jueves, 25 de junio de 2009

¿Por qué seguimos así?


Por Conrado Roche Reyes


Hace unos sábados por la noche salí a dar el rol por el centro víctima del fastidio. Nuestra ciudad es una de las más aburridas del mundo con casi nula actividad nocturna para el ciudadano de a pie, acentuándose tal situación si se tiene lo que sofísticamente llaman la edad considerada para nosotros como jóvenes de la tercera edad, adultos mayores y toda la sarta de sustantivos que los políticos inventan para no llamarnos viejos. Tal parece que la diversión en Mérida es patrimonio de la juventud. (VIVA LA JUVENTUD. LA JUVENTUD SE IMPONE. JUVENTUD DESNUDA. JUVENTUD DESENFRENADA. TWIST LOCURA DE JUVENTUD. JOVENES Y BELLAS) fueron los nombres de las películas de los años sesentas -principios- y que hoy tienen más vigencia que nunca. Por supuesto, lo anterior no es aplicable a la gente adinerada. Para éstos la vida es en rosa, aquí y en la gran China. Con dinero baila el perro, sin dinero bailas como perro, dice el viejo y conocido refrán.




Caminé por la calle 60, que los fines de semana es peatonal a partir del anochecer. Los restauranteros sacan sus mesas a media calle y ofrecen música, amén de ofertas. Es un resabio de “Mérida en fracaso”, digo, en domingo. Por un tiempo aquello funcionó a las mil maravillas con música en varios establecimientos. Música sabrosa, tropical, pop, y hasta de pasito duranguense. Se armaba sabroso bailongo. Sin embargo, no sé a quién se le ocurrió -velando por los intereses ecológicos de nosotros los adustos emeritenses- que ese tipo de música era demasiado estridente y se eliminó por decreto, permitiendo nada más tríos de música romántica o yucateca. Nada de electrónica. Entonces la gente, en especial los bailadores, dejaron de asistir. En mi recorrido se notaba la desolación en los rostros de meseros y más aún de propietarios. No me cabe en el cerebro, por más vueltas que le doy del porqué se suspendió aquello. Parece que no les gusta mirar alegre a la gente. Estúpidos.

Tomé una copa en “La parranda” con el buen Jorge Seijo, asiduo del lugar, y me encaminé a mi “chante” resignado a mirar alguna película. Andaba por las desiertas y deprimidas calles, serían como las 10.30 p.m., cuando escuché el sonido de una guitarra eléctrica que salía de un pequeño lugar. Tocaban un blues, más bien, destrozábanlo. A mí no hay nada que más me encabrone que alguien ejecute tan mal la música, cualquier tipo de ella, máxime tratándose de blues. Penetré y un chavo requintaba -según él- una improvisación blusística. Lo hacía sin ningún respeto a eso tan sagrado. Pero lo que más me extrañó fue que entre los miembros del grupo estaban Juanito Cárdenas, excelente guitarrista y que ejecuta bien el blues, y Mike Barrera, un buen bajista que se encontraba con una cara de contrariedad que no podía con ella. Tomé asiento muy cerca de ellos y le dije a señas que no se escuchaba la guitarra de Juanito. Me respondió de la misma manera que le tenían el volumen de su pequeñísimo amplificador -no es de tu categoría Juan- en lo mínimo. A fuerza de insistir, Juan, al verme, descuidó al cantante guitarrista -al parecer líder del grupo, jefe u lo que sea- y le subió a su volumen. Cuando entré, debo aclarar que Cárdenas estaba aparragado en la pared casi durmiendo. Entonces sí, requintió opacando a aquel otro escuchándose ahora mucho mejor...

Cuando acudo a escuchar a algún grupo, suplico a los músicos, si somos conocidos, que por favor no me vayan a anunciar, mucho menos a echarme la paloma. Hace mucho que ando de divorcio con la música, más bien con el bajo, como todo matrimonio bien avenido. Sin embargo, casi siempre me presentan al respetable como “se encuentra entre nosotros una leyenda del rock, bla, bla, bla”, lo que se agradece, mas respetando mi decisión de no tocar. Esa noche, por alguna extraña razón, me dieron ganas de tocar, ¿o serían las chevas? Durante la actuación del grupo, anunciado por el cantante, cuya cara me era conocida de algún lado, como “Time machine”, tocaron una versión, la peor que he escuchado en mi vida de “Simpatía por el diablo” de los “Stones”. Dios Santo, que horrenda violación a los más elementales cánones musicales. Si Mick Jagger lo escucha, lo mata, al cantautor y después se suicida. Una chica le hacía coros. Pa’ su mare. Mientras el estaba en fa ella estaba en fo. Algo horrendo. Aquí recordé de dónde conocía esa cara. Es un infalible asistente a cuanto mitin, demostración, protesta, manifestación se efectúa en la Plaza Grande. De los que no se venden, ni en lo político ni en lo musical. Hombre compañero, al estar tocando y cobrando una lana, te estas obviamente vendiendo o alquilando, así pregones que lo que tocas es muy acá. No, es bastante comercialón. Yo no me explico cómo personas que no saben tocar se meten a músicos. Eso sí, es muy revolucionario, izquierdista de corazón. Imagino ya leyó varias veces “El Capital”.

Terminada la actuación de Walter Mercado y sus cometas, pedí prestado su bajo Mustang a Barrerita, recalco, ya había terminado su actuación, y comencé a vacilar con Juan Cárdenas. Tocamos un trozo de “Alaska” de “Cactus”, “Spoonfull” de “Cream”. Enseguida se escuchó el madrazo de música. El baterista se acercó y nos comenzó a acompañar. Juan pedía a gritos un micrófono. Mutis y cara de tah del Señor Requinto. Cuando estábamos tocando a toda madre “Cross roads” del grupo anterior, en el momento en que nos comenzábamos a prender de verdad, el fulano no soportó y desconectó el bajo, sólo el bajo, la guitarra no. ¿Por qué? El sabrá, pero nos dio un gran sacón de onda y a los pocos remisos que quedaban en el lugar. Pues me valió madres, y así, sin volumen, continué, continuamos mejor dicho. Ahora fue el propietario del lugar quien dio la orden final, la solución final. “Se terminó la fiesta, vámonos”. Estoy seguro que instigado por este “señorón” de la música. Adiós buen blues. Pero no hay tos. Pronto sabrán de mí y de un grupo que tocaremos puro blues -oye chavo, no tienes idea de los cambios ni de los tiempos de éste- y en un lugar adecuado. Me dicen que también llama al grupo cuando se le pega la gana “Señor Alfa”, o sea el. ¡WHAT A BRINGDOWN ¡. Y vuelvo a preguntarme.¿Por qué así ja?




Por esto!, doming 21 de junio de 2009.

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