miércoles, 10 de febrero de 2010

En homenaje a López Méndez


Por Jorge Cortés Ancona

En este año en que conmemoramos el bicentenario de nuestra Independencia y el centenario de nuestra Revolución, resulta pertinente centrar nuestras palabras en el aspecto nacionalista de la obra de Ricardo López Méndez “El Vate”.

Varios poetas de Yucatán han cantado a las gestas históricas de nuestro país, empezando por el prócer Andrés Quintana Roo, quien ya desde el inicio mismo de la Independencia escribió una oda al 16 de septiembre que se ha vuelto emblemática de ese período inicial de nuestra historia como nación liberada del yugo español. Después, otros poetas han escrito poemas exaltadores respecto a nuestros héroes y de nuestras mayores efemérides, poetas como Wenceslao Alpuche, José Peón Contreras y Justo Sierra Méndez, por mencionar algunos de una lista que se extendería hasta poetas de tiempos más recientes como Carlos Moreno Medina y Alberto Cervera Espejo, autores de cantos de acendrada expresión lírica a don Miguel Hidalgo.

Esto habla de la visión nacionalista de nuestros forjadores de cultura, una visión que ha acompañado a México a lo largo de su historia. Los poetas de la Península de Yucatán han expresado ese fervor patriótico como también lo hicieron en su momento, al grado de la polémica, otros intelectuales como Ermilo Abreu Gómez, él campechano Héctor Pérez Martínez y Antonio Magaña Esquivel.

Dentro de esa cronología ilustre figura en un plano prominente Ricardo López Méndez, quien junto a sus efusivos poemas de temática amorosa, muchos de ellos musicalizados y presentes en la memoria popular, ha escrito textos en que revela una vena patriótica que se ha convertido en otro de los aspectos característicos de su obra. Hablo en primer lugar de su poema “Credo”, pero también de “Morelos”.

“Credo” es un poema en doce estrofas de a seis versos de once sílabas métricas, salvo el primer verso, el que se repite regularmente, que es “México, creo en ti” y que consta de siete sílabas métricas, con rimas asonantes.

Desconozco en qué medida se ha considerado la época en que este poema se hizo parte del repertorio lírico nacional, pero me parece pertinente su contexto histórico. Hablamos de 1940-41, cuando México ya se estaba recuperando plenamente de la crisis mundial del 29, que afectó fuertemente la economía de los países latinoamericanos. Estaban dadas las bases para lo que habría de ser un gran crecimiento económico anual, con las transformaciones sociales que ello implicaba. Y ese optimismo tendría que reflejarse en las expresiones de la época.

Era aún más reciente una de las decisiones más trascendentales que se asumieron en el México del siglo XX, que fue la Expropiación Petrolera, que tantas presiones ejerció sobre nuestro país, pero que supo salir avante de ellas.

Y sobre todo, el “Credo” se escribió en un momento cuando en Europa, Asia y África se vivía en una el mayor conflicto bélico de la historia universal, y parecía que enormes porciones del mundo habrían de colapsar de manera definitiva. Eran tiempos de angustia los que se vivían y ello afectaba aun a regiones más tranquilas del mundo, como era en ese entonces la nuestra.

En nuestro continente y en nuestro país había la conciencia de que habríamos de ser la pervivencia de los logros humanos universales, que América mantendría vivos los valores positivos que nos habían hecho crecer tan altamente como sociedad humana y así lo refleja el artículo “Americanismo”, de López Méndez, publicado en un periódico de la ciudad de México en junio de 1941, donde expresaba que “Las patrias son baluartes; América es la frontera con Europa y el frente de la libertad”.


Por tanto, el “Credo” ha representado siempre una manifestación entrañable de amor a México, la expresión de un sentido de pertenencia como se aprecia en sus posesivos “mis” y “mío”. Un poema que fue compuesto para ser dicho en voz alta. Ese aspecto de su oratoria tan evidente, ese pragmatismo en su creación que lo vincula directamente con otra de las grandes pasiones de López Méndez que fue la radiodifusión, habría de hacerlo llegar a la gran mayoría de la población. Un destino que muy pocos poemas y poetas han logrado en nuestra tierra. En la voz de Manuel Bernal, pero también repetido a todos los niveles a lo largo y lo ancho del país, ese poema ha tenido un destino favorable y, en estas importantes conmemoraciones, ocupa un lugar muy especial.

Hemos dicho que López Méndez escribió también una oda a José María Morelos, un héroe político y militar que contaba con una progresista visión social en relación a la tierra que nos da de comer. Un auténtico hombre de Estado y un precursor del agrarismo, aparece en un poema de aliento, visto dentro de una íntima subjetividad del poeta. En el texto del “Vate” no hay expresiones grandilocuentes sino, ante todo, una percepción de lo humano.

Más allá de un tema cívico, aquí se ve al héroe Morelos en su imagen positiva, que es la que recordamos con admiración y agradecimiento. No el héroe desacralizado, cuestionado en sus acciones, sino como uno de los forjadores de nuestra Patria y que en sus acciones luchó con plena convicción en favor de un objetivo que, a la larga, llegó a concretarse totalmente. En el rostro y las manos del héroe epónimo observa las peculiaridades de un México en formación: Morelos llevaba en sí mismo la patria.

En estos tiempos cuando México necesita de todos nosotros en la lucha cotidiana por un mejoramiento integral. En estos momentos en que tanta violencia se abate desde las propias entrañas de nuestro país y no por las sujeciones extranjeras, la consolidación de nuestra noción de patria mexicana necesita de manifestaciones verbales que dejen huella en la memoria de todos los días. Necesitamos de esa creación verbal persuasiva, dirigida a nuestros oídos y nuestras conciencias, como lo son el “Credo” y el poema a “Morelos”.
Por esto!, martes 9 de febrero de 2010.

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