lunes, 26 de octubre de 2009

40 años de la Hemeroteca José María Pino Suárez


Por Conrado Roche Reyes

Hace unos días, la Hemeroteca del Estado cumplió 40 años de prestar sus servicios a la comunidad. Han sido fructuosos desde donde se le mire. Su acervo es de cientos de miles de material hemerográfico. Es creo yo, el lugar más visitado en cuestiones de consulta, investigación, simple curiosidad, etc. Ahí se puede dar cuenta la gente como fue la historia de nuestro Estado. Abarca periódicos y revistas incluso del siglo XIX. Nos asombramos en ocasiones de la manera de vestir en el devenir del tiempo de nuestros ancestros. Su forma de pensar. Esto en todas las materias, sea política, social, chusco y picaresca. Y no deja uno de asombrarse del cambio en la filosofía y quehacer político de aquellos tiempos. Es impresionante mirar fotografías del cadáver recién asesinado de Felipe Carrillo Puerto, varios de sus hermanos y correligionarios. Impactante documento grafico y la narración de los días que precedieron al llamado “Juicio Sumario” que la soldadesca montó resuelto en tiempo récord. La cuestión era terminar con la vida del Gobernador Constitucional de Yucatán, como espetó el prócer, durante aquella farsa, al llamarlo simplemente ciudadano y enumerar sus también increíbles delitos.

Pero, hoy no hablaremos de la historia del recinto informativo. Me referiré a mi caso particular. Tendría unos 17 años cuando mi padre, al ver que andaba en la vagancia (estudiante es un decir), decidió que debería incorporarme a algún trabajo para alejarme de la perdición. Por entonces, él se reunía a diario, se podría decir, en el café “Sevilla”, hoy desaparecido y cuyo local ocupa un Oxxo, con los más connotados intelectuales de la época. Don Clemente López Trujillo, a la sazón director de la Hemeroteca, el poeta Lara y Lara, apodado “El gato”, El también bardo, Alfredo Aguilar Alfaro, Fito Ruz, el historiador Miguel Civeira Tabeada, el poeta y escritor Miguel Ángel Menéndez, y muchos otros más. En ocasiones, cuando lo pasaba a recoger, me sentaba a la mesa con estos gigantes de nuestra intelectualidad escuchando arrobado su charla que versaba sobre los temas más diversos, política, letras, obviamente mujeres, y porque no decirlo, como en todo café que se precie, del último chisme del día.

La idea de papá era el que yo entrase a trabajar a la Hemeroteca, sabedor de mi pasión a la lectura. Se lo platico a Miguel Ángel Menéndez que era muy amigo de López Trujillo, quien accedió, Miguel Ángel, que era mi tío, a proponérselo al Director. Se hizo la cita. Confieso que llegué a la misma temblando como una hoja, porque hay que decirlo, los que tenían el carácter y la voz más fuerte, siempre regañando eran precisamente López, y Menéndez.

Al arribar al cenáculo cafeteril, se puede decir que ya estaba palanqueado por el tío Miguel Ángel. Durante toda la tertulia, mi futuro jefe no me dirigió ni la mirada. Estaban centrados en su mundo de poesía y política. Conforme el tiempo transcurría, mi congénita nerviosidad iba en aumento. En un momento dado, sin decir agua va, López Trujillo me dice de sopetón: “Joven, vamos a aquella mesa” señalando una lo más alejada del grupo. Comenzó una especie de interrogatorio con el vozarrón de mi interlocutor que ponía a temblar al más templado.

Así Que quieres trabajar.

Sí, señor.

¿En qué año vas?

En tercero-o segundo, no recuerdo bien- de prepa.

¿Lecturas?

Los clásicos de todos los tiempos y todo lo que me parezca interesante.

¿Has leído a tu tío Miguel Ángel?

Sí.

¿Qué te parece?

Excelente.

Mira, él me recomendó mucho que te diese el trabajo, y óyelo bien, nada más por eso te lo voy a dar. El sueldo no es la gran cosa, ni el trabajo. Es más bien una cosa física. Vas a encontrar en el archivo, el periódico o revista que los usuarios pidan y se los entregas en la mano. Preséntate mañana a las 8PM, y ahí mi secretaria te dará instrucciones.

Gracias maestro.

Y ,¡Córtate El Cabello!.

Al día siguiente, me presento tal como me ordenó. Resulta que su secretaria era Lulu Pérez, a quien conocía porque participó en varias obras teatrales con mis hermanas. Me saludó cordialmente explicándome en que consistía la chamba. Había que subir y bajar a un segundo piso cada diez minutos. En realidad era yo el chalán. Por entonces la Hemeroteca no era lo que hoy, confortable y con aire acondicionado. No, había un calor de los mil demonios y los documentos materialmente se despedazaban en las manos, los muy antiguos, y los no tanto, cuando el director llegaba, el lugar parecía ser objetivo de un terremoto. Los empleados se esmeraban a trabajar o a hacer como que lo hacían. Un buenos días fue todo lo que escuche de él. Aunque Lulu me decía que en el fondo era muy bueno. Pues… sería muy en el fondo ya que siempre aparentó ser una persona muy eficiente pero impositiva.

Siendo como soy, ya te imaginaras lector, el tiempo que dure allí. Fue como una semana. Sin embargo, fue la primera chamba que tuve en mi vida. Algo aprendí allí: para hacerla en este tipo de trabajos, se tiene que ser una persona muy aplicada, ordenada, disciplinada. Todo lo contrario a mi persona. Ya te imaginaras el cagoteo del tío Miguel Ángel al enterarse de que tiré la toalla. Me baño de mierda.

Y también guardo otro recuerdo de ese lugar. Allí me casé, ya que funcionó también como Registro Civil, en una boda, como todas las de entonces, con una miaja de surrealismo. Los contrayentes, testigos, juez, parientes y demás de pie escuchando la epístola de Melchor Ocampo, que las feministas aún no botaban. Una enorme ventana daba a la calle 64, de tal manera que la boda se celebró con un montón de mirones en la misma. No faltó el chistoso que gritase desde la misma. “¡Ya te chingaste chavo!”, causando la hilaridad incluso del mismo juez…y la mía inclusive.

Hoy, la Hemeroteca es dirigida por el buen amigo Faulo Sánchez, y se efectuó una conferencia para conmemorarla. Cabe señalar también que dependiente es del Centro de Apoyo a la Investigación Histórica de Yucatán.




Por esto!, viernes 23 de octubre de 2009.

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