martes, 4 de agosto de 2009

Entreacto. Rock, aventuras y desventuras


Por Conrado Roche Reyes

Después de la grabación del CD “Tributo”, mi amistad con Miguel sufrió una especie de fractura. Ambos sabíamos que jamás volveríamos a tocar juntos. En sus visitas a Mérida, me pasaba a ver. Con el tiempo limamos asperezas. Sin embargo, en la preparación de la parte final del disco, portada, créditos, texto, acudió a otras personas, todas ellas muy calificadas. El producto fue bastante aceptable, de muy bueno para arriba, mas se le pudo sacar mayor provecho. Con quienes hizo la grabación, no duró mucho, me refiero a la banda. En sus últimos años, tocó con un grupo de gabachos ejecutando ya casi sólo blues. Nunca los escuché en vivo. Actuaban, según sé, en un buen bar en Puerto Morelos. Los extranjeros eran el vocalista, el tecladista, no tenían batería —que le llora— sino a un chavo desconocido con unos bongoes, “Canito”, excelente bajista y fue el único yuca.




Finalmente se anunciaba como Mike Manzur y su grupo, como le venía aconsejando años atrás. Sonaban mucho mejor que la banda del disco. Esto lo miré en un video grabado en vivo en Youtube y anda circulando. Recomendable, se llama simplemente “Mike Manzur”.

Me llevaba a su casa, ahora en el fraccionamiento Prado Norte, donde conectaba su guitarra y me daba particulares conciertos. Mi vida giraba, como hasta hoy, en cumplir lo mejor posible mi encomienda con POR ESTO! El gran guitarrista tenía cosas misteriosas. Era impredecible en cuanto a esto. Por ejemplo, en un tiempo, renegó de los “bitles”, “chale con esos” solía decir. Sin embargo, de pronto me enseña una Camper que estacionaba a espaldas de su hotel, películas y grabaciones que nadie más que él tenía de los de Liverpool, escuchando atentamente y en silencio. Incluso, en el CD está incluida una versión muy suya de “Get back”. O me decía que escuchase atentamente a Elvin Bishop en su actuación de Woodstock, diciendo que ese era el bueno. De pronto, cambiaba de opinión y se desvivía en elogios a Steve Vai, en nuestro diario viaje a Playa del Carmen, siempre colocaba un disco de “Tower of power”, no se por qué razón. En la vida cotidiana también. Por ejemplo, una noche cualquiera, me indicaba que íbamos a comer en donde hacían los mejores tacos del mundo, e iba a los lugares más recónditos.

Cabe aclarar que fue un gran gourmet. En efecto, ahí estaban los mejores tacos del mundo. O el mejor puchero, o chocolomo o salbutes, (en casa de una viejita mestiza en la parte más jodida de Cancún), aunque no rechazaba una buena langosta termidor, o un New York stake. Buen diente. En las fondas más inverosímiles siempre era reconocido. Poseía gran mano izquierda o era un excelente cultivador. Fue infalible el: “¿Tú eres músico, verdad?”. Eres May (así le decían los mayas yucatecos), y en muchas ocasiones no le cobraban.

Paso a relatar algunas anécdotas, unas chuscas, otras no tanto de nuestra vida en común. En una ocasión, a él y a “El Mazapán” los apañó la tira allá por el rumbo del “hueso”, barrio bravo y de músicos. Los cumplidos agentes del orden los vinieron puteando todo el trayecto hasta “el edificio”. Mike –salieron ese mismo día— quería poner su queja por abuso de autoridad. Por entonces, eso de los Derechos Humanos era un sueño de Tutul Xiu mariguano. Al examinarlo el médico en su casa, en presencia de un Lic.—que sirvió para un carajo—, el galeno le dijo que por los madrazos tenía golpes contusos a lo que Mike respondió alebrestado: “¡Qué tusos doctor. Ni madre, fueron con toletes!”. Un gabacho no sé cómo se entero de la existencia de nuestro guitarrista y lo comenzó a visitar a su casa. Él también chan tocaba. Quedó tan impresionado de la música que hacía, que le regaló su guitarra —una Gibson— y no paró ahí la cosa. El tipo vivía en un trailer camp en la carretera a Progreso, con su bellísima esposa, en un camper obviamente. Pues fue tal su admiración hacia Mike, que le ofreció a su esposa, aceptado tan espectacular regalo por Miguel. Por la música conoció —al igual que yo— a su esposa con quien vivió años de feliz matrimonio con su hija Rossanita hasta el fallecimiento de su mujer, cosa que lo golpeó bastante.

En otro torzón, me cargan a mí y me trasladan al edificio policiaco en Reforma. Me meten en un cuarto con cristales por donde los policías observaban. Me desnudaron y sueltan en aquel cubículo a tremenda serpiente. Por poco me cago de miedo. Tiempo después pregunté a un amigo psiquiatra el porqué el empelotamiento y me respondió que de esa forma el ser humano es cuando más indefenso se siente. No me hizo nada, sólo escuchaba las carcajadas de los comandantes —que algunos murieron después trágicamente ya que estuvieron metidos hasta el cuello en el asesinato de el “Charras”.

Otra vez, se presentó a tocar con una capa estilo Drácula, él que odiaba este tipo de pendejadas. En la próxima aventuras y desventuras hablaré de lo que pasó el tiempo que nos separamos musicalmente por su viaje y vida ya hecha en Cancún.

Cuestiones ya más de mí con una breve actuación especial de Mike. Descargué, digo como anticipo, mi música en un grupo sui generis que formé con Carlos Bojórquez, ya que no simplemente nos dedicábamos a tocar, sino…. Espere el próximo capítulo.





Por esto!, lunes 3 de julio de 2009.

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