sábado, 19 de julio de 2008

Pylon


Por José Francisco Castillo


A finales de siglo XIX y principios del XX, surge en España un grupo de escritores que renuevan la narrativa, y particularmente la novelística, rompiendo con el movimiento en el cual se gestó la novela moderna: el realismo. La llamada generación del 98, renegando de la narrativa realista pero —quiérase o no— siendo influida por ésta, construyó una serie de estructuras novísimas sobre las cuales descansan obras paradigmáticas.


De esta forma, la novela en lengua española, adoptó rasgos —como por ejemplo, la fusión intencionada entre el fondo y la forma, dándole a esta última un valor vinculado a la significación— que hoy son conocidos como propios de la Modernidad. Encontramos entonces, a un Miguel de Unamuno filosofando dentro de una ficción y retomando la metadiégesis quijotesca, a un Azorín minimizando el nivel anecdótico para darle valor significativo a los elementos estilísticos de la prosa, o bien, a un Valle-Inclán innovando con la descripción esperpéntica.


Mientras en España estos autores revolucionaban la narrativa, casi paralelamente en Estados Unidos aparecía un narrador cuya influencia desembocaría directamente en la novelística hispanoamericana del siglo XX: William Faulkner.


Y es que con Faulkner, termina el proceso de gestación de la novela moderna porque logra romper con la concepción lineal de la temporalidad en una narración, lo cual supone un paradigma en la novelística. Un gran ejemplo de lo que Faulkner creó lo encontramos décadas más tarde en Pedro Páramo.


Las grandes aportaciones del prosista norteamericano se señalan, a menudo, en sus obras más reconocidas como son Luz de Agosto y El Sonido y la Furia, sin embargo la genialidad del narrador también puede observarse en sus otras obras que no gozan de tanto reconocimiento; una de ellas es Pylon (1935).




Como una de las obras menos leídas de Faulkner —por el alejamiento de la temática del racismo en el sur de los Estados Unidos—, Pylon es un depósito en donde caben ya todas las innovaciones del narrador. Escrita precisamente entre Luz de Agosto (1932) y ¡Absalom, Absalom! (1935), la primera, una de las novelas más célebres (incluso descrita por García Márquez como “el más fiel de mis demonios tutelares”), y la segunda, la obra declarada por su autor como la obra maestra de su novelística, Pylon queda escondida y probablemente opacada por estas grandes obras, a pesar de que incluso existe una película basada en la novela.


En español, Pilón, el título hace referencia a una torre de electricidad, misma que en la novela sirve como punto de referencia para los aeroplanos en competencia en el aeródromo Feinman. Faulkner cuenta la historia de un grupo de personas que se ganan la vida compitiendo en carreras de aviones, haciendo exhibiciones de paracaidismo. Estos personajes, realmente extraños, “no son seres humanos”. “…no es sangre lo que tienen en las venas, sino aceite lubricante”.


Las relaciones entre ese grupo cautivan a un reportero cuyo nombre nunca se menciona en la novela y que sin embargo se obsesiona por comprender el modus vivendi de estos aviadores. Así, Jiggs, Roger Shumann, Jack y la mujer Laverne se manifiestan como una “familia”; los acompaña un niño (hijo de Laverne) cuyo padre nadie sabe si es Shumann o Jack, por eso el niño lleva el nombre de uno y el apellido de otro: Jack Shumann. Resulta interesante que ni la propia Laverne sabe quién es el padre del niño, quien llama a todos por su nombre, sin mencionar en toda la novela la palabra “papá”.


Sobre esta línea anecdótica, Faulkner va construyendo la tragedia, llevando al lector por la narración cual si fuera un bebé que está aprendiendo a caminar. Da la impresión de que el narrador te lleva de la mano, de pronto te suelta y no te das cuenta que lo hizo… páginas después vuelve a sujetarte la mano y caes en la cuenta de que diste cuatro o cinco pasitos solo. Así, la narración se encuentra plagada de huecos (o aparentes elipsis) que se van llenando con la participación del lector a lo largo de la lectura. Los saltos temporales explican el pasado de los personajes con el fin de hacer una descripción de su presente.


Haciendo uso del monólogo interior (influencia de Joyce) y del narrador en tercera persona, Faulkner otorga nuevas dimensiones espaciotemporales para construir la significación en la novela. Pylon es entonces, (como en su momento fue nombrada Mientras Agonizo [1930]), una novela poliédrica en la que puede verse toda las virtudes de un narrador paradigmático como William Faulkner, quien tendrá una influencia directa en la narrativa hispanoamericana del siglo XX.


Por Esto! 19 de Julio de 2008.

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