miércoles, 21 de octubre de 2009

Juan Cárdenas, guitarrista

Por Conrado Roche Reyes

En cierta ocasión, Juan Cárdenas me confesó que tendría unos diez, once años, cuando escuchó tocar por primera vez a Mike Manzur. Fue en una de aquellas tocadas, en las que el gran guitarrista desaparecido, solo con su Gibson Les Paul, efectuaba esa especie de happeningas en lugares más insólitos. Por medios que desconozco, la gente se enteraba de ello.



Hubo ocasión en que conectó su amplificador a la batería de un carro estacionado en la carretera que va a la hacienda San Antonio Cucul, que por entonces era monte, y tocó su instrumento en medio de la noche ante numerosos acólitos de Satanás.

Juanito me platicó, que él lo escuchó en una casona abandonada, en la calle sesenta, cerca de la avenida Colón, que después albergaría a la prepa México, y posteriormente una clínica.
Entonces al amparo de la aliada noche, Mike tocaba su guitarra sin ningún acompañamiento.

Por esa época, Mike estaba clavadísimo en los efectos que nadie más podía sacar. Poseía un distorsionador movible, un Boss Tone que se enchufaba al instrumento. Su pedal Wa wa y la palanca vibrato que todas las guitarras traían integrado. A su distorsionador, por medio de su conocimiento de la entraña de su lira, le adaptó un filo gillette y le sacaba sonidos extrañísimos.

Todos recordamos su efecto simulando el vuelo de un jet, y otros totalmente nuevos para todos y todas, porque ya acudían las primeras chavitas. Realmente puedo describir en una palabra, el efecto que producía entre los oyentes: pasmo.

Juan, decidió entonces convertirse en rocanrolero. Y se puso a estudiar escalas. Con el paso del tiempo llegó a tocar muy bien, siendo llamado a formar parte del grupo “El sonido del eco”, junto al también fallecido y gran tecladista y líder, Jorge Carlos Castro, Roberto “Xic” Arcila en el bajo, Jorge Valdez en la batería, y Carlos “el Borrego” Bojórquez en la flauta.

Con el tiempo se integró al grupo, un chavo de nombre Waldemar, que venía de la escuela clásica y tocaba el violín. Toda una innovación en el rock. Esta agrupación fue considerada como una de las mejores, y para varios, la mejor. Juan requinteaba cada día mejor.

Incluso hubo quien lo comparara con Mike, y hasta que lo superaba. Surgió entre ambos una rivalidad.

El grupo, para vivir de la música, y como eran los más contratados, comenzaron a tocar música bailable. Castro puso a todos a estudiar solfeo hasta convertir a su banda en músico vocal. Su fuerte, y lo que estaba de moda en los bailes era el bossa nova, aunque de vez en cuando se echaban sus rocanrolitos.

Nuestro personaje llevaba una vida normal. Tuvo novia, se caso, etc., etc. Pero su obsesión por superar a Manzur era muy grande. Yo no sé si lo siguiente sea cierto, pero eso es lo que dice esta tierra de mitos, ritos, kotex y leyendas. Cuentan que en una ocasión, ya estando Juan fuera del Sonido, tocaba con un grupo de rock, de cuyo nombre no me acuerdo, coincidió con el grupo de Mike en Cozumel. Allí Mike, alternó con él y como estaba muy celosos porque los comentarios acerca de la calidad de Cárdenas llegaron a sus oídos, tocó como nunca desbaratando aquellos comentarios. La verdad es que Juan tocaba muy bien, pero el otro comía aparte. Dicen que comentó que cómo le haría para tocar de esa manera tan casi perfecta, y no faltó el genio maléfico que le respondiera que tocaba así porque tomaba LSD.

Y ahí va Juan, acepta uno de esos inventos de Baal, el acido lisérgico. Tuvo un muy mal viaje, y a partir de ese momento, algo se trastocó en su mente y ya no volvió a ser el mismo. No estoy insinuando que quedó loco, pero sí ya su plática, y su modo de ser, sufrieron un cambio. Al menos, yo, hubo un tiempo que no comprendía de que me estaba hablando. Eso sí, jamás abandonó su guitarra que tocaba, aunque sea, solo en su casa. En varias ocasiones fui a ésta y tocábamos algo, pero nunca me llegué a acoplar con él.

La juventud pasó, y ya un hombre mayor, tuvo la fortuna de encontrarse con “El judío”,qepd, Miguel Barrera, y Jorge Cervera, que ya adulto se compró su batería y la aprendió a tocar en un tiempo record. Ensayaban en casa de “barrerita” y formaron un grupo que llamaron “La tranca”, con algunos cambios en sus elementos. Con la llegada de Ricardo Pat, otra agradable sorpresa como cantante, incluso, en su primer ensayo, me invitaron a cantar.

No creo de mala fe, pero se trataba de “Sea of joy” de Blind Faith, cuyo cantante Steve Winwood, entona los registros más altos del rock. Obviamente no alcancé y tiré la toalla. El grupo se llama “La fuente del poder” y son muy buenos.

Cárdenas es un individuo interesante. Cuando está en la vida diaria, tiene sus cosas, pero en el momento en que empuña su guitarra sufre una asombrosa transformación. No comete, ni en su música, ni en el stage ningún desfiguro. Centrado, acompaña esperando su turno para requintar y ataca ferozmente y con mucho feeling su parte. Es el único guitarrista, que he escuchado, que la gente le aplauda después de su “solo”. Y otra cosa que me gusta mucho de él. Se sabe las rolas que a mí me gustan y que no toca con el grupo.

Aprovechamos cualquier descuido y toca por ejemplo “I gotta have a song”, “It must be love”, “Spoonfull”, “Sitting on the topo f the World”, “Alaska” “I feel free”. En resumidas cuentas, es el único con quien puedo tocar blues, ya que mi buen amigo y con quien lo hacía Carlos Bojórquez, está huido. Ya lo fui a ver a su casa setecientas veces y no está. Era para invitarlo a tocar tres rolas, sólo tres rolas en el cumpleaños de un gran y fraterno amigo y que le encantan. Serían una de Fats Domino, una de Little Richard, y alguna muy conocida de Presley.

Hoy por hoy, Juan Cárdenas es el mejor guitarrista de rock en Mérida.

Por esto!, martes 13 de octubre de 2009.

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