lunes, 22 de junio de 2009

Crónica de un regreso


Por Manuel J. Tejada Loría


La condena de Raúl Cáceres Carenzo -su poesía- lo llevó de regreso a la tierra que lo vio nacer hace 71 años, Halachó, donde el pasado jueves 18 de junio tuvo la oportunidad por vez primera de ofrecer un recital poético ante estudiantes del Colegio de Bachilleres, reencontrarse con viejas amistades que no veía hace más de 40 años y recibir el reconocimiento que la Red Literaria del Sureste México-Nuestra América le otorgó por su aportación a la literatura y por su marcado interés en alumbrar los imbricados caminos literarios de las nuevas generaciones.

Y en efecto, el poeta Raúl Cáceres Carenzo demostró durante el recital, ese interés genuino que tiene por fomentar las vocaciones literarias. Por eso antes de comenzar a leer su selección de poemas, alentó a los estudiantes para que hicieran preguntas, comentaran los versos y rompieran de una vez por todas con esa barrera de silencio que parece ser un mal de nuestro tiempo. “Lo que más me interesa son sus opiniones” advirtió.

Sus anécdotas de la infancia y sus lúdicos comentarios -Diego de Landa era un pirómano, dijo- lograron establecer una buena comunicación entre él y los asistentes. Ahí estaban también su esposa Guadalupe Cárdenas, su hermana Gloria y otros familiares.

El largo y sostenido aliento poético de Cáceres Carenzo detuvo por momentos el tiempo en la Villa. Los versos se fundieron en la claridad de la calurosa mañana y todo pareció concentrarse en la textura de su voz. Era su poesía un canto cargado de nostalgia. Era, a final de cuentas, una dulce evocación de su infancia y tantos recuerdos que sólo Halachó -a la manera de Proust- podían revelarle. Antes del mediodía la espera había terminado: después de muchos años había regresado a mostrar lo que encontró, su poesía.

Enhilando recuerdos

Cuando se le informó a Raúl Cáceres que se había organizado un recital en Halachó mostró beneplácito. Creo que era algo que anhelaba y ahora se cristalizaba gracias a otro halachoense distinguido, el profesor Miguel Ángel Kú Mis, quien junto con su agrupación (Centro Promotor Cultural Maya) se había puesto en contacto con autoridades del COBAY plantel Halachó, el ICY y la Red Literaria del Sureste.

Cáceres Carenzo es muy claro en eso de que nacer en tal o cual lugar no te hace poeta. “Uno se forja el camino, uno es el que busca y con base a disciplina, lecturas y dedicación se logra”. Pero sin duda, más allá de su condena poética, volver a Halachó representaba materializar sus recuerdos, era encontrarse frente a frente con el tiempo perdido.

Conforme se acercaba el jueves 18 algo de nerviosismo se dejaba ver en el poeta. Cuando el día llegó, puntual y sin haber desayunado, ya se encontraba esperando al vehículo que lo transportaría de vuelta al pueblo donde nació en 1938. Ahí estaba Raúl, con su morral lleno de libros bajo el brazo, acompañado de su esposa Guadalupe Cárdenas.

El cálido recibimiento de los halachoenses a un halachoense tan querido como él. Empanadas, salbutes y otros antojitos. Los abrazos, apretones de mano y los reencuentros. “Platicaba con gentes a quienes no recordaba de cara, pero que con la conversación iba reconociendo, grandes amigos, compañeros...”. Cáceres Carenzo estaba realmente conmovido. El sol, el aire, las calles (ahora distintas, me dice), la misma gente, enhilaban bellos y emotivos recuerdos. Más de uno fuimos testigos de cómo la emoción le empañó la mirada varias veces. Creo que muchos en esos instantes, también pensamos en el tiempo.

Día memorable

Ya en la noche, frente a un frapuccino en el café “La Habana” con el cigarro descansando en el cenicero y la mirada puesta en la cereza que corona su bebida, el cansancio es evidente en el poeta Raúl Cáceres Carenzo. Una breve sonrisa demuestra su felicidad por haber vivido un día como pocos. “Es más un agotamiento emocional que físico” dice. La emoción persistía.

Era la misma que en Halachó arrancó los aplausos del público y que embelesó a una de las estudiantes que evidentemente emocionada le dijo al poeta “yo quiero escribir”. Y al final Raúl Cáceres le regaló un libro, se lo dedicó y le dio tantos consejos.

La directora del COBAY, la profesora Fany Obdulia Ortiz Trujillo, mencionó que varios estudiantes sentían interés por la escritura y que en muchos había talento. “Lo sé, por sus clases de literatura”, dijo. Y aquí el gran valor de Raúl como hombre de letras, el dar consejo sin pedir nada a cambio. “Hay que buscar para encontrar... busquen” y los jóvenes escucharon atentos.

Ahí estaban también los integrantes de la Red Literaria del Sureste: Judith Buenfil, Tomás Ramos, Joaquín Peón, Carlos Peniche, José Díaz Cervera y Jorge Luis Canché Escamilla, quienes asistieron para la entrega del reconocimiento. Algunos de ellos, como Carlos y Jorge Luis tomaron la palabra, felicitaron al maestro, dijeron que era “un día histórico” y le dieron las gracias por la oportunidad de escucharlo.

Cuando el evento terminó, el profesor Miguel Ángel Kú Mis invitó al poeta a un almuerzo preparado en su honor. Pollo en escabeche, cebollas asadas y chile xkatic tamulado. En la trayectoria al lugar de la comida, el vehículo donde iba Cáceres Carenzo pasó frente a la que fue su casa. Todo era una suma de emociones. Por eso al finalizar el día, en el café habló de Marcel Proust. Halachó había sido en ese memorable día una magdalena hecha de recuerdos.

Hermano Mar

De poeta a poeta, José Díaz Cervera, en nombre de la Red Literaria del Sureste se dirigió a Raúl Cáceres Carenzo poco después del recital. Le dijo hermano mar, le dijo hermano sueño y le expresó su respeto, su gratitud: “Gracias, Raúl, por enseñarnos que el mundo tiene las mismas dimensiones todos los días, gracias también por demostrarnos que puede ser más amplio, pero que la distancia entre un suspiro y la nostalgia es inasible. Gracias por convocarnos a todos a este día, en una cita que está fuera del tiempo, esperándonos ayer, recordándonos mañana y recuperándonos para el instante que es una eternidad anclada entre el abismo. Gracias, Raúl, por el sencillo lujo del diálogo; gracias, Raúl, por la canción”.

Sucedió entonces que los aplausos formaron un coro, que Raúl Cáceres Carenzo no pudo contener las lágrimas y agradeció con un fuerte abrazo a José Díaz las palabras. Con una gran sonrisa expresó también su gratitud para con la vida. La poesía había dejado fuera todo lo que por mezquindad sobra.


Por esto!, sábado 20 de junio de 2009.

1 comentario:

diacervera dijo...

Chingón momento, crónica chingona...

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