lunes, 11 de mayo de 2009

Amar duele


Por Hortencia Sánchez



De manera persistente escuchamos de parejas, de matrimonios que ya no están juntos, sus caminos se vieron divididos, y lo que alguna vez empezó con gran amor, vehemencia, ternura y comprensión, se ve borrado, desbaratado, aún que se haya sido parte necesaria del otro.

Muchas amigas me han comentado que la naturaleza del ser humano es para estar con muchas personas, traicionar, o simplemente mirar y gustar de otras u otros además de la pareja.

Este tipo de sentir me da un poco de tristeza, porque tal vez muy en el fondo de mi ser, sé que es verdad.

Varias veces he leído “Querido Diego, te abraza Quiela”, de Elena Poniatowska y, aunque ya conozco la anécdota, cada vez que mis ojos recorren ciertas partes de la historia se nublan, se inundan, se desbordan, porque me conmueve el dolor y angustia de una mujer que se quedó sola, muy lejos, acompañada por el frío y la nostalgia, existiendo sólo para añorar la presencia, el apoyo y abrazo de su gran amor.

Aún que sé que estas cartas son ficción, me atrapan, me estrujan, me pegan duro, y no puedo evitar compadecer, llorar, sufrir, y aún así, sentir el placer de la lectura a pesar de lo dolorosa que me resulta.

Pareciera que miro a Quiela y a Diego en los momentos dichosos de su vida, cuando para ambos era importante protegerse, estar muy juntos para amarse y, de esta manera, haber dado vida a un pequeñito que alzaba las manos para tocar su cara, - como si fuera un gatito -.

Me los imagino muy juntos tomados de la mano, sin decir nada, o ambos trabajando en el estudio, pintando una mejor historia en los lienzos, en el color, mientras su hijo iba creciendo; o corriendo a abrazarlo cuando soltaba el llanto, o jugar con él mientras su sonora risa los hacía sentirse plenos, completos, dichosos.

Presiento cómo Quiela entendió una mañana cualquiera que ya no podía tener a Diego entre sus brazos, que había que amarrarse bien fuerte el corazón, costurar los ojos para no inundar su hogar y darle la espalda, dejarlo partir. Sabía que él ya nunca regresaría, que el gran amor se había terminado. Nunca supo a ciencia cierta que fue. Tal vez él se sintió un poco grande y fue en busca de un cuerpo, de un rostro con más ternura, alguien con menos años, para que los que él ya tenía sobre los hombros le pesaran menos.

La escritora Elena Poniatowska durante muchos días ha logrado tocar mi alma con su libro “Querido Diego, te abraza Quiela”, ya que es un canto al gran amor que se le puede tener a un hombre.

Gracias por darme la oportunidad de lavar un poco los parecidos dolores.

17 de diciembre de 1921

“… Sé que tú no piensas ya en Dieguito; cortaste sanamente, la rama reverdece, tu mundo es otro, y mi mundo es el de mi hijo. Lo busco, chatito, físicamente me hace falta. Si él estuviera vivo, si compartiera conmigo este estudio, tendría que levantarme por más mal que me sintiera, atenderlo, darle de comer, cambiarlo y el solo hecho de hacerle falta a alguien me aliviaría. Pero ahora él está muerto y yo no le hago falta a nadie. Tú me has olvidado allá en tu México que tanto deseé conocer, nos separa el Atlántico, aquí el cielo es gris y allá en tu país siempre azul y yo me debato sola sin tener siquiera el consuelo de haber trazado en estos días, una línea que valga la pena.
Se despide de ti y te besa tristemente
Tu Quiela.”

“Querido Diego, te abraza Quiela es un libro de amor. Consta de las cartas imaginarias que la pintora rusa Angelina Beloff le escribió a su amante Diego Rivera. Con Angelina tuvo Diego a su único hijo, que murió de meningitis a raíz de las asperezas de la primera guerra mundial. Diego entonces regresó a México, le dijo a Angelina que le enviaría un pasaje para alcanzarlo, pero jamás lo hizo. Este es el relato de un amor desesperado y mal correspondido.”

ELENA PONIATOWSKA.

París, Francia, 1932.

Es autora de La noche de Tlatelolco y Hasta no verte Jesús mío, además de cuarenta títulos entre novelas, cuentos y entrevistas. Se inicio en la literatura en 1954 con la publicación Lilus Kikus. Fue la primera mujer en obtener el Premio Nacional de Periodismo en 1979. Sus libros se han traducido a varios idiomas. Es la única escritora que ha recibido dos veces el Premio Mazatlán.

ritualteatro@hotmail.com


Por esto!, sábado, 9 de mayo de 2009.

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