lunes, 24 de marzo de 2008

Reflexiones en torno al discurso de la masculinidad en la novela De ánima de Juan García Ponce

Por Rita Castro Gamboa


Lo hermoso de una verdad es que admite la contradicción, el suceso cabe en las dos o las tres o las veinte partes de las que está hecha la realidad que es siempre múltiple y cambiante, como la existencia, como la vida y que no tiene fin. JGP*


Hoy en día resulta obvio que no todas las diferencias entre hombres y mujeres son de naturaleza biológica, sino culturales e históricas, distintas de una sociedad y de una época a otra. La literatura, como manifestación importante de expresión cultural, nos muestra las variadas realidades que viven o crean los autores, inmersos en sociedades cuyos imaginarios construyen identidades, destacando entre éstas las de ser hombre y ser mujer. En otras palabras, es la literatura expresión cultural donde también quedan manifiestas las identidades de género. El análisis literario, lo mismo que el sociológico, antropológico, psicológico, desde una perspectiva de género, nos aproxima a un mayor conocimiento de nosotros mismos, objetivo final de las ciencias sociales y humanas. Entonces, ¿por qué destacar las diferencias de género y analizarlas también en los textos literarios? Porque hacerlo minuciosamente, al igual que mostrar las incomprensiones y las malas interpretaciones en torno a ellas nos ayuda a profundizar en el conocimiento del espíritu humano que, como señala el sociólogo Francesco Alberoni, es único, sin género y el mismo a través de siglos y milenios.


El enfoque de género, cuyos estudios pese a enfatizar una perspectiva relacional han centrado su atención en las mujeres (Yon Leau, 1996, p. 7), continúa siendo una posibilidad muy rica para entender tanto los procesos en los que se construyen las identidades analizadas por las ciencias sociales, como las manifestaciones de dichas identidades a través de la discursividad. En este sentido, el estudio de las masculinidades, que entran en boga en los años 80 del siglo pasado, nos aportan elementos interesantes para el análisis de los textos.


Primeramente resulta importante mencionar que por lo general cuando nos referimos a lo masculino (lo mismo que a lo femenino) se piensa en un prototipo fijo transmitido de generación en generación que raramente se somete a una reflexión crítica: un hombre es alguien que debe mostrarse fuerte, seguro de sí mismo, competitivo, alguien que se muestra en lo exterior más no en lo interior o sea, aquello que tiene que ver con sus emociones y sus necesidades. Podría citar toda una serie de mitos y creencias que dan sustento a lo que se define como masculino, pero expongo uno en especial: el poder, la dominación y el control como prueba de masculinidad que se expresa en las relaciones de pareja; el éxito masculino en las relaciones con las mujeres está asociado a la subordinación de éstas, cuya sexualidad le pertenecen a ellos. La infidelidad o supuesta infidelidad se paga con la violencia e incluso con la muerte. Basta recordar el discurso de Juan Pablo Castel en El túnel de Sábato y las razones que lo llevaron a asesinar a María Iribarne. Desquiciado por no poseerla en su totalidad (algo inexistente por supuesto), prefiere matarla.




Los personajes varones de la narrativa de Juan García Ponce, se mueven por rumbos distintos expresando otro pensamiento y, en este sentido, otras posibilidades de la masculinidad. Con esta premisa quiero reflexionar en torno al trabajo de este autor, uno de los más lúcidos y brillantes escritores yucatecos. Nacido en Mérida en 1932 y fallecido en el 2003, es de los autores que nos invitan a profundizar a través de su obra, en una esencia humana que rebasa cualquier convención moral y normatividad social. De hecho, éstas quedan hechas añicos cuando logramos entender que la realidad nos multiplica y que sólo existe en la medida en que la inventamos y nos inventamos con ella. Esta es una propuesta interesante del autor, quien elige la relación amorosa como un tema recurrente para expresar que los seres humanos somos múltiples, que solamente nos pertenecen nuestras propias imágenes de la realidad y que el cuerpo es una realidad que sólo es apropiada a través de la mirada. Por ello, nadie es nuestro.


En general, encontramos en varias novelas de García Ponce a un personaje masculino que observa. La mujer es el objeto de su mirada y a quien solamente posee por medio de la imagen que va teniendo de ella; lo cual no implica que la fusión de los cuerpos nunca se concrete; al contrario. El tema del erotismo es otra constante, pues como él mismo señalaba, crea para los cuerpos una posibilidad del lenguaje en el que se encierran las fuerzas elementales de la vida que son aquéllas que intentan un universo armónico, así, como la armonía de dos cuerpos que se fusionan y hacen el amor. La literatura erótica permite a sus agonistas, nos dice el autor, tener un cuerpo de palabras que encierran y expresan las mismas fuerzas.


La mujer es mirada por el hombre y a través de esta mirada la construye para sí mismo y hace posible que ella descubra o confirme todo su potencial erótico, generalmente reprimido. La obra narrativa de García Ponce es intimista, los espacios en las novelas son cerrados: una casa o un departamento, una alcoba, un estudio, un salón de clases o el cuarto que ha sido adaptado como museo por los estudiantes de una universidad, este último convertido en punto de reunión para que Marcela y Eduardo, personajes de la novela El libro se amen.


Ahora, hablemos de De ánima. Ésta es una novela escrita en 1984 y estructurada en forma de diarios. Diarios intercalados de una figura masculina, Gilberto, y una femenina, Paloma. Ambos dan su diferente visión de sucesos semejantes que tienen como base el diálogo secreto que se establece entre los cuerpos; la novela es fundamentalmente erótica. Para su redacción, García Ponce acepta haber pedido prestada la óptica que utilizaron Pierre Klossowski en La revocación del edicto de Nantes y Junichiro Tanizaki en La llave, escritores clásicos de la literatura erótica que tuvieron influencia en él, especialmente el escritor francés, con cuya obra sentirá afinidad en el sentido de que ésta gira fascinada alrededor de la necesidad del arte como forma capaz de dar sentido a la vida.


El primer diario que aparece en De ánima es el de Paloma, el cual inicia un 15 de agosto. Ella está recién divorciada de Armando y escribe acerca de si realmente estaba queriendo la vida que acababa de elegir. Dice su diario:


Paloma, ¿vas a empezar de nuevo? Desde hace tres días la pregunta regresa en los momentos más inesperados. Es un reproche. Nunca parezco capaz de hacer lo que me propongo o más exactamente lo que creo que quiero… Entonces podía interpretarse como una prueba más de que una mujer nunca puede hacer lo que en verdad desea (García Ponce, 1999, p. 11).


El deseo de Paloma es mostrarse al mundo en total libertad. Mantendrá a lo largo de la novela una serie de relaciones eróticas con varios hombres, motivada algunas veces por Gilberto, escritor y amante del arte, con quien establecerá una profunda relación que solamente terminará con la muerte de éste.


El contenido del diario de Paloma es distinto al de Gilberto; ambos reflexionan en torno a situaciones que podrían mostrarse como divergentes. Él reflexiona acerca del arte, intelectualiza, busca el origen de sus acciones. Ella las narra y al escribirlas las revive. El diario es el lugar donde Paloma deja testimonio de su ser y le rinde tributo a su belleza.


Podemos encontrar en la novela una serie de afirmaciones de Gilberto que interpretaríamos como de dominio hacia Paloma, aunado a la aparente obediencia de ella; esto es, parecería ser que ella sólo actúa para complacerlo. Quizá sucede en cierta forma, puesto que ella responde a la intuición de Gilberto como si representase para él; por él, en ella se opera el proceso de adecuación a su auténtico ser. Señala el diario:


¿A dónde me quiere llevar Gilberto y sobre todo, hasta dónde estoy dispuesta a dejarme conducir? Reconoce el verdadero carácter del conflicto, Paloma. No se trata de un enfrentamiento de voluntades, no hay ninguna lucha; al contrario. Al absoluto deslumbramiento que puedo advertir, al acrecentamiento de mi poder sobre él, sobre su inteligencia y sus sentidos, a lo que podría con justicia considerar su sumisión, no puedo oponerle nada porque su renuncia consiste en que su voluntad se sirve de la mía ya que no quiere, ni busca ni trata de imponérseme sino que acepta sometérseme por entero para “descubrirme” también por entero y entonces resulta que al actuar tal como se me antoja, dejándome llevar por mis propios impulsos, a través de su sometimiento soy yo la que someto a él y oponerse a ese sometimiento no equivaldría más que a negar mi propia voluntad…¿Cómo puedo dudar de que todo lo que me ocurra será siempre por elección mía? Gilberto no me ha inducido a nada, aun cuando tal vez lo suponga. Si acaso me ha ayudado a descubrirme y a aceptarme a mí misma” (García Ponce, 1999, p. 163).


Ahora bien, ¿qué busca Gilberto en ella? Sabe ver en Paloma lo que ella es; pero cuando inician la relación esto no ha hallado todavía un cauce de expresión. Se acerca a ella por la suposición de que, según él, ella no advierte por completo, aunque no pueda evitarla, esa sensualidad que su belleza delata. Paloma es para Gilberto la súbita revelación de la vida; por eso su tarea es actuar para que ella entre en su verdadera imagen, la que él tiene de ella, y deje de ser sólo posible, se actualice en la forma y luego la encarne. Así a partir de su relación con él, Paloma comienza a jugar, a representar para él, a seducir hombres en su presencia; la mirada de Gilberto la incita a exhibirse, a provocar, a escandalizar. Situación que ella acepta y lleva a cabo con sumo agrado.


Él se la imagina, la fija en su discurso y por eso ella se manifiesta como la imagen surgida de él; el símbolo del erotismo. Y como encarnación de un símbolo, como mito viviente Paloma es inapropiable. Dice Gilberto en su diario: Nos pertenece a todos y nos es de nadie, así como la obra de arte que no tiene sentido si permanece en el emisor (Martínez-Zalce, 1985, p. 61). Continúa el diario:


“Paloma es inocente sólo más allá de sí misma, como los ángeles su naturaleza es simple y sencilla hasta ser inapresable, hasta no tener existencia más que en el placer que la hace humana y corpórea y capaz de conocer todas las perversidades para volver a adquirir a través de ellas la simplicidad y la sencillez” (García Ponce, 1999, p. 36).


En apariencia a Gilberto no le importa la voluntad de Paloma, pero lo que se requiere comprender es que se trata de alguien cuya intención es descubrir, no crear ni inventar. La intervención de Gilberto (intervención del arte en la vida) da lugar a que Paloma desarrolle sus potencialidades y las lleve hasta sus últimas consecuencias. Al ceder a su(s) Paloma(s) (almas) ambos se vuelven poseedores del absoluto; la transgresión los lleva a la pérdida de límites, a la transvaloración de la axiología de lo convencional. Se adueña del poder de probar todas las posibilidades. Ya nada les está prohibido (Martínez-Zalce, 1985, p. 64). Señala Gilberto en su diario:

Cualquier supuesto libertinaje, si se asume desde su auténtica seriedad, desde su grave y perturbador poder, no es más que una tentativa de alcanzar lo imposible, de conocer lo que por lo general se supone que no existe con una categoría independiente: una sexualidad sin sexualidad y más allá del sexo, un deseo que no termina porque no asuma la forma del deseo, una sustancia cuya forma no tiene materia, una totalidad que no nos pertenece y que está siempre fuera y por la que, sin embargo, de pronto, uno se siente totalmente rodeado. Ese reflejo, no conoce la quietud y desde su aparente ausencia está siempre vivo y le da vida al cuerpo en el que se oculta. Por eso no es más que ese cuerpo y su propio testigo. El que lo conoce vislumbra la vida de la vida y toca la más alta experiencia (García Ponce, 1999, p. 115).


Si bien Gilberto fue quien propició los hechos en los que Paloma se va descubriendo a sí misma, al final su voluntad ya no cuenta, se impone la de ella. Dice: Él sólo quiere verme a través de la repetida prueba de mi propia libertad (p. 192) y más adelante: No es cierto que la mirada de los demás me hace. Soy yo quien le da realidad a la mirada de los demás. ¿No lo he sabido siempre? (García Ponce, 1999, p. 202).


El último diario de Gilberto finaliza sin fecha. De hecho, solamente los primeros diarios de ambos están fechados: inician el 15 de agosto de 1966, después no tienen fecha y es el último, el de Paloma, que vuelve a fecharse: 4 de agosto de 1968. La relación que dura dos años termina, como ya lo dije, con la muerte de Gilberto y después de que Paloma ha representado a su propio personaje, o sea, ella misma en una película basada en el cuento El gato, escrita por Gilberto, quien estará pendiente del montaje. Durante la filmación él no deja de mirar a Paloma, dándose cuenta de su inalcanzable necesidad de tenerla por completo y al mismo tiempo mirarla desde afuera: como sólo puede verse a alguien cuya interioridad se manifiesta a través de su apariencia exterior, la apariencia que la expresa y la traiciona simultáneamente sin dejar de encerrarla nunca en ese doble carácter que muestra al mismo tiempo la inocencia y la malicia, la verdad y la mentira, la unión y la separación, la entrega y el despego… (García Ponce, 1999, p. 190).


En su último diario, Gilberto reflexiona:


No es la mirada ni el pensamiento que esa mirada hace posible, ni el lenguaje en el que se expresa ese pensamiento y mediante el cual se comunica, la que hace existir a Paloma, sino que ella sorprende y anula con su continua capacidad de transformación toda posible confianza en la realidad que puede encontrar esa mirada. Paloma es como la vida antes de que nadie pudiera juzgarla. Es como el amor que no acepta ningún dueño sino que sólo se quiere a sí mismo. Es la vida y el amor, es el principio y el fin porque no necesita afirmar su inmovilidad en ningún momento. (García Ponce, 1999, p. 205).


Quiero terminar este texto atreviéndome a decir que Paloma representaría a muchas Palomas, a María Iribarne riéndose de los celos y la inseguridad de Castell. Paloma es libre de ser y de hacer; libertad que no se contrapone a la convivencia con el otro. Una realidad dentro de la ficción que se logra gracias al equilibrio de poderes entre los géneros y donde el varón en este caso, Gilberto (a diferencia de Juan Pablo Castell), muestra otras posibilidades de crear y vivir lo masculino en una relación amorosa. En la novela de García Ponce la mujer no es complemento del hombre, porque esto la posicionaría como inferior. Paloma nos muestra que es muchas, que se multiplica y que por eso, no es de nadie; y que ama a Gilberto y permanecerá con él hasta la muerte porque así ella lo ha decidido.


Como conclusión, puedo decir que en la novela De ánima, García Ponce nos habla de una masculinidad que sin pretensión alguna de por medio, cuestionaría aquel prototipo dominante de ser hombre. No hay que olvidar que este autor siempre demostró una postura contraria al autoritarismo y a la represión, un hombre cuya postura política (considerando la política según la define Bovero) fue siempre defensora de la convivencia armónica entre los seres humanos. El erotismo es una revelación de libertad espiritual.


*Calderón, , p. 19


Bibliografía


Calderón, Carolina (1998) “Una entrevista con Juan García Ponce (Septiembre 7,1977)”, en VV.AA: Juan García Ponce y la Generación de Medio Siglo, Colección Cuadernos de la Universidad Veracruzana No. 41, Xalapa.
García Ponce, Juan (1999), De ánima. Planeta- CONACULTA, Colección Narrativa actual mexicana, México.
----------- (2001), Teología y pornografía del alma. Pierre Klossowski en su obra: una descripción. Era, México.
Martínez-Zalce Graciela (1986). Pornografía del alma. Consejo Editorial de Yucatán, A.C., Mérida.
Yon Leau, Carmen (1996), “Aproximaciones a las identidades masculinas”. Revista Quehacer Núm. 101, Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo, Lima, mayo-junio.


*Maestra en Antropología Social (UADY) y pasante de la Maestría en Cultura y Literatura Hispanoamericanas Contemporáneas (Universidad Modelo).

1 comentario:

J. Antonio dijo...

Mi punto de vista lo hare haciendo referencia a un post importante: http://notiutopia.blogspot.com/2008/03/me-cagan-los-post-largos.html

Saludos

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