribuye a hacer de Halachó una de las poblaciones yucatecas más conocidas por los habitantes del interior de la República e inclusive del extranjero que viene por carretera.
Miguel Ángel nos refiere en su trabajo que durante el periodo clásico de la Civilización Maya (150 d. de C. – 900 d. de C.) las tierras de Halachó estaban rodeadas por Oxkintok, la precolombina ciudad de Chunchumil (hoy comisaría de Maxcanú), la ciudad de Sihó (hoy comisaría de San Antonio Sihó cuyo esplendor aconteció entre los años 550 y 600 d. de C.) y Tacunché. Perteneciente al señorío de Ah Canul.

El cacicazgo de Ah Canul se extendía de T´ho (Mérida) a Ah Kin Pech (Campeche) de Norte a Sur y de las Sierras Altos y Bajos del Este, al litoral correspondiente del Golfo de México por el Oeste.

En cada uno delos apartados en que se encuentra dividido el libro Kú Mis narra en forma documentada aspectos relevantes de esa historia que he mencionado, es por ello que en el período identificado de la Colonia, nos dice que con el objeto de cristianizar a los mayas de halach´oenses y a los de Chulilá, Fray Luis de Villalpando erigió una capilla n el barrio de Mejorada en honor de “Nuestra Señora de Mejorada”. Indicando que está construcción coincide con la política de los conquistadores que al principio no permitían la mezcla de las distintas razas. Los cronistas indican que fue justamente en este barrio donde empezó la existencia de Halachó.

Con una amenidad, propia del autor describe la visita que el célebre investigador John L. Stephens hace al poblado en 1843 y el asombro que le causa la magnitud de la feria de Halachó al igual que su devoción por el santo patrón Santiago Apóstol, quién fue invitado por el hacendado Simón Peón. Un hecho relevante durante la Guerra de Castas (1847) fue la actuación de Antonio Mijangos, originario de Halachó quién se opuso a la venta y comercio de esclavos mayas que duró entre 1848 a 1861, siendo está actividad una de las consecuencias de la Guerra Castas, está afirmación fue realizada por el Teniente Coronel Bernardino Mena Brito. Evento significativo fue la estancia que realizó la emperatriz Carlota Amalia, en la iglesia de Halachó (en la casa cural) el día 9 de diciembre de 1865. Una de las comunidades de Halachó, aún hoy en día lleva el nombre de Cepeda, en honor del general Manuel Cepeda Peraza quién fuera héroe de la guerra contra el Segundo Imperio; por cierto, Cepeda Peraza jugo un papel relevante para que Halachó no se integrara al recién creado estado de Campeche, por aquellos tiempos.

El 4 de octubre de 1875, de cuerdo con el Decreto 82 de la V Legislatura de aquel entonces, recibe Halachó el título de Villa.

La parte última del libro, aunque no la menos importante, dedicada al Porfiriato Halachó tiene una participación que la distingue particularmente por la construcción del tren Mérida – Campeche (vía larga y angosta), inaugurado el 28 de julio de 1898 constituyendo Calkiní el lugar de unión entre las dos vías. Proyecto relevante no solo por la unión de las dos entidades y el impacto en la vida socioeconómica, sino porque la actividad ferroviaria fue la modernización de México, obra de primer orden durante la era Porfifirista. Demos la bienvenida y reconocimiento al profesor Miguel Ángel Kú Mis, por está iniciativa de dar a conocer sus inquietudes traducido en libro para dejarlo como herencia y conocimiento de los halachoenses y de los yucatecos en general.

Hagamos votos para que continúe con esta noble tarea, esperando que al ser conocida su labor y calidad investigativa tenga mayores oportunidades para continuar no solo investigando, sino también, para su publicación. Historias locales como estás deben de ser apoyadas y divulgadas. A mi juicio debe de ser incorporado este libro, como texto de lectura en la enseñanza básica de Halachó, en la parte de Historia. Sin duda es una tarea que debe ser considerada por las autoridades públicas, privadas y académicas. Insisto es una opinión.

Por último felicitar una vez más a Miguel Ángel y el agradecimiento sincero por la atención a mi persona para realizar el presente prólogo. Deseo haber cumplido con la encomienda solicitada.

Mérida Yuc. Méx. A 14 de marzo de 2010

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