domingo, 31 de mayo de 2009

Vampiros que incitan a la lectura


Por Rosely E. Quijano León

Publicada en 2005, “Crepúsculo” es el primer título de la tetralogía de novelas románticas de vampiros de la estadounidense Stephenie Meyer; le siguen “Luna Nueva” (2006), “Eclipse” (2007) y “Amanecer” (2008). Definitivamente la llegada de estas novelas a México, y a toda Latinoamérica en general, ha sido un “boom” editorial que ha impactado principalmente en el público adolescente (situación que hace mucho tiempo no se veía), que está leyendo insaciablemente estas obras, cosa curiosa, pues los jóvenes, como sabemos no son hoy en día muy adeptos a la lectura, y mucho menos de libros de más de 400 páginas como lo son las novelas de esta autora.

Traducidas a más de 20 idiomas, número uno en ventas en varios países y llevada a la pantalla grande convirtiéndose en un rotundo éxito taquillero a finales del 2008, “Crepúsculo” fue el despunte de este fenómeno editorial del siglo XXI. Casos parecidos se dieron con las heptalogías “Harry Potter”y “Las crónicas de Narnia”, sólo que eran dirigidas a un público más infantil.

Con una fórmula reciclada de las novelas rosa así como temas comunes en las telenovelas de hoy y de las películas de amor que estrenan cada año en los cines, nos obliga a preguntarnos: ¿Qué será lo que atrae en estas novelas a los jóvenes? Si nos damos cuenta es la clásica historia de amor imposible que termina con boda e hijos, sólo que con vampiros poco tradicionales, por decirlo así, y con características un tanto diferentes a las que estamos acostumbrados a ver o leer.

Un caso curioso es que a Mérida llegó primero la película que el libro, muchos jóvenes acudieron a verla y, por alguna extraña razón, se interesaron en leer el libro, su sorpresa fue que en las librerías de la ciudad no habían y tal vez esto aumentó su curiosidad por saber qué pasaba con la pareja formada por Bella Swan y Edward Cullen. Afortunadamente unos meses después llegó a una librería la tan ansiada novela de Meyer junto con otros títulos de la tetralogía. Los jóvenes se han volcado a las librerías a adquirirlos, pese a que su costo no es del todo accesible, tal vez han invertido en los cuatro tomos lo que nunca se habían imaginado pagar en libros. Y no sólo es la cuestión económica sino el gran interés que muestran por estas novelas, incluso terminando un tomo en una semana. Para el lector común esto le será cotidiano, pero con lo que he observado en cuanto a lectura en jóvenes de 14 a 17 años créanme que esto es un verdadero récord para ellos, acostumbrados a leer por obligación en la escuela más que por gusto.

Y precisamente como docentes es una gran interrogante cómo es que un libro con una historia tan superficial y vana tenga tanto impacto en los jóvenes, mientras que nuestros esfuerzos por tratar de acercarlos al canon literario buscando los títulos más accesibles y adecuados para ellos resultan infructuosos.

Lo cierto es que, si con en estos títulos y temáticas se logra el verdadero objetivo de la didáctica de la literatura que es, según la Dra. Louise M. Rosenblatt “darle al alumno la forma de liberación emocional que todo arte ofrece, y al mismo tiempo, sin esfuerzo ni presión, ayudarle a obtener siempre múltiples satisfacciones en la literatura” entonces debemos de alguna manera reconocer que la tetralogía de Meyer es un vehículo idóneo para fomentar la lectura en los jóvenes, porque seguramente después de experimentar las bondades de la lectura estarán interesados en continuar con este hábito y es ahí donde podemos iniciarlos en la lectura de textos más “serios” y convertirlos así en lectores.


Por esto!, viernes, 29 de mayo de 2009.

Elogio a la naranja


Por Manuel J. Tejada Loría


Son múltiples las propiedades y beneficios de la naranja, sobre todo esa que conocemos como naranja agria, de cáscara rasposa y gajos desbordantes de sabor. Es de igual forma uno de los principales ingredientes de la cocina yucateca: emparentado con el achiote se obtiene el sabor característico de la cochinita pibil, mientras que con chile, cebolla, tomate y cilantro bien picado, la famosa salsa pico de gallo. Pero más allá de su valor gastronómico, la naranja agria es muy utilizada aquí en el Sur para remedios caseros, en parte porque este fruto contiene importantes cantidades de vitamina C necesarios para una buena salud.


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Para la bilis desquiciante nada como la naranja. Por la mañana o por la noche, según sea la hora cuando despierte, exprima dos naranjas de regular tamaño y beba el jugo en pequeños sorbos que sin duda su vesícula agradecerá. Es importante que antes quite la gruesa cáscara de la naranja, sino el zumo podría ofrecer amargos resultados. En caso que su coraje lleve varios días hostigándolo y se sienta perseguido, chupe directamente del fruto.


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Ningún remedio casero para los chuchulucos infantiles como la naranja con sal. Por el alto concentrado de vitamina C y minerales, la naranja es un desinflamatorio natural, bálsamo eficaz incluso para quienes reciben golpes musculares de cualquier tipo. Tome media naranja y embadúrnela de sal. Aplique sobre la zona del cuerpo y espere. El alivio le será visible a los pocos minutos, y aunque tener sal sobre el cuerpo es por demás incómodo, los resultados son sorprendentes. Incluso ayuda a mejorar la cicatrización: un par de gotitas sobre lo que arde y listo.


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Tecito de hoja de naranja para la ansiedad, los nervios y la ira. ¿Se siente víctima del estrés? Pierda cuidado. Seleccione y baje diez hojitas de la mata de naranja. Después de desinfectar, ponga a hervir una taza y media de agua en un pote de peltre. Antes del primer hervor introduzca las hojas y espere. En menos de 15 minutos usted tendrá una bebida espirituosa que calmara sus ansiedades más recónditas. Ahora que si la impaciencia es mucha y ya pasó de las cuatro tazas seguidas, remedio chino: vaya a una mata de limón y baje todos los frutos que pueda sin rasparse con los imbricados espinos. Si no espanta el estrés, al menos cultivará la paciencia.


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Importante: las hojas de naranja NO SE FUMAN.


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Las cualidades antioxidantes de la naranja evitan el envejecimiento del cuerpo no así del alma. Beber de manera frecuente un vaso de jugo ayuda a rejuvenecer las células del cuerpo. Por eso siempre después de cualquier enfermedad se aconseja naranja en abundancia. El consumo frecuente, según estudios recientes, acrecienta incluso el apetito sexual, por lo que podemos ubicar a la naranja junto a otros afrodisiacos naturales como la maracuyá, los ostiones o una copita de mezcal que sin duda lo llevarán en compañía al paraíso.


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Que no le apeste la boca, masque hojitas de naranja y de paso hasta la ansiedad disminuye. Para el calor ni qué decir, ya sea que se tome un vaso de naranjada con hielo o incluso, chupe una naranja recién cortada de la mata, resulta refrescante. Ahora que si tiene problemas con ir al baño qué mejor laxante que medio litro de naranja fría. Desde luego que si es muy seria la urgencia, opte mejor por dos litros de tamarindo y verá como hasta la rabia desaparece.


Por esto!, viernes, 29 de mayo de 2009.

sábado, 30 de mayo de 2009

Breve y grato paréntesis

Por Manuel J. Tejada Loría

Puerto Progreso con su mitología. Y ahora es tan fácil llegar con esta carretera de cuatro carriles y tantos puentes que a los pocos minutos de salir de Mérida puede verse el faro siempre alerta: hacia el mar, mostrándole a pescadores y marinos dónde es puerto seguro, mientras que tierra adentro, señalando el paraíso.

Y es que el calor y el movimiento citadino invitan a alejarse un rato de todo (hasta de uno mismo) para acercarse al agua y respirar el viento salobre. Progreso de los recuerdos y de la infancia, de los domingos familiares y de los dulces de coco en el malecón. Progreso de la juventud y los paseos nocturnos por la playa escuchando las olas hasta llegar al sitio donde se encontraba el busto de José Martí, en aquel entonces, cerca de la casa del pastel.

Recuerdo otra de esas fugas necesarias, cuando con Nadia estuvimos en casa del pianista progreseño Alejandro Cámara escuchando sus interpretaciones de Bach, Schubert y Beethoven, un primer y único acercamiento a la música clásica en un contexto completamente inesperado; o la vez en que junto a otros compañeros fuimos a presenciar una lluvia de estrellas, pero no vimos nada. Puerto Progreso, fuera de temporada, ciertamente es el paraíso con sus calles vacías y la brisa golpeando nuestras caras.

Y esta última ocasión no fue diferente. La fortuna de poder compartir la mesa del café con personas como Carlos Bojórquez –siempre tan apasionado por la Historia y la Literatura– le da otro color a esta costa de recuerdos. Escuchar las anécdotas del tren que iba a Progreso o la visita de algunos personajes históricos al puerto, permite entre otros relatos, nuevas perspectivas de estas calles.

Este es el puerto de Don Romeo Frías Bobadilla, el mismo que ha narrado una y mil veces en sus 77 años de periodismo ininterrumpido. Por eso fue más que justo que le hayan otorgado la Medalla de Periodismo Cultural “Oswaldo Baqueiro López” ya que Don Romeo es una institución del periodismo en todo sentido y una digna escuela a seguir.

Es mayo y el calor se dispersa con las últimas campanadas de la iglesia; es la brisa también recorriendo cada centímetro de esta costa. Revuelan los toldos del “Cordobés” mientras entre plática y plática, las grecas son testigos del paso de la gente que olorosa camina hacia la plaza. Después de todo es Progreso, con su mitología, la fresca magia de sus atardeceres y un grato recuerdo musical a manera de paréntesis lo que permite un respiro, el paso siguiente.



Por esto!, jueves, 28 de mayo de 2009.

Historia, ¿para qué?

Por Carlos E. Bojórquez Urzaiz


Pensaba en la sugestiva conferencia dictada por Faulo Sánchez Novelo, el 22 de mayo en el Teatro Mérida, donde repasó los pormenores de la vista de la emperatriz Carlota a Yucatán, con inclusión de detalles como las variaciones del menú que ofreció tres veces consecutivas a los invitados, deseosos no sólo de ver a la esposa de Maximiliano, sino, quizás, de agenciarse alguno de los títulos nobiliarios que distribuyó a granel. Con expresiones firmes y bien documentadas, Faulo llevó de la mano a los asistentes por un largo recorrido iniciado en los salones imperiales donde los monarcas eran instruidos para dominar al mundo, hasta el arribo de la emperatriz por el puerto de Sisal y los festejos celebrados en Mérida que, seguramente, halagaron a Carlota Amalia e hicieron recuperar la visión colonial extraviada con la Independencia de México.

Como la noche era propicia, la disertación logró humedecer los ojos de una parte del público, entre quienes se podía escuchar suspiros de nostalgia por una aristocracia pasada, pero que para nuestro pesar, de varias maneras subyace en una minoría que suele hacer gala de su prosapia, o que se la inventa con supuestos gustos refinados, parloteando en francés y más recientemente en inglés. Todo marchaba sobre hojuelas para esa parte del auditorio, hasta que el propio historiador destacó la vitalidad del liberalismo mexicano y mencionó la grandeza del Presidente Juárez, quien se negó a dialogar antes de mandar a fusilar al invasor. ¿Sueños encontrados entre una parte del público asistente, en tanto otros relucían cuando se describió el destino de Maximiliano, en manos de los liberales? No lo sé bien, pero la ocasión me hizo recordar el libro Del imperio a la revolución, de Eduardo Urzaiz, publicado originalmente en 1946, año en el que todavía perduraban añoranzas por los tiempos de Maximiliano y Carlota Amalia, cuyo espíritu no se había extinguido en Yucatán ni tendía a hacerlo, anticipándonos en un pasaje de la obra que el imperio subsistió en el imaginario político de Mérida, hasta convertirse en algo así como “… el ápice de la edad de oro para los conservadores y como tal perdura en la memoria de los pocos que de aquel tiempo sobreviven y en sus descendientes y sucesores”.

Pensé también que los destinatarios de aquella obra pionera, incluía a las elites yucatecas que en 1946 exhibían su nostalgia imperial, y a quienes también escuchó hablar Antonio Mediz Bolio, en un tono incluso más de íntimo, pues al Poeta de Ochil las narraciones le llegaron por tradición familiar, como apuntó en un texto escrito a mediados del siglo XX: “Esos días inefables para nuestros abuelos en que la ciudad de Mérida vivió en la fascinación de un cuento de hadas, no se han olvidado jamás. Yo oía contar en mi niñez los apasionados episodios de esas fantásticas jornadas…Los relatos de los que habían sido testigos presenciales…me parecían… verdaderas fábulas. Quitando ingenuas metáforas y suprimiendo nostálgicos suspiros —concluía—,queda en mi memoria una fugaz visión de los relatos familiares.”

La abundancia de asuntos derivados de la charla de Faulo Sánchez permite considerar, de nuevo, que los valores referenciales de la Historia son imperativos para entender lo que ocurre en la sociedad, ya que la inquietud provocada entre los asistentes al claustro donde se impartió la conferencia, quizás no sea sino reflejo de lo que ocurre en el ámbito general de Yucatán. Hace poco leí, con angustia, unas críticas infames a funcionarios del gobierno del Estado, basadas nada menos que en calificativos racistas, escritas por una pluma de cuyo caparazón va emergiendo la insolencia. Como quedó visto en esta ocasión, la Historia es maestra de la vida. Enhorabuena al conferencista y a los organizadores del evento.



Por esto!, jueves 28 de mayo de 2009.

viernes, 29 de mayo de 2009

Sobre lo viejo y lo joven


Por José Díaz Cervera


La dicotomía de lo nuevo y lo viejo es a veces una forma perversa de ocultar el peso de la historia vivida lejos de la Historia o a contracorriente de ella. No se puede ser viejo sin el paso del tiempo, de la misma manera que no se puede envejecer sin la adquisición de una mínima sabiduría.

Quien descalifica a la juventud descalifica sus propias posibilidades de vejez y muere prematuramente, en medio de una irritación incontrolable, vomitando sapos y estornudando lugares comunes.

Así ha sido siempre, aunque deberíamos hacer notar que los jóvenes no odian tanto lo viejo como lo corrupto, es decir, aquello que está vivo pero apesta, aun cuando por razones de edad también pudiera ser joven.

Uno puede comprender el malestar de quien se sabe rechazado porque tiene mal aliento. El rechazo, sin embargo, no es porque sea una persona vieja y mucho menos porque sea una persona enferma, sino porque a veces insiste en eructarnos en la cara.
Para tomar distancia, lo jóvenes tienen que fabricarse un mundo a su medida, disponiendo de su energía desatada y dándose permiso de cometer errores. Así ha sido siempre. ¿Quién no quisiera conjugar la fuerza juvenil con la experiencia?

Los grupos más reaccionarios de la sociedad, en su oscurantismo, tratan inevitablemente de domesticar los ímpetus de los jóvenes para garantizar así su propia pervivencia, disfrazando con ello un conflicto mucho más complejo que la simple amenaza a la destrucción de aquellos paradigmas en los que el conservadurismo ha anclado su universo.

No tenemos, sin embargo, solamente dos formas de entender el mundo ni dos tiempos en conflicto; lo que tenemos es la reconstrucción de una memoria donde algunos personajes formarán parte de la basura del tiempo. Visto así, el llamado conflicto entre lo viejo y lo nuevo desnuda su trasfondo verdadero y desborda los límites de lo que muchos definen como un simple relevo generacional.

En Yucatán, muchas circunstancias nos hablan del desmantelamiento de un mundo a partir de la necesidad de discutir, comprender, estudiar, juzgar y repensar lo que aquí sucede. En ese afán, sin duda, se cometen excesos, se reparten condenas sumarias y hasta se dan actitudes de frivolidad. Así ha sido siempre.

Pero el asunto marcha porque también está lleno de una frescura que siempre resulta incómoda para una sociedad que tiende al mimetismo (como sucede con los aficionados al fútbol que se sienten obligados a gritarle ¡puto! al portero del equipo rival cuando hace un despeje desde su portería, tal y como sucede en otras latitudes).

Los jóvenes no están en contra de la Historia ni en conflicto con lo viejo. Con ideologías diferentes, con expectativas muy diversas y con todo el derecho a equivocarse y aun a decir tonterías, van quitando de su camino todo lo inservible para abrirle paso a su propio tiempo, eso es todo.

Cuando Rubén Darío llegó a Argentina hacia 1893, los rancios de la literatura lo tildaron de frívolo y de destructor de la lengua y de la tradición poética hispanoamericana. Horrorizado, un miembro de la Academia argentina renunció a su puesto aduciendo que Darío y todos los decadentistas habían convertido la poesía en un manicomio. Hoy nadie recuerda el nombre del entonces respetadísimo académico.

diacervera@gmail.com

Por esto!, miércoles, 27 de mayo de 2009.

Exterminio: las visiones apocalípticas de Hollywood


Por Rodrigo E. Ordóñez Sosa


El siglo pasado tenía como estandarte haber descubierto la materia misma de la creación, desde los átomos y células que conforman la vida en el planeta, hasta los confines de la galaxia. Los descubrimientos asombraban al mundo: el hombre en la Luna, curas milagrosas, la energía atómica, los avances tecnológicos, la clonación e Internet. Sin embargo, cuando creíamos agotar los hallazgos, los cimientos de la vida se rebelaron desde su partícula más pequeña. Con la mutación de los virus, el peligro aumentó ante su capacidad para adaptarse a las medicinas, desde la aparición del Sida hasta la Influenza Humana que mantiene al mundo en vilo ante una posible pandemia.

En el transcurso de los últimos años, Hollywood ha estrenado por lo menos una película que predice el fin de la humanidad, Cloverfield, el reestreno de Terminator, Matrix, recientemente Watchmen, Un día después de Mañana, La Guerra de los Mundos, Alien vs Depredador y Exterminio.

La destrucción de la humanidad es retomada desde los ángulos más insospechados: la rebelión de las máquinas, una fuerza alienígena devastadora, cambios climáticos devastadores, un monstruo desconocido, una conspiración para liberar al mundo de la guerra y la miseria y, finalmente, una pandemia.

Dirigida por Danny Boyle, Exterminio es un film de bajo presupuesto sin grandes estrellas. La trama inicia con la irrupción de un grupo de activistas ecológicos a un laboratorio británico, donde liberan varios monos infectados con un virus mutado de la Rabia. Esta enfermedad es contagiada a través de la sangre, cuyos infectados regresan a un estado salvaje de furia.




Veintiocho días más tarde, el protagonista, Jim, despierta de un coma para encontrarse en Londres, desierta como consecuencia de la epidemia. Sólo quedan infectados y escasos sobrevivientes. Jim se unirá a Selena y a un padre con su hija. Con la esperanza de encontrar el campamento militar cerca de Manchester, donde aparentemente posean la cura para la epidemia recorren las calles deshabitadas para llegar a su destino y observar la devastación ocasionada por la pandemia.

Llegan a la base militar instalada provisionalmente en una mansión en el medio del bosque, comandada por un mayor trastornado. Ahí, aparece lo peor de la humanidad ante una crisis, sobretodo la violenta ley del más fuerte y la imposición de su voluntad a través de las armas así como el instinto de supervivencia de la raza, donde las normas morales y éticas son hechas a un lado para intentar embarazar a la niña que acompaña a los protagonistas.

Ante la alarma nacional por la Influenza Humana, irremediablemente recuerdo la película reseñada. Porque la conducta humana es predecible, muchas veces, arrastramos los supermercados, agotamos medicinas y tapabocas así como mantenemos el contacto con nuestros familiares y amigos a través de Internet. En el caos, nacen leyendas urbanas y Teorías del Complot, donde acusan a un experimento biológico militar fallido; el Complot para ocultar la verdad, porque muchos aseguran que médicos del sector salud salen con lágrimas en los ojos para decir que la verdad es peor y que nos protejamos para evitar nuestra extinción.

En medio de todo, en época de crisis siempre los grandes consorcios y franquicias son los vencedores y el avance del capitalismo salvaje continúa hasta sus últimas consecuencias. El miedo de contagiarse ocasionará que se erosione el contacto humano, deteriorará las relaciones humanas, confinadas únicamente en el ciberespacio, terminará con la victoria de las grandes potencias y las políticas de los estados, porque el miedo es un arma efectiva para disolver futuras movilizaciones sociales, asambleas sindicales y ejidales. Al igual que en Exterminio, hay la posibilidad de terminar gobernados por un comandante desquiciado, sin posibilidad de derrocarlo, porque para que triunfe la Revolución, el contacto humano lo es todo.



Por esto!, miércoles, 27 de mayo de 2009.

Perversa mezquindad



Por Manuel J. Tejada Loria


Esto va en menos de 600 palabras, alejándonos, por supuesto, de los mamotretos panfletarios, porque nuestra intención –repetimos– va en pos de la claridad, algo que a muchos les produce urticaria, un poco de escozor en las mandíbulas y hasta quizás una leve irritación en el occipucio, pero nada que no alivie el ungüento de naranja.

Decíamos: el 9 de noviembre de 1938 una avanzada de policías y militares alemanes, con la anuencia del Partido Nacionalsocialista, arremetieron contra sinagogas, almacenes y casas en algunas ciudades alemanas. Por supuesto, se trataba de un siniestro plan para comenzar a poblar los campos de concentración. Ese día, todo el que era judío o incluso pareciera, inmediatamente era aprehendido, vejado y remitido al campo de exterminio más cercano.

A ese momento de la Historia se le llamó “la noche de los cristales rotos” ya que los uniformados que irrumpieron en tiendas y domicilios, iban rompiendo todo lo que estuviera a su paso. Incluso arrasaron con símbolos religiosos y quemaron libros en un afán de borrar cualquier indicio que les recordara la causa de su abrumador odio.

La política racial de los nazis a pesar de estar sustentada con razones esotéricas, era a final de cuentas, una inminente verdad para todos los adeptos del partido nazi que encabezaba Hitler. Todos creían ciegamente en él y todos con un genuino fervor pensaban que la razón ciertamente estaba de su lado. La verdad que Hitler proclamó era la única verdad que podían concebir.

Esta política de discriminación racial era operada por otro personaje de igual o peor calaña, paradójicamente un humanista y conocedor de la Historia en sus tiempos mozos, Heinrich Himmler, quien tenía por consigna llevar a cabo la política de supremacía aria a través de un régimen de terror y un régimen de verdad: lo primero, con el exterminio total de los judíos; y lo segundo, maquillando sus acciones para que parecieran un acto noble y patriota.

De esta manera, Himmler disfrazó su arraigada discriminación hacia los judíos con acciones que de lejos mostraban una gran voluntad de cambio y un serio compromiso con la gente, incluso muchos escritos de su autoría así lo demuestran. Tiempo después la Historia nos mostró el otro lado de lo que en su momento fue una gran verdad: la eugenesia, la experimentación con prisioneros judíos, el control de natalidad, etc., tenían el mismo trasfondo de los campos de concentración.

La diferencia entre Himmler y Hitler, es que el primero sabía que todo era un teatro que podía venirse abajo. De allí que a la larga haya traicionado a quien alguna vez admiró casi al grado de imitar sus gestos, su forma de hablar y su imagen. Diría que hasta su forma de dirigirse al público y de escribir. El tremendo horror del holocausto, incluso, se refleja en sus propias palabras cuando ante jefes nazis advirtió que el magnicidio que estaban cometiendo era un tema que nunca debía de ser tratado ni hablado en público. Y así fue, la negación ante todo.

Himmler, después de todo se concebía como un ser comprometido con la causa. Desde luego que Hitler también creía que era bueno, que sus acciones estaban justificadas, que tenía la potestad de hacer y de decir… todo esto desde luego, amparado en su “margen de verdad”. Ahora sabemos que no era otra cosa que su perversa mezquindad.




Por esto!, miércoles, 27 de mayo de 2009.

Votar o no votar, he ahí el dilema


Por Conrado Roche Reyes

Nos pueden decir lo que quieran, incluso una misa cantada de tres padres, pero la única verdad, la neta, es que la conformación de un partido político sirve única y exclusivamente para acceder al poder, con lo que esto lleva consigo: prebendas, sueldazos, insultantes primas vacacionales, más insultantes aún dietas —obviamente no para bajar de peso—, todo esto a tus costillas y las mías, compañero lector.

Me he encontrado en la calle, en los cafés, al externar que pertenezco al abrumadoramente mayoritario partido político de México, es decir, el abstencionista (más del 75% de los enlistados en el padrón según la última encuesta de Roy Campos, el más confiable entre esta runfla de desconfiables), que la gente de a pie piensa lo mismo que yo. Está hasta la madre de chanchullos, tranzas, impunidad, desigualdad.

Lo extraño del caso es que quienes más se oponen a mi libre derecho a no votar o votar, es gente afiliada al partido de la supuesta izquierda yucateca. Aducen que al no sufragar, contribuyo al fraude. Yo les digo: fui candidato a regidor cierta ocasión. Violentando violentamente nuestra violada Constitución, me aposenté en la casilla correspondiente al rumbo en que mi familia vivía. Toda ella acudió en tropel a depositar su voto por el hijo, tío, hermano, primo, etc., hasta la nana votó por éste su servidor, que, de nuevo, pasándose por el arco del triunfo las disposiciones electorales, guié, no induje, señalé a cada quien cómo cruzar sus respectivas boletas. Fueron veintiséis en total a mi favor.

Seguros. En aquella casilla ganó (entre comillas) mi partido. No me moví un segundo de la mesa de votación ni quité la vista de las transparentes y reglamentarias ánforas. Finalmente, se cerró la casilla y se procedió al conteo. Pero asombro mío, ¿sabes cuántos votos tuve? ¡Dos! ¿En dónde quedaron los demás? ¿Cómo le hicieron?Entre risas, los demás representantes se burlaban “la mano es más rápida que la vista”.

Para rematar, mi voto ni va a ayudar ni va a perjudicar al pueblo, sino todo lo contrario. “El pueblo”, gastada pero aún no desechable palabra. “Por eso estamos como estamos”, exclamó mi amigo el perredista, que ha hecho de la política una “chamba”.

Entonces le cuestioné “tú, que vas a votar, ¿sabes el nombre del candidato a tu Distrito?”. Máare, lo agarré entre primera y segunda. Quedó como “ido” unos instantes y respondió molesto que no sabía (mucho menos sus propuestas o su claro u oscuro pasado).

Honestamente, amigo lector, ¿piensas que con tu voto, por el partido que quieras, las cosas van a cambiar?


Por esto!, miércoles, 27 de mayo de 2009.

jueves, 28 de mayo de 2009

El ciclo de la vida. El quid


Por Conrado Roche Reyes

Será que la vida es así. Ciclo, ciclo. Hoy sí, mañana también, luego no, después quién sabe. Te levantas con unas ganas inmensas de comerte al mundo. Todo brilla. La gente es distinta. Saludas con afecto y cariño al vecino que jamás habías hablado. El autobús llega al instante. Asientos vacíos, aire acondicionado. El camionero escucha música agradable. Los teléfonos públicos funcionan. Nadie te manda al maldito buzón de voz.

Incluso tu persona te parece más agradable. Te sientes bien parecido. Lo estás por las miradas de las mujeres. El cabello no se rebela al pasarle el peine. La odiosa rasurada la efectúas con sabor de mambo, guaguancó y bembé. El mesero sonríe en el café.

Milagrosamente no ves a ningún innombrable. Haces el camino al andar. Profusión de buenas vibras. El bolero está de humor. Ríes de sus locuras, algo flota en el ambiente.

Eres feliz. Los servidores te dicen señor. Pisas fuerte al penetrar a cualquier restaurante o bar. Te acomodan la silla. Te dan la mejor mesa. Ningún policía te larga un “¡tú!”. Los comensales te saludan con respeto y amables. La chica que canta en el conjunto te dirige miradas y sonrisas coquetas. Preguntas por el baño y no sólo te indican el lugar sino te acompañan. Otro planeta. Las de las otras mesas como que te miran diferente. Con ganas de …algo. Estás en tu día, antes, no te explicabas la razón. Y es que estas personas de tanto tratar con tantísima gente ya son una especie de adivinos. ¿Razón? Lo huelen. Saben que cobraste. La experiencia les avisa. “Hay pan en el lec”. Dinero llama dinero. Mujeres llaman mujeres. He allí el quid del asunto. Money Money Money.

Amanece. No quieres ni salir. Te da un trabajo espantoso ponerte los calcetines.

Tomas la máquina de rasurar. Terminas por dejarla en su santísimo lugar. Con un esfuerzo sobrehumano, sales a la calle. Las mismas caras de tah de siempre. El calor es insoportable aunque con nubarrones. El autobús tarda una eternidad. Varios pasan sin pelarte. Abordas uno atestado. Música de la que más odias. Esa que te pone los pelos de punta. Rock nacional. Frenones, arrincones. Te sientes feo. El peine no consigue apaciguar tu cabello rebelde. “Dao tú, ve cómo cruzas chavo”, te grita el policía. Tardan horas en atenderte en el café. Pasan por ahí Amanda Lorena, “Chopán”, mil caridades. Te rascas el bolsillo. Entras a una cantina de medio pelo. Rostro impenetrable del mesero. Te sirven a lo último. “Una caguama”. Obtienes por respuesta un ¡MJJJH!, ni una fémina te voltea a ver. Pisas mierda de perro. Te caga un xkau.

Son pitonisos. Saben que estás bruja. Ese es el real ciclo de la vida. Hasta tus mejores chistes no dan risa. He ahí el quid del asunto. Money, thats what I want.



Por esto!, martes, 26 de mayo de 2009.

El discurso científico en la televisión

Por José Díaz Cervera

Exceptuando algunos documentales de producción europea (que se transmiten en horarios de poca audiencia) la ciencia es uno de los temas menos usuales en la televisión mexicana.

Aun así, las formas en que se textualiza un discurso en torno a lo científico en la programación de la televisión abierta, siempre nos ofrecen aristas interpretativas sorprendentes.

Uno de los aspectos más relevantes de la idea de ciencia que se construye en los medios electrónicos de comunicación, está determinado por la relación entre ésta y el discurso religioso. En un nivel aparente, los medios electrónicos están tratando de establecer una correspondencia armónica entre la ciencia y la religión, con la intensión más o menos clara de darle un lugar preponderante a la segunda sobre la primera. La ciencia hace su parte, pero ésta siempre será limitada; es mejor, por ello, abrirnos a la posibilidad de los milagros y lo sobrenatural.

La televisión se ha encargado, además, de proveer a nuestro imaginario de algunas nociones siempre limitadas y equívocas del mundo científico. Así, los paradigmas de hombre de ciencia se limitan a la medicina y al trabajo indeterminado y comúnmente extravagante de personajes que aparecen en un laboratorio. La sinécdoque de la bata funciona como distintivo tipológico del hombre de ciencia que, por lo demás, es presentado de dos maneras: por un lado, el científico es un personaje extravagante, absorto en su propio universo y un tanto descuidado en términos de su arreglo personal; por el otro, se le presenta como un tipo circunspecto, solemne, un tanto huraño y extraordinariamente mesurado y pulcro.

A partir de estas tipologías, la ciencia es vista como una actividad excéntrica, ajena a la rutina de los hombres comunes y corrientes, e imbuida de locura amalgamada con genialidad. Así, el trabajo científico es asunto de hombres solos, simpáticos pero antisociales, que suelen producir objetos raros e inservibles. Del otro lado, sin embargo, la ciencia es una actividad para iniciados en el arte de dominar las pasiones, y el trabajo científico se constituye como un conjunto de procedimientos rutinarios determinados por complicadísimas fórmulas que aparecen en un pizarrón lleno de números y símbolos raros.




Como se quiera, la noción de ciencia que se transmite desde la televisión está completamente sesgada de lo que es esencialmente el trabajo científico, y el mito del hombre solitario encerrado en un laboratorio es completamente falso, dado que la ciencia es un trabajo que no sólo se hace comunitariamente sino, también, en un ámbito de gran solidaridad que supone una comprensión refinada del mundo y sus problemas. La idea de un científico ideológicamente neutro, y escindido de las pugnas mundanas y políticas, es una ficción cargada de mala fe, en un país donde hay desde hace varios años una lucha para que se garantice constitucionalmente el 1% del Producto Interno Bruto para la investigación científica, petición a la que el PAN se ha opuesto sistemáticamente desde hace varios lustros.

Con todo, la televisión se ha encargado también de promover una idea de ciencia que queda circunscrita a las ciencias físico-químicas (en el sentido más clásico de ambos términos) y en la que las disciplinas socio-antropológicas no existen.

Para la televisión, el científico es una especie de brujo modernizado y la ciencia es necesariamente un asunto de laboratorios y fórmulas complejas con los que se producen artefactos un tanto siniestros, sobre todo si el científico tiene un marcado acento extranjero y pronuncia las “erres” aporreándolas en la epiglotis.

Si, por casualidad, alguna vez la ciencia puede solucionar algún problema, no es por el trabajo sistemático y riguroso, sino por una especie de revelación espontánea o, en último de los casos, por alguna intercesión celestial.

La dicotomía ciencia-fanatismo se resuelve, para la televisión, aboliendo a la primera e integrándola al universo de una fe llena de agujeros y de contradicciones que, sin embargo, todavía es capaz de hacer que las montañas se muevan Total, la ciencia, según la t.v., a cambio de algunas comodidades, nos ha traído enormes desgracias y amenazas que pueden conjurarse no tanto con la fe en un Ser Supremo, sino con la creencia en las propiedades esotéricas de un símbolo o de una imagen.

diacervera@gmail.com




Por esto!, martes, 26 de mayo de 2009.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Romeo Frìas Bobadilla, Medalla de Periodismo Cultural "Oswaldo Baqueiro López"

Reverenciar la sombra


Por Jorge Cortés Ancona


La sombra está cargada de una imagen negativa en lugares donde supongo se ansía tener más luz de sol. Por ello tantas frases mantienen una percepción negativa acerca de lo sombreado: “estar a la sombra de alguien”, “vivir a la sombra de X”, “estar en sombras” y derivados como “sombrío” hacen pensar en falta de voluntad, en parasitismo, maldad, tristeza y ausencia de visión e inteligencia. La contraposición de oscuridad e iluminación se proyecta a valores morales equivalentes a lo que es malo y lo que es positivo.

Pero en nuestras tierras abundantes de sol, donde la luz se derrama a chorros y hay momentos en que tenemos que convertir en rendijas los ojos de tanto resplandor, concebimos la sombra como bienhechora, como algo deseado en los andares urbanos o carreteros por cualquier medio y que es muy agradecido cuando brinda su frescura en el feroz calor en que desenvolvemos nuestras rutinas en los espacios públicos.

Dentro de esa connotación positiva, Mediz Bolio titula uno de sus libros más conocidos como “A la sombra de mi ceiba”, y en el caso de “La tierra del faisán y del venado”, celebra la sombra del árbol sagrado de los mayas, si bien luego de hablar de la sombra mala del Chechem: “El que se duerme bajo de su sombra no despierta, porque se muere dormido. Y aunque pueda alzarse a tiempo y correr con todas sus fuerzas, queda llagado y loco para toda su vida. / Este árbol del Chechem engaña al que no lo conoce y lo atrae a su sombra, en las horas en que corta el sol como un cuchillo y el aliento quema la boca al respirar”.

En cambio, “el árbol bonito y alegre de la Ceiba” tiene otras virtudes: “porque es santo y amoroso, da la sombra de la felicidad. Y por eso los hombres buenos, cuando se mueren, van a sentarse debajo de la Ceiba grande que está arriba del cielo alto”.

Cómo ama la sombra (sea de ceiba, flamboyán, laurel, huaya o de cualquier otro árbol) el viandante de las calles meridanas. Qué indispensable y reconfortante es. Por eso compartía yo el coraje de aquel maestro universitario que se quejaba de que hubiesen puesto cierto punto de parada de autobús a pleno sol, habiendo un frondoso árbol donde los usuarios podían esperar tranquilamente su abordaje.

“¡Qué rica sombra da ese árbol”, decía con tanto gusto, que daban ganas de ir corriendo a pararse bajo el árbol de referencia. Pero el autobús no le daba parada cuando estaba bajo esa sombra. “El paradero está ahí, donde está el letrero”, le decía con objetividad jurídica el chofer ante sus reclamos posteriores. “¿Y qué quiere usted?, ¿que yo me ase junto a ese chingado letrero de parada? ¡Habiendo esa sombra tan deliciosa, tan fresca!”. Se ve que los funcionarios encargados de los señalamientos en las rutas nunca han abordado autobuses ni a mediodía ni a ninguna otra hora.

¿Por qué esta ciudad de Mérida no está planeada pensando en brindar sombra y cobijo? Haciendo una comparación, hace décadas Xalapa era famosa porque la gente podía salir de sus casas para desplazarse a cualquier lado y mojarse muy poco o nada, a pesar de las prolongadas lluvias que caracterizaban antes a esa ciudad. Y la razón de ese estar seco bajo la lluvia era que la inmensa mayoría de las construcciones tenían tejados cuyos largos aleros cubrían por completo las escarpas. Si acaso, al cruzar las calles se mojarían los caminantes, pero con los implementos necesarios no había tanto problema.




En Mérida, donde no sólo llueve mucho (no me estoy burlando, por favor) sino que hace este calor que –siguiendo a don Antonio- corta como cuchillo y quema no sólo el aliento sino todo el cuerpo -que arde y arde y se derrite-, se debería llevar a cabo un diseño arquitectónico que aprovechara las virtudes y usos de la luz y que procurase a la vez crear espacios sombreados, que sin estorbar la iluminación aliviasen el sufrimiento de las altas temperaturas.

La realidad de nuestras construcciones, sobre todo las de años recientes en estos tiempos de acelerado calentamiento global, nos indica lo contrario. En vez de cortinas de árboles o de muros colocados de tal manera que proyecten sombra, o construcción de voladizos, o de perdida instalación de toldos fijos o movibles, tenemos interminables espacios abiertos, con la luz cayendo en cascada y embruteciendo y exasperando a toda la ciudad.

Avenidas enteras carentes de vegetación, dominancia del gris hirviendo de fuego en estas tierras de luz y sombra. Amplios estacionamientos sin cobertura en universidades y supermercados, con largas distancias para caminar que obligan a soportar una abrumadora carga de luz y calor (o de lluvia, en su ansiado caso). ¿Y la sombra? ¿Dónde dejan esa rica sombra, bienhechora, saludable, relajante? Reverenciemos a las sombras de nuestra Mérida.



Por esto!, lunes, 25 de mayo de 2009.

martes, 26 de mayo de 2009

Tour erótico

Por Conrado Roche Reyes


En Mérida están en plena actividad numerosos lugares de esparcimiento erótico. No nos referimos aquí a los famoso Night Club, o table dance, que de igual manera proliferan. Hablaremos de aquellos más íntimos espacios en donde se practica el masaje. Muchos de ellos publicitados, ya que no existe –a Dios gracias- prohibición alguna para su funcionamiento. Como todo, los hay de diversas categorías. Nos referiremos hoy a aquellos de media tabla. Ni de lujo ni deprimentes. Se ubican generalmente en casas rentadas por todos los rumbos de la ciudad.

Nos referiremos ahora a uno cualquiera, escogido al azar –“Ninfas”. “Colegialas”. “Chicas Complacientes”. “Nueva en el Ambiente”. “Haz realidad tus fantasías”, etc., etc.


Varios amigos acudimos a uno de éstos. La casa no denota ni es diferente a las otras del rumbo. Tocamos. Nos abre una mujer como de treinta años. Hace un rápido examen visual a cada uno. Abre la puerta. En una sala se encuentran sentadas varias chicas muy guapas en uniforme de trabajo, esto es, tanga y brassier, baby doll. La mujer que nos abrió la puerta se encara con alguno y pregunta si deseamos información. Ante la afirmativa respuesta, conduce a alguno a un cuarto. Hace preguntas, informa de manera muy profesional con impersonal voz de qué se trata el asunto. Mira –dice- tenemos los siguientes planes: masaje corporal, con la chica en tanga. Se puede cachondear, pero nada más. Eso cuesta 100 pesos. Simple masturbación, ya son 150. Sexo oral si usted lo desea, 200 pesos. Todo, -y aquí enfatizó la palabra “todo”-, 300 varos, sexo simulado, -eso sí no lo entendí francamente- 350. Si usted desea algo más, algo especial, eso ya depende de la chica, ¿comprende? Y hoy tenemos oferta. Damos dos por uno. A pregunta de alguien, la madrota explica, es bien explícita ya que todos entendimos otra cosa. No, no se trata de dos chicas o dos varones juntos. Esta es una casa decente. Lo que quiero decir es que por el precio de uno, pueden “estar” dos de ustedes, pero cada quien con su chava y en su respectivo cuarto. Aclarado este punto toral, sigue la selección de la pareja. Existe gran variedad de tipos de mujeres. Tipo jovencita, escolar, delgaditas, frondosas, piernudas, de busto enorme, maduronas, etc., etc.

Ya hecha la selección –cierto fulano escogió a una tipo medio maya, joven, muy joven, pero con una mirada que denotaba ser una centella en la cama. La tomó de la mano y penetraron al cuarto. La chavita sin más dice al cliente “quítese usted la ropa”. Aquel “usted” cayó como bomba al fulano. “Quítatela tu”, respondió el tipo. Ella sin más preámbulos lo hizo. Y a lo que te truje Chencha. Resultó ser una mujer más cachonda que lo que su mirada reflejaba. Hicieron de todo, excepto... “por allí no”, frenolo la mujercita. Estaban en lo mejor cuando tocan a la puerta después de varios espasmos por parte de ella. “Ya fulanita, esto es un trabajo. Siempre sales con lo mismo. Te encanta. Eso ya es un vicio para ti”. Había pasado la hora pactada. Se bañaron, y salieron a la salita en donde platicaban varias hembritas. Eso sí, antes que nada, las niñas te colocan el condón. Regla inflexible –en varios lugares comprobado- “para su protección”, explican.

Esta actividad y no sé si esté prohibida, porque en ocasiones he leído en la prensa que clausuran lugares así. Flagrante violación a sus derechos humanos y al trabajo libre y soberano. Cada quien es libre de ejercer la profesión que desee, mientras ésta no perjudique a terceros. La de estas chicas no sólo no perjudica sino beneficia a tanto solitario que por el mundo hay. Lo que no está vedado en la Constitución, es legal, si los romanos que inventaron el Derecho no andaban equivocados.


Por esto!, sábado, 23 de mayo de 2009.

lunes, 25 de mayo de 2009

Separata, revista objeto

Por Manuel J. Tejada Loría


Desde Santiago de Querétaro recibí por correo postal para mi sorpresa, una revista que rompe en todo sentido con la concepción que se tiene de publicaciones de corte literario, artístico o cultural. Digo sorpresa porque al abrir el sobre postal lo que inmediatamente encontré es otro sobre y dentro de éste, una especie de hojas impresas en papel de alta calidad que me recordaron las pruebas que se realizan en la elaboración de libros y otras publicaciones.

Se trata de Separata, revista de pensamiento y ejercicio artístico cuyo primer número apareció en marzo de este año y que de manera mensual ha estado presentando a través de sus diversas secciones, producción literaria y crítica que se origina no sólo en Querétaro sino en otras partes del país y del mundo.

Pero antes de hablar de su contendido, quisiera terminar de describir los aspectos físicos de esta “revista-objeto”. El sobre es de tamaño legal y en una de sus caras, a manera de portada, viene impreso el nombre de la revista, el índice del contenido y la editorial. Su contenido físico, como ya dije, son hojas sueltas que corresponden a sus diferentes secciones, impresas en un buen papel, con letra de buen tamaño y una clara edición que permite una óptima lectura.

Cabe señalar que la experiencia de lectura de esta revista es por demás interesante. Es una revista que puede ser leída por varias personas a la vez pues el hecho de que sus secciones estén separadas lo hace posible. En sí, la revista ha ido mejorando visualmente, su director me ha enviado amablemente hasta el último número correspondiente a este mes, y es visible cómo de manera gradual se van ajustando los detalles para convertirse en una gran revista.

Separata tiene secciones fijas, ellas son Manantial, para poesía; Quimera, para narrativa; Sintaxis para ensayo, Texturas para artes visuales, Una voz, una mirada, destinado a entrevistas y Euterpe que da espacio a la expresión musical. Desde luego, como se advierte en una de las editoriales, el formato de la revista permitirá la inclusión de alguna otra sección emergente.

Destacan, en estas tres primeras entregas, una entrevista que Carlos Campos realiza al poeta yucateco Raúl Renán, conversación emotiva en la medida en que el poeta habla de su infancia y de su libro Los niños de San Sebastián. Otro aspecto sustancial de la entrevista es cuando se aborda el tema de la literatura joven en referencia a esa visible desesperación en las recientes generaciones por publicar y ser reconocidos.

Dice Campos “peleamos por una cronología que avasalla, que condena y que esclaviza a la literatura joven”, a lo que el poeta Raúl Renán contesta: “es gravísimo, impide que se desarrolle la literatura. Porque no es el daño a una persona: es el daño a la evolución social y sus artistas”. Hay que recordar que Raúl Renán, como otros poetas de la región (Felipe Koh Canul, José Díaz Cervera, entre otros) comenzaron su producción literaria cuando estaban cerca de los 30 años de edad, aunque este es tema de otra discusión.

De la poesía que hasta ahora se ha presentado, un deleite leer a Miguen Angel Carrillo con “Refutación a Kant y otros poemas”, también al poeta chileno Juan Cameron con “Patología del desaliento”, mientras que en ensayo el uruguayo Víctor Sosa nos habla de los exilios literarios en su texto “El necesario exilio: de la realidad literaria a la ficción de lo real”.

Desde luego que cada quien tendrá que valorar los textos, la revista en su totalidad, y por eso la ponemos a disposición del público en general, así como para su resguardo, en el centro de documentación literaria de la Subdirección General de Literatura y Promoción del Instituto de Cultura de Yucatán donde también pueden consultarse otros libros y revistas de corte literario.



Por esto! sábado 23 de mayo de 2009.

Nocturna, de Guillermo del Toro


CIUDAD DE MÉXICO.- Se espera que la incursión del cineasta mexicano Guillermo del Toro en la novela de ciencia ficción y horror, que ha sido traducida al español como Nocturna (The Strain, en el original), llegue a las librerías mexicanas el próximo junio. La novela, coescrita con Chuck Hogan, procura un acercamiento original a los mitos de vampiros y se trata de la primera parte de una trilogía. En el sitio oficial de la novela, www.thestraintrilogy.com, Del Toro afirmó su interés por la novela de vampiros en los que se le presentaban no como el mito romántico sino desde un punto de vista biológico o incluso epidemológico (una traducción más apropiada de la novela hubiera sido “La cepa”). Afirmó: “Toda mi vida he estado fascinado por ellos, pero siempre desde el punto de vista de un naturalista. Quería que mi primera película, Cronos, fuese una reformulación del género, me encantan las reformulaciones de mitos antiguos. Cuando le entré a Blade II, me acerqué con una miríada de ideas de la biología de los vampiros, pero sólo algunas terminaron en la cinta. Me encanta la idea de los ángulos biológico, divino y de la evolución para explicar el origen y la función de los vampiros”. Sobre posibles adaptaciones, Del Toro sugirió que podría hacerse una miniserie.


Los directores Peter Jackson y Guillermo del Toro



Tomado de Diario La Tempestad.

domingo, 24 de mayo de 2009

Un cabal hombre de teatro

Por Jorge Cortés Ancona


También me entristece la muerte de otro rioplatense, en este caso alguien muy estimado por la comunidad teatral de Yucatán: Raúl Domínguez, el “Rulo”, el “Che Rulo”.

Había llegado a Mérida a fines de los años ochenta, junto con su compañera Patty Ostos, con quien encabezaba el Grupo Ensayo. Ellos se habían enamorado de Yucatán luego de haber realizado algunas presentaciones por medio de aquel inigualable programa nacional que tuvo el ISSSTE-Cultura hace unos 25 años. Establecieron su residencia en Mérida y trabajaron en todo tipo de espacios, al principio con el apoyo del Dr. Pedro Fuentes González, un fraternal amigo suyo.

Me tocó conocerlos en escena con su espectáculo “Entre nosotros”, compuesto a base de piezas breves y fragmentos de diversos autores. La obra era tan disfrutable que la vi cinco veces. Con el ISSSTE, el ICY y otras instituciones siempre estuvieron dispuestos a trabajar en colonias populares, plazas públicas municipales y cuanto espacio alternativo fuera necesario emplear. Además, Raúl y Patty realizaron adaptaciones de leyendas y tradiciones mayas para teatro de títeres, con buenos resultados.

Fueron muchas las obras donde estuvo, gracias a que tenía una capacidad actoral que le permitía lo mismo hacer teatro cómico que de índole dramática. Siempre daba el papel y lucía siempre una excelente voz, con magnífica dicción y capacidad de variaciones tonales de acuerdo al papel que representara o al títere o marote que manipulara.

No se arredraba ante las circunstancias adversas y en los raros momentos en que la memoria le hacía alguna travesura tenía la capacidad de improvisar y mantener el hilo de la acción representada. A veces una casi imperceptible sonrisa lo delataba del pequeño olvido (o el raro ajuste de rima o métrica si la obra estaba en verso), mientras continuaba con sus parlamentos o sus movimientos. En la obra que fuera, hacía gala siempre de una indudable presencia escénica.

Lo recuerdo en muchos papeles. En dos obras de Peón Contreras: “Gil González de Ávila” y la comedia “Entre tu tío y tu tía”. También en aquel fallido “Macbeth”, donde fue de lo escaso que se salvó, y en sus distintos trabajos de titiritero. La última vez que lo vi actuar fue en el Festival de Teatro Íntimo de El Teatrito en 2006, con Lombrices (¿Dale que… jugamos para no morir?), del dramaturgo argentino Pablo Albarello. En esa jocosa obra se trasvestía de anciana para hacer el papel de Martirio junto con el actor Luis Vicente, que hacía de Consuelo.

Ya para ese entonces había regresado a Argentina y trabajaba en teatro en su ciudad natal, Neuquén. En Mérida, donde los buenos actores masculinos no han sido numerosos en los últimos años, su partida pesó mucho. Se le extrañaba, ya no sólo como actor y director, sino también como un animador del teatro y de todas las actividades conexas al mismo.

En el contexto de estos días de próximas discusiones teatrales, lo recuerdo también en su generosidad con los colegas, ya que avalaba sin egoísmos a otros grupos ya sea de teatro infantil y de títeres (que eran los representativos del Grupo Ensayo) o de cualquier otro género. Entre otros, me viene a la memoria un grupo llamado creo que La Caravana o Locolombia, de origen colombiano que estuvo unas semanas en Yucatán con un carácter más bien nómada.

Ni hablar, se fue el buen Rulo, alentador y solidario en los tensos tiempos de la Alianza por las Artes, caballeroso siempre, fervoroso promotor del teatro. Mis condolencias a Patty Ostos y a toda la comunidad teatral yucateca y argentina.



Por esto!, viernes 22 de mayo de 2009.

Señal de alerta


Manuel J. Tejada Loría

Que dios nos coja confesados, diría Don Conrado Roche. No sé si entristece, decepciona o sencillamente deja un mal sabor de boca pero la discusión literaria en Yucatán sigue prácticamente ausente en la medida que ese afán de mutua descalificación entre escritores, persiste. Y entonces, lo único que leemos y escuchamos en los pocos espacios destinados, son torpes arrebatos de megalomanía disfrazada: “yo si soy escritor, tú no eres ni serás”.

Esta situación únicamente lleva por razón el exacerbado narcisismo producto del cultivo yucateco (nada tiene que ver con la literatura los arrebatos entre escritores), pero se vuelve alarmante cuando en ese afán de autolegitimización se recurre precisamente al descrédito generalizado.

Digo todo esto a razón de un comentario que ya escuché tantas veces como si se tratara de una consigna y que va dirigido a la llamada “juventud literaria”, entiéndase por este curioso concepto a la nueva generación de escritores jóvenes que comienzan su formación en el sinuoso camino de la literatura.

Sin clemencia y como si la vida misma estuviera en juego, estos críticos emergentes de la “juventud literaria” (que no de la literatura) se han erigido como auténticos inquisidores literarios, juzgando de manera brutal no la labor propiamente literaria, es decir los textos, sino las actitudes de estos jóvenes escritores en ciernes. Peor aún, no son juzgados individualmente sino en bloque, lo que ya constituye un acto de discriminación.

No meto las manos al fuego por nadie ni tampoco es mi afán defender lo indefendible, pero es necesario señalar que existe el riesgo de que, uno: se estigmatice a una generación de jóvenes, y dos: se sigan erigiendo estas figuras inquisitorias no sólo en el ámbito literario, sino en otros entornos, y entonces pronto tengamos jueces del arte, la moral y las buenas costumbres.

Se comprende que siempre cause irritación y malestar la aparición de nuevas generaciones. Es algo inevitable en quien alguna vez ocupó ese mismo sitio. Pero tampoco hay que empantanarse en estos procesos naturales. La aparición de una nueva generación no deslegitima a las anteriores aún cuando este proceso si pueda darse de manera inversa (de hecho se está dando y de ahí el origen de estas breves líneas).

Quién sabe cuál sea el motivo real de esta airada discriminación. Lo que no tenemos que dejar fuera, es que un escritor en ciernes –más cuando se es muy joven– carece de una visión global del entorno literario puesto que su horizonte de expectativas es diferente al que tendría en su madurez. Por eso es comprensible que el ímpetu juvenil lo lleve a decir, creer, hacer o escribir tal o cual cosa; se deduce, de antemano, que está en un proceso de formación.

Ahora que tomarse el tiempo para descalificar con pelos y señales, habla más no de una preocupación literaria sino de otras extrañas y perversas mezquindades.


Por esto!, viernes, 22 de mayo de 2009.

¿Existen las vibras?


Por Conrado Roche Reyes


¿Te ha sucedido amigo y cómplice mío, lector, el sentir sin conocer absolutamente nada de ciertas personas el rechazarlas así nomás, o por el contrario, aceptar a alguien igualmente guiado por las llamadas vibraciones? Estoy casi seguro que sí. Ocurre en la vida diaria, en el mundo real del que tanto hemos hablado tú y yo últimamente. Por algún extraño, inexplicable designio de los dioses, de los estados. De nuestro grado de depresión o exaltación, que sin qué ni para qué, sentimos que cierta persona nos cae mal, así de gratis y “visconversa”, siente uno el cortón, la mala onda de la otra parte. Generalmente uno atina. La antipatía, ya de allá para acá como de acá para allá casi siempre es real. Mas la vida le enseña a uno que aquello no es regla indisoluble, fatal, catatónica. Hay ocasiones que aquella persona que de gratis, sin mediar motivo alguno –como los “valientes” que madrean a sus hembras- sucede con cierta frecuencia que resultan ser personas encantadoras, afines, maravillosas. Por el contrario, gente que uno por quién sabe cuál razón entrega su amistad incondicional, resultan ser entes malvados, enemigos gratuitos. Creo que a todos nos ha sucedido algo parecido.

Uno de mis mejores amigos, quien me mató literalmente el hambre, que me impulsaba a seguir en los momentos depresivos, de un día para otro, se convirtió en mi más feroz detractor. Pero grueso. Después de haberme cobijado en una etapa en que era yo perseguido por el sistema, proporcionarme cama y alimento. Acompañarme a las puertas de mi depa para que las fuerzas oscuras de la SUCIEDAD no me apañasen.

Los yucatecos somos muy dados a dejarnos llevar por juicios de oídas. En este caso particular, por lo que he logrado averiguar, sucedió que un mamarracho, que dice ser “pueta”, al que yo le inventé tal título, y el entorno contribuyó, ya lo es, al menos de nombre. Da cursos, incluso ha ganado premios estatales de “poesiya”, con el método de “el rompecabezas”. Me consta. Compra o compraba el diario español “El País”, subrayaba las palabras más extrañas o rimbombantes, abría libros y subrayaba al azar cualquier palabra. Entonces, colocaba dichas palabras y hacía un “jaranxac”. Me cagué –perdón- de la risa cuando algún crítico literario dio su personal interpretación a aquel desmadre. Bajo la premisa de mientras menos se entiende más mejor, interpretaron aquello como imágenes, sublimaciones. Como eran sus broders y yo el enemigo -hasta hoy no sé la razón-, cultivaron a una dama ingenua para darle el premio y a su sister, que no lee ni el ex Yucatán, el segundo lugar. Todo para darme en la cabeza. Pues bien, este imbécil expandió la especie de que yo era amante de mi amigo... lo malo es que éste lo creyó. Esto es lo que he medio averiguado.

Regresando al tema de la caída mal gratuita, el domingo pasado, día 17 de mayo, por azares del destino, fui a dar al café “La Giralda”, situado en el mero corazón del mercado grande. Había estado allí anteriormente. Desde el instante que tomé asiento, noté que la mesera, una ñora entrada en años, no agradele, de gratis. Como por prescripción médica no tomo café –yo que fui gran cafetero- le pedí un refresco de sabor. Al mirar el tiempo pasar sin que ella me sirviese, pues abrí la nevera y agarré un “oranshito”. Divagaba mi mente en cuestiones diversas. Entonces llega el maestro González y se sienta en mi mesa. Aclaro que a dicho café, muy barato y con cuyo dueño fundador me ligaba amistad por su hijo, Miguel Cardín, acuden muchos AA para matar el tiempo y no mamarse. El maestro llama a la gorda mesera y pide su café, yo, harto de refrescos, le pedí un vaso de agua –la cara de mierda de ella no había cambiado para conmigo- a lo que me respondió que no había agua natural. Voltee a ver, y en todas las mesas estaba la greca –recomendable: tres pesitos- con su respectivo vaso horchatero de agua natural. Se lo hice ver, pero la tránsfuga de la batea casi me pega al recalcarme que no había agua. Bueno, le dije, dame aunque sea de la llave, en estos tiempos de influenza. Con su carota, me lo trajo, más bien por quien compartía mesa. Como he sido amigo de meseros más hijueputas que ella, no tomé un trago. Seguro como estaba del gargajazo.

Es una llamada de atención a todos los dueños de este tipo de establecimientos, ya que sé, y por ahora no los chivateo, de varios. Joven Rosado, no sé cómo la lleves con tu tío Miguel y con tu papá –si ya falleció, perdóname porque hace años no lo veo- pero ni con él ni con tu abuelo, estas situaciones eran imperdonables. Aunque trabajen en una empresa privada, son servidores públicos. Ojalá el resto de tus colegas cafeteros (dueños), sigan tu ejemplo en esta época de crisis: bajar los precios.

Estudié muchas noches en casa de tu madre en la 50, donde se fabricaba el café. Saludos a tu tío Miguel.

Por esto!, viernes, 22 de mayo de 2009.

sábado, 23 de mayo de 2009

¿Cuál es el legado de Mario Benedetti?

Por Joaquín Peón Iñiguez


Yo le agradezco que se haya resistido a formar parte del batallón de la literatura emo. Uno de sus grandes méritos es haber amado la vida, el acto de resistencia, de riesgo, más grande que un poeta, que cualquier persona, puede correr. No tuvo miedo de empatizar con la naturaleza, de enamorarse una y mil veces, de sufrir y de alegrarse, de ser un gran amigo, de luchar las grandes batallas y perderlas. ”(…)pero si/ pese a todo/ no puedes evitarlo/ y congelas el júbilo y quieres con desgana/ y te salvas ahora/ y te llenas de calma/ y te reservas del mundo/ sólo un rincón tranquilo/ y dejas caer los párpados/pesados como juicios/ y te secas sin labios/ y te duermes sin sueño/ y te piensas sin sangre/y te juzgas sin tiempo/y te quedas inmóvil/al borde del camino/y te salvas/entonces/no te quedes conmigo.”

La obra de Benedetti contiene lo mejor y lo peor de la literatura latinoamericana del Siglo pasado… pero todo en versión light. Digamos por ejemplo que La Tregua, uno de sus libros cumbres, no le llega a los talones a El Túnel de Sábato, otra novela breve escrita unos años atrás, de estructura diarística, pero con mucho más malicia, con un argumento mucho más sólido y un estilo más permisivo. Sus mejores poemas paisajísticos, del alma y de la tierra, se quedan enanos junto a las residencias en la tierra de Neruda. Sus mejores poemas de amor son tan cursis y tan faltos de ideas como el Neruda de los veinte poemas de amor y la canción desesperada. Batalló por su ideología política, pero nunca se comprometió como Ernesto Cardenal. Tampoco alcanzó los matices de Bolaño, sus testimonios del exilio ni siquiera se pueden comparar. No perfeccionó el cuento como Cortazar, ni el humor de Monterroso, ni la inventiva borgiana. Excepto en las ventas, siempre fue una figura secundaria de nuestra literatura.

La mayor utilidad que se le puede dar a su trabajo es incorporarlo a un programa básico de lectura en secundarias y preparatorias junto a otros autores de fácil digestión que parecen seducir a la juventud. Casi toda la obra de Sabines. Toda la basura de José Agustín. Algunas facetas de Kundera y Saramago.

¿Cuál es entonces el legado de Benedetti? Pienso en esos jóvenes preparatorianos que se enamoran por primera vez y que nunca se van a enamorar igual, el sentimiento es nuevo, les hierve la sangre y los abruma. No pueden reconocerlo, como una tribu aislada en la selva no podría reconocer la ciudad. Pero hay un poeta por ahí que encontró las palabras que a ellos les faltaban. Esas mismas palabras las usó un oficinista para seducir a la chica del cubículo de enfrente y las usaron mujeres con el corazón partido para volver a creer en el amor. Esos son los lectores de Mario. Contrario a lo que opina un sector de la crítica, no tiene nada de qué avergonzarse.

joaquinconacento@gmail.com

Beber y pintar sólo empezar...

viernes, 22 de mayo de 2009

¡Ay, Benedetti!

Por José Díaz Cervera

Nunca me convenció la poesía de Mario Benedetti. Antes bien me causaba cierta repulsión pues, como buen adolescente presuntuoso y medianamente culto, pensaba que los versos del uruguayo eran pastura para ignorantes literarios. Hoy día pienso casi lo mismo.

Tuve oportunidad de ver a Benedetti y a Nacha Guevara en el Teatro de la Ciudad, más o menos por 1980. Aunque, como ya se esbozó, mi opinión —tan burda hoy como entonces— sobre la poesía del autor de “Poemas de otros”, no cambió sustancialmente, su imagen de tío bonachón generó en mí una gran simpatía.

Mario Benedetti es un caso curioso en la cultura latinoamericana. Su sencillez estilística rayana en la simplicidad, al aproximarse a los experimentos antipoéticos de Nicanor Parra, hizo que mucha gente volteara los ojos a la poesía, en un medio cuyo imaginario poético estaba muy lejos de ella, sobre todo después de las oleadas vanguardistas que alejaron a la poesía de los grandes públicos.

Los versos de Benedetti “se entienden”, como decía una buena amiga, y además no están comprometidos con un lenguaje amelcochado y lleno de los lugares comunes de cierta poesía que a veces nos daban a leer en la secundaria y en la preparatoria.

Con Benedetti, el lenguaje amoroso de la izquierda adquirió una personalidad definida en la primera mitad de los años setentas (si te quiero es porque sos / mi amor mi cómplice y todo / y en la calle, codo a codo, / somos mucho más que dos…), dándole sustancia con ello a una emoción que no siempre podía acomodarse en un abanico ideológico donde la lucha por la justicia era una razón de vivir.




Más allá de algunos giros poco afortunados (Ustedes cuando aman al analista van…), y aun a pesar de ellos, Mario Benedetti se erigió en un ícono de la literatura latinoamericana por su verticalidad ideológica, que no conoció devaneos con su circunstancia de hombre célebre. Allí no hubo quien no lo admirara ni le negara reconocimiento alguno.

Como narrador, el mejor Benedetti es el de “Gracias por el fuego”, aunque indudablemente su novela más popular es “La tregua”, que dio lugar a algunos de sus poemas más célebres, y hasta a una película verdaderamente deleznable.

En otros terrenos, el uruguayo nos legó una serie de reflexiones importantes sobre Hispanoamérica y su literatura, en varios ensayos donde llamó la atención en torno al llamado “boom” latinoamericano y a los compromisos del escritor en una región llena de desigualdades, acosada por el neocolonialismo y flagelada por las dictaduras que hicieron del terror una forma de la rutina.

Benedetti entendía la necesidad de hacer literatura antes que panfleto, en una región que no sólo tenía que verse como un tema sino, fundamentalmente, como un problema que nos remite a la necesidad de la autointerpretación. El autor de “Inventario” era en ese sentido un modelo de radicalidad, pues para él las naciones subdesarrolladas debían construir una ética y una interpretación históricas que operen desde la rebeldía para romper el círculo vicioso del pensamiento colonial.

Más allá de gustos y preferencias literarias, la muerte de Benedetti me ha dejado triste, con una tristeza que está más allá de las ganas de sumirse en el silencio.

América, esa tierra que José Martí escrituró para nosotros, ha perdido a uno de sus grandes defensores.

Homenaje a Sergio Pitol

XALAPA.- La Universidad Veracruzana le rendirá homenaje a Sergio Pitol, autor de obras como El arte de la fuga, Pasión por la trama, El viaje, o El mago de Viena y traductor de autores como Jane Austen, Joseph Conrad o Henry James. El homenaje se llevará a cabo en el marco del Primer Festival de la Lectura que se llevará a cabo en Xalapa –donde vive Pitol- del próximo 22 al 31 de mayo. Sergio Pitol, quien también se desempeñó en su juventud como diplomático, fue recipiente del Premio Cervantes en su edición de 2005. La Universidad Veracruzana ha descrito el festival como un encuentro que busca promover la lectura de una colección seleccionada y dirigida por Pitol mismo, la Biblioteca del Universitario. Agustín Del Moral, quien está a cargo de la editorial de la Universidad Veracruzana, afirmó: “Se trata de una colección dirigida por Sergio Pitol, paradigma del literato en su más amplia y rica acepción. Se trata de una colección de clásicos de la literatura y de otras disciplinas humanas que busca tender un puente firme y duradero entre sus potenciales lectores y la lectura, como una actividad placentera y humanizadora”. En el mismo festival se encontrarán autores como Carlos Monsiváis, Juan Villoro y Anamari Gomís.


Tomado de Diario La Tempestad.

jueves, 21 de mayo de 2009

Se detiene el mundo

Por Hortencia Sánchez


Hace unas cuantas noches llegó junto a mi cama mí hijo para decirnos: Murió Mario Benedetti, lo acabo de ver en Internet. Yo tenía el televisor encendido; lo apagué, cerré los ojos y la lluvia bañó mi almohada. No hay nada que hacer, se ha ido un gran creador; cuántos estarán llorando conmigo.



Mario Benedetti (1920-2009)



Mirando las noticias en televisión, la noche siguiente, me duele ver la poca importancia que le dan a su partida. Si acaso le dieron un minuto para hablar de su trayectoria, de su andar, fue mucho.

En cambio mi querido Por Esto! le dedica páginas y páginas para decirle adiós. Entiende que muchos queramos escribir acerca de su trayectoria, de sus letras.

El mundo se detiene cuando los grandes hombres lo abandonan, no obstante que nos dejen sus palabras, sus imágenes, las miles de sensaciones que nos obsequian, con sus grandes pensamientos, con la capacidad que tienen de reinventar un mejor mañana, un mejor presente cubierto de palomas, de aire, de amor.

Ojalá la partida de grandes seres humanos nos lleven a la reflexión de qué estamos haciendo con las propias luchas, con los propios sueños, con nuestro paso por la tierra.

Hoy nuevamente se detiene el mundo, mi pareja me llama diciéndome, me mandaron un correo: Murió “Che” Rulo. Escucho su llanto y no puedo contener el mío. Mi hija me pregunta extrañada: ¿Qué pasa? -Se nos adelantó Rulo. Ella comprende y también desborda sus pequeños ojos.

En mis pensamientos siempre ha estado este hombre de escena, de teatro, Raúl Domínguez, fundador del grupo ENSAYO, con su compañera Patricia Ostos. Él vivió durante muchos años en esta calurosa ciudad, lejos del frío de su Neuquén, en su natal Argentina. Muchos en él miraron a su ideal de hombre de teatro a alcanzar.

Lo quiero grandemente; no pocas veces estuvo en casa conviviendo con nosotros y los hijos, dando lectura a varios poemas; si alguien sabía decir poesía era él. Me gustaba su coraje, su lucha por encontrar mejores condiciones para los teatreros. Un día se hartó y regresó a su país, allá continuó en los escenarios, nunca los dejó.




Raúl Domínguez (1945-2009)



No olvidemos a los amigos si están a nuestro lado, compartamos sueños, luchas, trasformemos el mundo, cambiemos lo que no nos gusta. Es cierto que la muerte es lo único seguro, pero al menos quedemos vivos en el pensamiento y afecto de los que como nosotros creyeron que el mundo era factible de cambiar.
¡Hasta siempre, Ché!

Recibe todo el respeto y amor de Francisco Solís, quien te llora amargamente ya que en ti reconoce a su mejor amigo, el que fuera su imagen para lograr ser un buen hombre del teatro.

De mi parte la admiración por nunca olvidar como alzaste la voz, para decir que no era justo que a la gente de teatro no la trataran con respeto y honestidad, otorgando un pago justo por su trabajo. Hace un mes mencionaba que extrañaba tu presencia, ahora me dueles más por saber de tu partida.

Recibe de mi hija Desireé la admiración a tu persona, y de mi pequeño hijo Raí el recuerdo de cuando alguna vez nos dijiste el poema Hombre preso que mira a su hijo, y por lo tanto te admiró y quedaste grabado en su recuerdo. Esa noche todos lloramos, como lo hacemos hoy.

Que los ángeles, las hadas y Dios guíen tu camino.

Tu recuerdo queda entre nosotros como un gran amigo y creador de escena.

Los artistas van, como los mayas, a un cielo mejor. Ahí estarás, junto a Benedetti, quien ahora escuchará de tu propia voz su poema:



Cuando era como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia
a quién se le ocurría en un país
donde los presidentes andaban sin capangas
que la patria o la tumba era otro pleonasmo
ya que la patria funcionaba bien
en las canchas y en los pastoreos
realmente botija no sabían un corno
pobrecitos creían que libertad
era tan sólo una palabra aguda
que muerte era tan sólo grave o llana
y cárceles por suerte una palabra esdrújula
olvidaban poner el acento en el hombre
la culpa no era exactamente de ellos
sino de otros más duros y siniestros
y éstos sí
cómo nos ensartaron
con la limpia república verbal
cómo idealizaron
la vidurria de vacas y estancieros
y cómo nos vendieron un ejército
que tomaba su mate en los cuarteles
uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede
por eso estoy aquí
mirándote y echándote
de menos
por eso es que no puedo despeinarte el jopo
ni ayudarte con la tabla del nueve
ni acribillarte a pelotazos
vos sabés que tuve que elegir otros juegos
y que los jugué en serio
y jugué por ejemplo a los ladrones
y los ladrones eran policías
y jugué por ejemplo a la escondida
y si te descubrían te mataban
y jugué a la mancha
y era de sangre
botija aunque tengas pocos años
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides
por eso no te oculto que me dieron picana
que casi me revientan los riñones
todas estas llagas hinchazones y heridas
que tus ojos redondos
miran hipnotizados
son durísimos golpes
son botas en la cara
demasiado dolor para que te lo oculte
demasiado suplicio para que se me borre
pero también es bueno que conozcas
que tu viejo calló
o puteó como un loco
que es una linda forma de callar
que tu viejo olvidó todos los números
(por eso no podría ayudarte en las tablas)
y por lo tanto todos los teléfonos
y las calles y el color de los ojos
y los cabellos y las cicatrices
y en qué esquina
en qué bar
qué parada
qué casa
y acordarse de vos
de tu carita
lo ayudaba a callar
una cosa es morirse de dolor
y otra cosas morirse de verguenza
por eso ahora
me podés preguntar
y sobre todo
puedo yo responder
uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere
llorá nomás botija
son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos
gritamos berreamos moqueamos chillamos
maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse
llorá
pero no olvides

Mario Benedetti





Benedetti más allá del canon




Por Jorge Cortés Ancona


Quién entiende el modo en que se mueven los valores en la Literatura. El poeta Mario Benedetti contaba con un elevado número de lectores y sus libros se difundían ampliamente a nivel internacional, algo que es muy raro dentro de la poesía hispanoamericana de los últimos 50 años.

Muchos críticos y otros poetas lo acusaban de que su poesía era muy simple, demasiado hablada (“¡Uy, parece prosa!”), demasiado clara y directa. Para muchos parecía una escritura fácil e incluso le endilgaban el calificativo de comercial.

La realidad es que esas apreciaciones negativas derivaban de rancios prejuicios. La poesía de Benedetti se refería a la vida cotidiana, en la que incluía las relaciones de pareja, la tarea oficinesca, los avatares políticos y el humor que iluminaba la rutina, además de las condiciones del exilio y una visión propia de la gente urbana contemporánea.

Fue un poeta que buscaba comunicarse realmente con los lectores, y éstos lo han seguido porque les dice algo significativo para sus vidas, porque encuentran compatibilidad con sus expectativas o cuando menos se hallan frente al planteamiento de preguntas y respuestas que inciden en su circunstancia humana. ¿Qué otra función tiene la Literatura? ¿O es que tenemos que verla como ese regodeo en el lenguaje que da pie al forzamiento expresivo que de tanto querer lucir no dice nada? ¿Debemos decir que hay temas poéticos por sí mismos y que entre ellos está excluido el de la vida diaria y el del humano común?

Hay mucho de envidia en las críticas que se le han hecho. Sobre todo de quienes dicen no buscar la fama y demuestran un ansia narcisista cuando están ante cualquier público, aunque para su desgracia es poco lo que logran calar comunicativamente más allá de un cerrado y pequeño círculo. No menospreciemos la voluntad de los lectores ni tampoco las lecturas que les resultan sinceramente interesantes. No podemos negar el hecho de que Benedetti ha podido transitar a través de las generaciones, algo que tantos fenómenos literarios masivos no han podido lograr ni con toda la carga mercadotécnica o de respaldo político.

Los poemas de Benedetti tenían una apariencia de facilidad, pero se sostenían en una cuidada expresión. Se componían de versos alejandrinos, endecasílabos, heptasílabos, octosílabos, en series de un solo tipo de verso o combinados a libertad del poeta, o bien, desarticulando el verso medido. Su coloquialismo no era nunca vulgar y sabía nutrirse del habla popular rioplatense. La estrategia retórica era lo suficientemente eficaz para lograr persuadir con esa faceta de sencillez.

Hay otras partes de su obra que también son de interés. Era un narrador sólido y los casos de “La tregua” en la novela y “Montevideanos” en el cuento constituyen textos que se vinculan fuertemente a la realidad de todos nosotros, pedazos de vida que van cobrando significación dentro de su condición cotidiana. Es de notar también que Benedetti haya practicado recursos de otros tiempos, como el hecho de haber escrito una novela en verso, que es “El cumpleaños de Juan Ángel”.

Aparte, era un crítico incisivo. Mucho aprendí acerca de sus apreciaciones acerca de los poetas y narradores latinoamericanos o acerca del devenir de la cultura en función de una posible revolución social y política. Su crítica destilaba agudeza, con capacidad de observación y de analizar detalles que por lo común nos pasarían inadvertidos. Sin embargo, un pero que habría que hacerle era que a veces un excesivo prurito ideológico lo exacerbaba y lo hacía perder la objetividad, al grado de minimizar a autores como Borges o Vargas Llosa, subordinando lo que su obra puede tener de valor humano a las manifestaciones de su concepción ideológica.

Raro es que un autor se distinga en los cinco géneros literarios y Benedetti es justo un caso de ello. Menos conocida es su labor de dramaturgo y una obra como “Ida y vuelta” de los años 50 tiene mucho que aportar a tantas creaciones actuales que creen estar descubriendo el hilo negro. Si ahora se emplea el recurso del video y el power point, Benedetti empleó teatralmente el proyector de cine y el de diapositivas, además de estructurar eficazmente las acciones con un ritmo que no hacía perder el interés. Otra obra suya fue “Pedro y el capitán”, bastante maniquea en su planteamiento pero que en el terreno pragmático contribuyó en gran medida a crear conciencia acerca de la desgracia de las dictaduras y el siniestro mundo de la tortura en Latinoamérica.

Benedetti estuvo de visita en Mérida en 1982. Era un hombre accesible, de sonrisa bondadosa, más bien bajo de estatura. Hubo una larga cola en la Librería Dante esa mañana para saludarlo, hacerle alguna pregunta y solicitar su autógrafo. Recuerdo que me firmó “Primavera con una esquina rota” –cuya promoción era el motivo de su visita- y “Pedro y el capitán” (en tiempos malos tuve que mal venderlos con todo y la firma) mientras que a mi hermana Lourdes le firmó “Montevideanos” y “La tregua”, que sí están a la mano aún. Por la noche leyó sus poemas en Colón con Reforma ante un público numeroso y entusiasmado.

De visita varias semanas en Montevideo, hace seis años, tenía la encomienda de entrevistarlo. Me dijeron que acostumbraba caminar por la Avenida 18 de Julio, llena de gente y de librerías, pero aunque iba yo ahí casi a diario no me lo pude topar. Averiguando más, me enteré decepcionado de que estaba en Madrid en esos días. Claro, por sus problemas de salud tenía que huir de los húmedos vientos subpolares del invierno austral para irse al sequísimo calor castellano. Sus libros estaban en todas partes. No había montevideano que no lo conociera o que no se supiera cuando menos algunos versos suyos.

Mario Benedetti es un escritor cuya fama se debate entre dos grandes polos. El de un cariño real de los lectores, la admiración ferviente de su pueblo uruguayo (con grandes sectores en otros países de habla española) y por otro lado el pequeño mundo de la represión encubierta que tanto daño hace a la difusión de la literatura y el arte. Hay que desconfiar de los que se niegan a hablar y a escribir con claridad. A los que no tienden la mano a sus potenciales o reales lectores.

Tal vez importe poco cómo irá ascendiendo la reivindicación de Mario Benedetti en el controversial canon literario de Nuestra América, mientras su obra siga siendo leída amplia y efectivamente aun con el paso de las generaciones.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Las toronjas de Mariquita


Por Jorge Cortés Ancona



Entre tantas imágenes del cine mexicano que recordamos con agrado estaba la de Joaquín Pardavé en su chistoso papel de travestido a la fuerza. Lo recordaba yo en ese papel femenino rechazando “un ponchecito”y pidiendo de beber un habanero triple, tratando de cruzar la pierna al modo masculino y defendiéndose con astucia del acoso de otro holgazán como él que lo veía como una dama millonaria. Era “Doña Mariquita de mi corazón”, dirigida por el propio Pardavé y donde la también travestida Silvia Pinal no convencía ni un milímetro en su papel de joven varón.

Conseguí un video de la película, un video legal porque me niego a ver videos o libros piratas, y esperaba ver varias de las escenas que recordaba. El estuche indicaba una duración de 100 minutos, sin embargo el tiempo exacto marcado por el aparato de DVD fue de 87 minutos. Me dio tristeza, no encontrar algunas de las escenas que esperaba ver, como la de la toronja partida a la mitad que una mucama le llevaba todas las mañanas a su cuarto. Las toronjas hacían femeninamente creíble el rollizo cuerpo de Ubaldo-Mariquita y cuando en algún momento se le olvida ponérselas a tiempo y abre la puerta su cortejador, éste se queda sorprendido del pecho plano bajo el vestido, diciendo algo así como “Pero, doña Mariquita, ¿qué le pasó?”.

Ninguna escena relacionada con las toronjas de Mariquita aparece en el video que vi. Tampoco otras escenas que recordaba vagamente, como la de pedir de beber “algo que raspe” o fumarse un habano, las cuales daban un carácter grotesco a su papel femenino. Puede ser que estas escenas aparecieran de una forma distinta a como yo las recordaba, pero la de las toronjas sí que estaba. (¿O me estaré equivocando de película y hay otra de Pardavé por el estilo?).

Una situación parecida me ocurrió hace varios años, en los tiempos dominantes del formato VHS, con la película “Río Escondido”, una de las cintas más bellas que me haya tocado ver, con muy buenas actuaciones y una producción visual memorable.

En la primera ocasión que la vi, la película estaba llena de saltos bruscos en la historia y había escenas que no se entendían del todo bien. Meses después, al verla en la televisión, me pude dar cuenta de que la versión de video estaba cortadísima, debido a que muchas secuencias habían sido mutiladas. En esa proyección televisiva toda la película lucía coherente, sin ofrecernos dudas en cuanto a la historia. Malpensado que soy, me atrevo a pensar que la mutilación obedecía a que se trataba de la lucha entre una maestra rural y un cacique en tiempos del presidente Lázaro Cárdenas.




Volviendo a Pardavé, me encontré con otra de tantas películas donde actúa, que es la de “Mi campeón”, dirigida por Chano Urueta. El tema gancho es el boxeo, pero en el fondo es más importante el tema de la adopción y sus problemas de identidad familiar y personal. El filme tiene los ingredientes que hacían felices a los mexicanos de esos optimistas tiempos: mucho humor, buena dosis de melodrama, canciones, bailes chuscos, escenas deportivas, en fin, un coctel que me hizo reír varias veces y soltar con resistencia una que otra lágrima.

Por una indebida confusión, no sé si por razones comerciales o por puro desconocimiento, en los créditos del estuche o cuja aparecen los nombres de Pardavé, de Rosita Arenas y de Libertad Lamarque, cada uno debajo de una foto donde están juntos los tres protagonistas de la película. El error está en poner el nombre de Lamarque (que aparece sólo en una escena puramente incidental de la película) donde debe estar el de la también argentina Niní Marshall. A esta actriz no se le da crédito en ningún lado en el estuche, cuando ella es el alma de la película.

Qué actriz. Actuando como una gallega dueña de una taquería, ofrece verbal, gestual y corporalmente un papel inolvidable. Cuando ríe nos contagia y cuando se pone triste nos conmueve. Tiene un vago, pero muy vago, parecido físico con Libertad Lamarque y de ahí tal vez la confusión (y también me parece la combinación de dos señoras que conozco).

Busqué en internet acerca de Niní Marshall (1903-1996) y pude entender porqué no es tan conocida en México, ya que sólo actuó en ocho películas mexicanas, entre 1949 y 1955 mientras que en Argentina era toda una institución, considerada la mejor actriz cómica de su historia cinematográfica, teatral y radiofónica.

La película “Mi campeón” (que ahora sí estuvo completa en sus 114 minutos) tiene sus virtudes en muchos sentidos. Las escenas de Niní-Cándida frente del ring o dentro de él –como cuando quiere pegarle a su marido Chóforo-Pardavé en plena pelea de box- son muy divertidas. Es una lástima que la industria mexicana del video no ofrezca siempre las películas íntegras ni la información completa acerca del reparto y otros datos de ubicación de cada filme.

Por esto!, martes, 19 de mayo de 2009.
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