jueves, 3 de septiembre de 2009

Conversando con Maximito: la Eligio Ancona a Joaquín Bestard


Por Rafael Gómez Chi


Joaquín Bestard Vázquez, uno de los más prolíficos escritores de Yucatán, cuya obra literaria compuesta de numerosas novelas y libros de cuentos se ha convertido ya en un referente directo de la cultura yucateca, recibirá este año la Medalla Eligio Ancona, máximo galardón que el Gobierno del Estado, a través de la Universidad Autónoma de Yucatán, otorga a quienes se han distinguido en los campos de la ciencia, la cultura y las artes.

El escritor, en cuyos relatos ha construido, sólida y consistentemente, la figura de un indígena maya yucateco muy diferente a la que nos heredó el canon narrativo del siglo XIX y de buena parte del siglo XX, afirmó que recibir esta distinción le confirma que “por lo menos he hecho bien las cosas” en un mundo en el que, lamentablemente, existen contados lectores.

Sin embargo, Bestard Vázquez, además de soñar con la edición de una biblioteca con su nombre, también desea que ojalá las nuevas generaciones de escritores continúen con la defensa de la cultura yucateca que él ha mantenido por más de 40 años desde que en 1966 publicó “Un tigre con ojos de jade”, su primera novela.

Aunque la noticia de la Medalla Eligio Ancona se hará oficial en estos días, el escritor recibió ayer la notificación en su domicilio, desde el cual accedió a una conversación para POR ESTO! en la que habló de sus obras y en especial de Beyhualé, un pueblo ficticio en el que reconstruye las vivencias sociales a través de la presentación de una serie de personajes que, lejos de ser producto de la fantasía, son una referencia directa de la cultura que se asienta en Yucatán.

En la plática tampoco pudo olvidar a quien parece ser su alter ego: Maximito Koyoc, “un viejo que odia que lo llamen joven de la tercera edad que cada vez se vuelve más filosófico e irónico, porque lo único que dejan los años son más ironías”.

Bestard Vázquez está convencido de haber acabado con la vieja idea de que un escritor sólo triunfaba si se hallaba viviendo en la capital del país, pues “todos los reconocimientos y premios que he tenido tanto aquí como en el extranjero los he alcanzado desde aquí, pues no hay nada qué ir a hacer a la ciudad de México, salvo que respirar unos cuantos kilos de smog”.

Asimismo, sostiene que otra de las herencias que dejará será la de haber impulsado a nuevos escritores mediante el taller literario Kuxeb. “Rompí otro tabú al crear la escuela-taller para heredar lo que uno tiene, qué bueno que salgan cada vez más mejores escritores para que alguien siga mi trabajo en la Entidad”, agregó.

--¿Cómo se siente al recibir la noticia de la Medalla Eligio Ancona?

--Cualquier distinción a un escritor es algo que entusiasma y anima a seguir en la brega, pues reafirma que uno lo está haciendo bien, porque siempre pienso si voy bien o ya me salí del camino. Afortunadamente sigo aquí. Los estímulos que uno recibe en la vida los obtiene al escribir.

--¿Qué le ha dejado la literatura?

--Me ha dejado muchas satisfacciones. Me ha dejado la lealtad de los amigos desde el principio.

--¿Sigue escribiendo?

--Sigo haciéndolo. Ahora se me ha dado como un medio de terapia para desarrollar mis facultades de nuevo tras mis enfermedades.

--¿Qué hace ahora? ¿Novelas?

--Novelas no. Estoy haciendo cuentos. He tenido la oportunidad de que me publiquen lo que he hecho en mi vida y nunca dejo pasar las oportunidades de seguir creando.

--¿Qué ha pasado con los Bech? (apellido de la familia que protagoniza los hechos en Beyhualé).

--Los Bech siguen multiplicándose.

--¿Y de Beyhualé qué ha sido?

--Beyhualé sigue creciendo y modernizándose. Una parte muy grande de la población se opone a la modernización porque considera que no trae nada de positivo, son cosas negativas, aunque lo malo es que es más fácil imitar y lo bueno no.

--¿Entonces Beyhualé no llegará nunca a ser una gran metrópoli?

--Creo que no llegará nunca a ser una metrópoli y ojalá así sea, porque ahora las ciudades van para abajo. La ciudad de México, Nueva York, Paris, ya lo dieron todo. Y nuestro pueblo debe mantener sus tradiciones, debe preservar la cultura maya porque está a flor de piel, no es necesario picar piedras para hallarla, basta con rascar un poquito.

--¿Desea preservar, pues, lo maya?

--Ojalá que se siga impulsando la cultura nuestra, todo en bien de devolver al pueblo parte de lo que es, que nadie se sienta apenado y por el contrario que se sienta orgulloso, como los beyhualenses que dicen la verdad y se visten como se debe.





--¿Y qué ha sido de don Maximito Koyoc?

--Don Maximito sigue cada vez más filósofo y más irónico, porque los años lo único que dejan es la ironía.

--O sea, que don Maximito es un viejo en plenitud.

--Así es. Nada más que no le gusta eso de la tercera edad o de la cuarta edad o de los jóvenes de la tercera edad, ¡él es un viejo! ¡Y un viejo a todo dar!

Joaquín se levanta un momento del sillón para tomar una llamada telefónica. “No ha dejado de sonar ese aparato todo el día, la gente que se ha enterado de esto de la medalla ha estado llamándome para felicitarme”, apostilla cuando regresa a la entrevista.

--¿Y las arañas de don Maximito?

--Las arañas son lo único que no ha podido contar, su rebaño ahí sigue, aunque, claro, ahora le preocupa el hecho de que leyó en las noticias que hace cien años hubo en Mérida una lluvia de arañas y teme que Beyhualé también quede blanca como la capital. De hecho en Beyhualé ya se dio una lluvia de arañas y las que ya tenía entrenadas se cruzaron con las otras y ya no sabe qué hacer con ellas porque son muy tercas, van a poner en blanco a Beyhualé.

--¿Cuál ha sido la novela que más le ha gustado a usted?

--Como sucede con los hijos las obras son un reflejo de uno y cada cual tiene su importancia muy distinta. Hay unas novelas donde considero que logré lo que quería y otras donde siento que me faltó un poco, pero así es esto. Nadie está satisfecho de lo que hace y muchos escritores dicen que han sentido intenciones de volver a reescribir sus obras.

--Pero alguna de sus novelas le ha de gustar más…

--Para mí la más importante ha sido “101 años Koyoc”, es la más gruesa, la que más refleja la cultura… “De la misma herida” puede ser otra importante, es la pieza angular de la que sale Beyhualé.

--¿En esa se inventó a Beyhualé?

--Creo que lo de Beyhualé lo mencioné en “Un tigre con ojos de jade”, pero me pasó algo curioso. Cuando la acabé y la di a publicar en la ciudad de México el editor me dijo que estaba muy bien, pero que para que pueda ser leída debía quitarle todos los nombres mayas y ponerlos en español. Tuve que hacerlo, pero don Mario (Renato Menéndez Rodríguez) lo supo y me ofreció las páginas del Unicornio, Suplemento Cultural de POR ESTO!, para publicar la versión original y así lo hice. Pero hablaba de “De la misma herida”.

--En ella asoma la familia Bech…

--Los españoles en la conquista matan codornices y los llevan en las monturas de sus caballos y la gente los mira y les empieza a llamar “ahí vienen los beches” y un día ellos se mezclaron, se casaron, hicieron familias y como los llamaban los beches se les quedó el apellido… lo malo que de la misma familia surgió la división y el encono, porque siempre se ha luchado por el poder, nunca por el progreso, todos han intentado dominar a todos.
--¿Ahora escribe sobre eso?

--En uno de los últimos cuentos hablo de eso y también de la máxima obsesión del latinoamericano: la de vivir sin trabajar.

--¿Usted cree que vuelvan “Los tiempos dorados de Tránsito”?

--Quién sabe. Ojalá vuelvan “Los tiempos dorados de Tránsito” porque dejó una huella firme y profunda en la literatura. Los estudiantes de literatura de la Universidad Autónoma de Yucatán comentaron que es a partir de ahí en que Beyhualé se toma como un lugar vivo y en Latinoamérica hay muchos lugares así, en los que se refleja la vida.

--¿No le asusta que lo comparen con William Faulkner o Gabriel García Márquez, quienes también crearon lugares ficticios en su literatura para evocar el mundo en el que vivían?

--No. Yo vine a romper vudús. El primero que rompí fue el de la idea de que un escritor regional, de la provincia, debía ir a la capital del país para ser un escritor. Yo lo hice al revés, primero viví ahí y luego vine y todos los reconocimientos y premios que he recibido tanto aquí como en el extranjero los gané viviendo aquí. No hay nada qué ir a hacer a México, salvo que para respirar unos cuantos kilos de smog.

--¿Qué influencias tuvo para ser escritor?

--Me tocó la facilidad de encontrar libros de escritores estadounidenses y europeos. Fui influenciado por los premios Nobel, había un señor que vendía libros y me los daba cuando salían los de los premios Nobel.

--¿Ahora tiene material inédito?

--Bastante. No quisiera que se perdiera nada de eso. Un sueño mío es el de formar la Biblioteca de Bestard, así como se ha hecho la Biblioteca de Carlos Fuentes, y aglutinar en ella todas mis obras que serían algo así como 60 títulos.




--¿Va a publicar algo pronto?

--Hay promesas, hay proyectos. Lo difícil no es escribir, sino publicar. No hay suficientes editoriales porque no hay público lector. Con esto de la Internet y de la televisión cada vez hay menos lectores. Recuerdo que en Estados Unidos las ediciones de bolsillo alcanzaban el millón de ejemplares y se vendían como pan caliente. Y en Argentina la gente iba en los camiones leyendo un libro. Aquí lo que se lee mucho es el periódico.

--Y últimamente en los camiones la gente va con sus audífonos y el teléfono celular…

--Así es. No para la gente de hablar con eso.

--¿Don Maximito comprará su teléfono celular?

--No ha pensado comprar su celular porque dice que le gustan los sonidos de la naturaleza. Además no le gusta que lo regañen con ese aparato porque con trabajo le queda un cacho de oído y no lo va a desperdiciar con esas cosas.

--¿Quiere usted que la gente, los nuevos escritores, retome su obra?

--Me gustaría que alguien lo siga. Otro vudú que rompí fue crear una escuela-taller para heredar lo que uno tiene y qué bueno que salgan mejores que yo. Del taller Kuxeb queda pendiente un libro que está por salir, pero le falta un buen trecho.

--¿Los jóvenes están interesados en escribir?

--Se les ve interesados. Lamentablemente el único periódico que le da espacios a la cultura es el POR ESTO!, no hay otro. Yo he visto que la gente escribe en el POR ESTO!, y hay un grupo de escritores mayas que es muy bueno.

La obra literaria de Joaquín Bestard Vázquez, hasta cierto punto ignorada por los analistas e investigadores literarios de Yucatán y de México, salvo por contadas excepciones, ha sido muy bien acogida y estudiada en el extranjero, particularmente en universidades estadounidenses donde se han valorado, en sus diferentes ámbitos, las creaciones de este autor yucateco, no sólo por el hecho de abordar aspectos de la cultura maya actual, sino por la notable preocupación que este personaje tiene por los textos de calidad.

Las obras publicadas de Bestard Vázquez son: Un tigre con ojos de jade (1966), La tierra silenciosa (1967), Neurosis (1969), Viejo cocodrilo, ¡llora! (1976), La calle que todos olvidan (1982), De la misma herida (1985-1997), Sol de la guacamaya de fuego (1986), El tambor de los desahuciados (1987), Los tiempos dorados de Tránsito (1987), La obsesión de Germán Ortiga (1990), Los pájaros negros del señor (1992), En la piel del agua (1992), Ocasos de un mar de cobre (1992), Caballo que huele a viento (1994), Cuentos de Beyhualé (1995), Balada de la Mérida antigua (2000), El cuello del jaguar (2000), Tipos y tópicos de Nazario Tulum (2002), 101 años, Koyoc (2003), El coleccionista de otoños (2003), El mundo mágico de los mayas (2003), Memorial de golondrinas (2005), Visita a la abuela (2006), El tío Ueto y los locos 60s (2006), El eco infame del cisne (2007), Yucatán, leyenda y mar (2007) y Mujer, mujer divina (2008)

A finales de 2008, Bestard Vázquez publicó Viaje a la leyenda, libro en inglés y en español que contó con el apoyo de Julia Whitsitt Morris. El libro consistió en una recopilación de diversas narraciones que el autor ha publicado en POR ESTO!

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