martes, 12 de agosto de 2008

La fragilidad como estética

Literatura y cine Gore

Por RODRIGO ORDOÑEZ SOSA


En literatura existen estudios novelados enfocados a las relaciones sociales y los diferentes lenguajes que intervienen en ese proceso. Aunque hay escritores que prefieren abordar desde una perspectiva diferente y directa las pasiones "malignas" que se ocultan detrás de cada interacción entre los seres humanos. Dichos sentimientos son liberados de los candados de la moral, la religión así como del instinto de supervivencia, para presentarnos sin ornamento nuestra capacidad para la violencia. Así, a través de sus textos cuestionan las normas de la civilización y construyen su concepto de ciudad.


Con la finalidad de ofrecer una nueva perspectiva de las relaciones sociales, la Literatura Gore trabaja los temas tradicionales de la literatura (amor, odio, abandono o muerte) con un punto de vista diferente. Utiliza como estrategia estética el fracaso de las relaciones sociales. Por ello, los motivos literarios de los escritores de este género son el sadismo, el canibalismo, el asesinato, la tortura, el morbo o la necrofilia. El principal objetivo que tienen los creadores es enfrentar a los hombres con una verdad universal e innegable: la fragilidad de nuestra existencia, empleando como medio el cuerpo humano. Entonces, esos mismos temas cumplen con el objetivo de demostrarnos que la vida, de por sí fugaz, puede acortarse aún más por causas fuera de nuestro control.


Para conseguir ese fin estético, los cineastas y escritores centraron su descripción visual y verbal en la violencia extrema, dicha decisión es uno de los detonantes que propició el nacimiento del género Gore. La mayor parte de las producción hechas bajo esa concepción son generalmente censuradas por su contenido gráfico, aunque irónicamente es el medio que eligieron para impactar al lector/espectador y hacerlo consciente de su propia fragilidad.


Como parte del objetivo de transmitir el mensaje claro y directo al lector/espectador, los creadores ambientan sus textos y grabaciones en espacios cotidianos, como son el hogar, restaurantes, hoteles y parques de diversión, para crearnos el sentimiento de inseguridad y romper la armonía que la publicidad y propaganda otorga a los centros de entretenimiento. Al mostrar esos lugares como mataderos improvisados por fríos asesinos, los novelistas obligan a sus lectores a interiorizar y ocupar el lugar de la víctima, ya que gracias a lo familiar de los escenarios donde transcurre la novela, el lector inconscientemente entra en la trama al considerar que podría estar en una situación similar en cualquiera de sus paseos dominicales.


Para impactar a su público, la ambientación de las escenas están encaminadas a obligar al lector a interiorizar el papel de la víctima y hacerlo consciente que él o su familia tienen la posibilidad de ser asesinados o torturados por una coincidencia trágica. Una vez que la narración cumple con despertar la sensación de terror, los textos nos muestran la destrucción física del cuerpo humano, con una historia relampagueante hasta el vértigo.


El Marqués de Sade narraba sus relatos con descripciones detalladas de la destrucción del cuerpo en la consecución del placer, ahí utiliza la sexualidad como un detonante que erosiona las relaciones sociales hasta convertir a los semejantes en objetos sin valor dispuestos a sacrificarse para que el protagonista obtenga el máximo orgasmo.


Las obras Gore nos recuerdan nuestra mortalidad con el manejo duro que hace de la realidad. Así, pese a que los protagonistas violan todos los códigos morales hechos para mantener la armonía social, sobreviven sin recibir ningún castigo. Mijail Bajtín en Problemas Estéticos de la Creación Verbal habla del "mundo ético" creado en la novela, el cual consiste en equilibrar el desorden al concluir la novela. Pero los textos con elementos Gore contradicen ese modelo.


La armonía literaria la podemos apreciar con mayor claridad en las novelas de terror, porque al finalizar la narración vemos que las fuerzas del bien triunfan al restablecer el orden social y moral, mientras que el Gore nos exige reflexionar sobre nuestra ingenuidad al creer que "los buenos siempre ganan", porque en su narrativa ese enunciado más que una regla es una excepción.


Los elementos estéticos usados en el Gore tienen sus raíces en varios poemas épicos, donde las descripciones de los asesinatos y mutilaciones eran utilizados para reforzar un rasgo físico. Como ejemplo podemos citar a Aquiles en La Iliada o el Amadís de Gaula, donde narran cómo de un golpe una persona es partida a la mitad, "desjarretada" con toda y caballo. Esas escenas remarcan la idea de fortaleza de los héroes cuando afrontan sus retos.


Con el tiempo la literatura amplió esos elementos Gore para canalizarlos a la expresión artística, la cual tiene sus variantes en el teatro isabelino de los siglos XVI y XVII. Shakespeare con obras como Tito Andrónico o La Duquesa de Malfi, como un ejemplo de melodrama de este género. A finales del XVIII, la novela gótica profundiza en los temas sobrenaturales y criminales, además, transporta al campo literario la descripción de asesinatos con extrema violencia.


En el umbral del siglo pasado, los autores que cultivaron el género estuvieron enfocados en los relatos de terror, como es el caso de Lovecraft, Howard o Bloch. Paulatinamente dejaron el campo del horror para trasladarse a la novela negra, donde los asesinatos ganan terreno descriptivo con el paso de los años. Así, tenemos una línea suave con Sherlock Holmes, que irá creciendo con el paso de los años hasta dejar a tras a los detectives reflexivos, y centrará su atención en los policías de la calle, que combaten el crimen en cocinas del infierno, albergadas en las entrañas de ciudades duras y oscuras, como las representadas en la obra de Dashiell Hammett.


En cine como en literatura hay diversos ejemplos sobre las imágenes y narraciones Gore. A principios del siglo XX, la película Intolerancia, de D.W. Griffith, muestra el primer efecto especial encaminado a presentar una mutilación realista del cuerpo humano en la pantalla, donde hubo escenas con decapitaciones así como una lanza atravesando el abdomen de un soldado.


Como consecuencia de esas películas se creó el código Hays para restringir los contenidos que se presentaban los productores en Hollywood, sobre todo a raíz de los escándalos que surgieron a partir de 1920 por obras del mismo corte que Intolerancia, donde los creadores eran sometidos a investigaciones para asegurarse que los asesinatos presentados en pantalla sean verdaderamente efectos especiales.


Pese a los 50 años de censura el cine Gore sobrevivió. En 1979 Ruggero Deodato estrenó la película Holocausto Caníbal. En esa filmación se abordó la dicotomía civilizado/incivilizado para exponer, a través de la narración visual de la violencia, su concepto de naturaleza humana y la erosión de sus relaciones sociales sin importar los avances tecnológicos.


Antecedente de la película The Blair Witch Project, Holocausto Caníbal innovó la estructura de las películas al utilizar el formato de los documentales. Con ese andamiaje creó la ficción de una serie de videos encontrados en el Amazonas, pertenecientes a un grupo de exploradores desaparecidos misteriosamente, los cuales fueron víctimas de una tribu de caníbales. Pese a que el hilo argumental es sencillo, la exposición de prácticas comunes (aborto, violaciones, asesinatos y violencia contra los animales) eleva la apuesta de la comparación decimonónica entre civilización y barbarie, para demostrarnos que no hay diferencias abismales, tan sólo sutiles alteraciones. Es decir, pese a la diferencia tecnológica, ideológica y moral atribuidos en la definición de civilización, la película nos demuestra que es retórica preciosista.


En literatura, la vertiente narrativa denominada Género Negro ha adquirido los elementos del Gore para cuestionar las relaciones entre los seres humanos. La descripción de los crímenes varía de acuerdo con el autor y la época. Edgar Allan Poe en el cuento de Los Crímenes de la Calle Morgue describe la escena de los cuerpos asesinados con los detalles indispensables, justificando la imagen con las habilidades de investigación del protagonista Auguste Dupin, porque su trabajo deductivo es nutrido con las pistas provenientes de los cadáveres y la escena del crimen.


Para referirnos a los elementos Gore en las novelas del Género Negro en obras recientes de la narrativa mexicana, hablaremos de la continuación del libro Tabaco para el Puma del escritor Juan Hernández Luna, cuyo título Cadáver de Ciudad es una insinuación a la temática que manejará a lo largo de sus páginas. La primera novela ganó el premio internacional Dashiell Hammett en 1997 como texto policiaco. En la continuación de la misma, inició la descripción de los asesinatos y ofreció una ciudad cuyas estructuras están golpeadas, las relaciones humanas de esas urbes tienen como premisa básica obtener el mayor beneficio de la otra persona, en satisfacer la sexualidad a cualquier costo, es la destrucción física y simbólica de los cuerpos.


Cadáver de Ciudad tiene como personaje principal a Skalybur, el inmortal, quien en la primera novela desapareció al líder de una banda delictiva en plena catedral poblana, a través de un inverosímil truco de magia. Al concluir su sorpresivo acto, huye hacia una playa olvidada en Baja California para autoexiliarse. Sin embargo, recibe un cheque en blanco a cambio de aclarar la castración de un millonario pervertido. Para develar el misterio, deberá sumergirse al mundo de la pornografía "dura" y la prostitución, manejado por sectas secretas.


La estructura del texto está articulada en 8 historias alternadas en cada capítulo, las cuales se irán entretejiendo en el transcurso del relato. Del mismo modo, los elementos Gore cobran fuerza en cada página. Para exponer la idea central de una ciudad muerta, recurre a la bestialidad de los protagonistas, a describir las muertes de mujeres o niñas, zoofilia, necrofilia, masturbaciones a la menor provocación, pedofilia, canibalismo, degradación y sexo con cadáveres en avanzado estado de descomposición, todo ello rodeado con el aura de la violencia.


A una velocidad trepidante para impedir la sensación de asco u horror, las escenas cambian, los narradores de las ocho historias van mezclándose y los grados de violencia varían. Es por ello que en un cuadro vemos un asesino con la innata vocación para la violencia extrema, mientras que en la historia siguiente, el protagonista de la novela tiene relaciones sexuales con un ganso decapitado.

El hilo argumental de la novela es sencillo y transcurre en forma lineal a lo largo de la misma. La fragilidad del cuerpo humano es expuesta sin ornamentos. Para evitar sacralizar la muerte, todos los cadáveres son disueltos, arrojados, mutilados o enterrados como fardos, con toda intención borra la celebración de los funerales. No hay sentimentalismo ni lágrimas. Los protagonistas también son mutilados, el cuerpo literario sangra y convulsiona para que el lector entienda que la mortalidad es la condición principal de nuestra existencia. No importa descubrir quienes están detrás de los crímenes, porque el mismo texto sugiere que todos los espacios vacíos en el poder de las sectas son ocupados inmediatamente, por cada uno de los psicópatas muertos, surge otro, entonces el mensaje que se impone es que las presas y cazadores tienen el tiempo contado, que son reemplazados sin que nadie los recuerde.


El horror de la muerte en soledad nace desde la primera línea, cuando el primer narrador es abandonado por su esposa. Lentamente extermina todos sus recuerdos de su vida pasada al acabar con cada uno de los peces que su mujer le dejó como herencia, así la posibilidad de sujetar una de las alas de la inmortalidad del recuerdo se desvanece. El lector siente no sólo el abandono de los personajes, sino que presencia el derrumbe de las relaciones sociales y su imposibilidad para restaurar a través de ellas la armonía del mundo.


Después de todo, la estética propuesta por la Literatura Gore es sencilla: el ser humano carece del sentido de la supervivencia. Las novelas tienden a crear una atmósfera que sofoca al lector con narraciones detalladas e imágenes violentas, para recordarnos que la inmortalidad está basada en el deseo de olvidar que la muerte acecha detrás de cada segundo.

1 comentario:

Ego sum qui sum dijo...

Excelente texto en verdad. Felicidades por un artículo tan bueno. ¿Podrías incluir los datos de las fotografías para saber de dónde provienen?

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