jueves, 21 de mayo de 2009

Benedetti más allá del canon




Por Jorge Cortés Ancona


Quién entiende el modo en que se mueven los valores en la Literatura. El poeta Mario Benedetti contaba con un elevado número de lectores y sus libros se difundían ampliamente a nivel internacional, algo que es muy raro dentro de la poesía hispanoamericana de los últimos 50 años.

Muchos críticos y otros poetas lo acusaban de que su poesía era muy simple, demasiado hablada (“¡Uy, parece prosa!”), demasiado clara y directa. Para muchos parecía una escritura fácil e incluso le endilgaban el calificativo de comercial.

La realidad es que esas apreciaciones negativas derivaban de rancios prejuicios. La poesía de Benedetti se refería a la vida cotidiana, en la que incluía las relaciones de pareja, la tarea oficinesca, los avatares políticos y el humor que iluminaba la rutina, además de las condiciones del exilio y una visión propia de la gente urbana contemporánea.

Fue un poeta que buscaba comunicarse realmente con los lectores, y éstos lo han seguido porque les dice algo significativo para sus vidas, porque encuentran compatibilidad con sus expectativas o cuando menos se hallan frente al planteamiento de preguntas y respuestas que inciden en su circunstancia humana. ¿Qué otra función tiene la Literatura? ¿O es que tenemos que verla como ese regodeo en el lenguaje que da pie al forzamiento expresivo que de tanto querer lucir no dice nada? ¿Debemos decir que hay temas poéticos por sí mismos y que entre ellos está excluido el de la vida diaria y el del humano común?

Hay mucho de envidia en las críticas que se le han hecho. Sobre todo de quienes dicen no buscar la fama y demuestran un ansia narcisista cuando están ante cualquier público, aunque para su desgracia es poco lo que logran calar comunicativamente más allá de un cerrado y pequeño círculo. No menospreciemos la voluntad de los lectores ni tampoco las lecturas que les resultan sinceramente interesantes. No podemos negar el hecho de que Benedetti ha podido transitar a través de las generaciones, algo que tantos fenómenos literarios masivos no han podido lograr ni con toda la carga mercadotécnica o de respaldo político.

Los poemas de Benedetti tenían una apariencia de facilidad, pero se sostenían en una cuidada expresión. Se componían de versos alejandrinos, endecasílabos, heptasílabos, octosílabos, en series de un solo tipo de verso o combinados a libertad del poeta, o bien, desarticulando el verso medido. Su coloquialismo no era nunca vulgar y sabía nutrirse del habla popular rioplatense. La estrategia retórica era lo suficientemente eficaz para lograr persuadir con esa faceta de sencillez.

Hay otras partes de su obra que también son de interés. Era un narrador sólido y los casos de “La tregua” en la novela y “Montevideanos” en el cuento constituyen textos que se vinculan fuertemente a la realidad de todos nosotros, pedazos de vida que van cobrando significación dentro de su condición cotidiana. Es de notar también que Benedetti haya practicado recursos de otros tiempos, como el hecho de haber escrito una novela en verso, que es “El cumpleaños de Juan Ángel”.

Aparte, era un crítico incisivo. Mucho aprendí acerca de sus apreciaciones acerca de los poetas y narradores latinoamericanos o acerca del devenir de la cultura en función de una posible revolución social y política. Su crítica destilaba agudeza, con capacidad de observación y de analizar detalles que por lo común nos pasarían inadvertidos. Sin embargo, un pero que habría que hacerle era que a veces un excesivo prurito ideológico lo exacerbaba y lo hacía perder la objetividad, al grado de minimizar a autores como Borges o Vargas Llosa, subordinando lo que su obra puede tener de valor humano a las manifestaciones de su concepción ideológica.

Raro es que un autor se distinga en los cinco géneros literarios y Benedetti es justo un caso de ello. Menos conocida es su labor de dramaturgo y una obra como “Ida y vuelta” de los años 50 tiene mucho que aportar a tantas creaciones actuales que creen estar descubriendo el hilo negro. Si ahora se emplea el recurso del video y el power point, Benedetti empleó teatralmente el proyector de cine y el de diapositivas, además de estructurar eficazmente las acciones con un ritmo que no hacía perder el interés. Otra obra suya fue “Pedro y el capitán”, bastante maniquea en su planteamiento pero que en el terreno pragmático contribuyó en gran medida a crear conciencia acerca de la desgracia de las dictaduras y el siniestro mundo de la tortura en Latinoamérica.

Benedetti estuvo de visita en Mérida en 1982. Era un hombre accesible, de sonrisa bondadosa, más bien bajo de estatura. Hubo una larga cola en la Librería Dante esa mañana para saludarlo, hacerle alguna pregunta y solicitar su autógrafo. Recuerdo que me firmó “Primavera con una esquina rota” –cuya promoción era el motivo de su visita- y “Pedro y el capitán” (en tiempos malos tuve que mal venderlos con todo y la firma) mientras que a mi hermana Lourdes le firmó “Montevideanos” y “La tregua”, que sí están a la mano aún. Por la noche leyó sus poemas en Colón con Reforma ante un público numeroso y entusiasmado.

De visita varias semanas en Montevideo, hace seis años, tenía la encomienda de entrevistarlo. Me dijeron que acostumbraba caminar por la Avenida 18 de Julio, llena de gente y de librerías, pero aunque iba yo ahí casi a diario no me lo pude topar. Averiguando más, me enteré decepcionado de que estaba en Madrid en esos días. Claro, por sus problemas de salud tenía que huir de los húmedos vientos subpolares del invierno austral para irse al sequísimo calor castellano. Sus libros estaban en todas partes. No había montevideano que no lo conociera o que no se supiera cuando menos algunos versos suyos.

Mario Benedetti es un escritor cuya fama se debate entre dos grandes polos. El de un cariño real de los lectores, la admiración ferviente de su pueblo uruguayo (con grandes sectores en otros países de habla española) y por otro lado el pequeño mundo de la represión encubierta que tanto daño hace a la difusión de la literatura y el arte. Hay que desconfiar de los que se niegan a hablar y a escribir con claridad. A los que no tienden la mano a sus potenciales o reales lectores.

Tal vez importe poco cómo irá ascendiendo la reivindicación de Mario Benedetti en el controversial canon literario de Nuestra América, mientras su obra siga siendo leída amplia y efectivamente aun con el paso de las generaciones.

1 comentario:

Walden dijo...

Totalmente de acuerdo con su última afirmación. A Benedetti lo leíamos y lo leeremos. El canon, a fin de cuentas, es el éxito continuo de lectores críticos -con criterio-. Y Mario gozaba de ese privilegio, como nosotros de él.
Saludos.
También le dedico una entrada en http://elcanonliterario.wordpress.com

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