lunes, 21 de septiembre de 2009

Mateo



Por Náser Badí Xacur Baeza


A los quince, me fui del pueblo tras un circo. En ese entonces, casi todos los caminos eran de terracería. Malos, muy malos. La “petrolizada” más cercana distaba como treinta kilómetros; imagínate los camiones del circo. Hasta la madre de cargados y dando tumbos entre brecha y brecha. ¡De chatarra! Pues me fui con ellos, con los cirqueros. No fue así nomás, es que la ayudante del mago me convenció para que aprenda lo del trapecio. También la haría de chofer y me ganaría una lana.

La Reinita, la del mago, ¡Re buena la condenada! Creo que tenía diecinueve, eso me dijo. Estaba re “dzipona”; ¡tremendos “chuchús”! Y yo que me voy tras ellos. Conoces el dicho: “jalan más dos tetas que cien carretas”. Además, acá en el pueblo y tan jodidos como estábamos, pues pa’ cuando prosperar. Así se me dio el modo de salir y buscarle. Como dos años me trajo de encargo la muy ladina, ¡cómo me vacilaba! se arrimaba y se escapaba. Nomás me lo daba a oler. Todo ese tiempo, pues ya sabes: puñetas y putas, y lo que caiga en los pueblos; las chamacas siempre se arriman con los fuereños, sobre todo a los cirqueros. Ha… pero yo le puse fin al asunto. –“¡Mira!, -le dije –yo vine al circo por ti, no por otra cosa”. ¡Qué hembra, mi hermano! Si la hubieses conocido; ¡Sí que perdí la cabeza! La muy canija, “pos”, era su querida del dueño del circo y le hacía con el mago para la tapadera, por la jefa que era muy brava. Y yo que voy de su pendejo y caigo redondito. Diecisiete años apenas cumplidos y me caso con ella. Todo fogoso y chamaco le exigía diario y varias veces, pero ella tenía que cumplirle al dueño, y también al mago que era muy cabrón y no la quería soltar, así que no pasó mucho tiempo y que me doy cuenta y… ¡toma perro! En un camino culebrero, cuando no detuvimos a cambiar una llanta, tremendo pleito, que me lo chingo y me llevo a mi mujer allá al territorio; re lejos, ¡En casa de la chingada! Algún día vamos a que conozcas, está más atrás de Tihosuco. Pues allá me recibieron y me atendieron unos parientes de mi mamá. Al principio todo bien; pero el cirquero, bien marrullero, me acusó con la “Estatal” y fueron a buscarme. Claro que me chingué al mago, pero yo no lo maté; él fue quien lo acabó. Bien matrero el cirquerillo, aprovechó que se lo dejé jodido y allá lo aquieto. El caso es que a mí me entancaron y él se llevó otra ves a la hembra, a la fuerza pero se la llevó. Lo que me prestó ayuda, es que la esposa del muy ladino se molestó mucho con el regreso de la “Reynita” y boqueó todo. Mi patrón, Don Arnulfo, que era mi verdadero patrón en mi pueblo, me tenía buena ley, todavía me la tiene, pues él se enteró del asunto y puso un abogado para que me sacara. Pues con todo y que la esposa del cirquero había “cantado”, me chupé dos años en la “grande”. Bueno, lo que sucedió es que allá adentro, un cabrón me quería coger y a ese si lo maté. En la cárcel aprendes mucho, te defiendes o te defiendes, o te lleva la chingada. A ese si los mate. ¡Como no!

Mi patrón, Don Arnulfo, logró que me soltaran, dizque por defensa propia y una lana a los jueces. Cuando estuve fuera le dije: -Quiero ir por mi esposa, es que la tengo aquí, muy adentro-. Y me encaminé pa’ donde ya sabía. Ella estaba trabajando en un circo que se movía por Campeche, cerca de Escárcega. Pues voy y la encuentro. ¡Más buena la bendita! ¡Parecía artista de cine! Como seis meses la pasamos muy bien, pero ¡vaya la muy cabrona! ¡Que loca!; se me escapó con un ranchero de Tabasco. Ya te dije, yo estaba muy entrado. Así que me fui tras ella y otro pleito. Acabó a machetazos. Que le corto el brazo a ese cuate y de nuevo al “tambo”. ¡Otro rato en la sombra! Al principio, cada semana me visitaba la Reina. Tenía sentimiento de culpa y el culo caliente; el culo se le fue enfriando y poco a poco dejó de visitarme. Pero eso sí, había querencia, me mandaba a alguna amiga para que me entretuviera y me esté sosiego. La Reina le bajó unos pesos al ranchero desbrazado, después lo dejó y puso una cantina. Ya sabes, ¡una buena cantina! con meseras, cuartitos y toda la cosa y… ¡A ganar lana se a dicho! Ella es muy buena para hacer dinero. Creo que me quería tantito, pues me pagó un abogado.

Ya que estuve libre fui a verla, pero ya tenía un machín que la cuidaba.
--“Mateo”-, me dijo cuando estábamos en la cama, -“tu y yo nunca nos casamos, fue puro circo, ¡Claro que me caes! Pero no eres mi destino; si me fui contigo fue para librarme del cirquero, cambiar aires por un tiempo y pasar un buen rato. Mira, mi destino es ser puta y rica, y tú junto a mí, la verdad que no, no la vas a hacer, ya la pasamos bien y ves que no te abandoné; así que vamos dejando este asunto como amigos. Toma este dinero y regrésate con los tuyos. Puedes llevarte a una de las muchachas para que tengas pareja, cuando te fastidies de ella me la mandas de vuelta”.

Agua helada hermanito, hecho un animal, dando tumbos como becerro derrengado, en vez de regresarme al pueblo me fui pa’ Chiapas. Allá me enganché como chofer de un ganadero muy rico que conocí en el putero de la Reina. Para no estar solo, me arrejunté con una hembra grandota que trabajaba en el mismo rancho dentro de la casa principal. Feona, pero muy buena; ¡tamañas caderas! Le hice dos hijas. ¡Pura vieja en casa! ¿Qué te parece? Cuando mataron al patrón de Chiapas las dejé a su suerte. Seguramente están bien pues se quedaron con la jefa. Esa tarde, cuando mataron al ganadero, me alcanzaron dos balas, pero siguieron su camino, ya vez, la libré. Él no la pudo librar, pues un plomazo le agarró el cuello; así es la vida; cuando te toca pues te toca. En el tiempo que estuve con él cuatro veces lo intentaron matar. Ya le tocaba. Cada vez que la “brincaba” me decía: -¿Sabes qué, Mateo? Voy a dejar de hacer ese negocio y me voy a dedicar sólo al ganado- Pero no lo dejaba, había mucha lana y muchos compromisos.

Yo, pues, todavía joven, me dije a mi mismo: -“¡no seas perico Mateo! regrésate con Don Arnulfo”, él te tiene ley de la buena-. Dejé todo y aquí estoy. ¿A la doña de Chiapas? No, no le mando nada, además de que se quedó con la patrona ya se arrejuntó con un viejo que tiene como doscientas cabeza de ganado, él cuida de las niñas. No, no te vayas a creer que se busco un suplente muy rápido, ya lo tenía desde en antes, las veces que yo salía de viaje con el jefe, él la visitaba, yo me hacia guaje, pues que tal si me quebraban y no regresaba. Además, ni estaba tan buena. Pa` buena la Reynita.

Ya lo ves, acá con mi verdadero patrón no hay “pedos”, la vida es otra cosa, puro dulce, solo madrazos y palos. ¡Esto si es vida tranquila!

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