sábado, 28 de febrero de 2009

Vistas del V Encuentro Iberoamericano de Poesía

El poeta José Díaz Cervera en Villahermosa, Tabasco

Vitola

José Díaz Cervera


El sábado pasado, a los 84 años de edad, murió en la Ciudad de México una de las actrices más populares del cine mexicano: Fammie (o Fany) Kaufmann, mejor conocida como “Vitola”.


Nacida en Canadá y criada en Cuba, la actriz llegó a México a mediados de los años cuarenta y se constituyó en uno de los iconos del cine de la época. Su figura extremadamente delgada y su rostro expresivo, la convirtieron muy pronto en una imagen recurrente en la pantalla, de tal forma que su popularidad la llevó a recorrer todo el continente.


Más allá, sin embargo, de los datos generales, Vitola co-protagonizó algunas de las grandes escenas del cine nacional, al lado de cómicos de la talla de Germán Valdés “Tin-Tan”.


Cantante frustrada de ópera en su juventud, Vitola se convirtió en la gran flaca de nuestra filmografía a partir de su participación en “El rey del barrio”, al lado del ya mencionado Tin-Tan, con quien tuvo momentos cinematográficos de gran relevancia, como aquella escena en que ambos bailan una conga en la película referida. Sin la creación, hecha por la actriz, del rol de “la nena”, este clásico de la comedia mexicana no hubiera tenido los matices le dieron su toque de obra maestra.


Y es que en Vitola la comicidad era una especie de segunda piel. El mito cuenta que a pesar de tener una voz solvente, su figura y sus gesticulaciones hacían poco creíbles sus interpretaciones operísticas, de tal suerte que en manos de ella no había posibilidad de que se diera drama alguno con cierta verosimilitud. A pesar de que generalmente Vitola aparecía en la pantalla interpretando de manera chusca algunos pasos de baile, es claro que la actriz tenía también dotes de bailarina. Su personaje de mujer fatal frustrada y fallida, hacía de la sensualidad una rara mixtura entre lo sublime y lo ridículo.


Probablemente, sin embargo, la escena cumbre en la carrera cinematográfica de Vitola sea aquella en que Tin Tan, en “El rey del barrio”, se presenta en casa de aquélla como maestro de bel canto y con la intención de robar sus joyas. Vitola, al piano, interpreta el fragmento de una pieza operística, mientras Valdés (ladrón fracasado) intenta golpearla por la espalda con una cachiporra para consumar así el hurto. La escena es un duelo de actuación y un verdadero diálogo de actitudes cómicas con una Vitola a la altura de las circunstancias y un Tin-Tan hilarante que encuentra su propio lucimiento actoral permitiendo el lucimiento de su compañera.


No quisiera terminar esta nota sin hacer una acotación sobre la capacidad de Vitola para generar una comicidad sin procacidades ni bajezas. La actriz no necesitaba echar mano del recurso facilón para arrancarnos una sonrisa, ya que ella tenía una naturaleza de suyo graciosa.Algunas de mis más plenas sonrisas infantiles tuvieron por autora a esta mujer larga y huesuda.


Por esto!, miércoles 25 de febrero de 2009.

viernes, 27 de febrero de 2009

Primer Congreso Binacional de Estudiantes de Literatura

Convocatoria primer COBIEL


La Universidad Autónoma de Ciudad Juárez

a través de la Licenciatura en Literatura Hispanomexicana y la Maestría en Cultura e

Investigación Literaria


CONVOCA


al Primer Congreso Binacional de Estudiantes de Literatura (COBIEL)


con el tema central“Generación de Medio Siglo en México” el cual se llevará a cabo el 9, 10 y 11 de septiembre de 2009 en Ciudad Juárez, Chihuahua.


Perfil de los ponentes: estudiantes de literatura o carreras afines con trabajos acerca de las siguientes temáticas:


-Literatura latinoamericana y del Caribe
-Literatura norteamericana
-Literatura clásica
-Literatura europea
-Estudios culturales
-Análisis de textos
-Literatura comparada
-Estudios multidisciplinarios
-Teoría y crítica literaria
-Estudios semióticos y lingüísticos

Se recibirán trabajos creados expresamente para el congreso o trabajos inéditos realizados para otros fines.

Los trabajos deberán enviarse dentro del margen de las fechas que se estipulen.

La lectura de la ponencia no deberá rebasar los 15 minutos y deberá ser leída por su autor.

Las ponencias deberán estar escritas en español, presentar estructura y metodología básica y tener las siguientes características:
a) extensión de 8 a 10 cuartillas (sin contar bibliografía)
b) formato de doble espacio
c) tipografía Times New Roman
d) tamaño de letra 12 puntos


Deberá enviarse la ponencia completa con su abstract o resumen a la dirección: primercobiel@gmail.com con el asunto PONENCIA. En el cuerpo del mensaje se deberá incluir:


a) título de la ponencia
b) nombre completo del autor
c) institución a la que pertenece
d) requerimientos para la exposición (proyector, cañón, etcétera)


El dictamen del comité organizador se emitirá tres días después de la recepción de la ponencia.La presente convocatoria queda abierta desde la fecha de su publicación hasta el 31 de julio de 2009.

Los casos no previstos en esta convocatoria serán resueltos por el comité organizador.

El pintor Ramos Martínez

Por Jorge Cortés Ancona

Hay pintores que por haber vivido etapas de transición entre dos épocas terminan siendo mal ubicados en las revisiones históricas, a pesar de haber sido los que abrieron brechas que habrían de ser muy transitadas décadas después.


Este es el caso de Alfredo Ramos Martínez (Monterrey, N.L., 1871-Los Angeles, California, EU, 1946), un pintor que se caracterizó por incorporar elementos simbolistas e impresionistas y postimpresionistas en sus cuadros, pero que también propugnó por un arte nacionalista, debido a lo cual una parte importante de su obra se centra en temas relativos a los indígenas y los ambientes mexicanos.


Una serie dedicada a los artistas plásticos nacidos en Nuevo León, titulada "Nuestro Arte", incluye en uno de sus breves tomos a Ramos Martínez. Con un texto del crítico e historiador del arte mexicano Xavier Moyssén (se trata de un fragmento de un trabajo más extenso), se ofrecen ilustraciones a color de 23 obras del pintor regiomontano. En ellas, se puede ver algo de su maestría con el manejo del pastel y de la acuarela y la capacidad de retratar tipos humanos con gran riqueza emotiva.


Además de ser autor de paisajes llenos de colores luminosos, Ramos Martínez también pintó sensuales imágenes femeninas, como las de las muchachas vestidas con traje de china poblana. Una de sus series trata acerca de los campesinos bretones, que, para la mirada hegemónica, constituían un pueblo exótico dentro de la Francia moderna y urbana, a tal grado que antes de su etapa polinesia, Paul Gauguin realizó un viaje a la región bretona y dejó una serie de cuadros tan expresiva como la de las islas de Oceanía. Es interesante que un pintor mexicano retrate a estos campesinos, llenos de tristeza, en cuadros de gran belleza pero que reflejan una condición dolorida y marginada. Sería la mirada del mexicano hacia "el otro" europeo.


A Ramos Martínez se le recuerda por haber sido director de la Academia Nacional de Bellas Artes, después de una huelga estudiantil, y por haber instituido las Escuelas al Aire Libre, como la de Santa Anita, Iztapalapa, en las que se buscaba que los pintores trabajaran en contacto directo con la naturaleza. Como Moyssén aclara, esta tendencia a trabajar al aire libre (au plein air, en francés) ya existía desde los tiempos de Eugenio Landesio y de su ilustre discípulo José María Velasco, que es decir en la segunda mitad del siglo XIX.


De modo especial, Moyssén analiza un óleo de gran formato (188 x 286 cm.) titulado La primavera, pintado en 1905, expuesto en el Salón de Otoño de París de 1908 y luego en México, durante las Fiestas del Centenario en 1910. Ya el título obliga a las referencias hacia el famoso cuadro de Boticelli y al igual que en éste, se percibe un ideal de lo bello enlazado con la naturaleza, con mujeres que simbolizan flores, viviendo en la pureza de un jardín, en una dulce alegoría de la virtud.


A Ramos Martínez, como a tantos intelectuales y artistas mexicanos, le pesó haber colaborado con la dictadura de Victoriano Huerta, hasta que a la llegada de José Vasconcelos a la Secretaría de Educación Pública se le concedió de nuevo la oportunidad de ser director de la mencionada Academia y de transmitir sus conocimientos a las nuevas generaciones. En 1930 emigró a California, donde empezó a pintar temas mexicanos y realizó varios murales, que se aúnan a los que pintó en la Escuela Nacional para Maestros, en la Ciudad de México, en 1942. Ramos Martínez falleció de un ataque cardiaco en 1947, dejando inconclusos varios murales en Estados Unidos.


Alfredo Ramos Martínez, Universidad Autónoma de Nuevo León-Fondo Editorial de Nuevo León, Col. Lecturas Universitarias: Nuestro Arte, Monterrey, N.L., 2008, 48 pp (con ilustraciones y texto introductorio de Xavier Moyssén).



Por esto!, lunes 23 de febrero de 2009.

jueves, 26 de febrero de 2009

El I encuentro nacional de escritores jóvenes

EL I ENCUENTRO NACIONAL DE ESCRITORES JÓVENES

CONVOCA

A todos los estudiantes de las carreras relacionadas con la Literatura y las Humanidades a participar como ponentes en el I Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes, a realizarse en Monterrey, Nuevo León, México, del jueves 16 al sábado 18 de julio de 2009, en la categoría de Ensayo de crítica literaria, bajo las siguientes:

BASES

I. Podrán participar los estudiantes con hasta 35 años de edad a la fecha de inicio del Encuentro, que se encuentren estudiando una licenciatura o posgrado relacionados con la Literatura y las Humanidades en alguna universidad de la República Mexicana.

II. Deberán enviar el abstract de un ensayo de crítica literaria sobre la obra o libro de un escritor
mexicano de 35 años o menos. El abstract deberá ser escrito en computadora en letra Arial, 12 puntos, a doble espacio, con una extensión máxima de una cuartilla, y deberá tomar como base para su trabajo uno de los siguientes ejes temáticos del Encuentro:

1. La estética de la violencia
2. El mercado de la violencia
3. La violencia como tradición literaria
4. Literatura violenta: posturas morales y el trabajo creativo

III. El abstract deberá estar acompañado de una portada que contenga los siguientes datos: nombre completo, fecha de nacimiento, institución de educación superior en la que se encuentra inscrito, nombre de la carrera o posgrado que estudia, dirección postal, teléfono personal, correo electrónico, título de la ponencia, eje temático seleccionado, escritor seleccionado para el ensayo, así como una pequeña justificación sobre la elección de su trabajo ensayístico.

IV. Lo anterior deberá ser enviado por correo electrónico a la dirección oreyna@conarte.org.mx, o bien, en original y 3 copias, en un sobre sellado, a partir de la publicación de esta convocatoria y hasta el 23 de marzo al:

Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León “I Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes Ensayo de crítica literaria”

Antiguo Palacio Federal, 3er. piso
Washington # 648 ote.
Centro, Monterrey, Nuevo León
C.P. 64000

V. Un Comité Dictaminador designado por el Comité Organizador del Encuentro dictaminará los trabajos enviados.

VI. El Comité Dictaminador seleccionará hasta 5 trabajos y deberán dar su fallo a más tardar el 27 de abril, el cual se hará público en las páginas de internet y

VII. Se contactará a cada participante que resulte seleccionado. Sus gastos de hospedaje y alimentación en Monterrey, serán cubiertos por los organizadores del Encuentro.

VIII. Los autores seleccionados se comprometen a entregar el Ensayo de crítica literaria, con una extensión máxima de 5 cuartillas, en letra Arial de 12 puntos, a doble espacio, a más tardar el día 29 de mayo de 2009. De lo contrario, su lugar será cancelado.

IX. El fallo del Comité Dictaminador es inapelable. El envío de trabajos implica la aceptación de las presentes bases.



Monterrey, Nuevo León, 9 de febrero de 2009.

Tampoco tengo miedo

Manuel J. Tejada Loría

Atención pasajeros con destino a Mexicali, favor de abordar en el andén número once. Se repite la frase. Ramiro, ya no hay vuelta atrás. Apenas con un bolso de mano –que era de plástico, que le habían dado en una tienda departamental, que contenía una biblia y pan de hogaza para el camino– se acerca al autobús donde el chofer revisa el ticket de abordaje, le mira el mentón lampiño, los ojos asustados, las ojeras tenebrosas, el cabello desalineado y grueso, el alma a punto de salirse en orines y un sudor pegado a los huesos que le hace oler a bacal enmohecido. Otro pinche mojado. Otro pinche traidor. Otro pinche güevoncito que se va al o-tro-la-do. Le deja subir pero lo sigue con la mirada. Va el chofer todo el camino, antes que oscurezca, echándole miradas por el retrovisor. Ahí está Ramiro, como un pegoste en el asiento nueve, en la mira del conductor como una presa a punto de ser desollada. Este pendejo tiene miedo, se le hacen agua los calzones, hay que rajarse el lomo a punta de madrazos, pero qué hace, la primera joda y huye. ¿Cuántos años tendrá? No pasa ni de veinte el bien cagado. A su edad ya traía el lomo sin escamas, y no precisamente por estar corriendo como nena junto a las flores; era mi oficio La Merced, sus pasillos de mierda, los patrones puñeteros y traite esto pa´ca, llevate esto otro pa´lla. De la chingada, pero me quedé arrastrando diablitos que pesaban el doble de mi juventud.


Ramiro no escuchaba otra cosa que su tristeza. La voz de Zoila diciéndole que no te vayas. Las lágrimas de su madre cayendo a la tierra que de tan seca, humo echaban sobre los piececitos de sus tres hijos desafiando la gravedad. No te vayas, Ramiro, que ya veremos cómo le hacemos. Pero la suerte se había echado cuando su tío Antonio le envió dinero y un par de boletos para llegar a la línea. Ahí lo esperaría para pasar al otro lado donde el trabajo por racimos, Ramiro, por racimos, decía la carta. Y luego el sacerdote de la iglesia que le dijo no tengas miedo. Mientras Ramiro pensaba todo con demasiada tristeza, no imaginaba lo que el chofer detrás de su mirada escondía, y mucho menos que el padre Richard, a kilómetros de ese asiento número nueve, en la iglesia de su pueblo, no dejaba de releer las líneas que le dejó escrito en un mensaje escrito a un lado de la hoja de letanías: “Padre: hay pequeñas cosas que se suman a la voluntad del mundo. Curiosamente esto enciende algunas alarmas interiores. Ya sea porque de la nada alguien me obsequió un libro o una revista, o que un viaje haya llegado con todo y boleto incluido, las recibo como señales de que próximamente voy a morir. Sé que es absurdo todo esto, pero tampoco tengo miedo. Cuide a mis hijos”. En la carretera a Mexicali, el autobús se abría paso entre la noche.


Por esto!, sábado 21 de febrero de 2009.

Cada época tiene el arte que se merece…

José Castillo Baeza


La antigua estación de ferrocarriles (hoy la Escuela Superior de Artes de Yucatán) se convirtió en una metáfora de lo que sucedió en la conferencia titulada “Arte y Semiótica”, impartida por el semiólogo y filólogo Herman Parret el jueves pasado, puesto que la relación entre el arte y la ciencia de los signos se esperaba precisamente como eso, pero tal relación no existió y todo quedó como en un tren que no alcanzó a moverse de la estación.


Sin embargo detenerse a observar la antigua estación de trenes no necesariamente constituye una mirada estática al pasado; la conferencia valió la pena en razón de las observaciones que hizo el doctor con respecto al arte del siglo XX. La charla se llevó a cabo mediante una traducción simultánea del francés al español. Asimismo se proyectaronimágenes que sirvieron como punto de partida para los comentarios y apuntes del conferencista quien centró su charla en las relaciones entre el arte moderno y el arte contemporáneo.


La premisa de la cual se partió fue ¿Por qué existe desconfianza y malestar generalizados frente al arte contemporáneo?; conforme a esto el semiólogo refirió que incluso en su universidad existe un gran interés por el arte del pasado (renacentista o barroco), pero a muchos profesores les incomoda el arte actual.


Mientras el conferencista se expandía en este punto, iba presentado imágenes a manera de ejemplos. Así, en esta parte de la conferencia desfilaron obras como Les demoiselles d´Avignon de Picasso, una composición abstracta de Mondrian y El Retrato del Papa Inocencio X de Francis Bacon. De estos cuadros resaltó la distorsión de la forma, fenómeno que caracteriza al arte vanguardista y que a su vez constituye uno de los factores por los cuales se tiende a condenar el arte moderno, ya que, según Parret, la razón estriba en problemas que tienen que ver con la Ética.


Esta primera parte introductoria en donde se habló del arte moderno sirvió como punto de referencia para hablar del arte contemporáneo, cuyas características se centran, según el semiólogo en la utilización de materiales vegetales, naturales y deshechos; a diferencia de los materiales tradicionalmente se usaban. Para ejemplificar esto se proyectó la imagen de El malecón en espiral de Robert Smithson y otro tipo de obras.



De igual forma se habló de intrascendencia que caracteriza el arte contemporáneo, el cruce interindisciplinario (se mezclan técnicas de la pintura, la escultura, etc.), el acercamiento al lenguaje y el compromiso político y social que han adquirido los artistas a partir de la década de los 60´s, fecha en que comienzan a aparecer las primeras manifestaciones del arte contemporáneo, tales como el arte pop, el arte minimalista y el arte conceptual.


En la parte final de la charla Herman Parret lanzó una pregunta que está presente en el imaginario común: “¿todavía existe el arte?”. Su respuesta afirmativa encontró argumentos en la frase “Cada época tiene el arte que se merece”, explicando que en este tiempo de guerras, violencia y sufrimiento el arte se encarga de reflejar la realidad, manifestándose como una reorganización de lo espacio-temporal. “El arte todavía tiene una función ética y mantiene su postura de criticar la sociedad; si queremos saber el futuro podemos acudir a un laboratorio científico pero también visitar el taller de un artista”.


Herman Parret dejó la semiótica para después y nos quedamos con una mirada histórico-crítica del arte del siglo XX, sin embargo una visita a la antigua estación de ferrocarriles nunca puede resultar vacía.

miércoles, 25 de febrero de 2009

"Los Universitarios en la vida social de Yucatán. 35 años del asesinato de Efraín Calderón Lara"


El Consejo Estudiantil de la Facultad de Economía tiene el honor de invitarle el día viernes 27 de febrero de 2009 a las 11 am en el auditorio "Carlos Cortés Ancona" a :


La Mesa panel


"Los Universitarios en la vida social de Yucatán. 35 años del asesinato de Efraín Calderón Lara".


Participan:

Fidel Rodríguez Mézquita

Badí Xacur Baeza

Pedro Quijano Uc

Cristobal León

Moderador: Lic. Jorge Luis Canché Escamilla


Atte.


Br. Isabel Cristina Cetina Castillo
Consejera Alumna 2009-2011
Facultad de Economía

V Encuentro Iberoamericano de Poesía


Por José Díaz Cervera


Atendiendo una invitación del Instituto Estatal de Cultura de Tabasco, asistí al V Encuentro Iberoamericano de Poesía, celebrado entre el 16 y el 21 de febrero en Villahermosa. Las jornadas, intensas en el trabajo y la convivencia, fueron para mí todo un acontecimiento.


Por razones de trabajo, no siempre he podido responder de manera positiva a las invitaciones que de cuando en cuando recibo para acudir a alguna fiesta de la poesía; a veces he sido inconcientemente descortés, dado que en alguna etapa de mi existencia viajé de un lado a otro para ganarme el sustento, y ello me daba pocas oportunidades de estar cerca de los míos y de ejercitarme como escritor (nunca he podido escribir en cafeterías ni en cuartos de hotel y mi querencia natural es mi estudio), por lo cual me veía obligado a escoger entre estar con mi familia y aprovechar para escribir o asistir a algún sitio para presumir que soy un escritor que viaja mucho y escribe poco.


Esta vez, sin embargo, pude estar en Villahermosa y lo hice con verdadero fervor, a pesar de que dejé por acá muchos asuntos sin resolver y mucho trabajo a medias.



El poeta chileno Omar Lara y el poeta yucateco José Díaz Cervera




Platicar con Waldo Leyva y con su esposa Margarita, disfrutar de la alegría de Roberto Arzmendi, recordar con Roberto Appratto a Julio Herrera y Reissig, recibir, a manera de despedida, un beso en la mejilla por parte de ese gran viejo que es Pablo Fernández (“los padres besan a sus hijos”, me dijo el poeta cubano que pronto cumplirá ochenta años) o hablar con Eutiquio Sarabia del ocultismo en la poesía de Rubén Darío, fueron sólo algunas de las cosas gratas que mi humilde actividad de servidor de la palabra me regaló, a través de la gente noble que en Tabasco trata de hacer valer en los hechos la historia literaria de ese Estado, con la Maestra Lilí Cárdenas y el Lic. Vicente Gómez Montero a la cabeza de un equipo eficiente y cálido.


Nunca olvidaré el momento en que arribamos al mercado en un camión y cómo, a la orilla de la banqueta, los tamborileros tocaban “A Tabasco”, saludando nuestra llegada, en medio de los abrazos de la gente y de una euforia que a más de uno nos puso la piel como de gallina.


La nobleza de la poesía conquistó el prodigio de hacer que los hombres se encuentren, a pesar de la desgracia de las inundaciones del año pasado que dejaron a Villahermosa ciertamente derrumbada pero nunca de rodillas. Esta vez la inundación fue de palabras que corrieron por las escuelas, los jardines, las plazas, los centros culturales, los camiones urbanos, las universidades y los puestos del mercado. Esta vez la inundación fue de miradas que se cruzaron y de acentos de un mismo idioma que ejercieron el prodigio del rejuvenecimiento constante. Ahí estaban también los jóvenes como Balám Rodrigo o Stephanie Alcántar, conviviendo con gente de la talla del chileno Omar Lara o de Aitana Alberti.


Fue un encuentro de poesía que sirvió para que algunos hombres se juntaran.


diacervera@gmail.com

Por esto!, martes 24 de febrero de 2009.

Sobre “El diamante en el yunque”

Jorge Cortés Ancona


Un hombre desconfiado, de nombre Anselmo, le pide a Lotario, que es su mejor amigo –y además un hombre soltero-, que enamore a Camila, su esposa, para verificar si ésta le es completamente fiel. Aunque Lotario rechaza en principio aceptar esa extraña petición que pondría en juego los vínculos de amistad y de felicidad conyugal, terminará aceptando hacer la simulación de cortejo.


Anselmo ayudará a Lotario y se dedicará a inquirir acerca de los resultados del enamoramiento que se le hará a su propia esposa, hasta llevarlo a ser “el hombre más sabrosamente engañado que pudo haber en el mundo”. Un enamoramiento tramado por él mismo y cuyas consecuencias serán altamente riesgosas para los tres implicados, porque el diamante de la virtud puede romperse en el yunque de la desconfianza en que se le ha colocado.


Este es el planteamiento principal de “El curioso impertinente”, una novela incluida dentro de otra novela, que es nada menos que “Don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes. El manuscrito de “El curioso impertinente” aparece en una maleta y su lectura en voz alta en los capítulos XXXIII, XXXIV y XXXV de la Primera Parte de Don Quijote, suspende parcialmente el relato de las andanzas del Ingenioso Hidalgo y su escudero Sancho Panza.


A partir de “El curioso impertinente”, Leopoldo Peniche Vallado creó la obra teatral titulada “El diamante en el yunque”, un cinedrama organizado en XXII diálogos, donde sólo aparecen los tres personajes mencionados y cuatro más de carácter secundario. Además de cambiarle el nombre a Lotario por Lorenzo, Peniche Vallado actualizó la obra trayéndola a tiempos más cercanos, lo cual explica que se mencionen teléfonos y autos. También cambió el lugar original que es Florencia a un sitio neutro, no ubicable, salvo la presunción de que se trata de una ciudad contemporánea.


Con esta obra don Leopoldo se coloca en la tradición de adaptar textos narrativos al teatro, una tradición que en lengua española tiene numerosas muestras de valor. Al respecto, cabe señalar que hay un antecedente ilustre de adaptación de “El curioso impertinente”, fechada hacia 1606, aún en vida de Cervantes, y que estuvo a cargo del dramaturgo español Guillem de Castro.


Volviendo a Leopoldo Peniche Vallado, es importante recordar que adaptó varias de las novelas ejemplares de Miguel de Cervantes para convertirlas en entremeses, algunos de los cuales fueron llevados a escena en 1993 por el grupo teatral “Tinglado”, bajo la dirección de Paco Marín, con el título de “O vengadoras… o corruptas… o engañosas”. En la presente obra, es de notar la intención de ajustarse a un formato cinematográfico a través de las escenas dialogadas y de ahí la razón de por qué el autor la consideró un “cinedrama”.


“El diamante en el yunque” forma parte de las varias obras que dejó inéditas Peniche Vallado y que será conveniente ir dando a conocer en años venideros. En unas cuantas semanas esta obra estará al alcance de todos ustedes en una edición a cargo del Conaculta y el Gobierno del Estado, a través del Instituto de Cultura de Yucatán.


En la lectura de esta obra podrán apreciarse las virtudes de la dramaturgia de Leopoldo Peniche Vallado, sobre todo en su eficacia en el manejo del ritmo y los efectos teatrales, a la vez que en su empleo de una expresión pulcra y perfectamente comprensible, que fue siempre característica de sus escritos.


Con la futura publicación y su lectura, le podemos rendir un modesto tributo a la memoria de uno de nuestros mayores dramaturgos y críticos teatrales: Leopoldo Peniche Vallado.


Texto leído durante la ceremonia de homenaje que el Gobierno del Estado y el ICY rindieron a Leopoldo Peniche Vallado por el CI Aniversario de su Natalicio. La ceremonia se realizó en la Plaza Peniche Vallado, del Centro Estatal de Bellas Artes, el pasado 23 de febrero.


Por esto!, martes 24 de febrero de 2009.

martes, 24 de febrero de 2009

La hoguera de la desmemoria

Por Ricardo E. Tatto


Fahrenheit 451: es la temperatura a la que el papel de los libros se enciende y arde”

Ray Bradbury




Hace poco leí por primera vez Fahrenheit 451, la que es por antonomasia la mejor novela de ciencia ficción de Bradbury (Crónicas Marcianas, a decir del autor, no es ciencia ficción sino una reescritura de ciertos mitos griegos). Publicada en 1953 en un tiraje limitado, posteriormente el visionario Hugh Hefner la publicó por entregas del número 2 al 5 de Playboy (cuánto le debemos a este hombre, literatura y desnudos al por mayor).


La novela se desarrolla en un mundo distópico, en el que la sociedad enajenada se solaza únicamente frente a paneles tridimensionales que ocupan las paredes de las casas, donde interactúan con La Familia, personajes ficticios programados para conversar y entretener al teleauditorio de manera personalizada.


Es en esta irrealidad, donde está terminantemente prohibido leer, debido a que la lectura de universos ficticios y personajes que no existen, provoca que el lector piense y los que piensan sufren. Según la tesis planteada por el autor, para que las personas sean felices todas deben ser iguales, y los que leen pretenden diferenciarse, por eso sus prácticas son censuradas y ellos perseguidos por la Brigada 451, una compañía de bomberos que en el futuro ya no apaga fuegos, sino que los provoca con lanzallamas destinados a incinerar todo material impreso, en especial los libros.



Todo esto viene a cuento porque la lectura de la novela me hizo reflexionar sobre ciertos hechos que se han suscitado en el panorama local, en el cual tenemos un supuesto Archivo Histórico Municipal que en lugar de resguardar la memoria de un pueblo, se ha encargado de desaparecerla sistemáticamente, propiciando la destrucción de miles de fotografías que son patrimonio cultural e histórico de los yucatecos.


De encima, lo más lamentable no sólo es el hecho de que continúen avivando la hoguera de la desmemoria que pretenden perpetuar, sino que la destitución del Lic. Emiliano Canto Mayén al frente del archivo, evidencia los esfuerzos para favorecer la ineptitud de Emma Alcocer, hija del nepotismo y de Martiniano Alcocer Álvarez, editorialista del ex-Diario de Yucatán, que la colocó como entenada en la mencionada institución, con los desastrosos resultados que ya todos conocemos: un auto de fe, al más puro estilo de Fray Diego de Landa, bajo la complaciente mirada de la C.P. Ligia Carrillo Jiménez, que hasta la fecha no ha respondido los cuestionamientos que se la han hecho escondiéndose bajo su escritorio.


Y por si no fuera suficiente, en el artículo de Roberto López Méndez fechado el 5 de febrero, queda de manifiesto la arbitraria labor de los obesos y anquilosados “cronistas de la ciudad”, que sin una supervisión de por medio, se han abocado a la labor de registrar las cagadas de las palomas en la plaza, o que si la cerveza cambió de sexo, o qué se yo que otras barbaridades, con la dirección de una brújula que obedece a su muy particular y subjetivo criterio, apoyados bajo su ultra-diestro título de pacotilla.


La desmemoria, señores, no es cosa de juego: ya está entre nosotros. La eliminación paulatina e inexorable de la historia de las aulas de las escuelas, la desaparición de nuestro patrimonio histórico sin ninguna consecuencia visible, tan sólo son aristas del monstruo paternalista que quiere que olvidemos a los muertos, a aquellos que nos legaron la libertad, el conocimiento, tan bellas cosas que debemos proteger con el más acendrado celo, y que en la novela de Bradbury se ve representado por los Hombres-Libro (y libres), quienes en las altas cumbres de su mente, donde habita la inexpugnable memoria, guardaron cada uno un libro, un fragmento, una frase de la trayectoria de la humanidad, ya que como dice el bombero Montag: “Detrás de cada libro hay un hombre” (y detrás de cada foto, también). De nosotros va que esto no se quede así; no lo olvidemos, la desmemoria es la que debe acabar en aquella hoguera de fuegos fatuos.

lunes, 23 de febrero de 2009

Primer Congreso Binacional de Estudiantes de Literatura (COBIEL)


Serenghetti, otro México olvidado


Por Joaquín Peón Iñiguez



La cancha está tan minada que la pelota, invariablemente, en vez de rodar, bota. El sol es tan metralla, las sombras tan delineadas que parecieran ser 44 jugadoras en lugar de 22. Cuando corren el polvo se levanta tras de ellas, como si fueran panteras salvajes. El público se reduce a veintitantos aficionados, todos se esconden bajo la sombra de un árbol o usan sus manos como viseras. Detrás de la portería hay un caballo comiendo pasto y dos llantas ponchadas. El círculo central parece dibujado por un borracho. Cuando la cámara hace un zoom out desde una de las montañas que rodean la cancha en lugar de gradas, pareciera que no sólo no existe nada en kilómetros a la redonda, sino que en el mundo sólo existe esa cancha de futbol y todas las emociones, todas las historias que pudiera haber, están concentradas en ella.

Los equipos, Amatlán y Las Hojas, se acomodan en el terreno de juego, el árbitro se asegura de que todo esté en orden y da el pitazo inicial. El partido empieza a un ritmo trepidante, de lado a lado, inclusive cuando ambas escuadran utilizan la clásica estrategia gringa de amontonar a diez jugadores alrededor del balón. Conforme pasan los minutos, el juego se torna más defensivo. No es hasta la mitad del primer tiempo que se abre el marcador. Estef Torres saca un auténtico san-bombazo de tiro libre, que no termina en las redes porque no las hay, sin embargo, noquea al camarógrafo que se encontraba atrás de la portería. Las escuadras llegan agotadas al final de los primeros treinta minutos. El público que observa la pantalla va perdiendo interés. La segunda mitad es tan mala que parecía un partido de la selección. Al final, las jugadoras son entrevistadas por una rubia de bote, vestida muy a la moda.

No estoy hablando de la transmisión de un partido por Tv Azteca o Televisa, sino de Serenghetti, la última película del director mexicano Carlos Reygadas que llegó el sábado pasado a La 68, gracias al heroico esfuerzo de Lorenzo Hagerman y Paula Haro por traer los mejores documentales a nuestra ciudad. El filme fue concebido como un ejercicio para el Festival de Róterdam, la idea original era proyectarla sobre los edificios del centro en la ciudad alemana, la gente pasaría, le prestaría atención cinco minutos y seguiría caminando. Sin embargo, una niebla de alta densidad cambió los planes, la película se proyectó en un cine, obteniendo una sorpresiva respuesta del público. ¿Porqué sorpresiva? Los ochenta minutos que dura el documental transcurren en un silencio absoluto.

Carlos Reygadas se ha vuelto la figura más polarizante de la industria cinematográfica en México, a pesar de haber recibido reconocimientos en Cannes por Japón y Luz Silenciosa, un sector de la crítica se muestra renuente a aceptar su estilo. Resumiendo, algunos lo tachan de farol, de sobrecargar sus historias. A mí me resulta extraño, como si no hubiera gente en México que se enamorara de un camionero, como si un cuarentón nunca se hubiese acostado con una anciana en un pueblo.

Serenghetti es un experimento inconcluso, el autor planea seguir trabajándolo, inclusive considera meterle sonido. La respuesta del público local fue, para variar, polarizada. Al final se escucharon algunas voces que decían, por favor que no se vayan a tiempos extra. Ni hablar de los penales. A mí me gustó, creo que la intriga se construye a través de un juego de omisiones. Otro filme se proyecta paralelamente en la cabeza. No pude dejar de imaginar que sería de las vidas de esa gente una vez concluido el encuentro, a dónde irían, en dónde trabajan, quienes son en realidad. A veces pareciera que hay tantos méxicos dentro de México que estamos más cerca de África que de Latinoamérica.


joaquinconacento@gmail.com


Por esto!, viernes 20 de febrero de 2009.

domingo, 22 de febrero de 2009

V Encuentro Iberoamericano de Poesía

El poeta chileno Omar Lara y el poeta yucateco José Díaz Cervera 
en Villahermosa, durante el V Encuentro Iberoamericano de Poesía

El Teatro de la Rendija, una experiencia diferente



Por Ricardo E. Tatto


Enclavado en los linderos del centro histórico que colindan con el norte, un nuevo espacio dedicado al teatro ha surgido en Mérida. Heredero de la extinta Escena 40ª, el Teatro de la Rendija se inauguró en enero, durante el Festival de la Ciudad 2009, con dos puestas en escena: Medea Múltiple y Tío Vania, que pueden verse en la calle 35 x 60 y 62 #502ª. La primera los viernes a los 9PM y la segunda sábados a las 8PM y domingos a las 7PM.


La primera de ellas la vi el viernes 6 de febrero cuando, después de hacer antesala con el resto del público, fuimos conducidos por Addy Teyer a través de los vericuetos de la vieja casona. La luz de la linterna guía y el ambiente de solemnidad, erizaron a más de uno de los asistentes.


Finalmente llegamos a una especie de bodegón trasero del cual emanaba humo, lo que contribuyó a lo misterioso del ambiente, ya que la neblina no nos dejaba ver nuestros pasos. Ya sentados, frente a nosotros una manta totalmente blanca fungió como telón, mismo que se empezaba a mover mientras se amoldaba a una esbelta figura femenina. La función había comenzado.


Jasón (Roberto Franco), Medea (Ligia Aguilar) y una sombra ominosa (Raquel Araujo), realizan su desplazamiento escénico y metafórico en torno a una pregunta: ¿Dónde están los niños? Una búsqueda reiterada de su infortunada prole, maldita desde el momento en que el héroe mítico abandona a Medea, que por amor a Jasón traiciona y abandona la Cólquide paterna, país donde se resguardaba el vellocino de oro, tan ansiado por los argonautas.


El espectáculo multidisciplinario, nos cuenta esta historia de celos y traición, donde los personajes se buscan y se confrontan, en una danza contemporánea que nos connota el desfogue de pasiones, pero también como el amor se devora a sí mismo, cuando las emociones desaforadas desembocan en la locura.


La obra que mezcló danza performática y otros elementos multidisciplinarios, fue dirigida por Raquel Araujo al igual que la dramaturgia, sobre textos de Eurípides, Anouilh y Müller. El diseño de pista sonora y música original estuvo a cargo de Manuel Estrella y la escenografía e iluminación por Óscar Urrutia.


Mediante una atmósfera impregnada de sonidos guturales, voces que ululan lastimeramente y unas paredes escritas y cargadas de horror, de crímenes, los personajes acuchillan con estridencia, provocando una cacofonía que, aunada a los efectos de iluminación que hacen uso de una hélice para asemejar luces estroboscópicas, terminan por desazonar al espectador.


Por otro lado, el domingo acudí de nuevo al recinto, tan sólo para encontrarme sentado en la sala del Tío Vania y compañía. La obra gira en torno a escenas de la vida campestre en cuatro actos, mismos que son pródigos en situaciones dramáticas de índole realista y costumbrista, pero que no por ello pierden su vigencia.


En el caso del doctor Astrov (Juan de Dios Rath), su discurso ecológico y sobre la conservación de la naturaleza es revelador, ya que contrasta la visión del siglo XIX con lo que vivimos actualmente; un ejemplo más de cómo el teatro –y Chéjov- constituyen aparatos de reflexión y crítica que trascienden a su propio tiempo.


En la casa familiar, los días y las noches se suceden en medio de una atmósfera asfixiante, en donde los conflictos internos constituyen el pan –y vodka- de cada día. Pletórica de diálogos en apariencia banales, la obra avanza con un ritmo in crescendo que paulatinamente nos revela las cavidades profundas de la mayoría de los personajes.


Francisco Sobero “Tanicho” es el eje actoral sobre el que se sostiene la obra, que si bien cuenta con un reparto inmejorable (Eglé Mendiburu, Francisco Ríos, Silvia Káter y Willy Paredes), su presencia escénica y calidad histriónica especialmente resaltan como el atormentado y depresivo Tío Vania. Al igual que el trabajo discreto pero efectivo de Addy Teyer como Sonia, y la contención dramática de una aterciopelada y triste Elena, interpretada por Ariadna Medina. Los excelentes efectos de iluminación en varios tiempos, la escenografía y producción, se los debemos de nuevo al cineasta Urrutia.


En general, habría que agradecerle a Raquel Araujo por haber conformado tan magnífico reparto, que en conjunto trabajó de manera satisfactoria, como hemos visto en otras memorables puestas como La importancia de llamarse Ernesto. Ella dirigió y realizó el vestuario, a la par de que con sus esfuerzos este nuevo espacio escénico alternativo está tratando de brindarnos experiencias distintas en cuanto al quehacer teatral en Mérida. Vale la pena ir a verlos y apoyarlos, ya que en el vestíbulo venden bebidas homónimas a los personajes… recomiendo un par de Tíos Vania.

sábado, 21 de febrero de 2009

¿Tú también, Bruto?

Por Manuel J. Tejada Loría


Entiendo que la cortesía de pronto exija una dosis de tolerancia. En tiempos electorales no está de más. Lo que no se comprende fácilmente, es cuando un acto de civilidad intenta disfrazar el cinismo puro y siniestro. Perengano echa un puñado de lodo en la cara de Bernabé y todavía se limpia la palma de la mano -como si nada- en la manga de su víctima mientras pide disculpas. Pero lo hecho, hecho está.


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Caminaba rumbo al Senado cuando, ahora sabemos, sus conspiradores lo abordaron. Entre ellos, Marco Junio Bruto, esperaba la señal. ¿Había un plan para eliminar a Julio César? Era azuzarlo, era molestarlo socarronamente para que respondiera con violencia, y sin embargo, detrás de las palabras de Julio César siempre estaban los hechos y la virtud que hacían perder los estribos a cualquiera de sus detractores. Más de 60 senadores, empuñando dagas y objetos punzo cortantes se fueron contra un cuerpo confiado. Se dijo, entre quienes ahí estuvieron, que cuando las dagas rasgaban la piel de la víctima, alcanzó a reconocer a uno de sus atacantes. Era precisamente Marco Junio Bruto, muy cercano a él (tanto que existe la sospecha de que era su hijo). De la veintena de puñaladas que recibió, sólo una, la de su pecho, fue la que lo mató, según el parte médico. Aunque extraoficialmente, se asegura que la puñalada que asestó el golpe mortal definitivo fue la traición de Marco Junio. ¿Tú también, Bruto? alcanzó a decir antes de exhalar por última vez y dejar abiertos los ojos, mirando el noser de aquellos tiempos.

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Científicos de la University of Bombay explicaron que la muerte de decenas de camaleones se debe a un proceso natural antes poco estudiado. Si bien, el constante cambio de color de estos reptiles es parte de un mecanismo propio de supervivencia, no siempre -afirmaron - rinde óptimos resultados. El problema de la muerte masiva de los camaleones este año se debió a que muchos de ellos, cuando cruzaban bajo las extremas temperaturas del desierto, en vez de idear una estrategia que les permitiera sobrevivir, comenzaron a cambiar de color tratando de engañar al sol, detalle que los dejó extremadamente agotados al punto de dormirse de manera inmediata. Los científicos concluyeron, entonces, luego de las exhaustivas autopsias encabezadas por el Dr. Sebeok, que los camaleones, por dormirse, terminaron con mortales quemaduras de tercer grado.

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Llega para acariciarme con sus divertidas ocurrencias y reímos coludidos por un deseo ignoto. Tengo el presentimiento de que algún día, entre sus abrazos, clavará un puñal en mi costado izquierdo. Fingir demencia es la mejor manera de enfrentarse al destino y por supuesto, a las filosas hojas de sus labios.

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Hay una extraña creencia felina: la de creer que todos estamos formados de la misma manera, como si fuéramos parte de una infinita serie de piezas automotrices. Por fortuna, esto no es así. Juzgar bajo el mismo tamiz con que nos movemos por el mundo, ha ocasionado guerras intestinas que dejan cifras lamentables de muertos y miseria. No se juzga individualmente, sino que se condena de manera colectiva, de ahí la discriminación, la intolerancia, el fascismo de nuestros días oculto en sonrisas que se ganarían un Oscar a la mejor actuación.


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Addenda ilustrativa
Dice la Real Academia sobre la definición de “camaleón”: reptil saurio de cuerpo comprimido, cola prensil y ojos de movimiento independiente. Se alimenta de insectos que caza con su lengua, larga y pegajosa, y posee la facultad de cambiar de color según las condiciones ambientales.

viernes, 20 de febrero de 2009

Del amor

Por Joaquín Peón Iñiguez


Me contaron que estabas enamorada de otro
y entonces me fui a mi cuarto
y escribí este artículo contra el Gobierno
por el que estoy preso.-

Ernesto Cardenal


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Todos los sábados va al mismo bar. Se sienta solo en la mesa más lejana a la tarima. Siempre lleva el mismo libro, lo asienta sobre la mesa, pero nunca lo abre. Está enamorado de la mesera. Le gustan sus ojos grandes, cafés, pero le gusta más como se le tensan los labios de estrés conforme van pasando las horas. No sabe si cuando besa lo hace con los labios apretados o si se suavizan, casi se diluyen, cobrando la consistencia de la miel. Siempre pide dos jarras de cerveza oscura y se va. Prefiere no hablar con ella, cree que el amor en su estado más puro es una ilusión.

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Son mejores amigos desde la infancia. A los quince descubrió que era gay, a los veintitrés se dio cuenta que lo amaba. Comenzó a escribirle cartas todos los días, si no lo hace no puede conciliar el sueño. A veces le dan las cuatro, cinco de la madrugada, los parpados se le cierran, las manos se arrastran por el teclado en vez de golpearlo, pero no encuentra una palabra y sin eso, aunque su cuerpo se duerma, su mente permanece en vela. Entonces prende un cigarro y sigue pensando. Lo recuerda hablándole de sus problemas con mujeres. Nunca le ha entregado una carta. Prefiere tenerlo cerca a perderlo, aunque punce.

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Llevan tres años de novios, hace dos meses ella se dio cuenta, él ha dejado de quererla. Sabe que quiere abandonarla, pero no se atreve porque la conoce, le preocupa su fragilidad, tiene miedo de lastimarla. A veces se siente tan triste, tan rota, que cuando llega a su casa se inca frente al escusado a vomitar.

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Él tiene setenta años, ella cuarenta y dos. Él le dio clases de Sociología del Arte en la universidad. Un día le dijo que el amor era un territorio que no se había terminado de descubrir y ella lo invito a tomar un café. Nunca tuvieron hijos. Cuando la ve salir desnuda de la regadera, sobre todo cuando camina desnuda hacia la cama y se recuesta mojada junto a él, todavía cree que es la mujer más hermosa del mundo.

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La conoció en una fiesta, ambos estudiaban literatura. Él le dijo que le gustaba Kundera y ella le respondió que era literatura cursi para hombres. Tenía un vestidito morado con flores amarillas, cuando cruzaba las piernas se alcanzaba a insinuar un calzón que parecía cortado de la misma tela. Esa noche se escaparon a un motel. Hicieron el amor tres veces, se reían a carcajadas, prendieron la televisión en un noticiero para no escuchar a los del cuarto de arriba. Ella se tuvo que marchar temprano porque tenía trabajo. Él se quedó tirado en la cama, no le importó que le cobraran un par de horas extra. Se dio cuenta que otra vez se había enamorado, el miedo era tan grande que no hubiera podido moverse, aunque hubiese querido.

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Todavía faltaban un par de horas para el amanecer, llevan toda la noche bebiendo y platicando en el malecón de Campeche. Él está acostado, mirando las estrellas, con una botella de ron casi vacía en la mano izquierda. Claro, no podrías querer a alguien que se ha humillado tanto por ti, –le dice él, más rendido que borracho, mientras el cigarro le da ritmo a la conversación— sabía desde el principio, el día que te dieras cuenta que de verdad te quería, ibas a perder interés. Así eres. No te dejas definir. ¿Todavía crees que poso? Me estás viendo en los huesos. No estás enamorada de mí como hombre, sino como idea. Eso no me sirve de un carajo. Soy real, me enfermo, tengo un cuerpo, ahora mismo me estoy cagando de frío. No sé porqué cuando estoy contigo, cuando te dejas ver, cuando te robo unas horas para tomar una cerveza o un café, me da por pensar en la inmensidad y reírme. Sólo contigo me puedo comunicar. ¿De qué hablas con él? ¿De cómo les fue en sus días? ¿El trabajo y esas cosas? Que joda, lo único que me consuela es que conmigo serías mucho mejor, crecerías y lo sabes. Pero eso tampoco nos sirve de un carajo ¿o sí? Quisiera poder lastimarte tanto como tú a mí, sólo eso podría tranquilizarme. -Se levanta, lanza el cigarro al aire y se queda viendo el horizonte como si fuera una carretera.- Creo que tengo dos almas. Una se está inflando, es hermosa, se alimenta de amor y literatura. La otra se está pudriendo, se arrastra, no tiene nada en que creer. Discúlpame Mariana, ya no sé ni lo que digo. Lo que pasa es que no me siento bien.

jueves, 19 de febrero de 2009

El delirio de un alebrije. Una novela de periodistas y periodismo novelado

Por Ricardo E. Tatto

Apenas en noviembre del año que agoniza se editó la novela “El delirio de un alebrije”, de Rafael Gómez Chí, que el jueves 12 de febrero por fin fue presentada en la sala de arte del Teatro Mérida, ante un lleno total del recinto. Los comentaristas fueron Conrado Roche, Juan Esteban Chávez Trava y el autor.


Pero más que relatarles lo acontecido esa noche en la ceremonia de presentación, prefiero ocuparme en hablarles sobre mis impresiones del libro, que al fin y al cabo, el tema que nos atañe es la literatura y no sus ritos sociales ni mediáticos. Aprovechando que tuve la oportunidad de leer la novela a fines del año pasado, recién salidita del horno, les dejo con una tardía –pero oportuna- reseña.


De entrada, al inicio del libro dos epígrafes de Bukowski advierten al lector a qué familia literaria pertenece Gómez Chí, ya que a medida que avanzamos, vamos descubriendo las estampas que conforman el retrato de una sociedad hipócrita, moralista hasta el tuétano, como la de San Telmo, ciudad ficticia y, sin embargo, bastante familiar.


La trama se centra en dos personajes principales, Nico y Elías, quienes son periodistas que viven al día, al ritmo de la sala de ediciones, cuyo latido primordial es acorde a las noticias que se van sucediendo ineludiblemente a diario. Por ello, es a través de la mirada de estos dos compinches reporteriles que comparten tragos, putas y demás placeres, que el autor ironiza sobre la manera en que se desenvuelven los entretelones de la política en una provincia urbanizada.


A través de un lenguaje soez, vulgar y desgarrador, mas no menos verosímil y veraz, estos dos periodistas se bambolean entre asesinatos de alto perfil, bailarinas de puteros, drogas polvorosas y políticos corruptos, que no pierden oportunidad para disparar cañonazos en efectivo para sobornar a la prensa oficialista y manipuladora de la ultraderecha, encarnada por el Diario de la Península (¿les suena conocido?).


Desde las primeras páginas la novela envuelve al lector, lo lanza directamente a una vorágine de hechos, datos y cifras, ya que Gómez Chí hace uso de una prosa breve, contundente, no demasiado elaborada, casi como una nota periodística pero sin serlo en realidad, porque demuestra oficio y una sensibilidad literaria, salvo en algunos casos que la adjetivación se le pasa de la mano.


Sin embargo, se nota que ésta su primera novela está bien trabajada. Es una historia negra, de detectives (o periodistas, que al cabo son casi lo mismo), que se encuentran víctimas de las circunstancias y tienen que elegir entre usar el llamado cuarto poder, el de los medios de comunicación, a su favor y en contra de sus enemigos políticos.


Pero sobretodo, es una novela sobre el periodismo, sobre los sinsabores a los que se enfrenta el reportero día tras día en un oficio muy ingrato, que lo consume a uno y que, en ocasiones, orilla a la evasión y al abandono mediante el alcohol y las drogas. No es fácil serle fiel a la verdad, mas lo cierto es que los reporteros tenemos una responsabilidad muy delicada: informar a como dé lugar, a pesar del alto costo.


Un ejemplo de ello, es la antítesis del Diario de la Península, el periódico donde trabajan Nico y Elías, dirigida por un periodista de buena cepa, valiente y con los cojones suficientes para decir las cosas como son, sin arredrarse ni agacharse ante nada ni nadie, lo cual le ha granjeado la enemistad de muchos políticos no sólo a nivel local, sino desde las sucias esferas nacionales, que lo mismo le tiran encima a los chacales de hacienda que una granada a las puertas de la redacción. Todo ante la mirada cómplice de las supuestas y negligentes “autoridades”.


Novela realista, salvo un episodio delirante de un viaje con polvo de ángel, entre las posiciones sexuales que hacen las delicias de los dos periodistas se esconde una agria crítica y un cierto dejo desesperanzador ante lo brutal de la lucha entre los poderes económicos, mediáticos y políticos, que no son más que aristas del mismo asunto incómodo y espinoso: las ansias manipuladoras, el poder por el poder.


Mi única crítica a la novela de Rafael Gómez Chí tiene sabor de halago: hizo falta mayor extensión debido a todo lo retratado, a la complejidad de lo que apenas se va desarrollando; el final se precipita demasiado pronto y es anticlimático. Justo como en la vida cotidiana. Me hubiera gustado leer todavía más. A ello, le agregaría un breve epílogo: cualquier parecido con la realidad nacional y local, es mera coincidencia…


Gómez Chí, Rafael: El delirio de un alebrije, Edición de autor, Mérida, México, 2008, 138pp.

miércoles, 18 de febrero de 2009

El tal Gómez Chi y su novela


Por Carlos E. Bojórquez Urzaiz

Esta nota resulta de un primer acercamiento al libro El Delirio de un Alebrije, de Rafael Gómez Chi, a través de aquella vieja preocupación de Camila Henríquez Ureña, quien clamaba por la lectura impresionista, cuya práctica se traduce en el gusto personal por una obra y su autor, que en el caso de la novela de este periodista, apreciado por su sencillez y por la negación que hace de cualquier ínfula intelectual, se sabe que le bastaría un saludo fraterno por haber trasladado con éxito sus vivencias de reportero al complejo arte de la narrativa. En este sentido, déjese de lado la tentación de la llamada crítica incisiva, y colóquese a Gómez Chi en medio de una hermosa tradición latinoamericana en la que los periodistas devienen novelistas, que en Gabriel García Márquez, guardando las proporciones del caso, se tiene el más alto ejemplo. De cualquier manera, el lector avezado puede ir al siglo XIX y revisar un índice de escritores que vivían del periodismo, con lo cual se obtendrá una característica adicional para describir el modernismo.


El Delirio de un Alebrije no es, sin embargo, el primer asomo de Rafael Gómez Chi al ámbito de la literatura, ni se trata de un reportero sin formación profesional, ya que además de habernos obsequiado hace menos de una año un interesante estudio sobre la narrativa de Joaquín Bestard, cuya calidad le mereció la obtención de un grado académico en nuestra Alma Mater, donde cursó la carrera de Lingüística y Literatura, posee un marcado gusto por la lectura de novelas que varias veces he buscado con él y con Cecilia en librerías de viejo, o que me solicita comprar cuando realizo algún viaje. Y quizás por influjos del entusiasmo que me ha causado la novela de este buen amigo, el jueves 12 de febrero asistí a su presentación en la Sala de Arte del Teatro Mérida, a cargo del escritor Conrado Roche Reyes y del joven novelista yucateco Juan Esteban Chávez Trava, ambos integrantes de la Red Literaria de Sureste. Sinceramente hoy no sabría decir bien qué me agradó más, si la lectura del libro o su presentación a través de una especie de anti-ceremonia literaria presidida por Renán Guillermo, director general del Instituto de Cultura de Yucatán.


Acostumbrados a que en Mérida las presentaciones literarias eran hasta hace poco actos de élite, ésta sin duda fue anuncio de los nuevos aires culturales que priman en los eventos organizados por el ICY. Primero por el número y variedad de asistentes, incluidos aquellos que se mantuvieron de pie en la sala durante más de una hora; segundo por la mordacidad de los comentarios de Conrado Roche que fueron coronados por una hermosa lectura dramatizada de Chávez Trava, cuya realización mereció el aplauso más prolongado que haya oído que se le tribute al presentador de un libro. Por ello, en varios sentidos deben las letras yucatecas sentir gratitud por Gómez Chi, quien sin prejuicio alguno escribe como habla la gente en las calles de Mérida o de su San Telmo, lo cual contribuye a fijar un paradigma en la narrativa local, y porque además en lo adelante se espera que las presentaciones de libros se despojen del glamur que caracterizó los selectivos actos literarios padecidos por los yucatecos durante seis años, y de los que orgullosamente puedo decir que con Gómez Chi, Roche Reyes y otros compañeros fuimos excluidos. Enhorabuena a Rafael por sus éxitos y desde luego me sumo a su idea de construir una cultura formalmente informal.

Por esto!, lunes 16 de febrero de 2009.

La Lotería y la luz en San Carlos


Por Jorge Cortés Ancona

En la promoción de las artes hay una parte fundamental que es la del financiamiento. Sin embargo, pocas veces sabemos de qué modo logra una institución hacerse de recursos y administrarlos con tino para cumplir los propósitos para los que fue destinada.


En el libro del catedrático e investigador Juan Diego Razo Oliva titulado De cuando San Carlos ganó la Lotería y hasta casa compró e Informe sobre ciegos -el cual, como se indica en el largo título, contiene dos estudios históricos- se nos informa acerca del modo en que la Academia de San Carlos pudo resurgir de sus cenizas para convertirse en una de las máximas escuelas de enseñanza artística vigente hasta la fecha.


Esta institución nació a fines del siglo XVIII con el nombre de Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos, como parte de las reformas borbónicas en diversos ámbitos de la vida pública. Su papel como difusora del canon artístico de la época permitió que contemos con obras arquitectónicas y escultóricas de Manuel Tolsá, pictóricas de Rafael Ximeno y Planes y numismáticas de Gerónimo Antonio Gil, entre otras muchas. Funcionó de manera regular hasta 1815, año a partir del cual empezó a declinar en buena medida por la lucha de Independencia y, una vez consumada ésta, por los problemas políticos y económicos del naciente Estado mexicano.


La escuela padecía de un considerable pasivo en 1843 cuando al presidente Santa Anna se le ocurrió la excelente idea de reactivar la Academia y sostenerla por medio de la Lotería, dejándola a cargo de ésta con todo y el aprovechamiento de sus ganancias líquidas. Con una sabia y honesta administración a cargo de dos conservadores respetables que fueron Francisco Javier Echeverría y José Bernardo Couto -y aun con los préstamos hechos a Santa Anna y otros presidentes de la época- la Academia pudo solventar sus deudas y generar recursos suficientes como para adquirir obra en Italia, contratar maestros europeos para impartir clases y prosperar en el aspecto de los bienes raíces.Los detalles de sumo interés para lo que podríamos llamar una historia de la administración cultural, aparecen en esta primera parte del libro. Se trató de algo tan exitoso que hace decir a Razo Oliva: “Me atrevo a decir que el episodio constituye casi el único timbre de orgullo histórico que en cerca de dos siglos mexicanos puede presumir la derecha de nuestro país, y que considero no podrá nunca más honrar con otro semejante. Ni siquiera ahora en el cercano 2010 en que todos –creo- vamos a estar festejando que luego de dos centurias todavía tenemos un México libre e independiente, y una institución generadora de arte y cultura, un poco más antigua, que permanece activa” (p. 69).


El “Informe sobre ciegos” –como explica el autor, un título proveniente de un apartado de la novela Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sabato- es un ilustrativo recorrido por un aspecto fundamental de la enseñanza y el trabajo en materia de artes plásticas que es el de la iluminación. El autor nos detalla de qué modo se hacían de luz para trabajar los alumnos y maestros de San Carlos, y de paso como se crearon los sistemas de iluminación pública en la ciudad de México. En un repaso histórico tenemos que durante casi toda la Colonia las poblaciones mexicanas vivían en una oscuridad absoluta por las noches (salvo por aisladas velas de sebo o cera y por tizones de ocote), pero a fines del siglo XVIII se instalaron sistemas primero a base de faroles de aceite vegetal, luego con gas hidrógeno (primero de trementina y luego de carbón de hulla) hasta llegar a la energía eléctrica a fines del siglo XIX. Con este recorrido nos introducimos a los interiores del trabajo rutinario atendiendo a uno de los principales problemas a resolver para cualquier artista plástico.Este libro, aun con su carga de datos eruditos, es sencillo de leer. Cuenta con un sentido crítico acorde a la perspectiva histórica además de informarnos en relación a los aspectos no siempre visibles de lo que significa el trabajo de las artes, ya sea en el plano institucional o en el de los propios creadores individuales.


Razo Oliva, Juan Diego: De cuando San Carlos ganó la Lotería y hasta casa compró e Informe sobre ciegos, Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, México, 2008, 171 pp.

Por esto!, lunes 16 de febrero de 2009.

martes, 17 de febrero de 2009

Extensiones del delirio: un corto promocional


Por Juan E. Chávez Trava


Sucede que un jueves lluvioso llegas al Multicinema y compras un boleto para entrar a ver una película que te recomendaron. En el umbral de la sala 12 una sonriente chamacona encachuchada desprende por la línea punteada tu ticket e ingresas y eliges a tus anchas una butaca estelar. Mientras te apoltronas en el mullido asiento, apagas tu celular. Después las luces decrecen gradualmente hacia la oscuridad. Alguien tose delante, otro de más allá se aprieta los labios con el dedo índice, musitando shhh hasta que se derrama el haz del celuloide sobre la pantalla ¡Es tu parte favorita! Donde proyectan estrenos venideros.


Y la voz de un rudo locutor desata intriga: En un estado muy muy cercano… superponiéndose a imágenes de un tráiler orillado a media carretera por siniestros vehículos: al chofer lo balacean a la vera del monte… una ciudad es poseída por el vicio… la carga de veladoras Luz Eterna del tráiler no es lo que aparenta, encubre cincuenta kilos de cocaína: un sicario esnifa la mercancía con su llave maestra para probar… donde los tentáculos del hampa rifan. El close-up al polvo blanco satura, retumba en dolby surround la rola Hey Boy Hey Girl de The Chemical Brothers y admiras a una teibolera colorada serpenteando alrededor del tubo tornasol.


– Uay, esto está bueno– Piensas para ti. Pero el ronco locutor contraataca grave, precisando: Hay algo podrido en San Telmo. A la música electro-paranoica le otorgan decibeles cuando irrumpen al antro agentes judiciales que aprehenden a la ejecutante. La suciedad es profunda… rostros encendidos de cientos de campesinos congregándose para protestar afuera del Palacio de Gobierno… y la ceiba más ambiciosa enraíza cúpulas insospechadas. De Hombres de negro estrechándose las manos, corte a convoy de camionetas polarizadas. Corte a otro asesinato encubierto. Entonces afirma la tosca voz que no todo está perdido, es posible perder más.
Aceleradamente: la fachada de La Tarea Restaurante-bar en primer plano, luego avanza introduciéndose al sitio la lente, sorteando algarabía, meseros, chicas buena-onda encaramadas a tarimas y alegres borrachos alentándoles reclamos capilares, pero sigue de largo la toma rumbo al privado: se estaciona y el coro suspende la música: saluuud, saludcita. Chocan sus tragos como caifanes aullando a una luna de neón: Elías y Nico, investigadores de nota dura, relajando en lujuria nocturnina la pesadumbre. Vaciando botellas de hidalgos.


– Otra tanda, maricón– Clama Elías.
– A ver, tú, chino, mándame otra cubeta pero que estén más frías que las nalgas de una difunta– Pide Nico, luciendo su pecho velludo (algo canoso ya) estilo camisa-desabotonada.


La escena cambia. Un teléfono suena en las oficinas de prensa y el áspero timbre del narrador vuelve: Ahora, dos reporteros de un periódico local quedarán envueltos… la llamada es para Elías, un maquiavélico senador que desea filtrar información para perjudicar a un adversario político y le invita unos tacos en equis fonda retirada… por telarañas de poder… las pruebas cambian de manos, pero existe otro sobre. Para corroborar la cantidad Elías entra intempestivamente al baño: medio cañonazo. Efecto acústico de caja registradora bañada en monedas y la canción de Money de Pink Floyd inicia… en esta jungla de intereses.


Elías abraza con pasión a Sheila, una bailarina; la manosea y le mete la lengua entre los labios. Revisa documentos, desvelado: fraudes, latrocinio, desfalco, vínculos al crimen organizado y el narcotráfico. Ella es un demonio-felino que lo transporta directo al éxtasis. Elías asesta yemas dactilares al teclado, redacta su reporte. Parpadeas y Sheila contonea elipses. Por la rotativa desfilan escandalosos diarios. Afuera de la Procuraduría señoras popof arman barullo. Elías y Sheila ruedan frente a la verja del infierno, empañados en sudor: el sexo los vuelve animales felices, carne palpitante.


De nueva cuenta la garganta narradora truena: Inmiscuidos en la espiral del delito… atraviesan el hiperespacio Nico, Elías y el fotógrafo Ángel, hablándole de tú a semáforos carmesí… descenderán por un tobogán de corrupción hasta sus últimas consecuencias. En penumbras de separo unos oficiales muelen a madrazos un bulto gemebundo. El senador maquiavélico es aplaudido por militantes de su Partido. Torretas encendidas pintan el nerviosismo rojiazul. Desde un ángulo distinto, Nico pone los ojos en blanco exclamando ¡Ah, la Yurotsvo!


El soundtrack decrece conforme surgen cuadros en cámara lenta: occiso en el teatro del crimen, flanqueado por peritos que deliberan. Oyes al narrador advertir: Pero cuando la cloaca se destape… separa la edición de momentos un audio de cartuchos cortados: observas el desconcierto que provoca en Elías recibir anónima una tarjeta donde lo amenazan “te vigilamos de cerca”… nadie estará a salvo de la verdad. Luego un sicario cruza frente al edificio donde trabajan los reporteros y avienta tres granadas de fragmentación que detonan sucesivas, inflando una bola ígnea que causa estragos.


Conforme crece la explosión en slow comienzan los acordes del ¡Oh Fortuna! De la Carmina Burana.
– Osease que va lo mejor– Te frotas las manos y comes ansias porque para palomitas no te alcanza.
Otra llamada sorprende a Elías. Nico anuncia un trágico pésame – Mataron a Sheila.


Ocupa la pantalla una secuencia de instantes aleatorios pero álgidos, en carrusel frenético rumbo al clímax del movimiento: par de pistoleros adentro de un auto riñen y se disparan mientras el vehículo culebrea por periférico; encueratrices danzan sobre la pista; escamoteando solemne sesión del Cabildo de San Telmo se lían a trompadas los ediles, en torbellino de agresiones y heroico, para evitar que atropellaran a una indefensa regidora, Nico se lanza jalándola (y de paso le propina un manoseo galán, faje casi); Elías alucina por las calles; en la dirección general del periódico, Nico y el jefe planean el siguiente paso como en un ajedrez:


– ¿Corroboraste los datos?– Pregunta el director. Asiente Nico– Entonces escríbelo.


Encabezados incriminatorios en las esquinas, ocho columnas de resistencia; el Gobernador con guayabera de lino azul, en elegante despacho, aporrea su puño en el escritorio y ruge (hay en tal hecho ambigüedad, pues no se distingue a ciencia cierta si su rictus enardecido se debe a las crónicas incómodas o a embates de gastritis lacerante, cuando en realidad exige al secretario una pastilla de Ranitidina).


El narrador cuadrafónico: Rafael Gómez Chí presenta, una historia violenta… cimbran platillos metálicos y címbalos al broche apoteósico del fondo en tanto el film se llena de fosforescencias, vivos fuscia, limón e índigo… EL DELIRIO DE UN ALEBRIJE pronunciado y leído en tipografía surrealista. Próximamente. Véala en Technicolor.

lunes, 16 de febrero de 2009

Del amor a la poesía

Por José Díaz Cervera

En un peldaño cualquiera de la noche, una feroz dentellada marca los límites de lo que somos, sólo para reconocer que nuestra humanidad tiene por vocación la exuberancia. Amar es asumir la discontinuidad y el aislamiento; amar es mirarse y reconstruir los ojos cada vez que se cierran quemándose por dentro, cuando entre la espontaneidad y el artificio la intensidad se vuelve como una fruta extraña.


Somos entonces el riesgo, el arma, la llaga inconsistente; quizá por eso ha sido constante la tentación de decir el amor derritiendo las palabras, haciendo que ellas se evaporen para alcanzar lo inalcanzable: aquello en que somos más sin la necesidad de perseverar, ese lugar donde la austeridad nos enriquece y donde la subversión encuentra sus mejores argumentos para poner de cabeza lo real y convertir nuestro egoísmo en un apetito constante por el otro.


Sufrir gozando en el amor que se entiende como campo de batalla, o como herida deliciosa que nos resulta más amable mientras más sangrante; la tradición amorosa en la literatura occidental se abre como un abanico de aromas muy diversos. Hemos aprendido a amar en la carencia; al asumir nuestra necesidad del objeto amoroso, un dolor placentero corre como una descarga de energía extraña por nuestro espinazo, abriendo un agujero entre la proximidad y la lejanía. “..temo, Cintia, que de tu amor mi funeral carezca”, decía Propercio algunas décadas antes de la Era Cristiana, inaugurando así toda una tradición poética que dio a la literatura sus páginas más nobles y, en particular a la poesía, su vertiente más intensa.


Antes, sin embargo, la sensualidad del Cantar de los Cantares, había hecho del amor una celebración misteriosa:


Yo dormía, pero mi corazón velaba.
¡La voz de mi amado que me llama!
“¡Ábreme, hermana mía, amiga mía,
paloma mía, mi perfecta...!”


Cuando Ovidio aconsejaba a las mujeres lavarse la boca con agua serenada para emprender el combate amoroso, o evitar la aplicación de algún cosmético frente al amante, estaba delineando toda una dimensión estética del buen gusto erótico, donde las artes y las mañas del enamoramiento tenían en la memorización de los versos de Calímaco o de Safo una de sus herramientas más eficaces. A fin de cuentas, el amor penetra de manera más profunda cuando entra por el oído de una mujer... o de un hombre.


En el caso de la tradición hispánica, la lírica amorosa tiene uno de sus antecedentes más remotos en las llamadas cántigas de amigo, que eran poemas donde se homenajeaba la amistad. La tradición tuvo continuidad en el romancero antiguo, que hacia los siglos XII y XIII anuncia la proximidad del Libro de Buen Amor, del Arcipreste de Hita. Así, en el Romance del Conde Niño, encontramos algunas de las primeras referencias al tema amoroso en la literatura española:


... de la cintura pa’ arriba,
grandes miradas se dan;
de la cintura pa’ abajo,
como hombre e mujer de han...


Es, sin embargo, en la ya referida obra del Arcipreste, donde el amor se vuelve un asunto profano, asumiendo una contradicción que la iglesia quería nulificar, al contraponer el instinto con la virtud. En uno de sus pasajes más conocidos, El libro de Buen Amor afirma:


Como dize Aristótiles, cosa es verdadera,
el mundo por dos cosas trabaja: la primera,
por aver mantenencia; la otra cosa era
por aver juntamiento con fenbra placentera.


Para hablar del amor, el ser humano ha volcado sus afanes en una de las actividades más extrañas y a la vez entrañables para el propio hombre: la poesía. El poema de amor es siempre una tentación; una cuarteta de Rubén Bonifaz Nuño es suficiente para demostrarlo:


En qué voy a creer ahora
que te has decidido a no mentirme;
si me estás cantando a todas horas
eso que no quiero preguntarte.

Exitosa presentación El delirio de un Alebrije

Por Joaquín Peón Iñiguez


El jueves, a las ocho de la noche se presentó en el Teatro Mérida la novela El Delirio de un Alebrije de Rafael Gómez Chi. Debo decir que la velada comenzó con una pequeña decepción. La vez que conocí a Rafael me contó que tramaba presentar la novela en un putero, francamente, entre las intelectuales y las políticas yucatecas, me quedo todos los días con las putas. Fuera de eso, la celebración fue un éxito como rara vez se ve en el mundillo de las letras en nuestro Estado.


Conrado Roche comenzó por resumir el conflicto de la obra. “No exagero en proclamar que ésta es la primera novela escrita por un yucateco que aborda un tema tan caleidoscópico como lo es el trasiego y trasfondo de la actividad de los periodistas y sus complicidades con el poder.” Después, no escatimó en halagos. “Es finalmente una obra de suspenso, crítica social, misterio y policiaca, muy bien concatenados y con un lenguaje tan directo que aturde al lector purista, sin estar exento de imágenes y metáforas hermosas. La participación de Conrado concluyó con un justo reclamo al pago que reciben los escritores y a la torpeza de las instituciones para distribuir los libros.


Posteriormente habló Juan Esteban Chávez, los que estuvieron presentes no me dejarán mentir, nunca un presentador se había llevado tal vitoreo. A la hora del brindis, escuché que varios compañeros, algunos con larga trayectoria, coincidían conmigo. Los aplausos fueron largos y escandalosos. Después de hacer un breve análisis del lenguaje, los personajes, los tiempos, blablabla, Juane leyó un texto metaliterario, una narración de un sujeto que llegaba al cine y en los cortos veía una promoción de la película El delirio de un alebrije. El texto intercalaba la experiencia del espectador, las imágenes que se proyectaban en la pantalla y la voz del narrador. Aunque el cuento fue pensado para ser leído en voz alta, con un juego de voces, me tomo la libertad de citar un par de párrafos.“Y la voz de un rudo locutor desata intriga: En un estado muy muy cercano… superponiéndose a imágenes de un tráiler orillado a media carretera por siniestros vehículos: al chofer lo balacean a la vera del monte… una ciudad es poseída por el vicio… la carga de veladoras Luz Eterna del tráiler no es lo que aparenta, encubre cincuenta kilos de cocaína: un sicario esnifa la mercancía con su llave maestra para probar… donde los tentáculos del hampa rifan. El close-up al polvo blanco satura, retumba en dolby surround la rola Hey Boy Hey Girl de The Chemical Brothers y admiras a una teibolera colorada serpenteando alrededor del tubo tornasol.


– Uay, esto está bueno– Piensas para ti. Pero el ronco locutor contraataca grave, precisando: Hay algo podrido en San Telmo. A la música electro-paranoica le otorgan decibeles cuando irrumpen al antro agentes judiciales que aprehenden a la ejecutante. La suciedad es profunda… rostros encendidos de cientos de campesinos congregándose para protestar afuera del Palacio de Gobierno… y la ceiba más ambiciosa enraíza cúpulas insospechadas.”Finalmente le tocó el turno al autor. Su presentación comenzó con un anticurrículo que resumió la vida de Rafael, desde sus travesuras de la infancia cuando robaba dulces hasta su experiencia como periodista. Posteriormente leyó un fragmento de la novela. A primera instancia se aprecia un humor bukowskiano, un lenguaje que va a tono con la historia que narra y un ambiente muy bien logrado. La nueva ola de narrativa yucateca nos tiene a muchos esperanzados.


Nunca había visto tanta gente en la presentación de un libro de autor yucateco, estaban parados sobre los pasillos de la sala de arte del Teatro Mérida, sólo faltó que se colgaran del techo o que comenzaran a sentarse en las piernas del otro. En el colmo de las ironías, políticos, intelectuales y periodistas convivieron en paz, como si fuera una pijamada. Nadie se sintió aludido.

La Liga Antillana

Por José Francisco Castillo Baeza


El doctor José F. Buscaglia, Coordinador de Estudios del Caribe en la Universidad de Búfalo en Nueva York, protagonizó una edición más de la Cátedra Nuestra América con el título “Morenos en la Costa: La Liga Antillana contra el Imperio y la Patria Chica Criolla”; con una conferencia que impartió en el marco del pasado Otoño Cultural.La Liga Antillana, según el expositor, fue un movimiento clandestino que se dio a finales del siglo XIX y del cual se conoce muy poco; las razones estriban en la misma clandestinidad del proyecto, pues los documentos que pudieran servir como fuentes son muy difíciles de localizar.


“Era la idea de obtener la libertad y los derechos más amplios de los diversos pueblos del Caribe; se entendía que la única forma de asegurar esas libertades, frente a la amenaza despótica de las clases altas por un lado, y el imperio por el otro, era creando una confederación de los pueblos de las Antillas y el archipiélago entero”.


Bajo esta idea central, el doctor Buscaglia desarrolló su conferencia, explicando las causas y el desarrollo de La Liga Antillana, citando fuentes de primera mano y, en general, haciendo un esbozo de lo que será una investigación más larga, pues el tema prácticamente no ha sido abordado a pesar de la relevancia histórica y política que podría tener. Buscaglia habló de nombres como Betanses, José Antonio Saco y Gregorio Luperón, quienes jugaron un importante papel en la formación de la liga.


Además de la mención de José Martí quien llegó tarde al movimiento antillano: “El proyecto murió en el Siglo XIX con la entrada de Estados Unidos en el Caribe, aunque se ha mantenido con algunos movimientos políticos; y es que se reanudó después, en los años 60 con la Organización de los Estados del Caribe; aunque no hay una conexión directa entre el proyecto del siglo antepasado y el de los 60, el espíritu es el mismo. Es un ideal que se mantiene y es un ejemplo para el futuro aunque no ha dado los frutos que podría dar. Quizá sea conveniente volver a examinar el proyecto antillanista. A mí me gusta mucho una frase de Betanses que dice: Las Antillas para los hijos de las Antillas. No es como aquella otra frase que en realidad lo que quería decir era América para los usonianos”.

domingo, 15 de febrero de 2009

Caminantes del Mayab


Por Por José Castillo Baeza



Datos. El 83% de los tunkaseños que migraron a los Estados Unidos a partir del 2006 son indocumentados; solamente el 10% de ellos tienen visa de turista; y el 7% han conseguido una residencia permanente; 9 de cada 10 utilizó un pollero para cruzar. En 2006, el 97% de los migrantes yucatecos lograron cruzar la frontera. Como contraparte de estos datos, entre 1995 y 2008 se han registrado 5186 muertes de migrantes mexicanos debido a intentos de entradas clandestinas al país norteamericano.



Con datos estadísticos como estos, el doctor Wayne A. Cornelius comenzó la presentación del libro “Caminantes del Mayab: los nuevos migrantes de Yucatán a los Estados Unidos” publicado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el Instituto Nacional de Antropología e Historia y el Instituto de Cultura de Yucatán. La presentación se llevó a cabo en la Sala de Arte del teatro Mérida, y estuvo a cargo de los autores del libro y los presentadores Pedro Bracamonte, la maestra Quintal Avilés y el doctor Othon Baños.



Luego de la intervención de Wayne Cornelius, uno de los autores del libro junto con David Fitzgeral y Pedro Lewin Fischer, intervino Pedro Bracamonte quien definió el texto como “un libro útil y necesario en donde se concretan viejos temas de la investigación”. Bracamonte se enfocó en la realidad socioeconómica que ha hecho posible el fenómeno de la migración en Yucatán, por lo que habló de la simbiosis cultural que se da en el pueblo de Tunkás: “existe una migración emergente lo cual es una sorpresa ya que Yucatán casi no presentaba migración hace 30 años”.


Bracamonte habló también de los modelos económicos que se han dado en el estado históricamente; el modelo señorial, durante la colonia requirió de indígenas para la encomienda, el modelo dominado por las haciendas también necesitó mano de obra indígena y, por último, el actual modelo capitalista obliga a la migración de los mayas a sectores urbanos. El presentador terminó diciendo que Tunkás “se ha convertido en una aportadora de migrantes tanto externos como internos”.


Quintal Avilés, por su parte, abordó el texto desde una postura antropológica y enfatizó el hecho de la migración como un fenómeno que se da sobretodo en hombres jóvenes. Al final de su intervención manifestó no haber estado de acuerdo con un comentario del libro en donde se dice que en Yucatán los índices de discriminación son mínimos. La maestra recalcó que en el estado sí existe la discriminación aunque ésta se da de manera fuerte y sutil.




El doctor Othon Baños dijo que “Migrantes del Mayab” es el primer libro publicado en el estado dedicado al tema de la migración internacional, lo cual lo convierte en un texto obligatorio para todos. Su intervención giró en torno a la globalización como factor influyente en Tunkás. Por último refirió que hace falta una revisión de la literatura regional así como del registro de la migración de las zonas rurales a la ciudad, hecho que hasta ahora se ha mostrado imperceptible.



Por esto!, jueves, 12 de febrero de 2009.

sábado, 14 de febrero de 2009

Preludio para desnudar a una mujer


La Red Literaria del Sureste ofrece el siguiente poema del escritor mexicano Vicente Quirarte, como un obsequio para los lectores de este blog en este 14 de febrero.




Preludio para desnudar a una mujer



Vicente Quirarte


Que esté, de preferencia, muy vestida.
Por eso es importante que las medias
sigan cada contorno de sus muslos: que disfruten
la pericia, el estilo del tornero
que supo darles curva de manzana,
maduración de fruto al punto de caída.
Goza de la tela perfumada
encima de los jabones y los ríos.
Acaríciala encima: su vestido
es la piel que ha elegido para darte.
Primero las caderas:
es la estación donde mejor preparas
el viaje y sus sorpresas. Cierra los ojos.
Ya has pasado el estrecho peligroso
que los manuales llaman la cintura
y tus manos se cierran en los pechos:
cómo saben mirar, las ciegas sabias,
el encaje barroco de la cárcel
que apenas aprisiona dos venado
sencendidos al ritmo de la sangre.
Si los broches y el tiempo lo permiten,
anula esa defensa: mientras miras sus ojos
deslízale el sostén.
Y si protestaes tiempo de estrecharla.
Acércala a tu boca y en su oído
dile de las palabras que son mutuas.
En un ritmo creciente, pero lento,
trabaja con los cierres, las hebillas,
los bastiones postreros de la plaza.
Aléjate y admírala: es un fruto
que pronto será parte de tu cuerpo
y tu sed de morderla es tan urgente
como la del fruto que anhela ser comido.
Has esperado mucho
Y tienes derecho a la violencia.
Deja que la batalla continúe
y que el amor condene a quien claudique.


Una exposición: Sino

Por Jorge Cortés Ancona

En el Centro de Artes Visuales, del ICY, se expone actualmente el trabajo de tres ganadores de los estímulos provenientes del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Yucatán (FOECAY). Se trata de Bárbara Lobatón, Iván de León y Manuel Ontiveros. Tres exposiciones muy distintas en géneros, técnicas, materiales e ideas. Las tres sumamente motivantes para que el espectador confronte diversas realidades espaciales y conceptuales.


En esta ocasión nos ocuparemos de Sino, la exposición escultórica de Bárbara Lobatón, un conjunto de obras con un remarcado carácter orgánico, al estar elaboradas con materiales naturales como troncos obtenidos en playas o ciénagas, varas o cortezas de coco, arena, conchas y piedras, además de yeso, e integradas con materiales elaborados como telas de algodón o malla y alambre galvanizados.


Por supuesto que esta concepción escultórica sigue procedimientos distintos a los acostumbrados del moldeamiento, la talla o el desbaste de materiales. No se trabaja con un material único sino que se integran diversos elementos para formar la pieza. El resultado en este caso es una obra que en su materialidad y en su conformación individual y conjunta simboliza las condiciones humanas, las emociones y otras vivencias.


Ya el título de la exposición remite a la idea de destino pero también a una integración de contrarios (si-no), como se evidencia en la pieza “Sino”, donde se integran la línea recta y la curva, como el todo de lo masculino y lo femenino en unidad. Una figura de color oscuro que nos recibe de frente y nos hace detenernos antes de entrar a las salas de exposición.


En todo el conjunto notamos la tensión de opuestos, por lo cual percibimos partes visibles pero también ocultamientos, así como la intención de atar y fijar las diversas partes como si se estuviera en la pugna entre moverse y no poder hacerlo por existir un impedimento. Ya el hecho de que predominen los elementos de origen vegetal habla de esa fijeza a una superficie, a una inmovilidad de las distintas partes que además tienen vendajes, como si se tratara de una herida o se encubriera algún misterio.


A veces cada obra se compone de una sola pieza pero también hay grupos de dos o más elementos, como si fueran reproducciones naturales con variantes o desprendimientos. Hay piezas que sugieren la idea de esqueletos o de fósiles, piezas apoyadas en tres “patas” que es decir que se sostienen por sí mismas, y cuya estructura nos parece de un ser vivo capaz de moverse. Estas esculturas parecen fuerzas que quisieran expandirse en el espacio, con todo y lo que los ancla a la superficie y estar cubiertas.


Toda la exposición impone una sensación de ansiedad, como estar dentro de la fatalidad de la naturaleza, pero también ante la fragilidad de la condición humana. Una pieza que estremece es “Fuerzas en tensión”, donde una piedra y las sogas son la atadura y el anclaje cotidiano, aquello que nos une pero que a la vez nos inmoviliza.


Cada obra es metafóricamente efectiva, como por ejemplo “Naturaleza muerta con autorretrato”, escultura en forma de caja y cuya tapa es un plano inclinado, donde se ve una personalidad en total vínculo con la naturaleza, que obtiene sus materiales en ese contacto vital con las playas, y que aunque se muestra, lo hace con la reticencia de ocultar la cara por medio de otro elemento propio (hemos observado esa tendencia en la autora en sus autorretratos, regularmente con el cabello o las manos sobre la cara; difícilmente veremos su rostro completo).


Bárbara Lobatón es egresada de la Facultad de Artes Visuales de la Universidad Veracruzana y ha llevado una trayectoria ascendente en la escultura, el dibujo y la fotografía. Esta exposición estará abierta al público hasta el 28 de febrero. El Centro de Artes Visuales del ICY se ubica en la calle 60 x 47 y 49, frente a la iglesia de Santa Ana.

viernes, 13 de febrero de 2009

Los pasos de Ibargüengoitia

Por José Francisco Castillo Baeza


A través de la subdirección General de Literatura del ICY y la Coordinación de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes, la Biblioteca Manuel Cepeda Peraza albergó por dos semanas una exposición de documentos, fotografías y algunos libros del escritor y dramaturgo guanajuatense Jorge Ibargüengoitia. A través de las imágenes, los pasos del narrador se comenzaron a escuchar en los corredores de la biblioteca, pero no fue sino hasta el pasado 4 de febrero que el sonido se detuvo para escuchar la evocación de su recuerdo.


La licenciada Judith Buenfil Morales y el maestro José Ramón Enríquez protagonizaron la mesa panel titulada “Los pasos de Ibargüengoitia” (evento organizado con el respaldo de mencionadas instituciones y la Red Literaria del Sureste) en donde se abordó vida y obra del escritor. “El humor como un arma literaria que logra establecer un vínculo con el lector, fue uno de los principales aciertos de Jorge Ibargüengoitia, autor que, con una escritura en apariencia sencilla, supo explotar la ironía, la cual permite una distancia crítica y, por tanto, desacralizadora de la realidad que nos circunda”. Así comenzó la licenciada Buenfil el texto que tituló “La ironía de la realidad en la ficción”. La escritora comenzó hablando sobre algunos puntos biográficos, tema que desarrolló más tarde, el maestro José Ramón. En la segunda parte de su texto se enfocó a hablar sobre Las Muertas, novela “nutrida no de eventos de la historiografía sino de la nota policial o roja, Ibargüengoitia, relata un hecho explotado hasta la saciedad por los periódicos amarillistas”.


Buenfil Morales realizó un análisis de la ironía en mencionada novela, centrándose en algunos elementos textuales, enlazándolos con el contexto social en el cual se desenvuelve Las Muertas: “el relato contiene diversas omisiones que fungen como guiños al lector; el narrador, en un trabajo objetivo, no indaga mucho en el interior de los involucrados, por consiguiente, el lector debe formar una hipótesis, hacer su propia interpretación de los hechos y elegir las versiones que ayuden a desentrañar los crímenes. Sin embargo, sería ingenuo pensar que la forma en la que están presentados ciertos datos no está ahí para recalcar lo que nos parece es el tema primordial de la novela: el doble discurso que tiene la sociedad provinciana con respecto a la prostitución”.


Por su parte, el maestro José Ramón Enríquez se centró en la dramaturgia de Jorge Ibargüengoitia. En la primera parte de su exposición, José Ramón enriqueció la biblioteca con numerosas anécdotas que, poco a poco, fueron adhiriéndose a los libros de los estantes. Así, habló de las relaciones personales del guanajuatense con Salvador Novo, Emilio Carballido y Rodolfo Usigli, entre otros.


El maestro refirió también que la obra teatral de Ibargüeingoitia es “una asignatura pendiente del teatro mexicano” puesto que no se le supo valorar en su momento: “Ibargüengoitia estaba haciendo teatro de vanguardia. Si se le hubiese apoyado tendría la importancia que tiene hoy como novelista”. Las razones por la cual el dramaturgo no fue valorado en su momento estriban en que siempre se le ve como “un escritor incómodo, difícil de montar”. Ibargüengoitia, según José Ramón, no sabe jugar las reglas del fútbol nacional, se mete con las instituciones, con la iglesia, con los grupos de poder; nos enseñó a perder el respeto: “Jorge molesta mucho porque baja de los pedestales a los héroes”.


Luego de resaltar tu capacidad narrativa y ensayística, José Ramón Enríquez invitó al gremio teatral a montar al escritor guanajuatense. “Él no se arrepintió de haber dejado el teatro, pero creo que el teatro mexicano sí debe arrepentirse…”


Los pasos comenzaban a oírse de nuevo luego de que el recuerdo vibrara en las paredes de la biblioteca, y con él, José Ramón Enríquez emite su sentencia: esta nación sigue siendo una obra de Jorge Ibargüengoitia.


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