jueves, 15 de octubre de 2009

Para contar un cuento



Por Náser Badí Xacur Baeza



Papá, cuéntame un cuento. Esto dice el Xtup de la casa de apenas cinco años cuando pretendo dormirlo. El tiempo pasa, pero las luces artificiales que nos agreden desde todos los puntos permanecen iguales. Quienes, como en mi caso, por situaciones económicas viven en colonias o fraccionamientos de los llamados de interés medio o social, cuentan para el asentamiento de sus viviendas con un reducido número de metros cuadrados, lo que obliga a que las construcciones se encuentren muy cercanas al arroyo de la calle, con la consiguiente molestia de ruidos que de ella provienen y con la intromisión de las luces del alumbrado público; que si bien, son necesarias e indispensables en estos tiempos, no dejan de ser molestas cuando nos alumbran la cara a la hora del sueño.

Papá, cuéntame un cuento, solicita insistentemente, sin importar si recién se aleja del televisor después de haber visto 2, 3, o cuatro programas todos llenos de antivalores y violencia. Me refiero, desde luego, a esos de los llamados o destinados para el público infantil. Allá donde un bebé dinosaurio no cesa de golpear a su padre, o donde un niño de clase media norteamericana agrede con solicitudes insistentes a su familia, o bien, un conejo o un pato, golpean y burlan sádicamente a sus compañeros de pantalla.




Yo, como muchos otros, ahora citadinos, tuve la suerte de vivir parte de mi infancia en un pueblo, aquel pueblo de don Chicho. Allá se respiraba tranquilidad y romanticismo, y bien recuerdo lo común que era sentarse en grupo frente a una persona mayor a escuchar un cuento.

Papá, cuéntame un cuento, y es que los cuentos tienen tal hechizo que son un lazo de unión con los hijos de temprana edad. Estas fantasías resonantes que les señalamos y que ellos gozan al escucharlas de nuestros labios, les sirve de arrullo, de goce y sobre todo, para reafirmar que se encuentran, al instante de alejarse momentáneamente de este mundo para asistir al mundo de los sueños, al lado de un ser querido. El “estoy cansado”, el “ya es tarde”, el “no se cuentos” o el “dícelo a tu madre”, es dejarles un sentimiento de amargura, ya que sólo están pidiendo unas cuantas palabras, que posiblemente no alcancen escuchar en su totalidad antes de les venza el sueño.

Y que alegría poder relacionarnos con nuestros hijos, captar su atención, (o más bien que ellos capten nuestra atención), sin tener que mencionar que la quincena no nos alcanza y tendrá que esperar hasta la siguiente para estrenar esos zapatos que tanta falta le hacen; o tratar de que entiendan porque ese señor que se llevo 250 millones de dólares del país no los quiere devolver.

Papá, cuéntame un cuento, y es que en los cuentos no tenemos que mencionar las luchas por el poder, el narcotráfico, la corrupción y tantos y tantos males que nos agobian. Y cuando a nuestros hijos les regalamos estas fantasías con frecuencia, aprendemos a disfrutar del interés con que somos escuchados e iniciamos un dialogo interno en busca de soluciones para solventar todos los males que nos acosan y poder preservar la felicidad de ellos.

Quienes conocemos el hechizo de escuchar o narrar un cuento, sabemos que esto es algo que no debemos dejar de obsequiar a nuestros hijos, sobre todo, a las horas previas al sueño, y cuando concluimos nuestra narración podemos, ya con la paz que esta comunión padre e hijo nos deja, analizar y señalar que los cuentos , cuentos son; y no deben ser aceptados en sustitución a respuestas concretas por reclamos específicos que hacemos a nuestros gobernantes, ya que, para poder tener la paz suficiente para el trabajo y crecimiento armónico, es indispensable acabar con la corrupción, el narcotráfico, la invasión de antivalores y sobre todo los malos gobernantes.

Para encontrar el tema de un cuento, basta recordar algunas de nuestra leyendas, o alguna de nuestras anécdotas, o bien, mirar a nuestro alrededor y ver al niño que vende chicles o limpia parabrisas, o al niño cuyo padre peregrina de empresa en empresa en busca de trabajo, entonces, es cierto, los temas para los cuentos saltan a la vista.

Papa, cuéntame un cuento. Y es que para contar un cuento, sólo se requiere apagar las luces, dejar volar la imaginación, querer mucho a nuestros hijos e iniciar diciendo:… “Había una vez, un niño, que todas las noches antes de ir a dormir decía: - Papá, cuéntame un cuento”.

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