lunes, 29 de junio de 2009

Por la defensa de la cultura de Yucatán

Por Jorge Cortés Ancona

Candidatos Angélica Araujo Lara y Rolando Zapata Bello
Compañeros integrantes de la Alianza por la Cultura y las Artes
Amigos dirigentes e integrantes del Sindicato Único de Filarmónicos de Yucatán
Compañeros artistas e intelectuales de las tres generaciones aquí presentes:


Hace seis años se vivían condiciones de incertidumbre para los trabajadores de la cultura de Yucatán. Por decisiones oficiales y sin dar explicaciones convincentes, se habían disuelto los consejos de artes. La Banda Sinfónica del Estado, con sus setenta años de existencia, había sido desintegrada. Se había despedido de modo infamante a los directores de la Compañía de Danza Contemporánea y de los coros de Yucatán; el séptimo Festival Internacional de Coros fue suspendido; los Festivales de Danza Contemporánea Avant Garde y Oc Ohtic estaban a punto de ser suprimidos.

Se había ejercido una fuerte discriminación contra los artistas visuales yucatecos en la Primera Bienal Nacional de Arte. Se retiraba casi todo apoyo a la música popular interpretada por yucatecos; sobre la Orquesta Típica Yukalpetén se cernía un injusto final. Las puertas se cerraban literal y simbólicamente, y parecía que el hecho de que un artista fuera yucateco era para los administradores de la Cultura de ese momento un hecho vergonzoso.

El panorama era altamente desalentador: músicos despojados de su trabajo y el despido de más del 50% de los trabajadores de la cultura, cuando la política oficial de ese entonces decía ser de lucha contra el desempleo. Gente que vio dañada gravemente su salud no sólo por haber perdido su trabajo sino sobre todo por la descalificación artera de la que era víctima. Se sufría de una ausencia de apoyo institucional y de una falta de interés y respeto hacia los grupos independientes.
Mientras, en contraparte, ocurría el incremento desmesurado de sueldos de los directivos (que en tan sólo el lapso de un año, ya habían rebasado el 100 % de sus sueldos iniciales). La distribución y planeación del presupuesto cultural se diluía en viajes nacionales e internacionales de unos cuantos administradores de la cultura en busca de artistas foráneos, quienes ante todo -por tal condición- habrían de percibir sueldos superiores a los de los artistas locales.

Lo más triste es que todo esto era justificado no sólo por quienes carecían de arraigo en Yucatán, sino sobre todo por funcionarios culturales que habían vivido toda su vida en nuestra tierra y no tenían escrúpulos para presentarse ante los medios de comunicación a difamarnos y degradarnos.

Las razones sin peso suficiente para justificar los despidos, los proyectos que se habían suprimido y la ausencia de rumbo en materia administrativo-cultural ponían en evidencia el atropello a los derechos de los artistas locales y el deterioro de la actividad artística en el Estado. Por causa de esa desazón e incertidumbre no parecía haber voluntad para desarrollar opciones con miras al adecuado desempeño profesional de los artistas de Yucatán.

Esa situación propició que un grupo de creadores y ejecutantes de diversas disciplinas culturales nos reuniéramos para tratar de conocer los motivos por los cuales se descalificaba, nulificaba y desmantelaba la estructura cultural que existía en el Estado, sin tomar en cuenta los años de trabajo y esfuerzo que se habían requerido para consolidarla.

Se trataba de un grupo que tenía y sigue teniendo pluralidad ideológica, integrado por Graciella Torres, Néstor Rodríguez Silveira, Cristóbal Ocaña, Manuel May Tilán, Gildo González, Patricia Ostos, Ricardo Andrade Jardí, Amanda Quezadas, Carlos Gutiérrez, Jorge Buenfil, Claudio Pasos, Eduardo Lemus y un servidor, Jorge Cortés Ancona.

Contábamos con el apoyo de Erika Torres desde el Distrito Federal. Rodolfo Cobos nos brindó amable e incondicionalmente un invaluable apoyo en el espacio cultural bajo su cargo, y en este recinto, gracias al SUFY, tuvimos también las puertas abiertas para llevar a cabo muchas de las largas y frecuentes reuniones de la Alianza por la Cultura y las Artes. Por eso la carga simbólica que tiene la reunión de esta noche en el local social de este sindicato de trabajadores de la música, encabezado ahora por Fernando Ruz, a quien agradecemos su hospitalidad y apoyo para el logro de esta cálida convivencia (que por cierto sobrellevó la guerra sucia que acostumbran los desesperados enemigos de la democracia).

La pregunta acuciante que nos hacíamos era: ¿hacia dónde se dirigía la política cultural del gobierno de Yucatán? Estábamos convencidos –y lo seguimos estando- de que el diálogo y la apertura son herramientas para solucionar cualquier clase de problemas en materia de promoción y difusión de la Cultura. Que la crítica es indispensable para mantener el rumbo firme y para corregir los errores, y que teníamos que ser respetuosos para exigir el mismo respeto a nuestros interlocutores en toda discusión.

No considerábamos negativo aceptar la participación e ideas de quienes deseaban aportar algo a nuestro desarrollo cultural, pero sí considerábamos un grave error desplazar a nuestros artistas para favorecer de buenas a primeras a otras personas que no conocían nuestra tierra y mucho menos manifestaban alguna afinidad hacia ella.
Compartíamos la aspiración hacia niveles de excelencia pero no a costa de dejar una estela de destrucción y abandono, sino por el contrario: la meta eran esos mismos niveles de excelencia, pero ante todo construida sobre los firmes cimientos de nuestro proceso histórico-cultural yucateco.

Teníamos claro que en todo proceso de cambio gubernamental es normal que se den los consiguientes cambios administrativos. El problema no era dejar de ocupar un determinado puesto público sino el de ser despedido con sujeción a juicios de valor que rebajaban la calidad del trabajo cultural realizado, con ofensas que eran indignantes y que eran vertidas por los altos funcionarios de entonces.
Se necesitaba poner un alto a todas estas medidas arbitrarias que afectaban negativamente al pueblo yucateco en materia de identidad cultural y respeto a la dignidad humana. Los creadores y ejecutantes de diferentes áreas artísticas e intelectuales nos vimos obligados a unir nuestros esfuerzos para proponer proyectos más coherentes que elevasen de verdad la calidad del arte y la cultura en Yucatán, y también en defensa de los intereses laborales de los trabajadores del ámbito cultural. Esta fue una actitud democrática de varias gentes conscientes de la importancia de las artes y de nuestra cultura, con lo cual queremos decir que los integrantes de la Alianza por la Cultura y las Artes no fuimos los únicos, pero sí demostramos ser constantes y leales en la búsqueda de un proyecto cultural incluyente.

En las semanas más álgidas de ese 2003 nos tocó vivir días de tensión y para algunos de mucho llanto. Se nos hacían acusaciones infundadas, recibimos insultos; hubo funcionarios culturales que concurrían a los medios para ofendernos y calumniarnos. Sostuvimos dos reuniones con el entonces Gobernador Patricio Patrón Laviada y entre lo poco que se logró en dichas reuniones podemos mencionar los foros de discusión y análisis de las condiciones prevalecientes en Artes Visuales, Música, Artes Escénicas y Literatura.

Recurrimos al diálogo racional para salvar los dos Festivales Internacionales de Danza Contemporánea. Varios de los miembros hicimos un viaje a la capital de la República, viaje costeado por nosotros mismos, donde pudimos expresar nuestra indignación y nuestras propuestas en reuniones en espacios culturales como los talleres de Coyoacán y ante diversos medios de prensa, radio y televisión. ¿Por qué hablar de todo esto en esta noche? Porque lo que aquí enunciamos mucho tiene que ver con los cambios que ahora vivimos en nuestro Estado, porque ahora las puertas están abiertas para todos los que quieran participar en el desarrollo cultural de Yucatán; porque ahora se respeta la dignidad de los artistas yucatecos sin que de ningún modo se denigre a quienes vienen de fuera y han decidido trabajar junto a nosotros. Ahora, con el Gobierno de Ivonne Ortega Pacheco se considera con orgullo ser yucateco y se alienta toda actividad en la que se procure estudiar, conservar y difundir la tradición artística y literaria de nuestra tierra.

La integración de todos permitió una enriquecedora condición interdisciplinaria, que nos permitió cotejar lo que ocurría en cada área. Las discusiones fueron fructíferas, a la vez que analizamos el marco jurídico que rige nuestra vida cultural y propusimos cambios para adecuarlo a las condiciones actuales. Y gracias a ello, mediante la vía del diálogo y de la racionalidad, de la discusión fundada en motivos, con pleno respeto para nuestras contrapartes y con fundamentos legales, tuvimos la oportunidad de resolver algunos de los problemas que parecían irresolubles.

Se ejerció la crítica tratando de contener las pasiones dando curso a la sinceridad. Cuando hubo que elogiar lo que consideramos positivo de esas medidas culturales lo hicimos; cuando señalamos lo que considerábamos un retroceso o una mala planeación, también lo manifestamos. Las pruebas pueden verse en nuestros escritos públicos y en nuestras declaraciones ante los medios. Y miramos con satisfacción que varios de los compañeros de la Alianza por la Cultura y las Artes siguen manteniendo viva esa voluntad crítica respecto a las instituciones culturales de Yucatán.

Hoy estamos reunidos con dos candidatos a diputados federales que son sensibles a las actividades de la cultura y las artes. Rolando Zapata Bello, con una trayectoria de décadas como orador y declamador, miembro de una familia ligada al teatro y a la literatura, con experiencia en la administración cultural; y Angélica Araujo Lara, profesional de la más artística de las carreras técnico-científicas que es la arquitectura, y quien muy significativamente incorporó en primer plano las actividades culturales a su campaña política. Tanto Rolando como Angélica gozan de la amistad de numerosos artistas e intelectuales yucatecos, y han demostrado que tienen propuestas concretas para el desarrollo de la cultura nacional, y en especial la de Yucatán.

Estamos seguros de que estarán atentos a todo lo que acontezca en el ámbito de las artes, la literatura y el patrimonio cultural yucateco, y que tendrán una participación activa en su fortalecimiento a través de propuestas viables. Ambos han demostrado una voluntad de diálogo y una actitud de tolerancia y respeto en sus respectivas carreras políticas que nos hace pensar que habrán de defender todo aquello que contribuya al mejoramiento de la vida social y cultural de México y de Yucatán.

Ahora, a seis años de distancia, estamos seguros de haber hecho lo correcto; que era necesario levantar la voz para frenar los atropellos. Estamos concientes de que entre la comunidad artística hay una diversidad de concepciones estéticas e ideológicas, que hay diferencias de propósitos entre los grupos, pero que podemos coincidir en un objetivo común, que es el de estar contribuyendo con armonía, tolerancia y buena fe al desarrollo cultural de Yucatán, dentro de un desarrollo integral de toda la sociedad.

Rolando y Angélica: con el espíritu que ha animado a la Alianza por el Arte y la Cultura, y con la venia de la entusiasta comunidad artística y cultural aquí reunida, les queremos agradecer su presencia en esta convivencia cultural y manifestarles nuestro deseo de que mantengan su voluntad de mantener viva y en movimiento perpetuo la cultura de nuestro querido Yucatán.

(Discurso pronunciado el pasado 24 de junio en el local social del SUFY).


Por esto!, viernes 26 de junio de 2009.

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