sábado, 29 de agosto de 2009

Hormigas


Por José Díaz Cervera


A la cálida vida que transcurre canora
con garbo de mujer sin letras ni antifaces,
a la invicta belleza que salva y que enamora,
responde, en la embriaguez de la encantada hora,
un encono de hormigas en mis venas voraces.

Siempre creí que las hormigas eran un asunto de azúcares y harinas, es decir, una faena de cocina y amas de casa.

López Velarde, sin embargo, autor de los versos que encabezan estas disquisiciones, me enseñó que las hormigas podrían ser una metáfora de la sensualidad y del deseo. Lo que nunca se me había ocurrido es relacionar a estos insectos con las posibilidades truculentas que nos ofrece su voracidad.

Como una hormiga de plata
mi voz va recorriendo, lentamente,
hoy que ya no te veo,
el nardo luminoso de tu cuerpo...


Debí haberlo imaginado cuando al final de mi infancia leí estos versos de Ricardo López Méndez. La voz, como una hormiga, devorando lentamente con sus fauces de plata el recuerdo de un cuerpo que nos sigue esperando bajo la luz de los acasos, era tan sólo una premonición extrañamente cifrada a través de la cual se anunciaba el oficio carnicero de la bestia.

Todo estaba dispuesto para la pesadilla y el terror. Todo tenía los ojos turbios del dolor agudo. Dios lo entendió así cuando dispuso que la mordedura de la hormiga fuera, mucho más que dolorosa, un pellizco acerado por el ardor y la rabia. Nadie podría adivinar que con ese sufrimiento concentrado, el hombre obtendría la ventaja de la supervivencia.

En efecto, si uno se detuviera por un instante a pensar en la voracidad de las hormigas, no podría volver jamás a conciliar el sueño por el terror de que, durante el mismo, las hormigas ejercieran su vocación depredadora dejándonos al alba tan sólo en nuestros huesos.

Por eso debí haberlo imaginado cuando, al encender la computadora, observé caminando sobre el escritorio dos hormigas pequeñas y muy rojas.

No estaba en mi recuerdo el relato del señor que vio cómo se quemaba el compresor de su aire acondicionado, ni la historia de la comadre que miró a su horno de micro ondas morir de un infarto en los circuitos integrados.

Por eso, después de consultar en mi correo electrónico los primeros mensajes de una larga lista (que de alguna manera me recordó un cuento de James Joyce donde se relata la tragicomedia que resulta la organización de una reunión entre miembros de un comité político), y cuando en la pantalla todo quedó como petrificado, supuse sólo alguna anomalía pasajera en el servidor. Nada que no se solucionara con el “reinicio” de la máquina.




Así, después de varios intentos infructuosos, decidí acudir con el técnico para que revisara la caja que contiene los aditamentos que hacen funcionar el aparatejo, sobre todo porque desde su interior se escuchaba un ruido como de martillos lejanos y constantes.

La posibilidad de que se hubiera perdido la información contenida en el disco duro estaba latente, según me lo anunció el experto. Había, sin embargo, que esperar el diagnóstico.

Una hora más tarde, la tragedia tomó la forma de una pesadilla: el disco duro de la computadora había sido devorado por una plaga de hormigas que anidó en el interior del mismo; toda la información contenida en él se había perdido. No había más remedio que instalar un aditamento nuevo.

Había perdido algunos archivos valiosos (entre ellos algunas fotografías familiares) y algunos documentos cuya recuperación implicaría una tarea tediosa. Por fortuna, los archivos importantes (de libros e investigaciones en proceso) estaban a salvo, debidamente respaldados.

Tengo tres días sin dormir. Cada vez que me acuesto, me parece que entre las sábanas me espera un encono de hormigas truculentas queriéndome arrancar en un mordisco los pocos sueños que me quedan. De hecho, mi insomnio revela que ya comenzaron a hacerlo.

diacervera@gmail.com





Por esto!, viernes 28 de agosto de 2009.

No hay comentarios:

Related Posts with Thumbnails

Eventos de la Red Literaria del Sureste

Eventos de la Red Literaria del Sureste
Presentación de la Revista "Arenas Blancas"

En un peldaño cualquiera de la noche

En un peldaño cualquiera de la noche
Manuel J. Tejada, José Díaz Cervera y Agustín Abreu

Sin lugar para la ternura... Día mundial de la poesía

Sin lugar para la ternura... Día mundial de la poesía
José Ramón Enríquez, José Díaz Cervera, Óscar Oliva, María Ella Gómez Rivero y Jorge Cortés Ancona

Presentación de "La continuación. Esbozo novelesco de la ruptura"

Presentación de "La continuación. Esbozo novelesco de la ruptura"
Joaquín Peón Iñiguez, el autor Juan Esteban Chávez Trava y la Mtra. Celia Rosado durante la presentación de la novela en el Centro Cultural "José Martí" en diciembre de 2008

Repensando la academia

Repensando la academia
Miércoles 26 de noviembre, de 2008

Recital de poesía

Recital de poesía

Homenaje a Salvador Elizondo

Homenaje a Salvador Elizondo
Joaquín Peón, Manuel Iris y Ragel Santana en "La Periferia"

Conferencias literarias

Conferencias literarias
Manuel Iris Herrera en la Biblioteca "Manuel Cepeda Peraza"

Presentación de libro

Presentación de libro
El poeta Jesús J. Barquet durante lectura en voz alta

Jornadas en homenaje a Edgarar Allan Poe

Jornadas en homenaje a Edgarar Allan Poe
Ricarto Tatto, Miguel Ángel Civeira, Jorge Cortés Ancona y Rafael Gómez Chi

José Ramón Enríquez

José Castillo Baeza

Colectivo Marsias

Raúl Pérez Navarrete

Noche de Poesia en la Casa de la Cultura

Noche de Poesia en la Casa de la Cultura
Marco Antonio Rodríguez Murillo, Patricia Garfias y Tomás Ramos Rodríguez

Mesa homenaje a Carlos Moreno Medina

Mesa homenaje a Carlos Moreno Medina
Jorge Cortés Ancona, Rodrigo Ordóñez Sosa y Marco Antonio Rodríguez Murillo

De la vida cotidiana para contar...

De la vida cotidiana para contar...
Jorge Luis Canché Escamilla

La Red...

Homenaje a José Martí

Homenaje a José Martí
Ofrenda floral

Entre amigos...

Rodrigo Ordóñez, Manuel Tejada y Tomás Ramos

En los eventos...

Jornadas en torno a los 5 heroes cubanos

Rosely Quijano León