martes, 31 de marzo de 2009

Te regalo mis años

Por Hortencia Sánchez

Empezaré por contarte que, como siempre, lo lograste. Durante todos estas horas, días, años, que han trascurrido de tu partida, continuamos escuchando, en voz de muchos hombres y mujeres, tus palabras, tu poesía amorosa. No dejamos de mirarte con tu rostro serio y ojos iluminados, fumándote a la vida. Yo, en lo particular, te extraño mucho; intento traerte a mi recuerdo y suelo utilizar muy seguido tus imágenes, tus poesías, tus pedacitos de nube y cielo. No olvido la sensación cuando escuchamos hace muchos años la noticia, Jaime Sabines se ha ido. Fue como una cubetada de agua que nos cubrió por entero, dejándonos temblorosos, helados, fríos.

No te olvido porque cada mañana que me levanto y abro los ojos, pienso que de verdad tenemos mucho que agradecerle a esta pinche vida, y es necesario escribirle, correspondiéndole a la oportunidad que nos otorga de mirar a los hijos cual pedazos de sol, dejándonos un poco ciegos ante su gran resplandor, a los amigos, que tantas veces nos duelen hondo, por sus desilusiones, traiciones o esperanzas, a mis padres y mi eterno amor que muchas veces dejó un tanto solos, pero que viven por siempre tatuados a mi corazón.
Gracias, gran poeta, hombre que me enseñaste que para hablar de amor, de dolor, de pasión, es importante vivir para algún día morir con las letras pegadas al cuerpo, pero con el alma libre, plena y de esta manera arropar la historia, la memoria de tantos hombres y mujeres que, como siempre, te recuerdan.
Sé qué no será sólo este año el año de Jaime Sabines. Para mí eres todos los días, cuando late muy lento mi corazón y temo partir dejando atrás las pequeñas manos de mis hijos, cuando descubro una sutil arruga más habitando mi rostro y le digo a mi hijo que ésta no es verdad, que mis amigos y conocidos ya se ven un poquito maduros, pero que yo apenas empiezo en la fiesta de la vida.
Tú permaneces muy cerca de mí porque cada vez que te leo mis ojos se limpian, miran con más claridad y no encuentro más respuesta que tenerte como siempre entre nosotros, robarte un poema y compartirlo con muchos que todavía te aman, te respetan y te sueñan.

Hasta siempre, mi
gran poeta, Jaime Sabines.

domingo, 29 de marzo de 2009

En Kinchil, con Felipa Poot

Por Jorge Cortés Ancona

Una jornada de homenaje se rindió en su pueblo natal a la luchadora social Felipa Poot, quien fuera asesinada de manera infame, hace 73 años, por defender a su gente contra la opresión del poder económico y político imperante en la época.


En la Escuela Secundaria de Kinchil que lleva su nombre y con la presencia de la hija, nietos y sobrinos de la prócer, el pasado viernes 27 de marzo se llevaron a cabo tres actividades de distintas disciplinas pero con un fin común; en concreto, una ceremonia cívica, la develación de un mural en grafiti y la puesta en escena de una obra teatral. El personal docente y el alumnado pudieron participar, de esta manera, en una jornada de toma de conciencia respecto a las condiciones sociales y culturales de esta tierra, en el pasado y en estos tiempos que corren.


Es significativo que el mural se ubique en la entrada, en el obligado paso hacia las aulas. Durante dos días, los alumnos pudieron ver el proceso de elaboración que les permite contar con un elemento cultural de alto valor simbólico, que seguramente habrán de respetar y preservar contra cualquier eventualidad natural o política a futuro. En la obra plástica, el rostro de Felipa Poot se impone sobre un fondo turquesa de grifos mayas, y esta oportunidad de conocer un rostro que se ha ocultado se lo debemos a Mare y a otro artista del grafiti cuyo nombre no pudimos averiguar.
La obra teatral, a su vez, estuvo a cargo del grupo “Chan dzuunun” (“Pequeño colibrí”), de Oxkutzcab y bajo la dirección de María Luisa Góngora Pacheco. El tema es la vida de Felipa, desde su nacimiento hasta su heroica desaparición física. Hablada en maya y en español, según se trate de los campesinos o de los que representan a alguno de los poderes políticos, vimos una obra espontánea, de escenas breves, representativas de un ambiente social del campo. Salvando sin problemas el hecho de actuar en un espacio alternativo (el pasillo de entrada a la escuela), el grupo teatral logró enganchar a los jóvenes espectadores a su propuesta.


Tiene mérito que esta obra didáctica haya sido escrita especialmente por María Luisa Góngora para este evento, luego de haber estudiado la vida de Felipa Poot. Breve en su duración, con integración de actores de diversos grupos de edad (desde niños hasta ancianos), cumple su función de ilustrarnos acerca del papel intelectual y político que jugó la heroína. Una recomendación si acaso, que le manifesté a la autora a petición expresa suya, fue que -siguiendo una aguda observación aristotélica- no me parecía conveniente que el asesinato se mostrara ante los espectadores, sino que debía hacerse por algún medio fuera de escena (un balazo y un grito, una narración sucinta de otro personaje) para después, sí, mostrar la escena de la heroína agonizante, con su persuasivo parlamento final. Es sólo una recomendación en mi mera calidad de espectador.


Fue muy interesante tener presente también la reacción de los numerosos adolescentes, que circundaban el espacio escénico alternativo. A pregunta directa de María Luisa antes de iniciar la representación, nadie reconoció hablar el idioma maya. Pero no dudamos que han de haber entendido perfectamente lo que se decía. La burlona arrogancia de algunos de los secundaristas se fue transformando en una actitud de respeto hacia lo que se les estaba transmitiendo. El recurso de los carteles donde se exigía respeto a los derechos humanos, a evitar la violencia contra las mujeres y a cumplir con el deber de dar a Felipa Poot una tumba digna en un cementerio digno (ya que al parecer fue enterrada en una fosa común), cerró la serie de los convincentes mensajes.


En este mundo urbanizado y galopantemente occidentalizado en que se vive, fue un sacudón para los jóvenes que se les presentara una realidad donde el maya y la vida campesina yucateca siguen vivos y poderosos. Una conciencia histórica y artística acerca de valores que son locales, pero que se proyectan a una verdad universal.
Esta jornada se realizó gracias a la Escuela Secundaria “Felipa Poot” y al Colectivo de Pensadores Mayas “Felipa Poot”, que contaron con el apoyo del Ayuntamiento de Kinchil y de las áreas de Operación, de Literatura y de Patrimonio Cultural del Instituto de Cultura de Yucatán.


Ahí saludamos a la fotógrafa Socorro Chablé, a Edgar Rodríguez Cimé y a Carlos Gómez Sosa, entusiastas promotores del evento. También estuvieron presentes el Dr. Jorge Victoria Ojeda, en representación de Renán Guillermo González, director general del ICY y el Lic. Luis Solís Vázquez, director de la Biblioteca Central “Manuel Cepeda Peraza”, así como varios maestros de Kinchil. De regreso a Mérida, al poniente de la ciudad, tuvimos la sorpresa de pasar por una barda donde se veía otro mural en grafiti, con el rostro de Felipa junto al de Carrillo Puerto.


Este homenaje no será flor de un día. La personalidad de Felipa Poot y de otros luchadores sociales de la Historia de Yucatán seguirá siendo promovida por diversos medios.



Por esto!, sábado 28 de marzo de 2009.

Los lenguajes en El Quijote

sábado, 28 de marzo de 2009

Todo se lo debo a mi manager...

José Díaz Cervera


Murió el “ratón” Macías, uno de los grandes héroes deportivos de México y probablemente el primer producto mediático del deporte nacional.


Nacido en 1934, en el barrio populoso de Tepito, donde se tejió la leyenda boxística de nuestro país en la segunda mitad del siglo XX, Macías constituye uno de los personajes más interesantes de la cultura mexicana.


De origen humilde, el boxeador tepiteño se convirtió en uno de los más grandes ídolos nacionales en la década de los cincuenta, pues en él se encarnaban muchos de los anhelos colectivos y muchas de las fantasías de una población que no acababa de ver los frutos de una larga lucha revolucionaria y que más bien estaba comenzando a desesperarse.


El “ratón”, más que un peleador espectacular o extraordinariamente valeroso, cumplía muy bien las expectativas de un pueblo que tenía en la lucha de David contra Goliat una noción vicaria de sí mismo y de su relación con el mundo.Con todos los ingredientes a su favor, Raúl Macías se acomodó perfectamente dentro del engranaje mercadotécnico de la radio (y después de la naciente televisión), formando parte importante de la relación que establecieron desde entonces estos medios con el deporte, de tal manera que, junto con la solvencia sobre el ring del boxeador, se desarrolló toda una estrategia fundamentada en el carisma del personaje público cuyo éxito servía también como ejemplo y testimonio de gratitud.


Así, en la frase popularizada por el ídolo de Tepito, quedaba compendiada una manera de enfrentar la realidad, donde la grandeza se ve ennoblecida cuando se ejerce con humildad: “todo se lo debo a mi manager…”. Ahí estaba entonces la versión alternativa al “self made man” de los gringos.


El “ratón”, con un certero gancho al hígado, o con un “cruzado” de derecha, les demostraba a los gabachos lo absurdo de su individualismo. Aquí lo que vale es la raza, donde somos todo o ninguno; detrás del hombre que empuja el guante hacia el pómulo del enemigo, están la vecindad, la calle, la cuadra, la colonia, el pueblo entero que mira cómo cae a sus pies el contrincante, abatido por esa energía oscura que se conjuga en el golpe seco: “todo se lo debo a mi manager…, a la Virgencita de Guadalupe…” Era un México que, desde los medios electrónicos, se quería limpio, aséptico y lleno de espíritu deportivo; sin la leyenda negra de los ídolos de antaño a quienes se sacaba de la pulquería para subirlos al ring a dar batallas dignas de cualquier Ilíada.


El “ratón” era el modelo que después intentaría reciclarse en otros boxeadores como Vicente Saldívar o Salvador Sánchez.Su coronación como Campeón Mundial, en 1955, frente al tailandés Chamroen Songkitrat, en combate efectuado en la ciudad californiana de San Francisco, paralizó a todo México y fue probablemente el gran evento mediático relacionado con el deporte en los años cincuenta, junto con la pelea celebrada el año anterior en la Plaza de toros México, donde el de Tepito derrotó al estadounidense Nate Brooks, para obtener el Campeonato de peso gallo de Norteamérica.La combinación de carisma, buen boxeo y un adecuado manejo mediático, hicieron del “ratón” Macías un ídolo de las multitudes, en un México que buscaba abrirse paso hacia la segunda mitad del siglo XX, con un proyecto de desarrollo que, durante los primeros años de la década de los sesenta, parecía ponernos cerca de un mundo de bonanza y justicia que hasta ahora seguimos esperando.

diacervera@gmail.com





Por esto!, jueves, 26 de marzo de 2009.

jueves, 26 de marzo de 2009

18 años

Por Jorge Cortés Ancona

Cuando tendemos la vista en los desayunos del POR ESTO! cada 21 de marzo, destaca —junto a los esforzados campesinos, la clase política y los representantes empresariales y religiosos— la presencia de un amplio número de académicos, escritores y artistas. Esto se explica porque a POR ESTO! lo distingue, entre otras muchas cosas, la diversidad de disciplinas, gustos y corrientes de pensamiento.


Es larga la lista de temas que se han tratado a nivel masivo por primera vez en las páginas de este periódico. Lo mismo si se habla de temas de salud reproductiva que de problemas psiquiátricos, que si se defienden las costumbres de antaño que las del entorno cotidiano actual, que si se celebran las muestras virtuosas o curiosas generadas en lengua española que de las generadas en maya, lo mismo si se hace referencia a las manifestaciones culturales alternativas que las que corresponden a las tendencias canónicas y a las experimentales. Todos estos temas se han tratado con libertad tanto de ideas como de estilo.


Encontramos posiciones encontradas pero que, en el fondo, casi siempre confluyen en un fin común. Hallamos estilos diferentes desde aquellos que destacan en su voluntad de escribir con suma claridad, pensando en comunicarse con amplios sectores de la población, hasta aquellos que prefieren el rebuscamiento verbal, que, a fin de cuentas, también constituye un modo de expresarse.


En estas páginas se han manifestado actitudes conciliadoras ante la vida cultural del pasado, pero también rebeldes ante las circunstancias del momento. La sociedad civil ha encontrado aquí vías abiertas que han permitido una eficaz repercusión en los diferentes estratos que conforman la sociedad yucateca, incluyendo entre ello la creciente disminución del poder persuasivo de las fuerzas ultraconservadoras de Yucatán.


En un diálogo generacional, han tenido la posibilidad de publicar lo mismo personas nacidas en la primera década del siglo XX (recordamos a Peniche Vallado y a Betancourt Pérez, entre otros) que jóvenes nacidos hace unos veinte años. Un conjunto plural y multidisciplinario que, por supuesto, incluye a los mismos periodistas, pero también a poetas, narradores, ensayistas, teatreros, pintores, fotógrafos, músicos, médicos, antropólogos, economistas, historiadores, anecdotistas, en fin... En 18 años, se han concentrado casi 90 años de historia yucateca, bien vivida y transmitida.


Esta libertad de trato generacional explica mucho del interés que ha seguido manteniendo la sociedad yucateca por el POR ESTO! Entre tantas razones, porque se ha concedido espacio a nuevas generaciones sin quitárselo a nadie. Y ello dio pie para que haya habido polémicas de ideas, muchas manifestaciones de humor, crítica constructiva y análisis de hechos no conocidos o no bien percibidos en los andares rutinarios. Nuestra realidad, hecha de tantas facetas, es mirada oportunamente desde ángulos distintos, en busca de un mejoramiento integral de nuestra sociedad.


Es fuerte el peso de lo humano, sobre todo cuando hay conciencia de que la historia se construye en una adecuada conjunción de pasado y presente, proyectada hacia un panorama mundial y nacional que no parece alentador, pero al que habrá que resistir con miras a un futuro más racional, digno y justo para todos.


Por esto!, 23 de marzo de 2009.

martes, 24 de marzo de 2009

Una de poetas

Por Manuel J. Tejada Loría

Como dijera Roldán Peniche Barrera en su Yucatán Insólito dominical, el sábado pasado fue un 21 de marzo con muchas aristas. Ahí estuvo el tradicional desayuno del POR ESTO!, cuya fundación no por casualidad fue el mismo día del natalicio del prócer mexicano Benito Juárez (día que, por cierto, el gobierno espurio insiste en relegar con los caprichosos “puentes” como el lunes pasado que fue inhábil); asimismo el inicio de la primavera que, de algún modo, se reflejó en un tráfico inusitado para un sábado matutino: largas filas de vehículos en diferentes sectores de la ciudad, miles de personas en las calles yendo y viniendo, y no se puede echar en saco roto que la primavera tenga algo que ver con toda esta histeria y éxtasis colectivo.


Y por supuesto, una arista más, efeméride que se celebra desde hace menos de 10 años por iniciativa de la UNESCO, y me refiero al Día Mundial de la Poesía, un noble intento por evitar que la lectura de este género se siga relegando. Por tal motivo, la Subdirección General de Literatura y Promoción Editorial del Instituto de Cultura de Yucatán, en coordinación con el programa nacional de Salas de Lectura y Bibliotecarios del Sureste A.C., se unieron a esta celebración mundial con la realización de una lectura de Poesía en Voz Alta que se llevó a cabo, poco después del mediodía, en la Biblioteca “Manuel Cepeda Peraza”.


Con la notable participación de coordinadores de Salas de Lectura de diversos municipios y ante las fotografías de la exposición “De cara a la poesía: imágenes de poetas de México”, durante aproximadamente una hora pudimos escuchar poemas de Sor Juana Inés de la Cruz, Jaime Sabines, Mario Benedetti o Nicolás Guillén con su sonoro Yambambó yambambé.


Es necesario señalar la importancia de los coordinadores de Salas de Lectura, ya que su labor voluntaria de fomentar el acto de leer hace que actualmente, en el estado, se conviertan en los principales promotores de la poesía (y de la lectura en general), incluso más allá de los poetas y tantos escritores, siempre encerrados en sus burbujas metafísicas evitando todo contacto con la realidad.


Más allá de estas sutilezas, durante toda esta semana se llevarán a cabo diversas actividades con motivo del Día Mundial de la Poesía, entre conferencias y lecturas en voz alta. Hoy lunes 23, a las 20 horas, por ejemplo, siempre en la biblioteca Manuel Cepeda Peraza (y también en el marco del Día Mundial de las Lenguas Maternas), el profesor Donny Limber Brito May impartirá la conferencia “El uso de la metáfora en la literatura maya” y posteriormente, Marisol Ceh Moo leerá de sus propios poemas en lengua maya.


Otra conferencia que se impartirá, en estas jornadas poéticas, es la correspondiente al jueves 26 de marzo, a las 12 horas, en el audiovisual 101 de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la UADY, donde Lourdes Cabrera Ruiz abordará el tema del análisis literario con la conferencia “El discurso poético: consideraciones teóricas y metodológicas”. Al terminar se llevará una lectura de poesía entre poetas con trayectoria y estudiantes de la UADY.


Toda esta semana será de poesía y de poetas. Rodrigo Ordóñez, Marco Rodríguez, Patricia Garfias, Adán Echeverría, Agustín Abreu, Tomás Ramos e Ivi May por mencionar algunos. Habrá lecturas en voz alta en el COBAY de Kanasín, en la Estancia del ISSSTE para jubilados y pensionados (ahí en Santa Ana con Hortencia Sánchez) y en el Centro de Educación Artística CEDART. Desde luego, una labor conjunta para dar a conocer la producción artística de los poetas en Yucatán, sobre todo, para preservar la importancia que implica leer poesía.


Por esto!, lunes 23 de marzo de 2009

domingo, 22 de marzo de 2009

Conferencia "El uso de la metáfora en la literatura maya"


El mezcal de la calavera (primera parte)

Por Mario A. Carrillo Ramírez-Valenzuela


I


La leyenda dice que el arqueólogo Johan Baterbly lo halló en una antigua tumba Zapoteca en el año de 1923. Acurrucado entre collares, plumas, estatuillas, hojas de tabaco y medallones de chocolate, el esqueleto abrazaba fieramente una vasija; como si fuera el corazón del mundo o la esencia de los espíritus, los huesos de lo que alguna vez fueran las manos sostenían el recipiente de barro con sumo cuidado “esa precaución que acompaña el hálito oscuro de algunos muertos…” en palabras de Baterbly. La vasija negra tenía motivos mortuorios tales como calaveras y huesos; volando eternamente hacia la izquierda, de manera inocente y perturbadora, unos pájaros habían sido tallados en la parte superior. El arqueólogo no dudó y tomó el barro para sí.


Solo en la habitación de un motelucho oaxaqueño, Baterbly abrió la tapa de la vasija. Un vaho oloroso saltó del interior, impregnando el cuarto de un aroma a copal y maguey, la exhalación hizo que Baterbly retrocediera, pero al respirar, el arqueólogo supo de inmediato lo que tenía enfrente. “El mezcal es una bebida perentoria, un brebaje iniciático, uno se pone en contacto con las fuerzas que rigen la circulación del mundo…” Esa noche, ni los indios que vendían artesanías en el portal de la posada, ni el gerente tuerto del ojo derecho con su tierna obesidad y sus cálidas mentadas de madre, ni las muchachitas que se prostituían por obligación de sus padres, indagaron en la conciencia de Baterbly. “Yo fui, yo era, yo estaba siendo el centro del universo, con el primer trago construí el mundo, mi mundo y entonces ya no estaba en México, ni había gente extraña dando risotadas, con ámpulas en la piel y bigotes a medias; tampoco era Inglaterra y nubes borrascosas y el eco del Big Ben acosándolo a uno en cada esquina… no, mi mundo era mejor”.


Baterbly mandó hacer una botella para colocar la bebida; la forma era una estatuilla de una deidad Zapoteca, con el rostro cubierto por una máscara, la máscara de la muerte. El cristal era opaco, esto le daba al líquido un color plateado, muy peculiar al igual que el sabor “es puro, ardiente y frío, es un agua maligna, acentúa la desesperación del hombre, contradice sus pensamientos y los reformula, el sabor es la síntesis de la ideas, el paladar es la hoja donde se ensaya, se tachonéa, se borra y se impregna la sentencia mortal”


Johan Baterbly desapareció en mayo del ’53, se casó con una mulata de apellido Asbaje 20 años menor que él. No tuvieron hijos, sin embargo, fundaron la fábrica “Mezcal de Plata” que continúa elaborando la bebida y distribuyéndola por encargo. La lista de los compradores es voluminosa, los nombres que se hallan en ella son de personajes de alto prestigio, muchos de ellos polémicos intelectuales y artistas, otros, odiados dirigentes y políticos, unos menos aparentemente son desconocidos o fantasmas de la creencia popular. La mujer de Baterbly es una ermitaña y labora a la sombra de los ojos del sol. Entre los vecinos corre el rumor de que ella asesinó al marido para quedarse con la fortuna, el cuerpo, suponen, debió haber sido enterrado en alguna parte del jardín trasero. La policía no puede hacer nada, no hay pruebas suficientes para pedir una orden de cateo... No hay testigos ni indicios de nada…


sábado, 21 de marzo de 2009

Sobre la agresividad y sus orillas

José Díaz Cervera



El Crimen Organizado, el narcotráfico y la inseguridad generalizada nos van poniendo contra la pared, a veces con nuestra propia complacencia. Sectores de la sociedad esgrimen la cultura de la intolerancia para acabar con este estado de violencia generalizada, proponiendo la violencia indiscriminada como solución.


La violencia de Estado se legitima abriendo el abanico de la criminalización para que en él quepan no sólo los delincuentes, sino todos aquellos que pudieran resultar una amenaza para el orden.


Entonces ahí caben los que son diferentes, los que piensan distinto, los que creen que no vivimos en el mejor de los mundos posibles y quienes simplemente luchan con honradez por mantenerse a flote en este mundo que la ultraderecha cualificó tramposamente como un valle de lágrimas.


Pero porque no podemos, porque no debemos abrir más la puerta a la sinrazón, necesitamos comenzar a reconstruir ese espacio de solidaridad entre la palabra y el cosmos, buscando abrir con ello una puerta o un resquicio simple que nos conduzca a un mundo más habitable.


Una vez más, se trata de ganar la palabra, se trata de arrancarla de los rincones palaciegos o de los corazones enfermos de estulticia; se trata de ganar en la palabra, de servirla y de honrarla en un país donde se le escupe diariamente, en un país donde ser periodista es un trabajo de alto riesgo y ser escritor es, en términos generales, una profesión de las más despreciables, según se puede ver en la historia reciente de nuestra nación.



Una vez más, desde Puebla, la tierra del “gober precioso”, asiento de uno de los enclaves más conservadores de Latinoamérica, nos llegan malas noticias en ese sentido, pues en días pasados, en la madrugada del 14 de marzo, los escritores Federico Vite, Miguel Angel Andrade y Alvaro Solís (este último de brillante trayectoria nacional), fueron interceptados por policías locales en una calle de la capital de ese Estado, y amagados con armas largas para después ser esposados y golpeados durante casi una hora, para finalmente ser abandonados en un paraje de las afueras de esa ciudad. Durante el incidente, Vite se identificó como periodista ante lo cual los policías respondieron con una violencia potenciada por la ira: “La prensa nos ha humillado ante la sociedad, a ver si a golpes aprenden a callarse”, decían enardecidos.


Dada la relación de los acontecimientos hecha por los agredidos (la cual puede consultarse en el blog de la Red literaria del Sureste), es posible ver con claridad que la estrategia del crimen organizado es muy simple: dividir para vencer. Más allá de la constante sospecha que recae sobre el vínculo de los cuerpos policíacos con el crimen organizado, está la lucha entre el ciudadano y sus instituciones. Ahora resulta que para los policías poblanos el enemigo a vencer es la crítica, no la delincuencia, y que la causa de todos los males es la palabra que sólo trata de ser un receptáculo de lo real y no un ditirambo al servicio del poder en turno.


Otra vez en Puebla, otra vez la escuela del “gober precioso” (no olvidemos lo que pasó con Lydia Cacho, aquella “pinche vieja” a la que había que dar unos coscorrones y encerrar un rato con las “tortilleras”). Otra vez y otra vez y otra vez... hasta que encontremos las palabras necesarias para abolir el olvido.


diacervera@gmail.com

Por esto!, miércoles, 18 de marzo de 2009.

jueves, 19 de marzo de 2009

El fomento a la lectura: predicar con el ejemplo

Por Rosely E. Quijano León


Sin duda alguna, uno de los problemas educativos más importantes en la actualidad (y del que muchos docentes nos quejamos, pero poco hacemos) es la falta de hábito a la lectura. Como se sabe, esto conlleva un sinfín de problemas más como la incapacidad de comprensión lectora y la apropiación del conocimiento. Más allá de buscar culpables, porque la lista sería interminable y además, para eso de buscar culpables los mexicanos somos buenísimos, debemos hacer algo, y qué mejor que contagiar el entusiasmo de la lectura.


Es verídico que los seres humanos actuamos de acuerdo con imitaciones constantes y somos seres de hábitos, ya que todo lo que hacemos, decimos, vestimos, comemos, etc., parten de modelos que, la mayoría de las veces, son inculcados en el hogar, y otros, en la escuela o en otros entornos. Luego entonces, el problema de la falta de hábito a la lectura está en que como maestros, padres de familia, gobernantes, etc., no predicamos con el ejemplo, así de sencillo. Los niños no verían la televisión si en su casa no hubiera televisor y sus padres no la vieran. A la inversa sucede con la lectura, la gente no lee porque en los hogares muchas veces no hay libros, los papás no leen, los maestros en la escuela no leen y el resultado es obvio.


En los pocos años que tengo de experiencia como docente, he encontrado y escuchado un sinfín de pretextos del porqué los jóvenes no leen, pero algo verdaderamente inverosímil y verídico, es que muchos no tienen libros (de ningún tipo) en su casa; y es que realmente, las veces que se les ha prestado libros o se les ha dado algunos textos para leer, los leen y hasta piden más. Entonces me he dado cuenta que el afirmar que no leen por flojos o por apáticos, en muchos casos, no es real. Tal vez se podría afirmar en jóvenes que tienen todos los recursos para ir a una librería y comprar uno o varios libros, o que incluso, tienen una gran cantidad en casa y aún así no leen, pero en este caso no, son jóvenes de un nivel socioeconómico que no les permite darse ese “lujo”, aunque yo le diría esa “necesidad”.




Leer nos enriquece culturalmente, entre otras bondades que nos ofrece la lectura y que pocos conocen. Pues bien, los que las conocen tienen una misión, y no sólo para los que se dedican a la docencia, sino también para padres de familia, tíos, amigos, etc. la misión es contagiar el gusto por la lectura, como menciona Emmanuel Alvarado en su ensayo titulado “La importancia del lenguaje en el fomento a la lectura”: “Siempre será mejor que los nuevos lectores se den cuenta de lo felices que nos hacen los libros a través de nuestro entusiasmo, de nuestras sonrisas y de la pasión que le imprimimos al comentarlos... Pero no como diciendo: “Yo sí lo entiendo, yo sí soy capaz de comprender algo que tú difícilmente lograrías” (2007:23-24).


Esta cita me recuerda mucho a algunos ex compañeros de escuela que hoy se creen los grandes escritores que la historia de la literatura yucateca estaba esperando, y que se vanaglorian de los libros publicados a su corta edad, pero seguramente nunca han hecho el trabajo de fomentar la lectura, de “contagiar el hábito”, de acercarse a los simples mortales lectores que podrían potencialmente leer su obra; para ellos esto no es importante, no les interesa quiénes y cuántos leen sus libros, entonces, sinceramente creo que éstos son un fracaso; un libro sin lectores (sincontar claro a sus parientes, admiradores y amiguísimos íntimos que fomentan su egocentrismo) es un severo daño a la naturaleza y una contribución al calentamiento global.



Ahora, por otro lado, recuerdo a muchos maestros que dedican su trayectoria docente a fomentar y contagiar el hábito de la lectura, profesores que nunca publicaron ni escribieron un libro, que nadie conoce, pero que en el trayecto de su carrera lograron contagiar a sus alumnos. Por mencionar un ejemplo tenemos el caso del poeta Carlos Pellicer, quien dedicó gran parte de su vida a la docencia y se dice que, junto con otro escritor, Daniel Cosío Villegas, iban los sábados y domingos a “evangelizar” en materia de letras a los vecinos de una vecindad de Peralvillo. Personalmente puedo recordar a dos o tres maestros, seguramente todos tuvimos por lo menos uno, que inculcaron en mí ese hábito, mismo que trato todos los días de transmitir en mis alumnos, y no es tarea fácil, mucho menos con todo el desarrollo tecnológico que hay hoy. Pero como dicen por ahí: “No hay peor lucha que la que no se hace”, así que a todos los lectores: “a contagiar con el ejemplo”.



Por esto!, martes, 17 de marzo de 2009.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Nueva información desde Puebla


Piden que se publique la identidad de los cuatro presuntos agresores.


El director de Asuntos Internos de la Policía municipal, Héctor Falcón, confirmó abiertamente las agresiones que sufrieron Federico Vite, Miguel Ángel Andrade y Álvaro Solís, escritores radicados en Puebla, quienes fueron brutalmente golpeados por cuatro policías municipales el sábado a las 3:30 horas y expuso que la Secretaría de Seguridad Pública había destituido a los presuntos agresores, pero nunca se comunicó con los agredidos para que ellos corroboraran la identidad de los policías separados de su cargo.


Falcón agregó que los escritores atacados habían identificado plenamente a los cuatro agresores, pero hubo varias irregularidades en el procedimiento que siguió la Dirección de Asuntos Internos de la Secretaría de Seguridad y Trasporte Municipal, pues el pasado domingo 15 de marzo, el mismo Falcón había señalado que la patrulla en la que los agresores golpearon a Vite, Andrade y Solís no existía; de nueva cuenta hubo otra irregularidad, pues el martes 17 de marzo se publicó en varios diarios locales de Puebla que los agredidos habían identificado plenamente a los cuatro policías municipales, pero eso nunca ocurrió.


Los escritores agredidos se manifiestan en contra del procedimiento que siguió Falcón para “detener” a los policías agresores.

lunes, 16 de marzo de 2009

Sobre la agresión a Federico Vite, Miguel Ángel Andrade y Álvaro Solís

Repudiamos agresión contra escritores

 

 

A la presidenta constitucional de Puebla capital

A la comunidad artística en general

A la población en general

 

 

El día 14 de marzo, aproximadamente a las 3:30 horas, los escritores Federico Vite, Miguel Ángel Andrade y Álvaro Solís fueron víctimas de una brutal agresión policiaca en pleno centro histórico de la ciudad de Puebla capital, en México.

Lo que comenzó como una revisión rutinaria derivó en una serie de atrocidades que pusieron en peligro la vida de Vite, Andrade y Solís. Los escritores se dirigían a sus respectivos domicilios cuando fueron interceptados por cuatro policías armados, quienes descendieron de una patrulla (camioneta Dodge, cuyo número se omite para no entorpecer las averiguaciones) y de inmediato los amagaron con armas largas. Golpearon a Vite, Andrade y Solís; los esposaron, los atacaron en el piso y los aventaron a la batea de la camioneta.

Los insultos, intimidaciones y vejaciones duraron aproximadamente cuarenta minutos; el comando dedicado a salvaguardar la seguridad de los habitantes de esta ciudad abandonó a los escritores en un solitario paraje a las orillas de Puebla.

            La golpiza incluyó amenazas de muerte, burlas y encañonamientos con armas largas, además de una constante humillación y vejación a los escritores. La ira y violencia de los policías se desató cuando Federico Vite se identificó como reportero del periódico Intolerancia. Algunos de los insultos y amenazas que profirieron los policías durante el trayecto en la camioneta fueron: “¿Crees que por ser de la prensa no te podemos partir la madre?”, “la prensa se ha encargado de humillarnos ante la sociedad, a ver si a golpes aprenden a callarse”, “¿te crees muy cabrón sólo porque eres periodista, ahora vas a aprender a callar?”.

El evidente desprecio y rencor de los policías refleja la impunidad que desde hace tiempo rige este país. Recordemos, por ejemplo, que en el estado de Puebla se ordenó la persecución de Lydia Cacho Ribeiro; además, Puebla, de acuerdo con el Centro de Periodismo y Ética Pública (CEPET), es el cuarto lugar nacional en agresiones contra periodistas.  

¿Qué confianza hay en los grupos policiacos, cuando en lugar de salvaguardar la seguridad de los habitantes son los encargados de asaltar, golpear, humillar y amenazar a los civiles? ¿Cómo es posible que el Ayuntamiento de Puebla se haya gastado --- millones de pesos de publicidad e imagen y en un año de gobierno no haya invertido el mismo capital en sanear los cuerpos policiacos?

El combate a la delincuencia no exime, por ningún motivo, el respeto a los derechos humanos. La inseguridad es otra forma de evitar la libre expresión de ideas. Exigimos el irrestricto respeto a las garantías individuales de los escritores, hacemos público nuestro apoyo a los compañeros y manifestamos nuestro repudio en contra de estos hechos. Exigimos que se castigue a los responsables y se garantice la seguridad de Álvaro, Federico y Miguel Ángel.

El ultraje que sufrieron estos jóvenes representa también un agravio directo contra toda la comunidad literaria de Latinoamérica, por este medio nos solidarizamos con ellos.

 

Puebla de Zaragoza, México

14 de marzo de 2009

 

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La "RED LITERARIA DEL SURESTE México-Nuestra América" se une al repudio contra la violencia y se solidariza con Álvaro Solís, Federico Vite y Miguel Ángel Andrade

domingo, 15 de marzo de 2009

Sobre el riesgo en la literatura

Por José Díaz Cervera


Uno tendría que pensar hasta dónde vale la pena correr algún riesgo, y aun antes de ello sopesar las diferencias entre el riesgo, la temeridad y la estupidez.


Hace varios días que el asunto da vueltas en mi cabeza, como una especie de cuadro en el que algunas piezas no ajustan.


La acción simple de plantarse frente al abismo de una hoja en blanco, es en sí mismo un acto lleno de riesgos. Uno tendría que pedirle a la paciencia algún fármaco para entender que el oficio de escritor es, más que un don, una especie de fatalidad que exige de nosotros responsabilidades con nuestro tiempo y con la historia. El riesgo de poner una palabra en una hoja en blanco y de verla después circulando en alguna publicación, nos deja desnudos ante el devenir, y desnudarse es a veces un acto lleno de riesgos.


El asunto, sin embargo, se toma regularmente por otro lado, y con él empiezan a urdirse algunas trampas de las que a veces no somos concientes aunque sí responsables. En ocasiones, bajo la máscara del riesgo, se ocultan las inconsistencias de nuestra formación, la falta de disciplina, muchas carencias técnicas y una indisposición sistemática contra todo lo que pudiera suponer el trabajo arduo de dominar un oficio.


Poetas que no saben medir un verso, que no entienden la distribución tónica del mismo o que no son capaces de reconocer la diferencia entre la economía de estilo y la redacción de un telegrama, ocultan muchas veces su nulo dominio artesanal con un disfraz de audacia. Lo mismo sucede en la narrativa, donde a veces resulta penoso encontrar errores elementales en la construcción gramatical de algunas oraciones o inconsistencias estructurales en el desarrollo de una historia.


Para muchos, el prurito de la originalidad fundamenta la razón de ser del hecho literario. La originalidad, sin embargo, siempre será relativa. Se ha demostrado que el abanico de historias posibles es escalofriantemente finito y que en el ámbito de los temas no hay nada nuevo bajo el sol. Buscar la originalidad en la truculencia es mero efectismo de quien cree que revolcando a la gata en lodos de otro charco ésta se transformará como por arte de magia.


Así, por más que le doy vueltas, no logro entender este asunto del riesgo en la literatura, pues no encuentro en la historia de la misma ningún ejemplo que me permita ilustrar la cuestión.



Pienso entonces que el paracaidista que se arroja desde un avión lo hace reconociendo el riesgo natural que ello implica. Su ignorancia primigenia lo pone en una situación difícil, que lo acorrala entre el deseo, la temeridad y la incertidumbre; el dominio que le da con el tiempo la experiencia acumulada, le indica que el riesgo es sólo una manera de darle mayor alcance a la destreza, y que lo que otros ven como temeridad es sólo un saber hacer en todos sus ángulos posibles.


A estas alturas, el verdadero riesgo en la literatura es el aprendizaje del empleo de aquellas herramientas con las que pudiéramos penetrar en la expresión, sabiendo, sin embargo, que lo que natura no da, Salamanca no lo presta.


En la literatura las zonas de confort son tan nefastas como los riesgos innecesarios y la temeridad disfrazada de ignorancia.

diacervera@gmail.com





Por esto!, sábado, 14 de marzo de 2009.

sábado, 14 de marzo de 2009

Qué poca madre

Por José Díaz Cervera

Reitero que el título de esta entrega tiene toda la intención de descargar mi rabia. La metáfora se cumple puntualmente en todas sus aristas. Pocas veces las tres palabras que constituyen esta frase se habían mezclado con tanto coraje en mi garganta y habían tenido tanta capacidad de síntesis y tanta claridad: “qué poca madre…”


La historia es muy simple: a finales de octubre del año pasado, reuní una cantidad para afrontar algunos gastos que pensaba realizar en febrero del año en curso; la suma era discreta: $5400.00. Para evitar la tentación de disponer de ese dinero, lo puse en el banco en una cuenta de plazo fijo, pensando, además, que por ello se generaría un interés, aunque éste, de antemano, yo sabía que sería magro. Tal y como lo había yo previsto, en días pasados dispuse de ese dinero, y para mi sorpresa e indignación, al hacer el retiro descubrí que por esa cantidad se me había proporcionado un interés de poco más de $6.00. Así, cuando el cajero me extendió el recibo correspondiente para que yo estampara mi firma, no pude menos que sorprenderme y soltar, de la manera más espontánea, un “qué poca madre…”, ante semejante inmoralidad. El cajero, entre apenado y desconcertado, no acertaba si contestarme, sonreír o hacerse pendejo.


En el estacionamiento del banco, mientras rumiaba mi coraje, el vigilante se colocó junto a la portezuela de mi auto para dirigir la maniobra de mi salida, razón por la cual le tuve que dar una moneda de $2.00; mi ganancia —pensé con nostalgia tragicómica— se había reducido a poco más de $4.00.


Camino de mi casa, y al pasar frente a la fachada del banco, observé un letrero muy grande que indicaba el tipo de cambio: $15.40 por dólar. Esa misma noche, por la televisión, las autoridades económicas del país anunciaban que no pondrían tope alguno a las tasas de interés que cobran los bancos. Así, mis pobres, humildes y devaluados $5400.00, mientras sean míos, son sólo basura para el gobierno: panchólares, bilimbiques, morlacos, papel de arroz estampado con dibujitos de héroes mexicanos, por los que sólo se podría ofrecer una pinchurrienta bolsa de cacahuates. En sentido contrario, esos mismos $5400.00 en manos del banco, son dinero cargado de magia y de poderío esotérico; para el gobierno mexicano valen mucho más porque pertenecen a los banqueros, razón por la cual deben ser pagados con sangre, sudor y lágrimas (perdón por la frase hecha, pero el encabronamiento y la buena retórica no se llevan).


$6.30 no valen ni la gasolina que me costó llevar ese dinero al banco; pero si el asunto fuera al revés, si uno pidiera en préstamo $5400.00 a la banca y los devolviera al cabo de cuatro meses, estoy completamente seguro que los intereses deudores hubieran convertido esa cantidad en algo cercano a los $7000.00.


Padecemos una banca que vive de las comisiones altísimas que nos cobra, sin compromiso con el país e inmoral por la diferencia tan grande entre lo que da y lo que a cambio recibe. Mientras tanto, el gobierno federal se cruza de brazos viendo como nos rompen el cuero. ¡Qué poca madre…!


diacervera@gmail.com

lunes, 9 de marzo de 2009

Sobre Lake Tahoe


Por Jorge Cortés Ancona

Altamente emotivo fue ver a Héctor Herrera en la rueda de prensa previa al estreno nacional de la película Lake Tahoe, de Fernando Eimbcke, y la que el actor yucateco hace el papel de don Heber, un viejo mecánico.


El estreno se llevó a cabo en los cines del Centro de Convenciones Siglo XXI, el pasado viernes 6 de marzo por la noche, con la presencia de Renán Guillermo González, director del ICY; Jorge Esma Bazán y Luis Arjona, Director y Administrador, respectivamente del Patronato Cultur, y de Tina Tuyub y Héctor Herrera, transportado en silla de ruedas para entrar al vestíbulo de los cines por una alfombra roja.


También estuvieron presentes algunos actores más que intervinieron en el filme como Enrique Albor, su esposa Mercedes, Raquel Araujo y Juan Carlos Lara. Todo esto ocurrió el mismo día en que Lake Tahoe obtuvo el premio India Catalina como mejor película de la 49ª edición del Festival Internacional de Cine de Cartagena.


Antes de que el ansioso público abarrotara las dos salas en las que se proyectó la película, Esma Bazán aclaró convenientemente que se trataba de una película experimental. Previamente, ya Cholo había aclarado que su papel en esta cinta era completamente serio.


La película, filmada en Yucatán (en el municipio de Progreso) se caracteriza por su economía de recursos para contar una historia de soledades. Se trata de una historia de aprendizaje para un adolescente. Luego de un choque tempranero contra un poste, fuera del puerto donde vive, Juan (Diego Cataño) tendrá en un día que cumplir por diversos ritos de paso. Desde la paciencia de que en algún lugar se le atienda, tener que soportar la vigilancia de un bóxer, sacar a pasear al mismo perro lleno de vitalidad (el ser más vivo y fuerte en toda la película), la muerte, la depresión, el primer contacto sexual, fumar un cigarro. Más aún, ir asumiendo un rol paternal a sus 16 años, tanto respecto a un bebé, hijo de una madre soltera, como con su propio hermanito.


Todos los personajes viven aislados y tristes, a pesar de que traten de ocultarlo. No importa la edad, desde los que están en la infancia hasta los ancianos. La religión, la música, las artes marciales parecen servir de vías de escape, al igual que los recuerdos. En una imagen que pesa, vemos al hermanito encerrado en su casa de campaña, como si se tratara del vientre materno, recortando ilustraciones para formar un álbum de recuerdos a fin de tener siempre presente la desaparecida figura paterna y la unidad familiar.




Es admirable la entereza del protagonista para aguantar esas dificultades cotidianas tan molestas, como las absurdas esperas, la difícil ayuda para reparar el auto, los abrazos de pésame, la indispensable descarga de la ira después de haber visto una película. El desahogo que tiene con la chica antes de realizar un hecho trascendental para su edad nos conmueve profundamente.


Las escenas cuentan con reiteradas interrupciones visuales manifestadas en cuadros negros, lo cual se aúna a las imágenes llenas de elementos estáticos y al ritmo lento, para causar al principio un efecto algo saturante. Pero conforme la película avanza, nos vamos dando cuenta de que este recurso es parte de su sentido. Esas interrupciones nos hacen compartir la impaciencia, el cansancio, el aislamiento; en suma, nos hacen adentrarnos de manera eficaz en el ambiente que están viviendo los personajes: esa soledad existencial que cala, esa dura tristeza de los personajes, apenas aminorada por las escenas de humor amable.


En esta hermosa lección de vida, una ciudad costera, con las playas y el mar, resulta lo contrario de lo que podría esperarse, pues en vez de alegría tenemos la decrepitud, la soledad, el inmovilismo. Nada se mueve, todos están ahogándose en sí mismos y en una pasividad desgastante.




Las actuaciones cumplen con los propósitos. En especial, Héctor Herrera (de quien se procuró no poner el sobrenombre Cholo en los créditos) demuestra su condición de actor versátil. Transformado en el rostro, con una impasible expresión que en el fondo revela tristeza, se despoja de todo acento yucateco y en su presencia -e incluso en su ausencia luego de un momento culminante- flota como el caso más extremo de soledad en toda esta historia.


Debo señalar que Cholo siempre demostró capacidades para ir más allá de la imagen que lo ha hecho inolvidable en nuestro estado. Como también señaló Esma Bazán en la rueda de prensa, tenía antes una amplia experiencia en el teatro nacional e internacional, sobre todo al lado de Manolo Fábregas. Y en Yucatán representó piezas de autores representativos del teatro universal (Moliere, Lorca), distantes del regionalismo en el que las circunstancias lo encasillaron.


El público yucateco es implacable y a veces no le agradan los cambios: al admirable Héctor Herrera siempre lo quiere ver como Cholo y poco espacio le ha dado para que haga gala de su gran capacidad actoral, dispuesta también para papeles no precisamente cómicos ni regionales.


Por añadidura, vemos en esta película algo que es indispensable remarcar: su efectividad para hablar con un acento distinto. A modo de comparación, muchos actores norteamericanos se adaptan a varios de los diversos acentos angloparlantes que hay en su país, es decir, no hablan sólo como neoyorquinos o californianos. A su vez, el español Javier Bardem pudo hablar como cubano en alguna película en que se requería dicho acento. Los actores mexicanos, aunque la historia se desarrolle en Oaxaca, Veracruz o el norte de México, siguen hablando en alguno de los cuatro acentos chilangos. Cambiar su modo de expresión parece algo imposible para ellos. Esta lección de expresión verbal de don Héctor merece difundirse para bien del cine mexicano.


Lake Tahoe nos deja inquietudes y esperanzas, austera en su desarrollo con una serie de escenas finales que nos aclaran todo el panorama. La paciencia del protagonista debe ser nuestra paciencia como espectadores de esta película. De cualquier modo en que entendamos el desenlace, el filme nos dejará con una honda sensación de confianza en reconstruir un orden de vida.






Por esto!, lunes 9 de marzo de 2009.


miércoles, 4 de marzo de 2009

Gremios

Por José Castillo Baeza

El pasado jueves se presentó, en la Sala de Arte del Teatro Mérida, el libro "Gremios, devoción a Santiago Apóstol en Halachó, Yucatán" de Miguel Ángel Kú Mis. La presentación estuvo a cargo de Hilaria Maas Collí, Jorge Luis Canché Escamilla y Janitzio Durán Castillo. El libro fue editado por el Instituto de Cultura de Yucatán y el Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMYC).

Maas Collí comenzó haciendo una disertación sobre el papel que juegan los gremios en la comunidad de Halachó: "No se trata solamente de cargar estandartes, los gremios son toda una manifestación de fe, un testimonio de vida". Posteriormente habló sobre el tabú que impide a los profesores hablar de religión, destacando al mismo tiempo la labor de Miguel Ángel Kú Mis con respecto a este punto, ya que "se trata de un libro que contiene muchísima información y aunque no hay análisis de por medio, sí existe mucha descripción".

Por su parte, Jorge Luis Canché Escamilla leyó un texto en el que habló del valor cultural de Halachó, la importancia que tiene para Yucatán, así como la exposición de algunas anécdotas personales con relación a la comunidad. De aquí partió para centrarse en libro: "Escrito con gran amenidad, el autor muestra su interés por las actividades propias de nuestra cultura, así como el deseo de preservarla para que perduren en el tiempo.

"Siguiendo el orden metodológico del libro [...] llegamos a lo que sería el punto nodal, los gremios y la devoción que se tiene a Santiago Apóstol. A este respecto decir, que tal como sucedió en infinidad de lugares donde se asentó la cultura hispana, se dio un sincretismo entre ambas culturas aunque el costo para ello, como bien sabemos, fue el sometimiento y explotación de sus vidas y generaciones".

Sobre este punto se centró el comentario de Durán Castillo quien resaltó el valor histórico del texto, dado que normalmente se habla de grandes personajes, se cuenta la "gran historia" dejando las microhistorias relegadas. En ese sentido, el libro de Kú Mis recupera testimonios que normalmente no entrarían en el catálogo. Durán Castillo habló también del origen de Halachó, la conversión religiosa de los mayas en Yucatán y del culto histórico al apóstol Santiago. Terminó celebrando la publicación del libro y felicitando a su joven autor, quien además, es editor de la revista cultural "Jalal".


Por esto!, martes 3 de marzo de 2009.

martes, 3 de marzo de 2009

Presentación de la revista Al Pie de la Letra






Presentación del número 10 de la revista Al Pie de la Letra


Participan

Agustín Abreu, Ariel Avilés, Addy Góngora,
María Teresa Mézquita, Raúl Pérez y Beatriz Rodríguez


Miércoles, 4 de marzo de 2009, 7 pm

Restaurante Amaro

Calle 59 por 60 y 62 Centro Histórico

Mérida, Yucatán, México

Entre límites

Por Jorge Cortés Ancona



El chofer maniobra con confianza para estacionar en batería el enorme automóvil. La distancia con que pasa respecto al coche de la derecha es la infinitesimalmente mínima posible. La muchacha ahoga el grito cuando ve que no hubo golpe ni rozón visible en el otro carro. Me preguntaba ella después: “¿fue cuestión de pericia completa o será que ese chofer está muy mal de la vista?”.

* * *

Las fronteras personales que son invadidas. El hombre sordo, a pesar de sus aparatos, se coloca a unos pocos centímetros para hablar con su interlocutor. No es sólo el hecho de mirar el movimiento de sus labios, sino también de suponer que el otro requiere de cercanía para escuchar, como si la sordera fuera universal. A la distancia, viendo de lado, es cómico ver el retroceso del interlocutor invadido y del invasor. La plática concluye a unos quince metros de donde inició.
* * *
Las fronteras en las clases. Las cinco alumnas de clase alta se atrincheran en el rincón, dejando una franja curva de casi un metro de ancho respecto al resto de sus compañeros de clase. La posición de sus sillas rompe por completo el alineamiento y la orientación de las demás. Desde ese rincón dominan todo lo que ocurre.
* * *
Otra frontera de salón, aun más notoria: una fila que queda totalmente vacía en medio, dividiendo en dos bandos. De un lado, las becadas, las fuereñas, las de clase media; del otro, las que presumen de vivir en un mundo más caro, donde todo es gastar y lucir lo gastado.
* * *
Qué mayor contraste entre hacinamiento y distancia personal que el que hay en la parte posterior de un taxi colectivo. Trece o catorce personas, casi todas con sobrepeso, a los cuatro lados del área, dejándose desplazar a toda velocidad, sin más contacto que el de “¿se lo pasa al chofer?” cuando la distancia no ayuda para pagar el pasaje directamente al chofer.
Trece o catorce personas pegadas cuerpo con cuerpo, a veces encimadas aunque sea a medias, mirándose, tratando a la vez de no verse. De ser ajeno a tantas presencias.
* * *
En el amplio café totalmente vacío buscan un costado distante para conversar con confianza. Al cabo de unos pocos minutos, llega un grupo de personas que ocupa una de las tres mesas más cercanas. Después una ruidosa pareja ocupa otra de éstas. Y al final, otras dos parejas se establecen en la última. El resto de las mesas sigue vacío durante un largo tramo. La conversación privada y calmada se va por un tubo. Menos mal que a los meseros les facilita el trabajo.
* * *
El maestro está desesperado. Se llevaron la mesa para otro salón y sólo queda la silla. ¿Cómo marcar la frontera con los alumnos? ¿Cómo sentirse protegido? La desesperación se calma cuando el maestro jala otra silla y la coloca delante de donde está sentado para poner las manos sobre el respaldo mientras imparte su clase. Un improvisado parapeto frente a tantas presencias.
* * *
La burbuja que flota con nosotros adentro. Nuestra burbuja personal hinchada o contraída, fosforescente u opaca, receptiva o repelente. Por completo fácil de desvanecer. ¿Qué espacios nuestros no son burbujas?

Por esto!, lunes 2 de marzo de 2009.

lunes, 2 de marzo de 2009

Carta abierta: salven a La Periferia

Por Joaquín Peón Iñiguez

Hace aproximadamente un año me invitaron a unirme a La Periferia. Cuando me dieron el tour por el espacio noté que estaba lleno de basura. La habían recogido de las calles del centro. Días después esa misma basura era irreconocible, ahora tenía una función. Al poco tiempo descubrí que en La Periferia no había más ley que la de la Acción Directa. Tenemos suficiente material para sacar un libro de soluciones caseras. Es normal salir al patio trasero y encontrarme con alguien sentado en el suelo, con una lata, una cuerda, un trozo de metal, una rebanada de cartón, un foco, cinta aislante hasta en los dientes, tijeras y unas pinzas, con cara de no haber dormido, como la debieron de haber tenido los hermanos Wright cuando fantaseaban con volar.


No me tiembla la mano para afirmar que en muchos sentidos la propuesta de La Periferia es la más sustancial de cualquier centro cultural, oficial o independiente, en el Estado. Tengo evidencias. En nuestro año y medio de vida le hemos dado un espacio de expresión a decenas de artistas, casa a un público hambriento de una nueva propuesta. Sin duda el corazón del espacio han sido las exposiciones, cada una ha venido a llenar un hueco en el panorama cultural meridano. Basta recordar Hacer Hace, donde todas las piezas eran interactivas. O Para Llevar, con diseños para tatuajes enviados por artistas de todo el país.


Eso es sólo el principio, además hemos tenido intervenciones bimensuales de la fachada, tocadas (con todo lo cabe entre la trova y el hip-hop, el jazz y el punk), temporadas de teatro, eventos multidisciplinarios, mesas redondas, un cineclub, fiestas ambientadas, proyecciones de videoarte, presentaciones de revistas, talleres de semiótica y arte-acción. Recientemente inauguramos los jueves de performance y las tertulias literarias de los miércoles, ambas cada quince días. Además contamos con un espacio de residencias para artistas e investigadores de otros estados y países. Durante un año tuvimos La Factory, una tienda de arte-objeto. Por un breve período condujimos un programa en Radio Ecológica, así como un espacio de crítica en nuestra página web. Poco a poco hemos creado un acervo de obra local y en base a eso implementamos el programa de Amigos de La Periferia. Finalmente, tenemos el Centro de Documentación Laboratorio Dzityá con libros, revistas y videos de todo tipo, aunque concentrados en el registro de eventos relacionados con el performance y arte-acción en el Estado. Cabe señalar que nadie más se ha tomado la molestia de documentarlo. ¿Tons qué? ¿Exageré cuando dije que era el centro cultural con la propuesta más sustancial del Estado?


Tengo entendido, aunque bien podría ser sólo un rumor, que en Yucatán tenemos un museo de arte contemporáneo. En el colmo de las ironías, tienen una línea del tiempo en el arte que termina con Frida Kahlo. Ahí se quedó su propuesta de lo contemporáneo. La Periferia se ha encargado de trabajar sobre las otras expresiones que surgieron después. El director del MACAY, Carlos García Ponce se ha robado millones de pesos para decorar su casa. Durante todo este tiempo hemos mantenido nuestro espacio pepenando, rascando hasta el último peso de nuestros bolsillos. Le hemos dedicado cientas, miles de horas, por gusto, desde limpiar los baños hasta discutir conceptos curatoriales, todos lo hemos hecho en equipo. Ni uno de los diecisiete jóvenes que alguna vez hemos integrado el colectivo se ha llevado un sólo peso. Es para mí indignante, ofensivo al punto de la guácara que mientras tanto García Ponce nade en sus billetes cual Rico McPato.


Hoy estamos en crisis. Se nos acabaron los recursos, si no juntamos cierta cantidad de dinero tendremos que cerrar. Este sábado se llevará a cabo el Periferiatón, una fiesta para recaudar fondos. Aparte, pueden contactarnos a info@galerialaperiferia.com


o visitar www.galerialaperiferia.com para averiguar otras formas de apoyarnos. Tengo plena confianza en que podremos salvarnos, quiero creer en cierta justicia elemental. De lo contrario que pese sobre las conciencias de quienes dicen interesarse por la cultura en Yucatán.
joaquinconacento@gmail.com

domingo, 1 de marzo de 2009

Buenos días, camarada

Por Jorge Cortés Ancona


Una novela contada desde una mirada infantil, un recuerdo de vida donde los cambios se van dando de una manera imperceptible hasta que llegan a ser tan obvios que la sensación de pérdida obliga al recuento. Se trata de Buenos días, camarada, una novela del escritor Ondjaki, seudónimo que en una lengua angoleña significa “guerrero”.


La novela, escrita originalmente en portugués, se desarrolla en la Angola independiente, bajo el gobierno de Jose Edoardo Dos Santos y la oposición de Jonas Savimbi, cuando aún no había elecciones, el sistema alimentario se basaba en las cartillas de racionamiento y se contaba con educadores cubanos. Un niño, cuyo nombre no sabemos, relata en primera persona sus andanzas escolares y de juegos, resaltando los miedos y las observaciones respecto a las novedades que va viviendo de vista y de oídas.


Las comparaciones con el pasado colonial aparecen sobre todo a través de las palabras del camarada Antonio, el viejo criado que añora los tiempos bajo dominio portugués, que consideraba como de más orden. El niño, conforme a lo aprendido en la escuela, cree que ese pasado no podía ser mejor que la condición de independencia de su país. La comparación con el Portugal que conoce a través de las conversaciones con su tía Dada le hacen darse cuenta de que las realidades nacionales son distintas.


Las enseñanzas de los maestros cubanos, a quienes ven con admiración y a quienes habrán de extrañar a su partida son un referente de esa búsqueda ideal de la justicia social, de una lucha que las realidades económicas irán transformando. Como dice el protagonista: “Entonces también me di cuenta de que en un país, una cosa es el gobierno y otra cosa es el pueblo”.


El relato es fluido, suave, lleno de un lirismo propio de esa vida infantil donde el reconocimiento de la realidad se va dando gradualmente. Es inevitable, hablar de una novela de aprendizaje, en ese país africano que ve sus diferencias con los portugueses, los soviéticos y los cubanos. A éstos los ven con la admiración de verdaderos guerreros, pues como se dice en algún momento un angoleño probablemente no pelearía por la libertad de los cubanos, pero éstos sí lo hicieron por la libertad de los angoleños, con tanta valentía, al grado de que –según lo que este niño sabe- los sudafricanos huían antes de enfrentarse a ellos.


Es una Angola en tiempos de transición, que están formando el carácter de este chico. El contacto casero con las armas como las akás y las makarov (“Dibujar armas era normal, todo el mundo tenía pistolas en su casa o incluso akás”), los miedos como el que los estudiantes tienen hacia el Ataúd Vacío, esa fantasiosa banda de asesinos y violadores de maestras y alumnos -y cuya inquietud de que hayan llegado hace huir despavorida a toda una escuela- hablan por sí solos de lo que es crecer con los miedos a lo que no se conoce, con la experiencia de una realidad inventada con las palabras del poder.


Esta novela da pie para valorar distintas cosas como el aprendizaje obtenido con el contacto entre distintos pueblos y las condiciones de cambio de una sociedad. Con un tenue manejo de la ironía, sus gotas de humor y esa candidez que convive con la cruda realidad, tenemos una novela que nos hace pensar, por comparación, en nuestras propias sociedades latinoamericanas.


Los estereotipos del mundo africano quedan muy lejos. Lo que apreciamos en la lectura es la maestría de una narración que parece estar contando trivialidades pero que en el fondo son hechos que constituyen toda una lección de vida. El aprendizaje del niño es el mismo que nosotros tenemos guiados por su voz narrativa.


Ondjaki: Buenos días, camaradas, Almadía, Col. Mar Abierto Narrativa Contemporánea, Oaxaca, 2008, traducción de Ana Ma. García Iglesias.



Por esto!, jueves, 26 de febrero de 2009.

Para aludir al deseo, la ternura y el olvido

Por Manuel J. Tejada Loría

Suena una corneta, el trombón y las maracas: ¡chaca-chaca chá! Mar de sudor, lascivia y desenfreno transitando las calles, las avenidas por donde alguna vez miramos las esculturas y tú fuiste –con tus caras de Picasso, de Munch y de Botero, amor– la guía en este museo al aire libre donde ahora mueven sus caderas la lujuria y el espasmo. ¡Ah, señora Lujuria! dígame cómo le hago ante esta piel cobriza que por la tangente aborda mis flancos vulnerables, me roba un beso, me rasga la piel con sus uñas de chaquiras, trastornando la calma de mis huesos, perturbando, amor, lo que tú con una sola sonrisa y vuelvo al punto donde por voluntad indago estas gradaciones del pecado.

El deseo
En el derrotero la multitud y el éxtasis. Disfraces que se confunden con espejismos de la realidad. Un poeta cruza la avenida con su espanta suegras a su lado, mientras el estruendo de las carcajadas rompe el compás de un par de bailarines en lentejuelas. Es Kokó, quien aparece con su séquito de uno y una enorme corona moviendo los hombros. Es la rumba de la irreverencia y los panfletos. ¡Oh, maravillosa fiesta de la carne! Si esto no es el edén en chancletas, por lo menos el paraíso de la concupiscencia lo es por mérito propio. Ellas se miran, ellos se observan, ambos se reconocen y dicen ¡basta, basta de fingir! y entonces, el abrazo, un pezoncito travieso, un faje cachondo bajo las gradas del Paseo Montejo mientras todos bailan y brincan y gozan y vuelven a lanzar alaridos de placer porque es la carne temblando, es la carne ardiendo, es la carne exorcizando tanta locura, estas ganas de gritar mientras la garganta aguante, el cuerpo, el corazón también.

La ternura
Aquí, amor, en este sitio vimos la avanzada de policías iniciar el paseo y los carros alegóricos que nos emocionaron tanto al borde del llanto. ¿O era el espanto de no saber –en ese entonces– que en cada beso que nos dábamos, que en cada abrazo, amor, lejos estábamos ya de quedarnos juntos, que lentamente y sin saber, como relojes de arena, se iban desprendiendo de nuestros labios el tiempo y el espacio y la risa. Ahora lejos de ti y lejos de México ¿dónde habita la memoria sino en estos destellos?

El olvido
Saca tu lengua Enedina y róbame la voz, róbame este hombro que recuerda, esta silla vacía que me persigue mientras espero; y ahí afuera las fanfarrias, una sirena con calzones de arandela, dos rapsodas que se besan apasionadamente, un exiliado como yo que sabe todo que es lo mismo que saber nada, una alada alma minada de alondras y rumores... qué cosa fenomenal es ésta de morirse recordando, de morirse dando besos a la noche, a la nada donde puntualmente dibujo una raya más sobre mi nombre.


Callan una vez más las cornetas, el trombón y las maracas: ¡chaca-chaca sshh! Recuerdo de sudor, lascivia y desenfreno recorriendo las calles, las avenidas por donde alguna vez miramos las esculturas y tú fuiste –con tus caras de Picasso, de Munch y de Botero– la guía en este museo al aire libre donde ahora mueven sus caderas el pudor, la doble moral y el espanto. Pero aquí, también, debe decir esperpento.




Por esto!, jueves, 26 de febrero de 2009.

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