miércoles, 3 de junio de 2009

En defensa de la pornografía y el internet


Por Joaquín Peón Iñiguez

Estoy a unas semanas de concluir mi segundo semestre de estudios en la Licenciatura en Gestión Cultural. A pesar de que estudio en la Universidad de Guadalajara, encargada de la Feria del Libro, del Festival de Cine, con más empleados que la mayoría de las alcaldías del país y sobre todo, con el mejor prestigio en humanidades a nivel nacional después de la UNAM, cuando le cuento a la gente de mi carrera curvan las cejas y tuercen la boca como si La Vaca Patrón se hubiese pedorreado en sus caras. ¿Por qué? Estudio a través de internet.


No importa si el nivel de exigencia, la calidad de los maestros, la demanda de trabajo, el interés y la competitividad entre alumnos es claramente más alta que mi experiencia en una universidad presencial. Y la gran mayoría de las universidades para ser realistas. La educación virtual le da toda la libertad y responsabilidad al estudiante. Si uno asume el compromiso tiene mayores posibilidades de crecimiento que en una escuela tradicional. Si no, se puede perder. Una de las grandes ventajas es el manejo del tiempo. Recuerdo tantas, tantísimas clases presenciales en que el maestro ya no sabía qué hacer con nosotros, repetía una y otra vez lo mismo, debrayaba sobre asuntos de ningún interés. Cuanto tiempo no me robaron hijos de puta. Eso no ocurre aquí. El porcentaje de estudiantes on-line se duplicó el año pasado del cuatro al ocho por ciento. Ese patrón va a continuar, hará accesible la educación de calidad a clases marginadas (la UDG virtual ya lo está haciendo) y los resultados serán claros.

Ayer mi estimado maestro José Díaz aprovechó su columna para culpar al internet de algunos de los conflictos de incomunicación de nuestros tiempos, así como para descalificar las bondades de la pornografía. No es la primera vez que lo hace y estoy seguro que no será la última. El texto de José maneja dos tesis centrales. 1) La invasión de la privacidad. Concuerdo. 2) Los mecanismos de poder como limitantes del discurso. No concuerdo. Aprovecha esta discordancia y otros mitos que circulan en el aire para alzar la voz en nombre de los internetofilos.

Asumir que los problemas de comunicación del ser humano se deben al internet es pensamiento apocalíptico best-seller, teoría de conspiración sin argumentos. Es lo que la gente quiere leer. Es también un acto de evasión, siempre se le achacan los males de la sociedad a los medios, el gobierno, los poderosos, los marcianos, pero nunca nadie está dispuesto a asumir su culpa. Cada quien es responsable de la forma en quiera relacionarse con el otro. Parte de la grandeza del ser humano es que tiene la capacidad de discernir. Habrá quien le entre al vals de las máscaras; yo soy de los que ambiciona sentir el alma humana como un trozo de carne entre los dedos.

Procuro rodearme de mujeres y amistades que compartan esa ambición. Paso largas horas de trabajo y estudio en el internet, eso no me ha hecho ni más miedoso al contacto cercano, ni más torpe para comunicarme, ni me ha provocado ninguna especie de alergia a la confrontación. Por el contrario, huyo de las relaciones que entran en un estado de complacencia y comodidad.

Hace unos meses me llegó una invitación para unirme a una especie de foro con jóvenes narradores chilenos. Compartimos nuestros textos y lecturas. Gracias al facebook puedo enterarme de las propuestas literarias de grupos independientes en el centro y norte del país. En los blogs he encontrado lecturas que de ninguna otra forma hubiera conocido, establecer contacto con gente de otros Estados, otros continentes, con las que comparto un interés. En los fotologs puedo seguir la vida de mis amigos de la infancia en el DF. He bajado discos, libros, películas, todos piratas, no me importa, no hubiera podido comprarlas de otra forma. (El crimen siempre es un guiño de la verdadera democracia.) La lista podría alargarse muchísimo más. Lo importante es que nada de esto hubiera sucedido, estas botellas de mar con las que alguien tropieza, estas cuerdas angustiadas que de algo se amarran, si no fuera por el internet.

Hay que pensar que estamos ante un nuevo paradigma del pensamiento fragmentario. Por supuesto que las formas de relacionarse van a cambiar, pero no entiendo porqué se debe moralizar al respecto. Hasta donde yo comprendo, el hombre siempre ha tenido problemas para comunicarse, sea en la Edad Media o en el Siglo XXI. La culpa es más de la falta de conocimiento del lenguaje, de los roles sociales, de la evasión de uno mismo, no de Bill Gates.

En cuanto al porno. Mi primer recuerdo es mi amigo Juan, en primero de primaria, escondido en los baños de la escuela, vendiendo a escondidas fotos desnudas de Pamela Anderson que había bajado de internet. Todos las compramos. Mi generación ha crecido con esto. No creo que exista un hombre menor de treinta y cinco años, con acceso a computadora, que no haya visto porno. Si bien habrá gente que disfrute ver videos de mujeres teniendo relaciones con un burro, mujeres vomitando mientras se masturban u hombres cogiéndose un cadáver, no creo que eso sea motivo para emitir un juicio moral. El deseo se manifiesta de las formas más inesperadas. También en la sexualidad. Con estas mismas personas convivimos todos los días sin que esta minucia los haga mejores o peores. Estoy de acuerdo con José, la sensación no se compara con seducir a una mujer en un bar, la guerra de miradas, invitarle un trago, los juegos de palabras, la coquetería (es lo que le da personalidad al acto sexual), irla imaginando, quitarle la ropa, olerla, saborearla… bueno. Tampoco se compara con el sexo entre personas que ya se conocen o tantas otras posibilidades. Sin embargo, resulta peligrosamente reduccionista pensar que no hay otras búsquedas posibles de placer sexual. Es más, estoy segurísimo que la masturbación en nuestros tiempos es muchísimo más divertida que en el renacimiento. En pocas palabras. Ya es tiempo que dejemos de defender cualquier normalidad.

joaquinconacento@gmail.com



Por esto!, martes, 2 deunio de 2009.

2 comentarios:

Carlos Castillo Novelo/Pedro González Ramirez dijo...

Sí, creo que las formas de comunicarse cambian. Ahora, me quedé esperando la defensa de la pornografía.

Saludos!

Joaquín Peón Iñiguez dijo...

jaja, sí, me quedé corto. Pero ya envié la respuesta a Jorge y me enfoco un poco más en el tema. Confío en que lo publiquen. Salucita.

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