jueves, 13 de agosto de 2009

Epílogo. Entrevista a Mike Manzur



Por Conrado Roche Reyes

Esta es una entrevista efectuada a Mike Manzur en el 2002 en Cancún, Quintana Roo. Fue, a su vez, la última ocasión que toqué profesionalmente. Miguel Manzur me sacó de mi retiro con un ventajoso contrato para tocar en Playa del Carmen.

Lo que no me dijo fue que comenzaríamos la noche siguiente. En un descanso, después de duro y difícil ensayo, tenso ambiente, le realicé la entrevista. El se encontraba muy animado con nuestro reencuentro después de muchos años, e ilusionado con la grabación de un disco compacto con composiciones propias en su mayoría. Un servidor realizó la invención de los bajos, mismos con los que se grabaron las “guías”. Una de las grabaciones es de la autoría de ambos: “ Funky Cinco”. Por cuestiones de incompatibilidad irreconciliable con el baterista, salí de este grupo llamado “Stratus” de Mike. Aunque en el producto final, el nuevo bajista tocó exactamente lo que dejé grabado. Salido íntegramente de mí. Hablar con Manzur es sumergirse de lleno en un mundo de música rock, ya que el gran músico piensa todo el tiempo en ella, guitarras, blues. Es, asimismo, un excelente lauderista, es decir, fabricante y reparador de guitarras. Todos los músicos del lugar y de Mérida llevan su instrumento a que sean reparados por el maestro.. Conoce a la perfección el instrumento y los entresijos y entrañas del mismo. La guitarra es su vida. Todas las noches, en su cuarto estudia en solitario con bocinas en miniatura y audífonos.




Cuando digo todas las noches no es metáfora ni tópico. Está al día, perfectamente informado de lo que ocurre en el mundo guitarristico y discográfico. Es lo más perfecto que he escuchado en vivo en materia de ejecución. Amigo de mucho tiempo, algunas de sus respuestas fueron incluso de sencillez infantil. Rotundas. Manzur es un hombre con gran celo de su categoría. En el momento que se entera que un nuevo guitarrista destaca, se transforma. No soporta el escuchar decir que fulano toca muy bien. Como los antiguos pistoleros del oeste, averigua dónde toca el susodicho, y una noche cualquiera se presenta pidiendo, como un principiante, le den chance de tocar. Siempre le es concedido, y toca de manera tan espectacular, irreprochable, salvaje y con feeling, así como escalas velocísimas, que el nuevo fenómeno no tiene más remedio que aceptar la realidad. Mientras vivió, nadie amenazó su sitio de papá del rock. Hacía pedazos a sus contrincantes sin piedad. Su única preocupación real fue tocar, tocar, tocar. Después de su partida, ejemplo de vida, vocación e inspiración de muchos, probablemente el rock caiga en un bache. He aquí sus palabras.

—¿Como estas de salud?

—Tengo bursitis e hipertensión

—¿A qué edad aprendiste a tocar?

— Mare, no me acuerdo, desde chico.Tocaba lo que sea, aunque aprendí solo, hasta
acudí con doña Miriam Gamboa, pero me dijo que tocaba mejor que ella, que no necesitaba clases.

—¿Como se dio cuenta?

— Me quiso enseñar “don Pepe” (tono de do) e improvisé un requinto. Entonces me dijo que punteaba muy bien, mejor que muchos profesionales, que mejor siguiera solo, porque –según ella- tenia una facilidad que nunca en sus tantos años de dar clases de guitarra había visto.

—¿Cual fue tu primer grupo?

—Creo que “Los big boys”.¡Chale¡. Pura cumbia. Cuando se puso de moda el rock, tocábamos uno o dos. No éramos en realidad profesionales.

—¿De qué manera entró el rock a tu vida?

—Gracias a un guitarrista, “Cuxo” Zapata, que me enseñó lo más elemental. Y a Wilberth Góngora, que cantaba en un grupo de rock. Este me hizo escuchar a “Los locos del ritmo”, “ Teen Tops”, etcétera; cuando escuché al requinto de los Locos fue cuando dije que eso era lo mío. Fueron mis primeros ídolos. A Wilberth, en especial, le viviré eternamente agradecido.

—Eres modelista, ¿verdad?

—Todos mis hermanos también. Y fíjate que allí toqué por primera vez rock en público, se puede decir. Luego,ya muchos años después, toqué en una boda en el Club (Escuela Modelo). Estaba de moda la onda psicodélica y admiraba entonces a Jimmy Hendrix, era mi mayor influencia. ¿Recuerdas que en Woodstock toco el himno nacional de USA con efectos muy gruesos? Pues lo quise imitar y toqué el himno modelista loquísimo con mi Les Paul, la negra. Entonces, a la mitad, no sé si don Juanito o don Luis Brito bajaron el switch.(Risas).




—Tocaste en el DF varias temporadas. ¿Por qué nunca te quisiste ir a Estados Unidos?

—La neta, no sé.

— ¿“El Mazapán”?

—Un talento desperdiciado.

—Dicen que para hacerla hay que ser pobre. ¿Será verdad?. Lora es de familia de lana.

— Puede ser. Lora, como sabes, era un pelaná cuando tocaba con “Three Souls in My Mind”, conoció a “Chela”, que esa si estaba bruja, y formó “El tri”. Es muy viva esa vieja. Como él estaba acostumbrado a vivir bien, todo le valía. Ella no, y aprovechó para administrarlo. No lo deja tomar ni darse su toque. Se tiene que escapar. Ya ves qué hizo para ganar más lana, le dieron flit a un buen bajista y ahora lo toca él; Chela canta horrible, pero cobra lo mismo. Si te fijas, son cuatro sueldos más para ellos dos.

—Miguel, anoche en la plaza de toros (Cancún), Alex te invito a tocar. Te recibió muy bien la gente. Creo que ni tú mismo te das cuenta de tu trascendencia. Lora, en cambio, si se da cuenta de la de él.

—Yo lo único que quiero es tocar, y ganar feria, claro. Pero nada más. El es un fenómeno social, no musical.

—Oye, Miguel, en el camerino escuché que te invitó a tocar con ellos de planta y no aceptaste.

—¡Puta madre¡ Me ofreció 60,000 pesos mensuales, eso les paga a todos los demás. Y me dice el muy cinchón: “toquemos o no toquemos”.¡Si ese carbón toca a diario! Si sacas números, ganamos más nosotros aquí, sin tanta joda y sin huaches.¡Volteo¡. Eso lo gano con mi hotel en dos patadas.

—Cuando dijiste en tu casa que querías ser músico,¿ qué pasó?

—Mi mamá creyó que era cotorreo y dijo que sí. Mi papá vivía entonces. El sí se dio cuenta que era en serio y me dijo que si quería ser músico tenía que ser el mejor, que PTTT no queria un hijo “Pax trago”. En las fiestas de mi casa me hacían tocar siempre piezas conocidas, hasta bambucos, pero una vez punteé “Tuya en septiembre”. Mare gallo, mis tías quedaron apantalladas. Creo que en ese momento se dieron cuenta que no era un juego la música para mí; hasta me dajaban ensayar en mi casa la de Mejorada con mi grupo de rock sin pedo.

—Aparte de tocar música, ¿qué otra cosa te agrada?

—¡Escucharla¡… El dinero. Aquí en Cancún soy “don Miguel”. No te imaginas cómo es la gente de arrastrada con quien lo tiene. Además, acuérdate: “primero danero arbano” (carcajadas de ambos). Pero odio que me digan turco.

—Varias veces me has invitado al cine.

—Oye, aparte de mi familia, eres el único que me dice Miguel, hasta raro lo oigo. No vayas a creer que me molesta, al contrario. Y sí, me gusta ir al cine pero nada más me gustan las películas de “espantos”. Aquí no hay nada que hacer.

—Hay un chingo de discoteques, la playa llena de gabachas.

—No me gusta pisar arena, “pica”, y a las discos, ¿a qué voy? No sé bailar y está carísimo el trago. Te voy a decir algo, creo que en toda mi vida me he “mamado” en cantina como cinco veces. Cuando tocaba con huiros borrachos. Puras mamadas dicen en las cantinas de Mérida.

—Hay mucho yucateco tocando aquí en Cancún, ¿jalas con ellos?

—Esos no son macizos, son gozadores

—Tocaste un buen tiempo de todo, incluso cumbias en Mérida

—Si, en una época toqué en pueblos y hasta en haciendas. Por entonces sí me pagaban, hasta recuerdo que una se llamaba “Vamos a la vaquería”.(Tomó su guitarra de caja y la tocó, también “El chinito coy coy”).

— Nuestras mamás son del mismo pueblo. ¡Recuerdas cuando nos capotearon por algo, creo que por la música que tocábamos, y te dije: “No les hagas caso, son mestizas de Izamal?”.

—Si, se lo conté a mi mamá y sólo dijo muerta de risa “par de cabrones”.

—Ya que hablas de tu jefa, no he vuelto a comer un kibi tan sabroso como el que hacia, y albóndigas con cilantro.

—Yo hacia el chile. Lo tamulaba, como cinco habaneros, ajo, cebolla, cilantro,y naranja agria o limón. Le encantaba que te gustara lo que ella cocinara.

—Y a ti lo de la mía.

—Maa’re, sí.

—Hoy, tocarías por dinero “El sapo y la estaca”?

—¡ Ni madres¡

—A quien te gusta escuchar?

— A Jeff Beck, Cactus, Hendrix, Elvin Bishop, los buenos blusistas. Para mí nada como el blues, Bloomfield, Paul Butterfield Blues Band, BB King.

—¿Mexicano?

—De chavo me apantallaba en México un paisano: Marcos Lezama. Simón Tamez también es muy bueno.

—¿Con quiénes formarías un grupo entre yucatecos que te llene?

—Te voy a responder a medias porque el yucateco es muy raro y cabrón. Tú en el bajo, “El Judío” en la bataca; si no estuviera loco “El Mazapán” en la voz, pero como está... Puta, no hay. Tú cuando te pones a estudiar cantas bien, en el bajo serías el ideal, pero eres muy inconstante. Así como un día me asombras, otras veces digo ¿qué le pasa a Conro”. Estudia. Eres muy bueno. A pesar de tus manitas, no se cómo le haces para octavear. Ora tu mano derecha, es la mejor, como tocas con plumilla das hasta triple o cuádruple golpe para sustituir lo corto de tus dedos.

—¿No será que soy huevón nada más?

—A huevo. Mira, cuando tu comenzaste, “El Caballo”, “Barrerita”, “2XIC” y todos ya eran profesionales y te la pelaban. Uno es cumbiero, y eso se pega, el otro es bueno, pero sin imaginación, como tú tienes, y el último, pues está luchando por la vida.

—Siento que yo tocaba mucho mejor antes, cuando comenzamos. ¿No será porque no fumo mota hace más de treinta años?

— Puede ser.

—¿Todavía juegas flechitas, balazos y espadazos?

—Sí (y me muestra su arco y sus flechas). A veces es bueno ser chavito otra vez.

—¿Tu familia?

—La quiero muchísimo, más de lo que te imaginas. Más que a la música. Ahora, vamos a
tocar “Born in Chicago”, la de Elvin Bishop.





Por esto!, miércoles, 12 de agosto de 2009.

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