miércoles, 31 de diciembre de 2008

Los aniversarios literarios del 2009




Por Jorge Cortés Ancona


Para el 2009 habrá buen número de efemérides literarias importantes. Por ahora, no iremos más allá del siglo XVIII y nos centraremos más en lo reciente.


Empezamos por los nacimientos -el año de fallecimiento entre paréntesis-. En 1709 nació el ensayista inglés Samuel Johnson, mejor conocido como el Dr. Johnson (1784). En 1809 nacieron los escritores españoles Mariano José de Larra (se suicidó en 1837) y José Donoso Cortés (1853); el polígrafo igualmente español Sinibaldo de Mas, traductor de la Eneida (1868), y el poeta y ensayista argentino Juan María Gutiérrez, uno de los recuperadores de Sor Juana y recio defensor de la cultura hispanoamericana.


También nacieron en ese año el narrador ucraniano de lengua rusa Nikolái Gógol (muerto en lamentables condiciones en 1852); los escritores norteamericanos Edgar Allan Poe (de desoladora muerte en 1849) y Oliver Wendell Holmes, uno de los médicos-literatos (1894); el poeta inglés Alfred Tennyson (1892) y el poeta polaco Juliusz Slowacki (1849).


También nacieron en ese año, personajes importantes de otras disciplinas como el filósofo político Pierre-Joseph Proudhon (1865), el naturalista Charles Darwin (1882), el francés Louis Braille, creador del sistema de escritura y lectura para invidentes (1852), y el ejemplar presidente norteamericano Abraham Lincoln (1865).


En 1859 nacieron ilustres figuras como el poeta, narrador y cronista mexicano Manuel Gutiérrez Nájera (1895); el médico británico Arthur Conan Doyle, creador del detective Sherlock Holmes (1930); los narradores escandinavos Verner von Heidenstam, sueco y ganador del Premio Nobel de Literatura en 1916 (1940), y Knut Hamsun, noruego y ganador del Nobel en 1920 (1952); los filósofos Henri Bergson, francés, ganador del Nobel de Literatura en 1927 (1941), y Edmund Husserl, cuyo sistema fenomenológico es uno de los más influyentes en distintas corrientes teóricas actuales (falleció en 1938).
Dos casos tangenciales son los del militar francés Alfred Dreyfuss, cuyo proceso dio lugar a una toma de conciencia intelectual en la que figuró de manera prominente Émile Zola (el militar falleció en 1935), y el bandido adolescente Henry McCarthy, mejor conocido como Billy the Kid, cuya vida fue tema de varias obras literarias (1881).


En cuanto a 1909, tenemos al narrador peruano Ciro Alegría (1967), a Juan Bosch, cuentista, ensayista y político progresista dominicano (2001), y al novelista y cuentista uruguayo Juan Carlos Onetti (1994); el novelista norteamericano Malcolm Lowry, tan ligado a México (1957): el poeta inglés Stephen Spender (1995); el poeta griego Iannis Ritsos (1990); el novelista italiano Indro Montanelli (2001) y el cineasta y novelista norteamericano Elia Kazan (2003).


Asimismo, los filósofos Simone Weil, francesa de pensamiento religioso cristiano (fallecida en 1943), e Isaiah Berlin, lituano-inglés de ideas liberales (1997), y el sociólogo y teórico político italiano Norberto Bobbio (2004).


Respecto a Yucatán son de remarcar dos aniversarios: el del escultor Enrique Gottdiener Soto, amigo de escritores, autor de bustos como los de Mediz Bolio y Abreu Gómez, y tema de muchos escritos literarios (1988) y el del ilustre historiador y diplomático Silvio Zavala Vallado, que celebrará en vida el centenario de su natalicio.










Por esto!, martes 30 de diciembre de 2008.

martes, 30 de diciembre de 2008

Los que se fueron en 2008

Andrés Henestrosa Morales




(San Francisco Ixhuatán, Oaxaca, 30 de noviembre de 1906 - México, D. F., 10 de enero de 2008)





Emilio Carballido



(Orizaba, Veracruz, 22 de mayo de 1925 — Xalapa, Veracruz, 11 de febrero de 2008).





Arthur C. Clarke





(Minehead, Inglaterra, 16 de diciembre de 1917 – Colombo, Sri Lanka, 19 de marzo de 2008)






Víctor Hugo Rascón Banda





(Uruachi, Chihuahua, 6 de agosto de 1948 - ciudad de México, 31 de julio de 2008)





Paco Ignacio Taibo I





(Gijón, Asturias, 19 de junio de 1924 – México, D.F., 13 de noviembre de 2008)





Harold Pinter




(Londres, Inglaterra, 10 de octubre de 1930, - Londres, Inglaterra ,24 de diciembre de 2008)

lunes, 29 de diciembre de 2008

De nuevo el Periférico

Por Jorge Cortés Ancona


Estremece aún pensar en la volcadura de un tráiler lleno de combustible en el Periférico, ocurrido hace apenas unos días. No sólo por haber ocasionado el desquiciamiento del tránsito en dicha vía y en las colonias y fraccionamientos circundantes, sino también por la actitud de decenas de curiosos que se acercaron a ver el espectáculo humeante sin pensar en las terribles consecuencias potenciales.

No es nada nuevo esto de las volcaduras o choques de tráileres, con o sin combustible de carga. El número de accidentes en el Periférico es muy alto. Hay factores como la neblina mañanera, la insuficiente iluminación, la falta de muchos señalamientos, la invasión de los carriles para estacionarse y la coexistencia de tráileres y coches en condiciones de igualdad. Sin embargo, la indiferencia de todos los días va evaporando estos problemáticos accidentes de nuestra conciencia.

Es cosa diaria que haya tráileres corriendo a gran velocidad, compartiendo una misma vía con vehículos de menores dimensiones, peatones y animales, todos los cuales tienen muchísima menos defensa para aguantar cualquier choque o aplastamiento. ¿Se está haciendo algo por evitar este problema? Parece muy lenta la voluntad de aplicar soluciones urgentes.

En Mérida algunas carreteras ya son parte de la vida diaria de la ciudad, al grado de que no se sabe dónde empieza lo urbano y dónde termina lo suburbano y lo rural. La ciudad nunca debió extenderse hasta esos límites de la circunvalación que, en sus orígenes, estaba muy lejana de la zona vital de actividades y había sido planeada para facilitar la conexión entre carreteras sin tener que pasar por la ciudad. El incontrolado crecimiento constructivo causado por la especulación inmobiliaria se ha olvidado de dejar un espacio de protección que evite el uso común de esa vía que cada vez se va ancheando.

Por todo ello, el Periférico era una vía normal cuando, hasta hace unos pocos años, se acudía a él para aprender a manejar. Como vía de acceso para llegar de manera más directa o más rápida de un punto a otro de la ciudad, es empleada por miles de vehículos a pesar de que las condiciones de seguridad no han ido para nada a la par.


Para colmo esto ocurre en nuestra Mérida, donde para las normas vigentes un automóvil es más importante que un ser humano y donde a veces, parece estarse perdiendo la dimensión de la realidad en materia de tránsito.

Hace falta sensibilizar a nuestros técnicos, ingenieros y administradores para que no sigan creyendo que por sí mismo, un mundo de máquinas y tecnología nos hace mejores y crea más felicidad. La indispensable relación de las innovaciones tecnológicas con el factor humano es algo que no se está enseñando en ningún lado, salvo en un reducido sector de nuestros medios de comunicación.

Como una solución a medias, se crearon los pasos a desnivel para facilitar la circulación de vehículos pero no se previó la correlativa modificación de la vida de quienes habitan en colonias cercanas. Cruzar el Periférico a pie, a caballo, triciclo o bicicleta, que son los medios con que cuenta la gente de la zona, se volvió un drama potenciado de muerte. Cada cruce significa arriesgar la vida, porque dieron facilidades a los vehículos para aumentar la velocidad y convertirse en máquinas asesinas. Para colmo, agregan anuncios publicitarios distractores cuando hace más falta una mejor señalización de tránsito.

Un Periférico lleno de universidades y de tugurios. Maestros y estudiantes con prisa; abundantes parranderos, ebrios y ganosos, también con prisa. La consecuencia, en uno u otro caso (peor cuando se mezclan), es el exceso de vehículos, la distracción, la irresponsabilidad y la embriaguez al volante.Ya se requiere ubicar más topes para los vehículos, que existan carriles exclusivos y de baja velocidad para los vehículos pesados, con mayores controles para esto último, más puentes peatonales y más señales de tránsito eficazmente visibles. Y que los curiosos tengan más conciencia, puesto que cerca del combustible no se juega. Y menos si se trata de decenas de miles de litros.



Por esto!, lunes 29 de diciembre de 2008.

sábado, 27 de diciembre de 2008

El paraíso acabado

Por Jorge Cortés Ancona

Abruma considerar cuántas transformaciones en tan poco tiempo ha sufrido Cancún: en menos de 40 años, le tocó padecer el cambio gigantesco de ser un paraíso de playas vírgenes hasta convertirse en la masa de concreto que es, llena de construcciones, gente, vehículos y violencia.

Ese paraíso acabado, destruido, es el que aparece en el libro Recuerdo de Cancún, de Gabriel Vázquez. Armado, a base de 13 textos (12 cuentos y un poema) con diversos modos expresivos; es un libro que aborda diferentes situaciones y tipos personales de la vida cancunense, como son la destrucción ecológica, los taxistas, los animadores de piscina, el huracán, la violencia, los trabajadores de la construcción, de mudanzas y de servicio en los hoteles, los springbreakers, la burbuja social de arribistas (la cancuniqué) que dan rienda suelta a su obsesión sexual, los corruptos políticos y jerarcas católicos, los turistas, los migrantes peninsulares y de otros lados, los vuelos... Todo el conglomerado que ha hecho de esa ciudad un explosivo caldo de sustancias raras.




El libro se arma a base de una llegada y una despedida (con un Día 0 en que se vive el huracán "Wilma") y se integra por relatos que abordan hechos específicos que representan la vida cotidiana en Cancún, tanto la abierta, la callejera, como la que transcurre en los interiores y en los subterráneos. Hacia el final, un texto integra la imagen completa que conforman todas las partes, para luego culminar con un canto de lamentación de tres páginas, en la que habla una fotografía de ese paraíso derrotado ("Camino a la desesperación / el desenlace de un huracán que nadie quiere escuchar / el bisturí disecciona mentiras de la realidad [...] Es el sueño de una sombra... / Soy una instantánea en una playa que ya no existe").

En los títulos se da una ubicación temporal, ya sea del día o de la noche, con un número correlativo que produce la idea de una prolongación discontinua en el tiempo, una forma de indiferencia rutinaria en las acciones narradas, que pueden ser de hoy o de cualquier otro día. El día 10,950, el del discurso del presidente municipal, equivale a 30 años, los que equivalen a la etapa más intensa del proceso de degradación de esta ciudad y al tiempo de existencia del municipio, creado en 1975, respecto a los años en que suponemos se escribió este libro.




El autor emplea diversos modos de expresar los temas y con ello produce un enriquecimiento semántico en las narraciones. Por ello, encontramos la información de bienvenida del capitán del vuelo, el discurso del presidente municipal, fragmentos del sermón del libidinoso monseñor, diferentes tipos de habla popular. Las voces pueden ser ambiguas como la de algún narrador que termina siendo una iguana, con lo cual se hace eficaz una asimilación esencial de los animales y los humanos en un sentido de integridad ecológica. Algunos textos concluyen con una nota en letras más pequeñas, en las que se aportan datos periodísticos y/o estadísticos que en algún caso refuerzan la intención persuasiva del texto, pero en otros casos parecen redundantes.

Es evidente que este libro tiene mucho de denuncia, pero encaminada a través de una conformación de personajes y situaciones, con un plan bien establecido y un estilo claro, conciso, eficiente en su diversidad de voces. Una obra literaria convincente, redonda y que nos mueve el ánimo.




(Una pequeña irregularidad: el capataz del Día 168, del que se dice que le habla en maya a sus trabajadores pero que en español habla como si fuera del centro del país y no de la península yucateca. Aunque sabemos que la confluencia de gente de tantas procedencias en la Riviera Maya da lugar a mezclas extrañas, no nos parecen muy convincentes los parlamentos de ese capataz).

Gabriel Vázquez nació en México D.F., en 1974. Es licenciado en Comunicación, guionista, coautor junto con María Reyna Hernández del libro de cuentos Amor Cantado, Amor Contado (2008), fue becario del FONCA 2006-2007, trabajó en varios medios de comunicación del Sureste, coordina talleres literarios y reside actualmente en Mérida.

Vázquez, Gabriel: Recuerdo de Cancún, Conaculta, Col. Fondo Editorial Tierra Adentro No. 364, México, 2008, 127 pp.






Por esto!, viernes 26 de diciembre de 2008.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Adios a Harold Pinter



Harold Pinter, uno de los principales dramaturgos del Reino Unido, falleció a los 78 años de edad luego de una larga batalla contra el cáncer, según informó este jueves su viuda, la también escritora Antonia Fraser.

"Él era fantástico y fue un privilegio vivir con él por más de 33 años", le dijo Fraser al periódico británico The Guardian.

Además de dramaturgo, Pinter era director de teatro, actor, poeta y activista político.

Sin embargo, fueron sus innovadoras obras de teatro como "La fiesta de cumpleaños" (1957) y "El portero" (1959) las que provocaron el mayor impacto en el público y la crítica.

Un impacto tal, que el adjetivo "Pinteresque" fue aceptado por el diccionario de Oxford, uno de los principales referentes de la lengua inglesa.

Dilemas éticos: el espíritu navideño

Por José Díaz Cervera



No me gustaría que acabara la Navidad, lo que me gustaría es que dejara de ser una gran trampa. No me refiero solamente al gran despliegue de consumo en el que todos acabamos involucrándonos en mayor o menor medida (tal vez eso sea lo de menos si la gente consumiera según sus posibilidades y creo que es bueno, aunque sea de cuando en cuando, darse algún pequeño lujo), sino a la inmoralidad implícita en muchas de nuestras prácticas vinculadas a esa cosa rara que se ha dado en llamar “espíritu navideño”.


Navidad es natividad, y todo lo que nace supone una especie de renacimiento o de renovación de nuestro espíritu y de nuestras emociones. Hasta ahí, las fiestas decembrinas tienen, al menos en el papel, el objetivo de revitalizar muchos de nuestros afanes, aunque todos sabemos que los excesos propios de esta época del año terminan agotándonos.



No es sólo el lugar común del materialismo, tan fustigado por las señoras más encopetadas de nuestra sociedad yucateca, sino todas esas prácticas que ejercemos sin detenernos a meditar sobre su pertinencia.


Así, en los primeros días de diciembre pudimos ver las tiendas departamentales y los establecimientos especializados rebosantes de compradores que buscaban juegos de luces para adornar las fachadas de sus casas y arbolitos navideños. La gente pudiente considera poco elegante comprar un árbol de plástico y prefiere uno natural, sin importar la deforestación (aun cuando se insista en decir que hay un cultivo y un corte sistemático de estos árboles en zonas específicas, la deforestación, aunque controlada, sigue siendo deforestación).


Por otro lado, nuestros estilos de vida demandan dos elementos absolutamente imprescindibles: agua y energía. La primera la estamos acabando de manera alarmante y se prevé que en pocos años las guerras sean por la posesión de yacimientos y fuentes del llamado “vital líquido”. La segunda supone un mecanismo complejo de producción que ha venido generando deterioros severos al medio ambiente; el mundo se mueve con energía, ésta es siempre insuficiente y su producción contamina zonas extensas del planeta de forma tal que, cuando utilizamos la energía eléctrica para adornar excesivamente las fachadas de cientos de hogares, estamos desperdiciando un recurso que a otros les falta y, además, estamos contribuyendo en la destrucción del planeta. Yo me atrevo a decir que la forma que ha adquirido en nuestra época el “espíritu” navideño tiene mucho de inmoral, poco de espiritual y un fondo terrible de cursilería.


Amo la Navidad y tengo miedo de que ella desaparezca entre las lucecitas de colores, los adornos, los árboles secos y la llamada “cuesta de enero”. Aunque no profeso religión alguna, me confieso hombre de fe y por eso me emociona pensar en una renovación a partir de la metáfora simple de un niño que nace en un pesebre humilde, junto al estiércol de las vacas.


Mientras vinculemos la Navidad con el desperdicio (sobre todo el de energía), acabaremos abriendo la posibilidad de que esta celebración se desfigure hasta convertirse en una de las prácticas más inhumanas de que se tenga memoria.





Por esto!, jueves 25 de diciembre de 2008.

jueves, 25 de diciembre de 2008

La fiesta y el ritual


Por Joaquín Peón Íñiguez

La fiesta es un episodio imaginado de convivencia. El alcohol descongestiona las vías de comunicación, adormece la noción de comodidad, despierta el hambre de riesgo y traza caminos fantásticos e inacabados que observaremos como si tuvieran la finitud de un muelle, sin atrevernos nunca a recorrerlos.


El enfiestado huye de sí mismo, de su yo social y cotidiano, para descubrirse en los demás. Camina borracho hacia el otro para construir un heterónimo efímero que esa misma madrugada ha de sepultar, entre la bruma y el ruido de unos pájaros distantes, en el patio trasero, junto a tantos otros cadáveres enfiestados, fragmentos iluminados del yo que nunca llegaron a desarrollar una personalidad, pero sí un carácter revolucionado de honestidad.





El ritual es una simulación de acercamiento al yo que pierde su esencia generadora de sentidos cuando pasa a ser tradición. Creo en los rituales de las noches perdidas, aquellos que sólo han de ocurrir una vez, en una playa o en el desierto quizás, con sangre y con misterio, sin testigos, ni constitución. El ritual tiene como gran aliado al pasado, su historia lo tiñe de mítico y funda perspectivas compartidas de introspección.


El ritualista tiene la ambición de penetrar en el misterio del tiempo y el yo como una navaja, poquito a poco, en el pulmón. El ritualista es víctima de lo casual y de un sistema corrompido de metafísica. Sin embargo, nadie le quita el hogar y la pertenencia en estos años bizarros en que la mayoría entramos y salimos del dogma al manifiesto, sin poder inventar nunca una propia fe.


Ahora que se viene la Navidad, el año nuevo, los reyes, ¿usted festeja o ritualiza?




Por esto!, martes 23 de diciembre de 2008.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Sobre el compromiso de escribir

Por Ricardo E. Tatto


Un cuestionamiento constante que nos hacen a los que nos dedicamos a las letras es sobre el compromiso de escribir -claro, asumiendo que existe como tal-, pregunta válida que puede provenir de afuera o desde uno mismo, al reflexionar sobre el acto creador en nuestras elucubraciones introspectivas.

La respuesta, en mayor o menor medida, depende directamente de cómo se asume uno al momento de escribir: las motivaciones, el objetivo, la intención, etc. Por lo que he escuchado, esencialmente el compromiso es con uno mismo y, si acaso, para con la palabra escrita.

En lo personal, yo comulgo con lo anterior por varias razones. Primero que nada, uno, en sus lecturas y escrituras iniciáticas, sólo percibe el acto escribidor como un mero pasatiempo, una herramienta para verter las emociones; vaya, un asunto de catarsis textual.

Es así como muchos comienzan durante la secundaria y preparatoria, sin otro afán más que el de expresar las vicisitudes, emociones, pensamientos y ocurrencias de la vida cotidiana. Ahora bien, generalmente con los años llega el momento de elegir un camino, una vocación o un calvario profesional. A qué‚ dedicarse.

Pero el escritor o periodista, una vez que se asume como tal, inicia su paseo por los terrenos de la profesionalización, donde los extensos vericuetos muchas veces se intrincan hasta confundir al que los recorre.




Que si los premios, la notoriedad, figurar en las páginas impresas, recibir sueldos y reconocimiento a lo escrito, son dádivas excepcionales que, en ocasiones, son otorgadas al talento, no es de la incumbencia de quien escribe con honestidad. Uno no lo hace por eso -me imagino-, sino por las ansias que se originan en el córtex cerebral y que desembocan en los dedos que golpean -o rozan- las teclas del ordenador.

Ya sea así o empuñando la pluma, la necesidad de lanzar sablazos verbales es lo que predomina en un escritor o periodista de buena cepa, que se regocija frente a la pantalla o el papel por el mero deleite de concatenar en una sintaxis lógica el significado -y significante- de las palabras.

El destino de dichos signos que evocan símbolos, metáforas y figuras del lenguaje, nos es ajeno al momento de transcribir nuestras reflexiones y pensamientos puramente introspectivos. Si bien el que se dedica al oficio como un modo de subsistir -aunque se malviva de ello-, a pesar de tener plena conciencia de que lo escrito podría acabar impreso, no lo sabe con certeza sino hasta después.

Ya sea en el periodismo o la literatura, uno nunca deja de percibir los caracteres escritos que nos rodean en forma de personas, ideas, sucesos o experiencias sensoriales. Uno nunca deja de pensar, de escribir, al ir por la vida observando a nuestro derredor lo que pasa en la cotidianidad de los microuniversos que hemos construido.

Cada cual tiene su manera de describirlo -ya muchos escritores mejores que yo lo han hecho-, pero no puedo dejar de hablar desde lo único que conozco más o menos bien, ya que en mi caso, el flujo, el torrente que se precipita en forma de letras, aparece en mi mente como una marquesina electrónica multicolor que avanza de derecha a izquierda. Si como esos anuncios comerciales que vemos por las calles y que se encuentran en enormes cantidades por Times Square.

Siempre ha sido así e ignoro la razón que da como Génesis el pensamiento escrito; mas ya no lo cuestiono: simplemente me dedico a transcribirlo sobre estas líneas bidimensionales.



Por esto!, lunes 22 de diciembre de 2008.

martes, 23 de diciembre de 2008

Agradecimiento a la revista Kimera



La Red Literaria del Sureste agradece a la Revista Kimera, de San Cristobal de las Casas, Chiapas, por la mención que hace dicha publicación de este espacio.

Atte.


Raúl H. Pérez y Miguel Angel Civeira ,
administradores del blog de la Red Literaria del Sureste.

En diciembre y en el Centro




Por Jorge Cortés Ancona

Damos un salto de veinte años, quizá de más tiempo. Es diciembre. Las calles del Centro Histórico de Mérida están llenas de gente, bullendo de familias enteras que cargan cajas, llevan bolsas de todos los tamaños. Un andar que se detiene paso a paso en las vidrieras y al que le estremece la fragilidad del futuro.


Tanta gente por las calles, deteniéndose a comer panuchos, salbutes, tacos, tortas, en el Mercado Lucas de Gálvez o en el Bazar García Rejón o en cualquier restaurante, fonda o pequeño puesto. O en los barrios: Santiago, Santa Ana, San Sebastián. Hay de donde escoger. Y aunque ya refrescó, cada cincuenta metros hay dónde conseguir algo que beber.


Hace veinte años. Los niños, sin saberlo, llevan en sus manos las cajas que luego deberán abrir en Nochebuena o en el Día de Reyes. Esas cajas que habrán de guardarse durante varios días manteniendo guardada la sorpresa. La sorpresa que estuvo en sus manos.


La fiesta decembrina se va desarrollando por etapas. Veo en la memoria, la enorme concurrencia a la Iglesia de San Cristóbal. Esa bella iglesia de fachada barroca, con su retablo de piedra, sus medallones pintados al fresco con las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Tanta gente de tantos lados, tantas velas, imágenes, comidas, que se ofrecen afuera, por las calles.En esos días previos a la Navidad, todavía sobraba tiempo para tomar largamente un café (o dos o tres), sentados de frente a esas pasarelas que son la calle 60 o los alrededores de la Plaza Grande. Saludos, conversaciones al paso, coqueteos, tacos de ojo. Y la tranquilidad de saber que el tiempo es nuestro. Hay que pensar en la cena de Navidad. ¿Dónde están los pavos? Y hay que ir al Centro a buscarlos. En las calles que rodean al Mercado Lucas de Gálvez buscamos los pavos. Ahí los vemos: podían estar vivos, o rostizados, o asados, listos para rellenarse. ¿Y el bacalao? Lo compramos en esas maravillosas tiendas tradicionales de nuestro Centro Histórico, llenas de olores apetitosos y con un ambiente apacible. Un bacalao noruego, un bacalao español. Y si no, una cherna, que también es rica.


Arrebatemos el pan, el pan francés. En todas estas céntricas panaderías lo hacen bien. Un francés crocante o blando, con meollo o sin él. Con ese punto de sal que nos hace empezar a comerlo desde antes que hayamos siquiera salido de la panadería.En los mercados, supermercados y tiendas del Centro nos ilusionan las manzanas, las peras, las uvas, las nueces, los dátiles. Y las indispensables naranjas y mandarinas. Las frutas de Navidad. Eso justifica por sí sola la caminata. La cena se hace temprano. Es bueno que todos estemos juntos. Somos tan jóvenes que no nos quedaremos hasta tan tarde despiertos. Podemos comer a gusto, en esas horas que son las nueve o quizá las diez. Servirnos dos, tres veces. El pavo, el bacalao, el pan francés. ¡Y también hay remolacha y zanahoria! Y tantas frutas, tantos dulces.


Ya nos dieron los regalos. Otros estarán esperando al 6 de enero. Uno podrá quedarse tranquilamente en casa, conversando en una larga sobremesa. Otros (yo no, jamás) van a la Misa de Gallo. A medianoche. Señoras con mantilla, los señores bien dispuestos, muchas muchachas, adolescentes, niños. Santa Lucia, Tercera Orden, la Catedral, la Ermita, Candelaria, San Juan. Una misa de medianoche.Es un salto de veinte años. Un salto de otra felicidad: esas céntricas calles en la Mérida de diciembre. ¿Hacia dónde ha cambiado la vida?



Por esto!, lunes 22 de diciembre de 2008.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Una botella al mar…


Por José Díaz Cervera

No sé hasta dónde sea razonable decir que es un privilegio escribir. Yo más bien siempre he pensado, si no lo contrario, sí, al menos, que se escribe como en defensa propia.Yo no escogí este oficio ni la incomodidad que supone el dormir teniendo a las palabras como si fueran zumbidos de mosquitos junto al oído. Por eso trato de obtener alguna mínima ventaja de todo ello.

Cuando voy por las calles, miro. La realidad es como una muchacha muy bonita, pero sucia. A veces me entretiene ver a las palomas en los parques y me llena de sabiduría platicar con la gente. En la esquina, el hombre que vende periódicos levanta un ejemplar del Por Esto!, y alguien que pasa por ahí saca unas monedas para comprarlo. Pienso entonces en el artículo que envié dos días antes y me pregunto si habrá sido publicado ya; pienso en la gente que toma en sus manos la responsabilidad de enterarse de lo que pasa y de reflexionar cerca o lejos de lo que decimos en estas páginas.

A mí me gusta pensar que soy un escritor que nadie lee. Eso me permite decir algunas cosas raras. Cabalmente, sin embargo, en estas páginas se teje la historia tanto como la protohistoria y así habrá de quedar el testimonio de un tiempo y de unos hombres que tomaron la palabra y le dieron los usos más inverosímiles.

Con el paso del tiempo se sabrá quiénes escribieron para congraciarse con el funcionario en turno, quiénes defendieron oficiosamente un interés mezquino, quiénes fueron los iconoclastas, quién se especializó en el ditirambo, quién defendió a muerte el azul para después vestirse de rojo, quién tomó en serio su compromiso con la historia, quién se equivocó y quién tuvo la razón.

No sé si alguno vaya a poner sus ojos en estas líneas, pero me gusta pensar que dentro de cien años alguien tomará un ejemplar de este periódico y leerá este artículo. Para él va destinado este mensaje que arrojo a la marea dentro de una botella, esperando que llegue a algún lugar. En él quiero dejar el testimonio simple de un hombre más corriente que común: estamos en guerra contra nosotros mismos y vamos perdiendo, en esta ciudad los jóvenes se suicidan sin que nadie haga algo para evitarlo, nos ha faltado valor para acabar con los simuladores, los hombres de las clases más pudientes nos pisotean con su prepotencia, muchos de nuestros adolescentes consumen drogas, el entretenimiento nos envilece, nuestra religiosidad sigue siendo ritualista y tribal, las señoras ven unos programas extraños que se llaman telenovelas, nos comunicamos yuxtaponiendo monólogos, tenemos médicos a quienes la sangre les da horror y licenciados que no entienden lo que leen, también escritores que aborrecen la lectura y hasta gobernantes desquiciados (a algunos de los cuales les ha dado por pagarle a los niños para que se desnuden en actos oficiales).

No estamos suficientemente hartos, estimado lector del futuro; la llegada de una de las grandes crisis de la economía de mercado y la Navidad próxima, nos han llenado de indolencia, de insensibilidad, de deseos de consumir, de ganas de abolir nuestro malestar firmando y firmando los pagarés con que en este tiempo aprendimos a vender nuestra alma al diablo.

Por lo demás estamos bien, y unos celebrarán el día de hoy, encarecidamente, esta cosa extraña que le llaman “día del escritor”.





Por esto!, sábado, 20 de diciembre de 2008.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Escribir profundamente: la manipulación literaria


Por Tomás Ramos Rodríguez

La ofensa más terrible de los mediocres en la literatura es decir que una persona “tal o cual” no tiene su perfil de escritor. Que este “tal o cual” con una sensibilidad en potencial desarrollo no le “convence”; no autorizan el camino artístico elegido por el principiante negándole su carácter de futuro interpretador social. Las personas libres de estos condicionamientos viven fuera del miedo a reflexionar en sus errores observando su interior, haciendo un trabajo de la más alta calidad manifestándose con un grácil acto creativo.

Escribir es un intenso ejercicio de reflexión para estar más cerca de nuestro entorno, acercándonos a nuestra sociedad. Quien escribe desde los océanos inagotables de su interior libre de condicionamientos estéticos, lo hace como un acto revolucionario de sacudimiento de sus arquetipos más profundos produciendo un cisma en los fundamentos de lo mediocre. Quien verdaderamente crea estéticamente lo hace también hablando de los padecimientos sociales que le consternan. Cuando creamos escritura acerca de nuestro pueblo forjamos estructuras hablando de quien más sufre y también de quien más goza. Los semejantes que conviven con el artista también viven su mismo tiempo histórico; es por eso que tienen sentimientos similares. La escritura estética nos sirve para acercarnos a nuestro prójimo, no para alejarnos de él. Este acercamiento produce una comunicación que fractura los dispositivos de la ignorancia donde establecemos un diálogo con los orígenes de los mecanismos de quienes manipulan el poder.

Reflexionar sobre este proceso es un acto de verdadera libertad. La lectura es un acto de sensibilización que nos hace reconstruir nuestra conciencia para emprender un viaje hacia el entendimiento de nosotros mismos.

Las diversas literaturas nos hablan de los gustos contenidos en la sociedad. El oficio de escribir normalmente está regulado por seres sedientos de autoridad que desean utilizar este medio como un sistema de control que los posicione como “especialistas” del arte. La imposición de la literatura culta, conservadora y costumbrista, solo devela los intereses perversos a la orden del día.

La necesidad de reconocimiento pesa mucho hoy en quienes quieren obtener un puesto político frente a quienes están en el poder. La lambisconería en forma de artículos revestidos de “intelectualidad” no pasa de ser una verborrea indignante, porque se escribe “crítica” políticamente correcta para quedar bien con el poder. La educación y el arte son de esta manera manipuladas por “intelectuales” que abogan por el silencio de las voces literarias jóvenes escribiendo desde su conveniencia personal y no con un compromiso al fomento de una educación digna; siendo este un espectro más de los intereses oscuros de la perversidad.

La literatura es el habla de un pueblo trascendida a una forma estética que expresa los modos del ser de sociedades enteras comunicándose unas con otras. Nuestra sociedad está compuesta por infinitos sistemas discursivos.

Los círculos artísticos que se autonombran como expertos, evidenciando una gran necesidad de reconocimiento, son un fraude. En esa búsqueda de autoridad pretenden legalizarse abusando de los jóvenes, posicionándose como voceros únicos del “conocimiento” artístico, con mecanismos de poder caducos que siguen pensando como novedosos evidenciando su retraso y su total ignorancia de la realidad, además de una visión ensimismada y desconectada de su entorno social.

El ignorante no puede darse cuenta de esto a pesar de su “exquisita” educación y “refinado” conocimiento. Ante el público se hace al desentendido y en la intimidad sufre cuando su imagen no se refleja en los espejos. Esta ausencia de diálogo con él mismo solamente evidencia su extravío en el abismo de su circunstancia, siendo expulsado para siempre de las mentes creativas que lo han dejado atrás girando en la espiral de su aislamiento, su soberbia y su “cordura”.


Por esto!, Sábado, 20 de diciembre de 2008.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Estampa en la orilla


Por José Francisco Castillo


Cuentan que dos mujeres se encontraron a la vera del Río Hondo.


Janet se despertó en una mañana fúnebre de septiembre del año de 1955, cuando el lugar daba sus primeros pasos caminando de cacicazgo a pueblo, perdido entre las selvas espesas y vírgenes en un país que no tenía ni pies ni cabeza. Había sido anteriormente, un puerto militar imaginario, construido para evitar el tráfico de armas, instaurándose así como una frontera. La gente que había llegado, se había mezclado con las indígenas mayas, dando paso a un pequeño asentamiento de gente, que fue creciendo con una rapidez brutal, pues siendo un paraíso comercial perdido en el sur del país, invitó a la ambición de habitantes de otras zonas a mudarse al creciente acomodado junto a una bahía reposada y transparente, buscando una mejor calidad de vida. Janet se dirigió al río.


Ixchel veía a su hija Ixmo jugar entre el manglar. Entre lágrimas lloraba lo inevitable. El sacrificio era la única forma de impedir la llegada de las plagas. Ixmo era una cosa extraña que había nacido a los pies de la bahía. Y ahora, mientras chapoteaba en los manglares, iba poco a poco tomando la forma de un cadáver hecho con huesos de materiales ambivalentes: acabaría sacrificada en Chichen Itzá sembrando una maldición para el mestizaje naciente. Ixchel, tomada de la cintura por su hombre guerrero, imaginaba que la sangre de Ixmo no se derramaría por las escaleras del templo sino que la bahía iba a ser la que se pusiera roja. Entre rizas, Ixmo salió corriendo hacia el río.


Cuentan que Ixmo y Janet se encontraron a orillas del Río Hondo; cada una llevaba tatuado en un seno el instante que le tocó salvar. En medio de ellas el tiempo se convirtió en un manatí milenario que navega sobre aguas de presente. Una tercera mujer yace a los pies de las mismas aguas. Tiene más de cien años y el vello apenas comienza a crecer en su pelvis. Acaso sea el producto de la relación lésbica entre estas dos mujeres; sobre sus caderas hormiguea gente deseosa de futuro. Y es 1955 y es 1511.


Por esto! Jueves, 18 de Diciembre de 2008

jueves, 18 de diciembre de 2008

Multitudes


Por Jorge Cortés Ancona

Hoy que se vive a contra-lógica, el tiempo es indispensable para recuperarse de las fiestas y demás actividades de ocio compartido. Ha empezado con ímpetu el maratón de celebraciones y a ver bajo qué medidas y recetas los cuerpos aguantarán mañanas, mediodías y noches abundantes en ingestiones fuertes y bien tupidas. Necesitaremos descansar del descanso, de la diversión, que en nuestros tiempos requiere de más energía y esfuerzo que el mismo trabajo. La diversión ya es el centro de nuestras vidas, el condicionante mayor del trabajo, la vida familiar y los estudios.

Y la recesión parece ser una realidad virtual, dada la cantidad de gente que se arremolina en las calles y comercios, llenas de paquetes, bolsas y acarreos. Todos llevan algo en las manos que remite a la navidad, todo es compra y agitación. Colas y enjambres, un oxímoron de caminatas con prisa a paso lento y de urgencias económicas para los gastos superfluos, o la hipérbole de contraer más deudas para posponer otras y multiplicar lo que se compra para usarse fugazmente. Pagamos años lo que usamos sólo un día.

Las compras son las protagonistas de la película decembrina. El tiempo se establece también en función del paseo por los nuevos museos que son las tiendas departamentales, los grandes supermercados y las plazas comerciales. Un pasadía que se asume con absoluta normalidad rutinaria, haciendo colas para comprar y colas para pagar y colas para recoger la mercancía y colas para salir del estacionamiento. Los instantes vacíos de esa prolongación de colas se llenan con las llamadas por celular, una forma de lanzar redes al azar para atrapar voces y palabras que no siempre son respuestas.

Cuando el acto de desenvolver las compras -una vez vueltos a las casas-, las burbujas plásticas se van formando, volúmenes inflados que llenan los cada vez más reducidos espacios del ámbito doméstico. Bolsas que se llenan de toda la parafernalia que envuelve los productos, que multiplica los pesos y volúmenes. El aparato “paquetoso”, donde las cajas guardan otras cajas que a su vez guardan bolsas de plástico o papel que también guardan otras bolsas y todo junto irá a dar a un bote de basura, para que los continentes se vuelvan contenidos, en una construcción en abismo…

Tiempo de diversión, dinero y cosas compradas en una suma que da como resultado las multitudes. Todos los comerciantes saben que venderán más que nunca este diciembre. Los ciclos de las compras ya parecen ser biológicos. Hoy gastaremos para sufrir en los próximos meses en un remedo de celebración y penitencia. En el embudo del tiempo la parte delgada se sostiene de la aun más grande parte ancha. Uno o dos días pretendidamente felices se sostienen con cientos y miles de carga emocional y económica.

Andamos entre las multitudes, dejándonos llevar a su paso, a su ritmo, con las súbitas detenciones en las vidrieras y sorteando las vallas andantes de familias enteras que se abrazan en la cara defensa de sus compras. Inevitablemente, somos parte de esa tumultuosa necesidad de llenarnos de aire antes de que el suelo tiemble bajo nuestros pies.



Por esto! martes 16 de diciembre de 2008.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Hobbes tenía razón

El hombre es un lobo para el hombre


Por Manuel J. Tejada Loría


Rafael Gómez Chí podría ser un digno personaje de novela pero no lo es. Ha transitado majestuosamente del periodismo a la ficción con esta interesante opera prima titulada El delirio de un alebrije, novela rebosante de una realidad tan cercana a la nuestra: la del crimen organizado y su conexión directa con la política.


Narrada al puro estilo periodístico de Gómez Chi, ciertos pasajes dan muestra de una prosa novelística de buena calaña y de un contenido reflexivo invaluable, como la introspección que realiza uno de los personajes principales, Elías, al meditar sobre los prostíbulos, párrafos que de extraerse podrían conformar una deontología del table dance. Sí, esta novela trata de bailarinas y de fiestas orgiásticas, de fosas nasales profundas, alcohol a borbotones y técnicas sexuales como la yurotsovo de Rasputín. Pero lo anterior sólo es el escenario de algo más sombrío: los tejes y manejes de la política, las maniobras de los peces gordos, de los que reparten el chayote –según los mismos personajes de la novela– para ablandar a los medios de comunicación y comprar silencio. También podría ser lo contrario.


Elías y Nico son dos reporteros que cubren la fuentes políticas de la ciudad de San Telmo. Su presencia en estos círculos de poder los ponen en una situación que podría cambiar el rumbo de la política en el Estado. La constante tensión que esto representa, aunado a los resultados inesperados y por lo mismo, poco alentadores, derivan en un cuestionamiento clave: ¿quién maneja a quién, quién es títere o titiritero?


Por eso Elías refunfuña para sí: “Pinche trabajo de mierda, saben una cosa, voy a renunciar ahora mismo [...] no valemos ni una puta madre; siempre desgastándonos por todo para que esos hijueputas políticos de mierda se queden tan tranquilos con el poder, repartiéndoselo como botín”. Si algo queda claro con esta novela es que en la actualidad no hay política sin medios de comunicación.


La ciudad de San Telmo que recrea Gómez Chi es un caldo de cultivo donde habitan toda clase de personajes, desde un comandante de la policía ex Jefe del Estado Mayor de la Presidencia de la República, pasando por potentados senadores, hasta un alcalde tartamudo que causa una trifulca en plena sesión de cabildo. Con esto, el novelista retoma la discusión de Hobbes respecto a la naturaleza de nuestra sociedad, por eso afirma en uno de los capítulos “finalmente así es la violencia del ser humano contra el ser humano. Y en San Telmo homo hominis lupus est”, el hombre es un lobo para el hombre.


Si pensamos en el poder político como un alebrije –ese animal imaginario de muchos colores– se asemejaría precisamente al lobo que aparece en la portada de esta novela, con el hocico mirando al cielo, en un aullido constante de delirio. Así es el poder.


Sin duda esta novela pone las cartas sobre la mesa. Hay que celebrar el arrojo de Gómez Chí por hablar de estos asuntos que podrían resultar escabrosos para muchos. Su vena periodística y ese afán por contar historias no le permiten quedarse quieto. Faltan algunos años para saber si esta novela, no es a fin de cuentas, un reportaje novelado.


Cd. de San Telmo, diciembre de 2008


Adenda personal
Pienso lo contrario, hay que procurar, mejor dicho, hay que desaparecer detrás de cada una de las palabras, de cada acento y de cada punto... aunque no lo logremos del todo.




Por esto!, lunes 15 de diciembre de 2008.

martes, 16 de diciembre de 2008

Sobre Rosado Vega


Por Jorge Cortés Ancona


En este año que concluye se están cumpliendo 50 años del fallecimiento de Luis Rosado Vega (Chemax, 1873-Mérida, 1958). De este poeta, narrador, ensayista, cronista, dramaturgo, historiador y estudioso de la cultura maya hay mucho de qué hablar. Intentaré en este caso señalar unos muy, pero muy someras líneas a donde pueden apuntar los estudios acerca de su obra. Entre estas líneas figuran los temas tratados y los modos en que los abordó, sus propuestas explícitas e intenciones manifestadas con sus escritos y el trasfondo ideológico de sus textos, sobre todo en relación al futuro de los mayas yucatecos. Remarco que esta nota apenas llega a boceto de ideas.

En el prólogo de su libro El alma misteriosa del Mayab (1934) señala que intenta hacer “una recopilación metódica del folklore regional yucateco”, procurando el “conocimiento psicológico del antiguo pueblo maya”. Este proyecto se relaciona con el mundo prehispánico y colonial enfocándose en el alma popular yucateca. A la vez que hace evidente sus ideas estéticas, también considera a los mayas como “el pedestal americano”, considerando que la civilización maya se encuentra ligada a las más antiguas de la Humanidad, lo cual es parte del firme empeño suyo en vincular a los antiguos mayas con los pueblos de Extremo Oriente.

A pesar de que manifiesta borrar toda intención de brillo literario con miras a popularizar las tradiciones mayas, hace uso sin embargo de numerosos recursos de estilo, a veces recurriendo al paralelismo, para lograr una claridad expresiva.


Luis Rosado Vega fue durante varios años director del Museo Arqueológico e Histórico de Yucatán, donde tuvo acceso a información valiosa además de la que de primera mano obtuvo de boca de los indígenas. Ello le permitió conocer con amplitud las concepciones filosóficas de los mayas a las que hace referencia a menudo.

Un tema recurrente es el de la pervivencia de los mayas, considerados en función de una lucha social que los hará recuperar su esplendor. El indio maya “sabe que sus antiguos dioses, sus dioses únicos, sus dioses naturales, no han caído ni caerán nunca” y “bien sabe que los pueblos no mueren mientras sus idiomas permanecen vivos”. En este caso el prólogo de Amerindmaya (1938) constituye una declaración de fe en la vigencia del poder de los mayas.Son numerosos los caminos por dónde dirigirse en su vasta obra. Me encanta su versión de la Xtabay, que da para jugosas interpretaciones, ya que la prostituta, la pecadora, que es la Xkeban, termina siendo después de muerta la mujer buena y ejemplar mientras que la mujer virgen y bella, Utz-colel, la que rechaza a los hombres y es considerada como virtuosa por la sociedad, termina siendo la mala, la putrefacta, porque “la virtud está en el corazón y no en las acciones de los hombres precisamente…”. En sus otras referencias a la Xtabay aparecen de modo oblicuo cuestiones ligadas a la masculinidad y sus valores.

Habría que analizar las relaciones de su visión del venado (en El alma misteriosa del Mayab) con el reconocido poema de Clemente López Trujillo. Atender a sus referencias a las poblaciones del oriente del Estado como Valladolid, Izamal, Chemax y todo lo referente al entonces Territorio de Quintana Roo. Ignoro en qué medida se han estudiado los relatos que tienen como tema a los chicleros, en cuyo caso su novela Claudio Martín, vida de un chiclero se uniría a Tierra del chicle, de Ramón Beteta para encabezar un análisis del que hay muy escasas muestras.Bastante hay que decir de Rosado Vega. Quizá en ocasión posterior hablemos de algunos tópicos suyos dignos de remarcarse.

Por esto!, miércoles, 10 de Diciembre de 2008

lunes, 15 de diciembre de 2008

Algunas anécdotas


Por Jorge Cortés Ancona


En su libro Lo que ya pasó y aún vive, Luis Rosado Vega hace un recuento de hechos muy diversos. Fue publicado por la editorial Cvltvra en 1947 y a lo largo de 16 capítulos asistimos a las diversiones y costumbres de la época que le tocó vivir. Desfilan circos, ferias, viajes, personajes populares, la temporada de Progreso, en fin… Con mucha amenidad y su acostumbrado estilo sencillo, propicio a una comunicación inmediata, nos ilustra y entretiene.

El libro está lleno de anécdotas destacables y es una buena fuente de información para acercarse a la vida cotidiana yucateca de otros tiempos.

Destaco algunas escenas que me llaman la atención. Una es la sabiduría de un pariente suyo respecto al caminar, la otra un caso de trasvestismo del propio poeta y la tercera una pelea por culpa del baño en aguas no deseadas.

En Chemax, don Luis se encuentra a uno de sus viejos antepasados, hombre corpulento y alto, de 90 años con aspecto patriarcal. Cuando le pregunta si conoce Mérida, contesta que no, pero que sí conoce Valladolid. Y a la pregunta acerca de por qué no conoce Mérida, responde con estas palabras que constituyen toda una conseja: “Porque no he podido llegar a ella… Vea usted, si conozco Valladolid es porque he podido ir hasta allí por mis propios pies. Porque yo creo que si Dios le dio al hombre los pies es para que use de ellos caminando, y sólo debe llegar hasta donde sus pies se lo permitan. Lo demás es pecado. Nunca he usado otro medio de transporte. Ni el caballo, ni el coche, ni el ferrocarril, ni ninguno otro me han servido nunca. He ido hasta donde mis pies lo han permitido. Esos otros medios de viajar son malas invenciones del hombre, que contravienen la ley de Dios. Y así he sido feliz…”.



Lo del trasvestismo es toda una curiosidad. Por aquello de que la mejor manera en que un varón podía viajar en bolán era con ropa de mujer para que no se le subieran los calzones al cuello por razón de los tumbos y resbalones, Rosado Vega decide hacer la prueba. En sus palabras: “…me procuré en Santa María una amplia bata de señora, y con ella sobre el cuerpo la emprendí a Tixpehual, junto con mi primo Manuel. Y así entré en aquella población, vestido como una comadre y arrastrando la bata. Y vuelta a Valladolid, pero sin más incidentes, y ya sin bata…”.

La otra tiene que ver con esa malsana costumbre aún existente en Mérida de andar arrojando agua y otros líquidos a la calle desde diversas alturas y por diversos medios: cubetazos, manguerazos, etc. La siguiente escena, presenciada por nuestro autor, se desarrolla en el barrio de Santiago donde vivía, “un nidal completo” a su decir, por aquello de las esquinas de “El Nido” y “La Paloma” y las tiendas “El Huevo” y su competencia en la contraesquina llamada “El Otro Huevo”.

Dice don Luis: “En medio de aquellos dos huevos se desarrolló la tragedia. Sucedió que alguien regaba a cubetazos, cuando acertó a pasar un individuo que fue bañado. Se armó camorra, pero ya no con palabrotas, sino a bofetada limpia. Paró en que furioso el transeúnte le arrebató al otro el cubo y se lo encasquetó en la cabeza en tal forma que el regador no podía desprenderse de aquel casco romano, porque su cabeza era típicamente yucateca, y comenzó a dar cabezadas como un toro ciego. Ladraron los perros, corrieron asustados los niños, salieron a sus puertas las vecinas, silbaron las gentes que estaban en la tienda de ‘El Huevo’ y también las que estaban en ‘El Otro Huevo’”. Todo concluyó con los policías llevándose a los rijosos ante el jefe de la policía.

Sí que se divertía el poeta con esas andanzas por campo y ciudad. Y uno las lee y las siente vivas.



Por esto!, sábado 13 de diciembre de 2008.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Crear fuera del yo


La derrota de Narciso (II y final)

Por Manuel Tejada Loría


Estos tiempos narcisistas son los peores para la ecología. Miles de hojas impresas echadas al vacío y todo para satisfacer las necesidades y el ego de X o Y escritor. Es grave, no sólo por cuestiones del calentamiento global sino porque socialmente la literatura está pasando desapercibida ante discursos que en vez de atraer al lector lo alejan. Esto del narcisismo es tan visible incluso en las reseñas que muchos escritores realizan para revistas o periódicos donde antes que hacer mención de la obra hablan de sí mismos. O en los artículos de prensa donde el yo, mi, me, conmigo, es antes que todo sino la totalidad del texto. Y acercándonos un poco más a estos discursos notamos el inevitable tono solemne a manera de prédica, anteponiendo al verbo en presente el pronombre personal de primera persona del singular como si la redundancia fuera perdonada de antemano y como si las circunstancias giraran siempre en torno de quien escribe. Narciso hace de estos escritores unos demiurgos por excelencia. ¿Qué puede comunicar un texto cuyas líneas están encaminadas a exaltar un YO que sencillamente no nos interesa? Cuando buscamos la reseña de un libro es para saber de él, conocer su tema, la manera en que se desarrolla o cómo fue estructurado. Nada importa si quien escribe padece alguna filia, fobia, trauma o esquizofrenia, o si con su discurso persigue algún interés personalísimo. No obstante, quien reseña, parece olvidar el objetivo de su escrito y enfoca toda su energía intelectual en hablar sobre sí mismo, ya sea directa o indirectamente. Parece que lo que realmente importa para quien escribe es afianzar su rol de es-cri-tor dejando a un lado todo lo demás. (Ver artículo “Ignorantes” de Gaspar Baquedano del miércoles 3 de diciembre, páginas 19, Sección Ciudad del POR ESTO!) Piénsese en un médico cirujano fanfarrón que en vez de operar se dedique a hablarle al paciente de la excelente formación que recibió, de cuántas vidas ha salvado y de cómo dios, a pesar de la complejidad de la vida, le dio el don de sanar los cuerpos: el paciente sencillamente se muere.

Sin duda no pueden seguir talándose más árboles por causas egocéntricas. Los lectores tienen que ser más exigentes a tal grado de que si no encuentran lo que buscan tienen que sentarse también a escribir. ¿Qué significaría crear fuera del yo? Antes que nada, dejar a un lado el prejuicio de que todo gira en función de uno mismo y que el oficio de escribir no debe tomarse a la ligera pues los costos son altos tanto para la sociedad como para quien escribe. Para la sociedad, en la medida que no desarrolla un sentido crítico debido a la carencia de lectura (de la cual huye); y para el escritor narcisista, paradójicamente y muy a su pesar, la indiferencia histórica. En otras palabras es necesario reformular los discursos fuera de ese YO tan megalómano para que de esta forma no se sigan escribiendo textos repelentes y sí, en cambio, se tejan discursos que logren comunicar una idea concisa, un relato que logre producir más de una sola significación.


Addenda elemental
Entra a colación esto de cambiarle el nombre a más de 500 sitios en el país. Los nombres se borran de un plumazo, mas no la memoria ni la Historia. No obstante, dice mucho que en vez de Juárez pongan el del Arcángel San Gabriel, pero dice mucho más que conserven los nombres de Díaz Ordaz en tantas escuelas y colonias de México.



Por esto!, viernes 5 de diciembre de 2008.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Integran un consejo técnico consultivo del ICY

Viernes, 6 de diciembre de 2008

El desarrollo artístico y cultural de la entidad será impulsado con programas surgidos desde la sociedad, tras la instalación del Consejo Técnico Consultivo del Instituto de Cultura de Yucatán (ICY), órgano autónomo ciento por ciento ciudadano donde se sustentarán los principales proyectos del gobierno estatal.

La gobernadora Ivonne Ortega Pacheco instaló este día dicho Consejo, que presidirá Mario Esquivel Ríos, mismo que está conformado por 25 especialistas en teatro, música, danza, artes visuales, literatura, cultura maya, así como diversos intelectuales y representantes de la iniciativa privada.

"Uno de los grandes compromisos que hice con Yucatán fue que, en la promoción de la cultura, el gobierno dejaría de ser rector para convertirse en un facilitador", subrayó.

Me comprometí, dijo, a que desde fundaciones, talleres y escenarios, los ciudadanos dirigirían la vida cultural de la entidad y hoy cumplo mi palabra, "nunca más el gobierno impondrá modas o preferencias en el desarrollo cultural de la entidad".

Acompañada del director del Instituto de Cultura de Yucatán, Renán Guillermo González, la mandataria resaltó el apoyo y experiencia de destacados personajes de la sociedad que integran el Consejo, lo que ayudará a la elaboración de programas y proyectos culturales por lo que serán, reiteró, nuestra principal fuente de consulta cultural, histórica, científica y artística.

Los integrantes del Consejo Técnico Consultivo del ICY, instalado hoy en la modalidad de Teatro son: Francisco Marín Manzanero, Fernando Muñoz Castillo, Silvia Kater Zimerman y Wilbert Herrera Pérez.

En Música, Roberto Tello Martínez, Gregorio Brito Durán, Alberto Palomo Torres, Bartolomé Loría Canto, Marilú Basulto Delgado, Gladys Medina Hadad y Roberto Abraham Mafud.

En Danza, Bertha de la Peña Casares, Menalio Garrido Amaya y Acacia Buenfil Mendiburu.

En Artes Visuales, Manuel Lizama Salazar, Fernando Palma Burgos, Reynaldo Bolio Suárez.

En Literatura, Ricardo Tatto Pérez, Manuel Calero Rosado, Cristina Leyrana Alcocer y Feliciano Sánchez.

En Cultura Maya, Delfín Quezada Domínguez, Carlos Gómez Sosa, Domingo Dzul Poot y Marisol Ceh Moo.

Los trabajos de dicho Consejo serán apoyados por los intelectuales Jorge Lara Rivera, Pedro Góngora Paz y Beatriz Rodríguez Guillermo, así como representantes de la iniciativa privada como Margarita Díaz Rubio, Ligia Lara de Vázquez, Jorge Aguilar y Aguilar, Jorge Carlos Rosado Hagar y Luis Mario Baez Mézquita.

El presidente del Consejo, Mario Esquivel, resaltó la conformación de dicho órgano integrado por miembros de la sociedad por lo que dijo "los yucatecos y nuestro gobierno hemos dado un gran paso hacia un compromiso con los valores y las prácticas de la democracia".

La democratización en todos los asuntos de origen social y de interés público, añadió, es un proceso que necesariamente deberá conducirnos al reconocimiento y el ejercicio de la igualdad de nuestros derechos políticos y sociales y a una mayor equidad económica y de oportunidades de desarrollo individual y comunitario.

Durante su discurso, el director del ICY, Renán Guillermo González, celebró la participación directa de la ciudadanía en la elaboración de programas de impulso a la cultura.

"Si la cultura es resultado únicamente de la acción individual, carece de resonancia y si solamente fuera consecuencia de la actividad estatal, estaría falta de personalidad y alma. Ante ello, será positivo que artistas, creadores y entidades del sector público confluyan para incrementar la producción cultural en aras del progreso social e intelectual de nuestra entidad", finalizó.-- Oficina de prensa del gobierno del Estado

viernes, 12 de diciembre de 2008

El compromiso de escribir


El Gobierno del Estado

a través del Instituto de Cultura de Yucatán

y el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Yucatán

invita a la mesa redonda con lecturas:


El compromiso de escribir


Con la participación de los becarios del FOECAY 2008

Mario Carrillo, Joaquín Peón Iñiguez, Ragel Santana,Camilo Solís Pacheco, y

Ricardo E. Tatto

Lunes 15 de diciembre, 19:00 horas

Sala de Arte del Teatro Mérida


Por la Cultura de la NO Violencia


Mérida, Yucatán, México, 2008



La Academia y la vasija de oro




Por Joaquín Peón Íñiguez


La consolidación de los estudios académicos como un poder del nuevo conocimiento no puede pasar desapercibida. La academia es filosofía reprimida, congestión de las ideas, carencia de riesgos, al no lanzarse al abismo del estilo, terminan por evadirse, no es ni chana ni juana, ni está tan bien ni está tan mal. Su mayor virtud, a diferencia del ensayista literario, es el compromiso que asume con la investigación. Los académicos son detectives desarmados.

En la noche del pasado 20 de Noviembre se presentó el libro “El cielo compartido: deidades y ancestros en las vasijas efigie zapotecas” de Adam Sellen. La presentación se llevó a cabo en el nuevo centro cultural de la CEPHICIS. La obra fue editada por la UNAM dentro de la Serie Monografías.

La primera en hablar fue la Doctora Lyneth Lowe. Su discurso resaltó la importancia del enfoque multidisciplinario para abordar las culturas prehispánicas. Si algo nos ha dejado claro esta era en que la relatividad sirve para argumentarlo todo es que la realidad es plurifocal, cada estudio enriquece al objeto. Lyneth recalcó las dificultades que implica un trabajo de tal índole y la aventurera labor de Sellen que trabajó con más de cuatrocientas vasijas efigie originales, regadas por todo el país en museos, colecciones privadas, casas, etc.


El siguiente en hablar fue Lane Fargher. El académico insistió en que los dibujos, realizados por el mismo Adam, representan un corpus increíble de información visual. Así mismo, fue tajante al explicar que es un libro de impacto que viene a llenar huecos de información en la etnohistoria. Concluyó su participación con una interesante exposición sobre la cualidad dicotómica de los dioses.Finalmente le tocó el turno al autor. Primero aclaró algunos asuntos que habían quedado al aire y después se enfocó en relatar el proceso de investigación. Llamó la atención la anécdota sobre la Señorita X, hija de la madre X, una modelo de Diego Rivera. El pintor, como una muestra de agradecimiento, le regaló una vasija con incrustaciones de piedras preciosas. En esa misma vasija se conservan sus cenizas. Adam no tuvo el valor para decirle que se trataba de una reproducción falsa, lejana a la de los zapotecas.


De un día a otro el centro de Mérida se encuentra infestado de librerías, vale la pena consultar la oferta de la CEPHICIS. Y sobre todo, plantear la cosa en seco: día a día se consolidan como una oferta valiosísima para la profesionalización de humanidades en Yucatán. Hace unos días una amiga me contaba que habían tenido una conferencia virtual con Juan Villoro. ¿Juan? Sí. ¿Villoro? Sí. ¿Juan Villoro? Sí, el narrador mexicano con mayor proyección internacional y mejor calidad en su producción actual. No hay que perder de vista la CEPHICIS y tampoco a esos académicos, uno nunca sabe cuando les entra la locura, le dan al blanco y gritan, ¡eureka!


Por esto!, 9 de diciembre de 2008.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Algo más que un esbozo


Por Manuel J. Tejada Loría


Es yucateco antes que nada y nació en 1983, pero en su haber ya tiene tres libros, incluyendo este último, su primera novela que presentó el pasado viernes 5 de diciembre en la biblioteca José Martí. También es licenciado en Literatura Latinoamericana, por parte de la Universidad Autónoma de Yucatán, y ha impartido talleres literarios y de guionismo en distintos foros.


Con extraordinaria voluntad y con una narrativa vertiginosa, Juan Esteban Chávez Trava tira la primera piedra con su novela La continuación. Esbozo novelesco de la ruptura, al pasar de la narración anecdótica -esa prosa que al finalizar nos deja con un “y luego qué- a una narración que logra comunicarnos algo y que invita al diálogo reflexivo.


Novela corta, La continuación. Esbozo novelesco de la ruptura presenta un esquema narrativo sencillo y bien pulido, nada sobra en cada capítulo, ni nada falta y todo está relacionado de tal manera, que su lectura prescinde de esfuerzos extraordinarios. Con esto no estoy diciendo que la lectura sea ligera por defecto, sino que el autor procura a cada instante no dejar ningún cabo suelto que desvíe la atención del lector.


Otra muestra de virtud reside en la acertada construcción de los protagonistas de esta novela, Amelia y Duilio, cuya historia sentimental nos lleva a mirar la vida de un grupo de jóvenes de la clase media alta que, en sus ratos de ocio, beben cerveza sin hartazgo mientras miran videos, escuchan música y fuman marihuana en un mundo donde nada parece importar. No obstante, la pérdida inusitada de este control aparente -producida por una inminente ruptura- hace que este esbozo de realidad concrete su verosimilitud en el terreno de los sentimientos humanos, donde sin lugar a dudas, sucede la identificación entre el lector y la vida, y en donde este texto adquiere su valor literario.


Ambientada en una ciudad cuyos referentes hacen pensar en Mérida, la novela trasciende a todo esto (incluyendo la mención de Beyhualé, un franco homenaje a Don Joaquín Bestard Vázquez, a la vez que un guiño de ojo para el buen entendedor), puesto que la discusión se mueve en otra latitud, la del autodescubrimiento en los personajes.


Para el escritor Adrián Curiel, la aparición de esta novela “anuncia tiempos de bonanza en el panorama de la literatura mexicana de los próximos años” y no es para menos. Juan Esteban Chávez Trava, con su novela está intercediendo por una narrativa tejida desde la inteligencia y no desde la catarsis, está proponiendo que se comience a discutir realmente, la sociedad, la juventud, la libertad y otros tantos temas que en esta ocasión se incluyen en La continuación. Esbozo novelesco de la ruptura.


Sin duda, más que un esbozo, esta gran novela de Chávez Trava marca el comienzo de un difícil reto para las recientes generaciones de escritores que se han decidido a novelar. Ahí viene Rafael Gómez Chí, con El delirio de un alebrije y la cual reseñaremos más adelante.


Addenda necesaria
Lo bueno: Esta nueva apuesta novelesca podría aprovecharse para el fomento del hábito a la lectura puesto que la temática que aborda va dirigida a un público joven y ávido de novedad, por lo que ojalá sea presentado no sólo en escuelas sino también en otras ciudades.Lo malo: Quizá el autor pudo haber profundizado más en otros personajes interesantes como Galia, cuya intelectualidad pasó sin más.Lo negro: A pesar de ser una novela avalada por el Consejo Municipal de Ediciones Literarias sólo se editaron 500 ejemplares.


Por esto!, martes 9 de diciembre de 2008.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Yo, mí, me, conmigo

La pluma de narciso

Por Manuel J. Tejada Loría


El boom latinoamericano fue un fenómeno que conjugó varios factores, entre ellos el mediático, así como una mercadotecnia eficaz que dio a conocer la literatura hecha en este lado del mapa. Por sobre todo esto, la calidad de las novelas fueron en sí mismas la mejor tarjeta de presentación. Mientras los escritores del boom perseguían una nueva estética de la novela, los editores –Cármen Balcells o Carlos Barral– hicieron su parte logrando posicionar los nombres de Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, etc., etc.. en las ciudades más importantes de Europa. En los anaqueles de las principales librerías, novelas como “La ciudad y los perros” o “Rayuela” figuraron como algo más que una novedad editorial.


A la par del boom, otro fenómeno que encontró inusitado cauce fue el “culto al escritor”. El novelista fue convirtiéndose durante este proceso en algo más que un artista de la palabra. La constante aparición de los escritores en programas de televisión, en innumerables entrevistas en prensa escrita y radio alrededor del mundo, creó una nueva imagen del escritor contemporáneo, sacralizándolo hasta el grado de derivar en un “escritor superestrella”.


Paradójicamente, las generaciones que siguieron, no continuaron las mayores apuestas narrativas del boom, como el intento de una novela total a la manera de Vargas Llosa con sus cajas chinas, sino que copiaron esquemas menos complejos (entre comillas), como el realismo mágico o la narración gauapachosa de García Márquez.Si durante el boom el proceso de sacralización fue un defecto de la mercadotecnia, es decir, fue un efecto secundario de la promoción de la literatura latinoamericana, después del boom la búsqueda de esa sacralización fue hecha desde el mismo autor que prefirió anteponer su imagen a ofrecer una literatura sólida y edificante.


La generación del crack en México es el claro ejemplo. Se sirven de los medios de comunicación, se sirven de los editores que los posicionan en otros países, se sirven de las becas del gobierno federal y de una impresionante mercadotecnia, pero hasta hoy, no todos los integrantes de esa autodenominada generación han ofrecido una literatura digna de nuestro tiempo, una literatura que verdaderamente rompa con lo que en los últimos años se ha escrito en México. Sí en cambio son el prototipo de la literatura oficial hoy en día. La herencia maldita del boom incluso mutó de tal manera que generaciones enteras de escritores han preferido hacer de todo antes que escribir. La vida literaria de los escritores postboom no se fundamentó en el papel sino en “relatorías orales” –y no hablo de la tradición oral, sino de los dimes y diretes que en torno a algún escritor existe– para crear fama y ocupar un escalafón dentro de su sociedad. Lo cierto es que detrás del membrete de escritor no hay nada que sustente el oficio y esta práctica, para mala fortuna, persiste.


Narciso se ha apoderado de las almas de muchas plumas y continúa halagándose a través de ellas. Si el mito nos muestra a Narciso mirándose en el reflejo del agua, hoy día Narciso se observa en las cautivadoras letras de los escritores que anteponen su ego al momento de escribir. (Continúa)

sábado, 6 de diciembre de 2008

Los muertos de George A. Romero



Por: Rodrigo E. Ordóñez Sosa


La expresión del canibalismo que el cineasta George A. Romero construyó en el cine es un recurso narrativo y visual para criticar las bases de las relaciones sociales, principalmente aquellas que existen en las sociedades industrializadas y consumistas. Como motivo visual en el cine de horror de finales de 1960, el canibalismo es explotado hasta el límite con la aparición de la película La Noche de los Muertos Vivientes (Night of the Living Dead, 1968).



Pese al auge que comenzaban a cobrar las películas a color, el director George A. Romero decidió filmar La Noche de los Muertos Vivientes en blanco y negro para crear un ambiente desolado y desesperanzador para los protagonistas del filme. Todas las escenas giran en torno al instinto de supervivencia de los seres humanos cuando son amenazados por la adversidad, en este caso, de las fuerzas sobrenaturales concentradas en un poblado rural de los Estados Unidos.

El canibalismo social en la película tiene su raíz en la denuncia de la falta de humanismo en la filosofía de competencia laboral en la sociedad, la cual impide que los seres humanos trabajen en armonía para conseguir sus objetivos. La ausencia de puentes de comunicación que permitan el diálogo incluyente, donde los puntos de vista de todos los involucrados sean integrados en una solución democrática y adecuada para solucionar un problema, ocasiona que la fatalidad se imponga en la cinta. Esa denuncia es la espina dorsal de la película, la cual demuestra que nuestra incapacidad para trabajar en conjunto como especie, es el principal peligro, más que los muertos vivientes rodeando el refugio de los protagonistas.

La crítica social es articulada en las acciones de los siete refugiados en una casa en medio de la nada. La trama aborda la lucha de poder y la competencia por el liderazgo de los tres protagonistas masculinos, cegados por demostrar quién de ellos tiene la razón para imponer su voluntad. Entonces, el verdadero miedo que siente el espectador es nuestra incapacidad de colaborar entre nosotros para superar la adversidad, esa falta de puentes de comunicación ocasiona que sus planes de fuga sean frustrados.



Aunque la situación de los protagonistas es extrema, viven un estado de sitio por parte de los muertos vivientes, en una casa apartada sin teléfono para solicitar auxilio, el debate entre los protagonistas está centrado en quién será el líder durante su estadía en el improvisado refugio, en vez de trabajar en conjunto para romper el cerco y así escapar.

Es esa lucha por el poder la razón que impide el trabajo en equipo para organizar un plan de escape viable. Los protagonistas mueren como consecuencia de las decisiones erradas y por su propia mano al atacarse entre ellos. Los muertos vivientes sólo entran a la casa después de que las luchas internas hicieron que descuiden las barreras que pusieron para protegerse del ataque.

George A. Romero construyó el concepto de muerto viviente como un ser lento y sin fuerza, porque con un empujón son derribados. Irónicamente, su peligrosidad radica en su capacidad de atacar como grupo. Desprovistos de la filosofía de ascender en su escala social aplastando a sus compañeros, obtuvieron la victoria sobre los refugiados.




Sólo un punto negativo tiene la película, para George A. Romero la construcción del personaje femenino sólo cumple un papel ornamental y propenso a caer en ataques de histeria. Pese a lo anterior, el mensaje continúa vigente: nuestra destrucción yace en la imposibilidad de comunicar y establecer acuerdos para enfrentar el destino, pese a lo adverso que éste sea.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

México 2008: novela negra


Por Manuel J. Tejada Loría

Las páginas de este libro oscuro que es México llevan impresas múltiples historias de intriga y de traición. México se forjó desde la violencia y esa ha sido su constancia, su leitmotiv. ¿Quién escribe esta historia cuya lectura diaria hacemos a través de nuestra experiencia?


Sí, México es una novela negra, basta con releer sus capítulos para saberlo, basta con mirar su falta de epílogo –parece que esta historia cruenta nunca acabará– para ponernos a temblar. No, no es una novela policíaca, esta novela que vivimos no tiene conclusión (¿es deber del lector hallarla?) y sigue, sigue escribiéndose sin censura.


Un capítulo más. El secretario de gobierno incómodo y un alto funcionario del poder judicial que mueren. El jet en el que viajaban cae súbitamente, ¡un accidente!, afirman las autoridades federales, pero la suspicacia es más elocuente y nadie, ni ellos mismos, se la creen. ¿Dónde se ha leído esto antes? Esto de ir eliminando personajes que ya no ayudan en nada al desarrollo del relato y que sí, en cambio, perjudican.


Innumerables asesinatos políticos a lo largo de los últimos 30 años indican que esta historia de corrupción –de no hacer nada– se ha escrito y se seguirá escribiendo desde el Poder. ¿Dónde quedamos nosotros? ¿acaso sólo somos simples lectores? de ser así ¿porque las decisiones de estos singulares protagonistas nos afectan en detrimento de nuestra integridad social y dignidad humanas? Decíamos: tantos asesinatos políticos indican que esta historia de corrupción se viene escribiendo hace siglos desde el Poder.


Hay demasiados vacíos en este relato de todos los días que nos toca llenar, al menos si queremos salir de nuestra condición de personajes decorativos. Ya sea leyendo entrelíneas los periódicos y noticieros, escuchando las múltiples voces en el mercado, en el café, en las aceras, en la plaza –los universitarios en su mutis perpetuo–; ya sea mirando bien que muchas veces lo que vemos sólo es apariencia.


Llega el último mes del 2008. En la residencia oficial de los Pinos suenan las copas y los aplausos mientras las estadísticas dicen que en comparación con el año pasado noviembre dejó muchos más muertos por el crimen organizado (casi se duplica la cifra del 2007).


Flashback:[Calderón siendo niño sueña con ser presidente. A sus 10 años de edad desde una silla simula estar en el balcón presidencial de Palacio Nacional mientras alza la mano derecha saludando a miles de personas que en el Zócalo lo aclaman]


La simulación no conoce fronteras. Calderón, en otro aniversario de la usurpación, cree en verdad que su sueño se ha vuelto realidad, peor aún, cree que es presidente. La banda presidencial luce en su pecho y los aplausos... los aplausos no logran opacar las estadísticas y los números rojos que advierten nuestro gradual deterioro.


Novela negra, esa que habla de intriga y de traiciones, esa que comenzó a escribirse desde nuestra revolución y cuya herencia maldita encontró acomodo en las altas esferas desde donde los puntos, la comas y los finales de capítulo, son escritos con alevosía, ventaja e impunidad, la misma impunidad que alimenta esta narrativa del escarnio.


Addenda


Un capítulo más el acoso a los POR ESTO! No obstante, esta es una historia que es narrada desde muchos frentes, menos desde la arbitrariedad.



Por esto!, martes, 2 de diciembre de 2008.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Un amor compartido



Por Dr. Mario Lazo Villareal *


Palabras leídas en el Centro Cultural José Martí en la reciente presentación de la reedición de Otro día de luz (Fondo de Cultura Económica, 2000) de Carlos Peniche Ponce, ahora en formato de audiolibro, producido por el Ayuntamiento de Mérida.


Hablar de la luz no es nada fácil. Y de la luz en la ciudad, más difícil aún.


Sor Juana, en uno de sus textos más difíciles, El primero sueño, se refiere a ella como fugaz y veleidosa. Dice: “...así linterna mágica, pintadas / representa fingidas / en la blanca pared varias figuras, / de la sombra no menos ayudadas / que de la luz que en trémulos reflejos / los competentes lejos / guardando de la docta perspectiva, / en sus ciertas mensuras / de varias experiencias aprobadas / la sombra fugitiva, / que en el mismo esplendor se desvanece...”


Sin embargo, Carlos Peniche Ponce se lanza y escribe, al comenzar el siglo, Otro día de luz. Cuando lo vi allí, en la librería del aeropuerto de la ciudad de México, tomé el fino volumen del estante. Empecé a hojearlo y, entonces sí, me entraron celos. Resultaba que alguien, “un honorable desconocido” se regodeaba en halagos acerca de su amada, y la conocía mejor que yo.


Con curiosidad e intriga, pagué el libro e inicié su lectura. Envidia, celos y coraje me corroían conforme pasaba las hojas, pues el señor que había escrito esos textos no sólo conocía mejor a mi amada, sino que en sus talentosos escritos nos narraba que la había olido, conocía sus colores, sus luces, sus calores y sus frescuras. Palmo a palmo la había recorrido, la había sentido, había tocado su piel, sus entrañas. Sus llantos y sus sonrisas eran parte también de sus recuerdos amorosos.


Mucho mejor que yo, sabía qué frutos cuidaba, qué flores crecía, qué perfumes gustaba y hasta cómo y cuándo cambiaba sus tonos y colores de acuerdo exactamente con su luz. Sabía cómo presentaba sus cielos y sus nubes, sus gotas, sus charcas reflejantes y refrescantes. Hasta sabía de sus reposos y descansos a mitad del día en sus redes de sueño, como medias lunas de arrullo. Con descaro, narraba de sus noches con jazmines y flores de mayo, platas y sombras; frutos y flores, cantos y murmullos.


Ya casi al final del libro, decidí reiniciarlo, queriendo imaginar que quizás no sabría el autor ciertas intimidades que yo sí conocía: su traza y porte, su fuerza, su elegancia, su majestuosidad, su serenidad y su alegría, su honestidad y claridad, y toda esa honorabilidad con que te abraza.


Pero no. La relectura sólo me mostró que el señor de esos magníficos y amorosos textos había vivido con ella desde niño todos sus sentimientos y caricias. Su conocimiento y amor por ella era profundo e intensamente vivido.


Desde ese momento acepté compartir mi amor. Y así,.al llegar a dar mi clase de Arquitectura del Paisaje, adopté a Otro día de luz como un texto obligado (leído o, también, escuchado) para todo arquitecto que quiera saber todo lo que una ciudad amorosa ofrece con su naturaleza; como lo hace mi amada Mérida.



* Reconocido especialista mexicano en arquitectura del paisaje.
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