jueves, 31 de julio de 2008

Réquiem por Víctor Hugo Rascón Banda



La Red Literaria del Sureste

Expresa sus condolencias por el
sensible fallecimiento
del dramaturgo

Víctor Hugo Rascón Banda

Acaecido la madrugada del 31 de julio de 2008



Descanse en Paz

sábado, 26 de julio de 2008

A manera de Editorial


Para algunos las vacaciones de verano marcan el receso de muchas de las actividades cotidianas. Es la ocasión perfecta para el descanso, para el ocio creativo, para la reflexión. Julio de 2008 termina como un mes donde la “Red Literaria del Sureste” promovió diferentes eventos culturales.

En breve recuento recordemos la presentación de la revista Arenas Blancas, las dos conferencias de Manuel Iris Herrera y la presentación del libro del poeta Jesús Barquet. Hay que reconocer también los eventos que por su parte ha realizado “La Periferia”, destacando sobre todo la del pasado viernes 25 de julio, un digno e histórico homenaje a Salvador Elizondo. Algunas de las fotos de estos eventos pueden verse al final del blog.

Se agradece en gran medida la participación y asistencia tanto de los integrantes de la misma RLS como de todos aquellos que ahí estuvieron apoyándonos con sus comentarios, sugerencias y desde luego, con su sola presencia. Mientras esta voluntad de trabajar en red prosiga, nada podrá acallar el esfuerzo emprendido.



El mercado y la plaza comercial

Por José Díaz Cervera




Digamos que hay dos maneras de asumir la urbanidad: la de quien está instalado en una ciudad, y la de quien vive en ella. Ser habitante de un enclave urbano tiene estas dos modalidades básicas y ambas responden a estrategias de crecimiento y a formas de legitimación de las desigualdades.Una de las maneras más sutiles de regular en los espacios urbanos el conflicto entre quienes tienen mucho y quienes nada poseen, es buscar que los pobladores de una ciudad se instalen en ella sin que esto implique que vivan de manera efectiva los espacios que ocupan; antes bien, se trata de que los habitantes sólo usen los espacios absolutamente necesarios para el desarrollo de su cotidianidad. Como suele hacerse en los estadios durante un partido de fútbol, se busca que los aficionados de un equipo no tengan posibilidad de encontrarse con los del otro para evitar así cualquier problema. El desencuentro como solución al conflicto parece un recurso eficaz.



La colisión, sin embargo, acontece tarde o temprano, y la calle se convierte en el lugar de violencia impersonal donde la lucha por el espacio se hace evidente. Esta circunstancia tiene su lugar paradigmático en la antinomia del mercado versus la plaza comercial.La condición aséptica de las llamadas plazas comerciales tiene su contraparte en el mercado. Los pisos brillantes, la pulcritud y la elegancia de los modernos centros de consumo, se opone a la realidad delirante del mercado, donde todo es hacinamiento y lodo. El fondo de esta oposición es, sin embargo, muchísimo más complejo: el mercado nació para distribuir mercancías que alguna vez fueron necesarias para los consumidores; las plazas comerciales, en cambio, nacieron para crear al consumidor de mercancías innecesarias. Dos puntos de vista sobre un mismo asunto: el intercambio que pone énfasis en la mercancía o el que pone énfasis en el consumidor.Ofrecer un producto para el mercado, versus crear un consumidor para un producto, son dos maneras de asumir la actividad comercial y de controlar el uso y la distribución de los espacios urbanos. Habitar en una ciudad para saber, para ejercer una actividad profesional y aún para divertirse, sin más, es una forma de instalarse en ella sólo para hacerse un consumidor de sus espacios, mas no para escucharla y comprometerse con ella. Desde luego que una ciudad que se habita de esa manera tiene pocas posibilidades de existencia pacífica, aunque los conflictos generados por ello se maquillen de una manera eficiente con el impulso de zonas residenciales de clase media que tienen un aspecto escenográfico muy bien diseñado para deslumbrar a los incautos.




Debajo de ese oropel está la inseguridad del peatón, la avaricia de los concesionarios del transporte público, la ineptitud de los gobernantes en todos sus niveles, la voracidad de los especuladores inmobiliarios y el problema mayúsculo que afronta nuestra ciudad capital: los altísimos índices de suicidio juvenil que han llevado a Mérida a ser el primer lugar en ese rubro en los últimos diez años.No me interesa llevar agua al molino de ningún partido, pero tendríamos que investigar y reflexionar profundamente sobre los modelos de desarrollo con que los gobiernos panistas han gobernado Mérida; a mí me parece que no es casual la relación entre tantos suicidios y las políticas municipales; bien visto, el fondo represivo y sectario de éstas nos está cobrando una factura muy cara.





Por esto!, 17 de abril de 2008.

viernes, 25 de julio de 2008

Reducir lo simbólico a lo sígnico


Por José Francisco Castillo

El viernes pasado, Jorge Cortés hablaba, en un artículo publicado en POR ESTO!, sobre la relación conocimiento-literatura y las formas en las que puede ser abordada ésta última como objeto de estudio; ¿es capaz la literatura —y el arte en general— de producir algún tipo de conocimiento sobre la realidad?, citando a Gadamer, Cortés afirma que “hay otras maneras diferentes de comprensión que no necesariamente corresponden a las propias de las ciencias naturales o de las ciencias exactas, a las que a menudo se ha pretendido ver como las únicas posibilidades por razón del sustento eminentemente lógico con el que cuentan”.

Esta cuestión no se ha tomado en cuenta en la historia de la educación occidental ya que ésta (según Joan-Carles Mélich) se ha olvidado de la parte de la realidad referente a la construcción antropológica del sentido, negando así esa parte del conocimiento aprehensible por medio de la subjetividad humana, en la cual podríamos insertar a la literatura. Así, la educación de Occidente “ha sido una educación sígnica”.

Mélich contempla una distinción entre Símbolo (mito) y signo (ciencia). Desde la Ilustración hasta el Positivismo se gestó un proceso que ha llegado hasta nuestros días y que se manifiesta en mirar todo racionalmente; así el signo termina siempre devorándose al símbolo. Sin embargo “el ser humano se expresa al mismo tiempo en Mythos y en Logos”.

Mélich propone el rescate de una educación simbólica, entendiendo ésta como un depósito en donde coincidan “signos y símbolos, imágenes y conceptos, mito y ciencia”, logrando así el rescate de la subjetividad humana (manifestada en el arte) que permite penetrar en otras aristas de la realidad: “La educación europea ha tenido en cuenta la prudencia de Aristóteles y el deber imperativo de Kant, pero ha olvidado sistemáticamente la tragedia del Libro de Job, la desmesura de Esquilo y Sófocles [...] La educación ha tenido más presente lo sígnico que lo simbólico”. Así entonces, la literatura tiene un carácter epistémico que ya ha sido reclamado por autores como Baudelaire, Malarmé y, ya bien entrado el siglo XX, José Gorostiza, quienes creían que la poesía era el único instrumento para penetrar en la realidad.

Cuando Jorge Pech habla de una sabiduría de la emoción, haciendo referencia al Canek de Ermilo Abreu Gómez, de alguna manera está aludiendo a la naturaleza vista como un “templo de pilares vivientes”, como cantaba Baudelaire, o bien, a la música que imprimía Verlaine en sus versos, y que constituía una forma de expresión y agente de significación.

Sin embargo, buscar en la literatura un fin utilitarista puede resultar tan absurdo como creer que en ella encontraremos un mensaje para cambiar nuestras vidas. Estas dos cuestiones casi siempre están implícitas en el lector incipiente que consume un libro esperando que éste le “enseñe un camino” o alguna “verdad”. Y es que tampoco hay que dejar de tomar en cuenta que las sociedades posmodernas se encargan de tirar a la basura todo lo que hoy no resulta práctico-utilitario.

El conocimiento y la Literatura

Por Jorge Cortés Ancona
Podemos considerar el análisis de textos como el método básico del estudio literario. En tal virtud, uno de los problemas a tener en cuenta es la naturaleza del objeto literario, saber si es posible analizar los textos literarios con la metodología propia de las ciencias naturales -donde el objeto no depende del analista- o con una aproximación diferente, propia de otros campos de conocimiento. Uno de los primeros asuntos a ser abordados es el referente a si las obras literarias (al igual que las obras de arte) expresan algún tipo de conocimiento, si en ellas existe algún tipo de verdad. Conforme a las tendencias actuales esbozadas por pensadores como Gadamer, la verdad se encuentra también en el arte y la literatura, lo cual quiere decir que hay otras maneras diferentes de comprensión que no necesariamente corresponden a las propias de las ciencias naturales o de las ciencias exactas, a las que a menudo se ha pretendido ver como las únicas posibilidades por razón del sustento eminentemente lógico con el que cuentan.
Conforme a Gadamer, “raras veces se alcanza una comunicación entre los seres humanos recurriendo a una estricta demostración lógica. Somos, desde luego, conscientes de las ventajas que se derivan para las ciencias de un procedimiento demostrativo asentado sobre la lógica. Pero conocemos también los espacios de libertad que hay en toda actuación humana y mucho más el trabajo que realiza la fantasía creadora en la investigación misma; igualmente sabemos cuál es el ámbito que se le otorga al lenguaje literario. A todo ello hay que concederle lo que es propio. No se puede hacer de todo objeto de conocimiento”. Esto no quiere decir que la literatura sea un acto irracional, sino otra manera de conocimiento. Como conjunto es posible hallar los elementos que la cohesionan en una totalidad. Como señala Northrop Frye: “Todo aquel que haya estudiado seriamente la literatura sabe que el proceso mental implicado es tan coherente y progresivo como el estudio de la ciencia”.
Por sus diferencias en cuanto a la manera de abordar el objeto de estudio en relación con las ciencias naturales, el análisis de textos literarios es equiparable al estudio de las ciencias humanas. Sin embargo, en el caso del estudio literario, por su especial característica de aunar de modo indisociable subjetividad y objetividad, es posible hallar distinciones específicas. Es decir, un aspecto epistemológico del análisis literario a tomar en cuenta es la estrecha cercanía, por no decir dependencia en el caso poético, de sujeto y objeto: el autor –con una personal manera de entender de realidad influida además por sus contextos social y cultural y por otros factores- y la obra literaria, producto de esa subjetividad. Esto da pie a que el teórico Iber Verdugo señale que “Las posibilidades metodológicas y epistemológicas, en relación con el estudio y conocimiento de la obra literaria, quedan desbordadas, porque la compleja actividad creadora da como resultado una obra igualmente compleja, cuyo conocimiento exige accesos múltiples, adecuados a dichas complejidad y trascendencia. La complejidad se agrava en las relaciones del discurso literario con la realidad. Si durante ciertos períodos ha habido una tendencia a considerar la mimesis como un reflejo de los hechos reales, actualmente se consideran otros factores, entre ellos el de su posibilidad de significación más allá de las apariencias, más allá de lo que pretendería ser una fotografía de lo que ocurre en el entorno. De acuerdo con Prada Oropeza, el discurso literario es “una praxis, una práctica generadora de sentido y no meramente una actividad reproductora de la realidad socio-cultural”. Además, es necesario tener en cuenta el papel de los receptores, porque la obra literaria se dirige a un lector y busca su consenso. La evaluación del lector o del oyente es de gran importancia dentro de la Literatura.



Por esto!, 18 de julio de 2008

miércoles, 23 de julio de 2008

Guardianes peninsulares del amparo


Por Carlos Peniche Ponce


Con asistencia y conferencia del Lic. Genaro Góngora Pimentel, ministro y exPresidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), la Facultad de Derecho de la UADY ofreció hace unos meses un homenaje en vida a cuatro jueces y magistrados federales nacidos en Yucatán: los Licenciados Eduardo Lara Díaz, Luis Pérez y Pérez, Rafael Barredo Pereira y Mario Ojeda Erosa.

Respecto de los dos últimos, recuerdo que mi padre, el Lic. Alvaro Peniche Castellanos, mencionaba la época, hoy remota, en que su destacado exalumno de Garantías y Amparo en dicha Facultad, el Lic. Barredo, ingresó al juzgado de Distrito en Mérida, siendo el Lic. Peniche el Primer Secretario; y guardo grata memoria de cuando su también brillante exalumno Lic. Ojeda se incorporó al Juzgado de Distrito en Cuernavaca y después al Tribunal Unitario de Circuito en Hermosillo, siendo mi padre el juez en Morelos y después el magistrado con jurisdicción entonces en Sonora, Sinaloa y las dos Bajas Californias.

Cabría mencionar aquí a dos personalidades jurídicas en esta materia que, si bien no presidieron ningún tribunal, se distinguieron en su trabajo técnico como Secretarios de Estudio y Cuenta de diversos ministros de la Suprema Corte, y quienes desafortunadamente murieron en plena madurez biológica y profesional. Me refiero a la también notable exalumna de mi padre, la Licda. María Teresa Herrero García y al prestigiado jurisconsulto Lic. Agustín Menéndez Rodríguez, quien se distinguió tanto en la abogacía privada como en la judicatura federal.

Este merecido reconocimiento —inédito, por lo menos en Yucatán— hace oportuno que recordemos hoy los nombres de los juzgadores federales yucatecos que han antecedido en su función a los cuatro homenajeados. Tendríamos que comenzar con tres figuras jurídicas relevantes: Justo Sierra O’Reilly (1814-1861), insigne novelista, periodista y traductor, además de teórico jurídico —autor de un libro fundamental sobre Derecho Marítimo Internacional y creador del Código Civil de Veracruz, vigente desde entonces como modelo nacional—, abogado y juez de Distrito durante veinte años; Eligio Ancona Castillo (1835-1893), ilustre historiador y novelista, político, prócer liberal y Magistrado de Circuito con sede en Mérida y ministro de la SCJN durante los últimos dos años de su vida; y Arturo Cisneros Canto (1888-1967), jurisconsulto, procurador de justicia en Yucatán, subprocurador de la República, subsecretario de Gobernación, juez de Distrito en Campeche, Michoacán, Durango y Chihuahua, magistrado de Circuito con sede en Monterrey y el Distrito Federal y ministro de la SCJN durante nueve años.
Sierra y Ancona trabajaron en la llamada “Corte de Juárez”, presidente de la Corte y de la República que creó los tribunales unitarios de circuito, primera delegación de funciones, en materia de ilícitos del fuero federal, hacia las regiones del país.

Continuaríamos con un trío de apreciados jurisconsultos, relativamente contemporáneos entre sí: don Pedro Caballero Fuente, juez en Quintana Roo, Chiapas, Coahuila, Chihuahua, Tamaulipas y Yucatán, y magistrado con sede en Mérida durante los años cincuenta; don Julio Rodríguez y Rodríguez, juez en Morelos y Veracruz en los años cincuenta y magistrado con sede en el puerto homónimo; don Rafael Matos Escobedo, juez, magistrado y ministro de la SCJN durante largos años hasta su jubilación en los años setenta. Se desempeñaron bajo la llamada “Corte de Alemán”, quien en 1951 fundó los tribunales colegiados de circuito, segunda descentralización, ahora en materia de amparo.

Y concluiríamos con cuatro respetados juzgadores: Lic. Aulo Gelio Lara Erosa, juez y magistrado en el D.F.; Lic. Alvaro Peniche Castellanos, juez en Yucatán, Tabasco y Morelos, y magistrado en Hermosillo y Villahermosa; Lic. Víctor Carrillo Ocampo, juez en Nuevo León y magistrado en Hermosillo, Monterrey y Villahermosa; y Lic. Armando Maldonado Ferráez, juez y magistrado en Veracruz. Estos magistrados obtuvieron este ascenso gracias a la reforma de Díaz Ordaz, que aumentó el número de tribunales colegiados apenas a los diecisiete años de su creación; sin embargo, no hubo desde los años cincuenta ningún incremento real en la tabla de salarios.

Paralelamente, podríamos enlistar junto a estos últimos magistrados yucatecos, contemporáneos suyos, a los juzgadores federales oriundos de Campeche, que fueron estudiantes y/o graduados en la Facultad de Derecho de nuestra Universidad: los prestigiados ministros de la Corte Pedro Guerrero Martínez y Antonio Caponi Guerrero, así como el distinguido y recordado juez y magistrado don Perfecto Baranda Berrón y el juez y magistrado Renato Sales Gasque.

A los juzgadores reconocidos recientemente en el homenaje les tocó vivir el adecuado incremento de De la Madrid, tanto en número de juzgados y tribunales como en el nivel salarial. Y alcanzaron en el final de su gestión la “Corte de Zedillo”, cuando ocurre la extraordinaria reforma: reducción del número de ministros a sólo once, designación de éstos por parte del Senado y elección del presidente de la SCJN en votación interna, además del significativo aumento salarial, como justo emolumento a la gravedad del cargo y como eficaz antídoto previsor de la corrupción.

En una u otra circunstancia, sin embargo, todos los juzgadores citados en esta nota ejercieron y han ejercido dignamente su vocación en la judicatura federal y cada uno de ellos, con su estilo y personalidad y en mayor o menor medida, ha dado muestra clara de independencia y de pundonor profesional.

Enhorabuena por la salud judicial y por la vigencia de la institución del amparo, obra originada en el pensamiento y acción del filósofo y jurista peninsular don Manuel Crecencio Rejón .

Instrucciones para preparar un puchero

Por José Díaz Cervera




Desde luego que el primer paso es separar con semanas de anticipación algunos pesos del presupuesto familiar, para poder afrontar el gasto. No hay puchero a medias: si no se dispone de todos los ingredientes podría ser cualquier cosa, menos ese mosaico de texturas, colores y sabores que es el puchero. Así que la preparación del platillo puede comenzar hasta con poco más de un mes de anticipación.El segundo paso es acudir al mercado. No hay puchero posible con ingredientes de supermercado; un buen puchero supone un ritual en el que uno entra en territorios sagrados a enlodarse los zapatos para lidiar con la displicencia de las mestizas que tienen la sartén por el mango en cuanto ven que alguien busca rábanos, cilantro local, camote y los preciosísimos colinabos. Desde luego que el lujo de los ibes tiernos es una canonjía que nos pone a merced de las leyes de la oferta y la demanda.



En un pequeño puesto situado en el pasillo de las verduleras, entre los puestos de chicharrón y las ferreterías, doña María Isabel Tzuc vende los mejores aguacates, imprescindibles para complementar el guiso; doña María Isabel tiene cerca de ochenta años y es una mujer de gesto adusto que vende como si estuviera en medio de una partida de naipes. Ella dice que su producto es como un pedazo de los cielos y por eso le ofende el regateo. Unos trocitos de aguacate sobre el “puch”, nos permiten saber que doña María Isabel tiene toda la razón.Desde luego que un puchero es impensable con las zanahorias anoréxicas que expenden los supermercados, y la calabaza local alcanza su grado máximo de nobleza cuando está en la palangana de una mestiza; ahí comienzan los usos de la luz a proyectar la medida verdadera de lo que somos. Por eso, cuando sobre la mesa se posan las limas agrias en rodajas (después de haber bañado al venerable rábano), cuando el chile molido toma su lugar de privilegio, cuando la sal es nuestra hermana, y empiezan a circular las primeras tazas de caldo y el traste con el “puch” multicolor festejando la embriaguez extraña del chayote, uno puede presentir la existencia de una estación benigna en la que, de cuando en cuando, nos bajamos a estirar las piernas.Un puchero que no se conquista en una incursión por el mercado, es sólo una fantasía. Los mercados no son hermosos, pero son interesantes. Neruda decía que la poesía se hace en los mercados. Por eso, recordando al gran poeta chileno, yo digo que la universalidad del puchero, y su vocación ecuménica, no pueden dejar de disfrutarse sin desear que en todas las mesas yucatecas haya dignidad:




Sentémonos pronto a comer


con todos los que no han comido;


pongamos los largos manteles,


la sal en los lagos del mundo,


panaderías planetarias,


mesas con fresas en la nieve


y un plato como la Luna


en donde todos almorcemos.






Por ahora, no pido más


que la justicia del almuerzo.
Por esto!, 14 de julio de 2008.

martes, 22 de julio de 2008

Plaza Dorada

Por José Díaz Cervera





La ciudad densa y concentrada empieza a desbordarse y se recompone en la periferia, donde los fraccionamientos, las zonas residenciales, los campus universitarios y las plazas comerciales configuran un nuevo paisaje donde se edifican nuevas maneras de segregación. Es un orden que tiende a reproducir en un nivel mucho más sutil las diferencias de clase, pero sobre todo a legitimar su asimetría. Los nuevos espacios sirven para la defensa de los privilegios de unos pocos que, en el fondo, son los mismos que sustentan un poder arcaico. Es un orden sin organicidad ya que su confección no supone una integración de la colectividad, sino el designio de unos cuantos que velan celosamente por sus intereses, explotando nuestras incapacidades colectivas.




Construir la distancia física, pero sobre todo la distancia simbólica entre dos mundos, es la razón de ser de las llamadas plazas comerciales. En ellas la continuidad y la simetría construyen el escenario donde transcurre el consumo, pero sobre todo, el paradigma del confort en el que quedan debidamente domesticadas nuestras aspiraciones.Las plazas funcionan como auténticos paraísos del consumo; en ellas todo es encantador y su mejor truco radica en la desaparición de la escala cotidiana; en una plaza todo es brillante, todo huele bien y cada cosa está en su sitio. El orden de la plaza desalienta por sí solo a quien no cabe en ella.




El concepto de comercialización de las plazas parte de un principio simple: una tienda-ancla (básicamente de auto-servicio), un almacén departamental, cines, algún restaurante o cafetería perteneciente a alguna cadena nacional o transnacional, algunos bancos y muchos establecimientos de la más diversa índole. Bajo un esquema más o menos similar, se estableció, al poniente de la ciudad, en una zona clasemediera, una de las primeras plazas comerciales de Mérida: Plaza Dorada. Cercana al enclave de Pensiones, donde se instauró una colonia de trabajadores del gobierno tanto estatal como federal, cuyas posibilidades económicas hicieron viable el proyecto, Plaza Dorada fue, a principios de los años noventa, un sitio muy frecuentado. Desde luego que los cines (que se quemaron hace ya varios años) y la comida rápida al estilo norteamericano, llamaron la atención de la gente que encontró un espacio de fácil acceso en automóvil, sin problemas de estacionamiento y con muchas otras ventajas. Plaza Dorada era una especie de sueño al alcance del bolsillo; ahí no había tiendas exclusivas, pero sí una oferta interesante en un ambiente aséptico, fresco y sazonado con una especie de atmósfera local, donde uno podía encontrar muchos establecimientos tradicionales de nuestro medio. Tal vez la subsistencia del lugar, a pesar de la desaparición de los cines y de la creación de plazas infinitamente más espectaculares, se deba precisamente a ese aire doméstico que se ha mantenido en el lugar.



Ahí lo aspiracional mantiene su encanto pero sin necesidad de establecerse como una marca registrada, a cambio de ser, absolutamente, un lugar de paso y no esa especie de santuario en que se han convertido las plazas más modernas que recientemente se han inaugurado en nuestra ciudad, donde familias enteras van a pasar el día, mirando aparadores y comprando sueños de plástico con dinero plástico.La dicotomía entre nuestro localismo y nuestra necesidad de integrarnos a una globalización que apenas si comprendemos, se verifica culturalmente en ese lugar extraño que es Plaza Dorada, mezcla de hotel de lujo que ya vio pasar sus mejores días, de aeropuerto menor y de tianguis bien maquillado. En el lugar hay tiendas en las que yo jamás he visto un cliente, pero subsiste precisamente porque se acerca a la dimensión de nuestra rutina y porque nos permite soñar con algo que no nos resulta tan distante.
Por esto!, 11 de julio de 2008.

lunes, 21 de julio de 2008

Cosificado y sin dios

Por Manuel J. Tejada Loría



Nuestra Historia se ha visto acompañada por una constante que influye de sobremanera en el proceso de su conformación. La religión parece ser un imperativo en el hombre desde el comienzo de la humanidad y la búsqueda de un dios ha sido imprescindible en la medida que la razón lo ha llevado a establecer necesidades ontológicas superiores a su entendimiento.La religión es el vínculo que el hombre traza, a través de creencias y rituales, con alguna divinidad. Así la sociedad ha encontrado, más que una peculiar manera de “funcionar”, una dependencia que rige sus acciones cotidianas. Desde luego, para la Filosofía, la religión ha sido materia imprescindible de análisis y crítica. Diversos filósofos, desde los griegos, han reflexionado sobre la misma idea. Sin embargo, en los últimos siglos, esa introspección ha dirigido su cuestionamiento, no tanto a las virtudes o cualidades de “la divinidad”, sino, por el contrario, se ha preocupado en el papel que el hombre desempeña como actor principal, tal vez el único, dentro de este fenómeno de vinculación. Uno de estos filósofos fue Fredrich Nietzsche quien irrumpió con el desarrollo y expansión de una idea que lo condenaría a la segregación científica y filosófica de su momento, y que sólo hasta hace unos cuantos años, fue nuevamente revalorizado a tal grado de sumarse a la actual crítica posmoderna. Siguiendo la misma línea de pensamiento de filósofos como Soren Kierkegaard o Arthur Schopenhauer sobre dios y la religión, Nietzsche anuncia lo impensable hacia finales del siglo XIX: la muerte de dios. Pese a que la crítica canónica o la misma iglesia deslegitimó la propuesta nietzscheana, hoy en día encontramos una interpretación viable a la sentencia de Nietzsche.



Nietzsche acusa al propio hombre de ser el único asesino de su dios. Esta acusación se fundamenta principalmente en la contradicción de los valores impuestos por la religión, inoperantes en los tiempos modernos. Es decir, el tiempo que vive el hombre no va en función de la prédica moral que la religión establece. El advenimiento de la modernidad deja a dios en la frontera del olvido y la desesperanza. La modernidad inicia su movilidad a partir del momento en que comienzan a acumularse los grandes capitales y la mano de obra se vuelve un objeto de producción. El hombre cosificado advierte la variedad de alternativas a su alrededor y, al mismo tiempo, vislumbra los cambios sustanciales que en su espacio se van dando, transformaciones nunca antes pensadas que suceden al mismo ritmo de su deshumanización. A raíz de la necesidad que tiene por trabajar para mantener un estilo de vida o por alcanzar el estatus deseado, la religión se vuelve, para el hombre, un impedimento más en su desarrollo dentro de la sociedad moderna, donde la moral se ve ultrajada por los nuevos deseos y ambiciones, donde el costo de lo que obtiene recae netamente sobre el ser y la conciencia del hombre cosificado. Aún y a pesar de todo, como afirma Henry Bergson, no ha habido ninguna sociedad sin dios. Ya pareciera que más allá del conflicto del ser humano con sus frustraciones y sus límites, hay un férreo temor del hombre de estar solo en el mundo con su inteligencia, pero también con su memoria.









Por esto!, viernes 11 de julio de 2008.

domingo, 20 de julio de 2008

Cuentos de hadas contemporáneos

CENTRO CULTURAL JOSÉ MARTÍ


PROGRAMACIÓNES DEL CINE FORO


Julio del 2008


Martes 22



Ciclo “Cuentos de hadas contemporáneos”: El laberinto del fauno (México-España, 2006) de Guillermo del Toro con Ivana Baquero, Maribel Verdú, Sergi López y Doug Jones.


Distinciones: Ariel de oro a mejor película y varios Arieles de plata entre los que destacan mejor dirección, maquillaje y efectos especiales; premio Saturno a mejor película en lengua no inglesa; premio Goya por mejor guión, premio BAFTA por mejor película extranjera, tres premios Oscar por mejor dirección de arte, mejor cinematografía y mejores efectos especiales, entro otros cincuenta premios internacionales.


Situada en la España de Francisco Franco en el año de 1944, la historia tiene como protagonista a Ofelia (Ivana Baquero), una niña que se muda junto a su madre al campamento militar donde se encuentra su padrastro, el capitán Vidal (Sergi López), encargado de sofocar a los grupos guerrilleros ocultos en la zona. A su llegada, la pequeña descubre cerca del viejo molino que sirve de cuartel un antiguo laberinto donde más tarde hallará a un ser sobrenatural que la guiará en una serie de peligrosas pruebas.



Cinta del director mexicano Guillermo del Toro que rápidamente se convirtió en una película de culto en el género del cine fantástico.



Comentarios a cargo del Lic. Mario Helguera y Raúl H. Pérez Navarrete.



Centro Cultural José Martí / Para toda adolescentes y adultos / 20:00 horas / Evento gratuito.





sábado, 19 de julio de 2008

El Premio Nezahualcóyotl


Por Jorge Cortés Ancona




La riqueza lingüística de nuestro país merecería contar con un premio literario por cada una de las lenguas existentes, sobre todo las que cuentan con mayor número de hablantes, o bien, tener un premio por cada familia de lenguas.Como al parecer esto no es posible y sólo unos pocos idiomas mexicanos cuentan con esa posibilidad -en el caso del maya yucateco con más de una-, el Consejo Nacional Para la Cultura y las Artes, a través de la Dirección General de Culturas Populares, convoca al Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas 2008, que pueden pertenecer a los géneros de poesía, cuento, novela y teatro. De acuerdo a sus bases podrán participar los escritores nacidos en México hablantes de una lengua indígena nacional, sin importar su lugar de residencia, que presenten una obra literaria inédita. La obra debe presentarse en forma bilingüe, con una extensión mínima de 50 cuartillas en lengua indígena y contar con su correspondiente versión en español.



El trabajo deberá dirigirse a la Dirección General de Culturas Populares, Dirección de Desarrollo Intercultural, Av. Paseo de la Reforma No. 175, piso 12, Col. Cuauhtémoc, Deleg. Cuauhtémoc, México, D.F., C.P. 06500. La fecha límite es el viernes 29 de agosto de 2008. El premio es único e indivisible y tiene un monto establecido de cien mil pesos, además de la publicación de la obra ganadora. Estos son sólo algunas de las bases de la convocatoria, que puede ser consultada completa en la Dirección de Culturas Populares del ICY, ubicada en la calle 44 x 73 y 75 (donde pueden asesorar acerca del envío y otros aspectos relacionados con el Premio), al igual que en otras instituciones oficiales relacionadas con el pueblo y la cultura maya yucateca, al igual que en los sitios web http://www.culturaspopulareseindigenas.gob.mx y http://www.cnca.gob.mx/.



Es de notar que a pesar de que contamos con un buen número de escritores en lengua maya, ningún escritor de esta lengua, sea campechano, yucateco o quintanarroense, ha sido premiado alguna vez en dicho certamen. Aun más, la participación de nuestros escritores mayas ha sido por lo general escasa. Los ganadores han sido principalmente escritores de lengua náhuatl o de alguna de las lenguas oaxaqueñas. Por ello es de primordial interés motivar a que contemos con una mayor participación para remarcar la importancia literaria del maya yucateco. Es de hacer notar que la ceremonia de premiación de este importante certamen literario nacional se realizará en Mérida en el mes de noviembre. Dentro de unas semanas se darán a conocer los datos puntuales acerca del evento. A pesar de la variedad de autores, lenguas, temas y géneros que existen en las diversas regiones del país, todavía no vemos con nitidez, de una manera masiva, la literatura en las lenguas indígenas mexicanas. El cuerpo de obras ya es vasto y es de notar que buena parte de los esfuerzos por estudiarla y difundirla ha provenido de otros países. La toma de conciencia sobre esta otra parte de la literatura mexicana es necesaria y la existencia del Premio Nezahualcóyotl contribuirá con mucho a ello.



Por esto!, viernes 11 de julio de 2008

La responsabilidad histórica de la crítica literaria


Por Rodrigo E. Ordóñez Sosa


La crítica literaria atraviesa uno de los momentos más fructíferos en el desarrollo de su historia en el Estado de Yucatán, porque los centros educativos diversificaron las opciones para crear estudiosos de la literatura con las herramientas teóricas adecuadas. Hace 15 ó 20 años los estudios literarios estaban vinculados a resaltar las virtudes apuntadas en las biografías de los autores, sin destacar las nuevas posibilidades del lenguaje que hay en las obras literarias. Sin embargo, a principios del nuevo milenio, la modalidad de los análisis literarios en la entidad cambió paulatinamente con la creación de las carreras dedicadas a esa materia.


Actualmente, los críticos literarios tienen la posibilidad de ampliar los conocimientos y validar los aportes hechos por generaciones de escritores yucatecos, quienes fueron silenciados porque los encargados de examinar cada uno de sus innovaciones carecían de las herramientas teórico-metodológicas necesarias para construir la historia de la literatura en Yucatán con todos sus matices, anécdotas y complicaciones.


Son muy pocos los críticos que enfilan sus estudios hacia las diferentes vetas que existen en la entidad, como son las producciones de los talleres literarios de escritores mayas o bilingües, quienes además de superar las dificultades para promocionar y publicar sus trabajos a todos los sectores de la población así como lograr la circulación de sus obras en todas las bibliotecas y librerías, deben esperar que los investigadores tengan la motivación suficiente para hacer un breve estudio sobre su trabajo.


La responsabilidad de la crítica será construir la historia de la literatura basada en criterios no cronológicos únicamente, sino que deberá analizar todas las particularidades de cada una de las obras en cuestión, reconocer con base a criterios objetivos cuáles cumplen con la calidad mínima para considerarla obra de arte, así como construir todas las redes y relaciones de los escritores yucatecos en la entidad. También es necesario saber cómo estaban vinculados las entidades federativas con el centro del país y ampliar la documentación existente en cuánto a imprentas, distribución y promoción de las obras literarias.


A la par, los críticos deben asumir su compromiso con los textos que analizan dejando de lado al escritor mismo para ofrecer a los lectores un estudio honesto y con conclusiones enfocadas a la calidad, la innovación o los alcances del poema, cuento, novela o cualquier manifestación del arte que tenga en sus manos y así consolidar la historia de la literatura.


Es obvio que no podemos dejar todo en manos de los críticos literarios, porque son los lectores quienes al final deciden la suerte de una obra de arte, sea cual sea sus limitaciones, pero no por ello, debemos dejar de lado la responsabilidad de estudiar el texto así como determinar por qué un libro alcanza los más altos niveles de lectura. Todos los caminos llevan al crítico, pero la responsabilidad de cada uno de ellos estará determinada por el nivel de compromiso que asuma ante los posibles lectores.


Al terminar nuestra carrera es tentador estudiar y descubrir nuevas posibilidades de lectura de las novelas clásicas y de autores que parecían agotados. Mariano Azuela y la Novela de la Revolución es mi pasión y está reflejada en mi tesis, pero no por ello debemos dejar de lado nuestro compromiso con la historia de la literatura yucateca y debemos cooperar para hacer que avance con una crítica verdadera y sincera.


Debemos comprometernos al momento de escribir, no importa que sea creación literaria o crítica: el arte es pasión y honestidad así como nuestra brújula para conocer la tensión del hombre con su destino, es por ello que debemos comenzar a escribir la historia de la literatura yucateca, para conocer las venas que sujetan nuestras creación, con ello evitaremos alimentar la verdad del Eterno Retorno propuesto por Friedrich Nietzsche, porque los errores nuevos siempre serán un avance, mientras que repetirlos es mantenernos detenidos en el tiempo sin esperanza.


Por Esto! 19 de Julio de 2008.

Pylon


Por José Francisco Castillo


A finales de siglo XIX y principios del XX, surge en España un grupo de escritores que renuevan la narrativa, y particularmente la novelística, rompiendo con el movimiento en el cual se gestó la novela moderna: el realismo. La llamada generación del 98, renegando de la narrativa realista pero —quiérase o no— siendo influida por ésta, construyó una serie de estructuras novísimas sobre las cuales descansan obras paradigmáticas.


De esta forma, la novela en lengua española, adoptó rasgos —como por ejemplo, la fusión intencionada entre el fondo y la forma, dándole a esta última un valor vinculado a la significación— que hoy son conocidos como propios de la Modernidad. Encontramos entonces, a un Miguel de Unamuno filosofando dentro de una ficción y retomando la metadiégesis quijotesca, a un Azorín minimizando el nivel anecdótico para darle valor significativo a los elementos estilísticos de la prosa, o bien, a un Valle-Inclán innovando con la descripción esperpéntica.


Mientras en España estos autores revolucionaban la narrativa, casi paralelamente en Estados Unidos aparecía un narrador cuya influencia desembocaría directamente en la novelística hispanoamericana del siglo XX: William Faulkner.


Y es que con Faulkner, termina el proceso de gestación de la novela moderna porque logra romper con la concepción lineal de la temporalidad en una narración, lo cual supone un paradigma en la novelística. Un gran ejemplo de lo que Faulkner creó lo encontramos décadas más tarde en Pedro Páramo.


Las grandes aportaciones del prosista norteamericano se señalan, a menudo, en sus obras más reconocidas como son Luz de Agosto y El Sonido y la Furia, sin embargo la genialidad del narrador también puede observarse en sus otras obras que no gozan de tanto reconocimiento; una de ellas es Pylon (1935).




Como una de las obras menos leídas de Faulkner —por el alejamiento de la temática del racismo en el sur de los Estados Unidos—, Pylon es un depósito en donde caben ya todas las innovaciones del narrador. Escrita precisamente entre Luz de Agosto (1932) y ¡Absalom, Absalom! (1935), la primera, una de las novelas más célebres (incluso descrita por García Márquez como “el más fiel de mis demonios tutelares”), y la segunda, la obra declarada por su autor como la obra maestra de su novelística, Pylon queda escondida y probablemente opacada por estas grandes obras, a pesar de que incluso existe una película basada en la novela.


En español, Pilón, el título hace referencia a una torre de electricidad, misma que en la novela sirve como punto de referencia para los aeroplanos en competencia en el aeródromo Feinman. Faulkner cuenta la historia de un grupo de personas que se ganan la vida compitiendo en carreras de aviones, haciendo exhibiciones de paracaidismo. Estos personajes, realmente extraños, “no son seres humanos”. “…no es sangre lo que tienen en las venas, sino aceite lubricante”.


Las relaciones entre ese grupo cautivan a un reportero cuyo nombre nunca se menciona en la novela y que sin embargo se obsesiona por comprender el modus vivendi de estos aviadores. Así, Jiggs, Roger Shumann, Jack y la mujer Laverne se manifiestan como una “familia”; los acompaña un niño (hijo de Laverne) cuyo padre nadie sabe si es Shumann o Jack, por eso el niño lleva el nombre de uno y el apellido de otro: Jack Shumann. Resulta interesante que ni la propia Laverne sabe quién es el padre del niño, quien llama a todos por su nombre, sin mencionar en toda la novela la palabra “papá”.


Sobre esta línea anecdótica, Faulkner va construyendo la tragedia, llevando al lector por la narración cual si fuera un bebé que está aprendiendo a caminar. Da la impresión de que el narrador te lleva de la mano, de pronto te suelta y no te das cuenta que lo hizo… páginas después vuelve a sujetarte la mano y caes en la cuenta de que diste cuatro o cinco pasitos solo. Así, la narración se encuentra plagada de huecos (o aparentes elipsis) que se van llenando con la participación del lector a lo largo de la lectura. Los saltos temporales explican el pasado de los personajes con el fin de hacer una descripción de su presente.


Haciendo uso del monólogo interior (influencia de Joyce) y del narrador en tercera persona, Faulkner otorga nuevas dimensiones espaciotemporales para construir la significación en la novela. Pylon es entonces, (como en su momento fue nombrada Mientras Agonizo [1930]), una novela poliédrica en la que puede verse toda las virtudes de un narrador paradigmático como William Faulkner, quien tendrá una influencia directa en la narrativa hispanoamericana del siglo XX.


Por Esto! 19 de Julio de 2008.

VIII Premio de Poesía José Díaz Bolio 2008

Archipiélago, Revista Cultural de Nuestra América, Número 60



La Red Literaria del Sureste le envía una sincera felicitación a Archipiélago, Revista Cultural de Nuestra América en su número 60. Esperamos hacerle llegar nuestro aprecio, reconocimiento y amistad, al Dr. Carlos Véjar Pérez-Rubio director de la misma.



viernes, 18 de julio de 2008

Dios, el diablo

Por José Díaz Cervera



No se trata de saber si Dios existe, sino cómo es. Desde luego que para el creyente la existencia de Dios es incuestionable, tanto como no la es para el agnóstico; los grandes místicos, sin embargo, son los que aprendieron a vivir quebrantados por la duda, y algunos de ellos terminaron como santos.


Insisto: no se trata de saber si Dios existe, sino de trazar las líneas generales de su posibilidad. En esta tentativa, el hombre ha tenido que valerse de una imagen que funcione por oposición, y por ello, toda fe en la existencia de Dios tiene como condición previa el reconocimiento de la existencia del diablo.


Lo curioso de todo es que la imagen del diablo está llena de cualidades: el diablo es seductor, divertido, ameno, pero, sobre todo, nos deja en absoluta libertad de elegir; en sentido opuesto, a Dios nos lo presentan como un ser adusto, ególatra y vengativo, por lo que, en tal caso, el diablo parece navegar siempre con el viento a su favor. Si lo analizamos con detenimiento y sin pasión, muchas religiones parecen mucho más una apología del diablo que de la divinidad.


Lo interesante es que el diablo no tiene ninguna necesidad de quebrarse la cabeza para que creamos en su existencia; si creemos en Dios, estamos obligados a sancionar la existencia del diablo. Si, por el contrario, optamos por el ateísmo, el diablo parece no salir perdiendo demasiado.




Como corolario de lo anterior, podemos dar cuenta de la importancia que tiene para Dios el dar prueba constante de su existencia, mientras que, en el otro extremo, todos sabemos que el mejor truco del diablo es hacernos creer que no existe. Esta dicotomía marca una diferencia fundamental entre dos potestades todopoderosas que, además, despliegan sus facultades con una magnitud similar, pues si esto no fuera así, el propósito épico del bien luchando contra el mal perdería todo su encanto y ello nos conduciría al desquiciamiento y a la sinrazón.


El caso es que el bien se liga al sufrimiento como condición para la paz, y el mal se liga al gozo como causa eficiente de todo lo que nos atormenta (por eso nuestros deleites se ejercen con culpabilidad). En tal circunstancia, las figuras de Dios y el diablo se ligan a la perspectiva humana, haciendo de Dios un viejo bonachón aunque inestable y ante el cual nunca sabemos a qué atenernos, y del diablo un tipo cínico que juega limpio porque sabemos que siempre nos habrá de engañar.



El asunto se complica cuando descubrimos el hecho fundamental de que Dios, a pesar de su infinita benevolencia, no ha querido revelarnos Su Nombre, ya que en ello radica uno de sus mejores trucos; el diablo, en cambio, puede motejarse de muchísimas maneras para que no nos olvidemos de que existe: Satanás, Lucifer, Belcebú, Kisín, Chanchomón… (todas, por cierto, palabras agudas).


Dios y el diablo saben que un enfrentamiento directo entre ellos acabaría con el juego, y por eso practican un ajedrez perverso con nosotros. Lo curioso es que yo no me sentaría a jugar una partida de ajedrez con alguien a quien yo no considerase un amigo entrañable, un hermano del alma.



Por esto!, lunes 7 de julio de 2008.

jueves, 17 de julio de 2008

Visión Educativa

Entre Líneas

Por Carlos E. Bojórquez Urzaiz

A quienes en plena actividad académica sumamos más de tres décadas dentro del Alma Mater, nos llenó de alegría la decisión tomada hace unos años por las autoridades universitarias, para acabar con las prerrogativas que disfrutaban numerosos ex funcionarios cuyas jubilaciones incluían, de manera indefinida, la cantidad de dinero suplementaria que percibieron por los servicios prestados en la administración de la Alta Casa de Estudios. Como era de esperarse, la satisfacción que aquella medida produjo a la mayoría de los trabajadores de la UADY, no fue recibida de la mejor manera por los ex directivos jubilados, que allanaron todos los caminos legales y políticos a su alcance para tratar de revertir sus efectos, ya que si bien se trataba de la estricta aplicación de una ley universitaria vigente, sin duda se estaba afectando los altos niveles de vida a los que estaban o están acostumbrados, y las diferentes posiciones de poder que habían ejercicio durante años.
Después de prolongadas querellas contra las autoridades de la Universidad Autónoma de Yucatán, que incluyeron demandas en los tribunales de trabajo, casi siempre acompañadas de campañas mediáticas en la prensa conservadora, donde se daba cabida a declaraciones contra lo que estimaron actos de injusticia, y aun a columnas editoriales escritas por alguno de los ex directivos que más cargos –y acaso más salario- había acumulado en su paso por la administración universitaria, la corte dictaminó a favor del Alma Mater. No había vuelta atrás, en consecuencia, sin desafecto alguno, ya que varios ex directivos hasta hoy me distinguen con su amistad, entendí que para quienes se preciaran de ser universitarios, la correcta aplicación de la ley que regula las relaciones entre los trabajadores y las autoridades, se entendería como una simple recuperación de la ética que conduce las actividades que dan razón de ser a nuestra Universidad.
Confieso que equivoqué mi apreciación respecto a esa parte de los universitarios, pues hace apenas unos días, cuando suponía zanjado el referido debate, Fauna Política, escrita por el apreciable Rafael Arenas, con su habitual generosidad dio voz a algunos exdirectivos donde se pronunciaron, e incluso se emplazó a otros para que ofrecieran opiniones sobre la actuación del Dr. Raúl Godoy Montañéz, quien era Rector cuando se cortaron de tajo aquellos privilegios que en lo personal me parecían ofensivos para el resto del personal de la UADY.
Como poseo casi los mismos años de antigüedad que varios de los ex funcionarios jubilados, aunque me mantengo en activo en la vida académicas, y no milito en el PAN ni en el PRI, que fueron los partidos en los que se situó la nueva reclamación hecha a Raúl Godoy, pensé que era importante dar mi punto de vista al respecto. Quisiera subrayar que nunca escribiría en defensa del Dr. Godoy, no sólo porque varias veces disentí con él respecto a algunos conceptos que introdujo en el Alma Mater como su versión del constructivismo, sino porque hasta los últimos días de su gestión debatí con él en un marco de respeto que me hizo darme cuenta de la tenacidad con que sabe argumentar sus posiciones. Desde luego Raúl Godoy se granjeó mi simpatía antes de que tomara medidas para recuperar la ética universitaria, y no tengo sino elogios para el indiscutible talento con que guió los avances de la Universidad durante su gestión en la Rectoría, que según parece, ha decidido poner al servicio de la Educación Pública del Estado, que tanta roncha levanta entre las derechas. Como hasta la fecha ignoro si el actual Secretario de Educación de Yucatán milita o no en el partido que gobierna nuestro Estado, y en cambio es de todos sabido que algunos de los ex funcionarios jubilados sirvieron gustosos en administraciones panistas, me parece que el único testimonio objetivo con que contamos para valorar los proyectos ideológicos que cada cual encarna es, a no dudarlo, la obra educativa y cultural que han realizado. Sirva pues de referencia ese indicador a la Opinión Pública, pues mientras tanto, con más de tres décadas de servicio, seguiré siendo un profesor universitario abierto a participar en este y otros debates.
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