sábado, 8 de marzo de 2008

Lo alternativo en Yucatán



Por Ricardo Tatto


Primero que nada, ante ciertas dudas suscitadas quisiera aclarar que lo alternativo no debiera confundirse con lo contracultural, si bien ambas posturas conviven muchas veces en los mismos espacios y tienen coincidencias ideológicas no siempre necesariamente es así.



Mesa panel sobre "cultura alternativa": Jerónimo Freymann, Ricardo E. Tatto, Jorge Cortés y Roxana Quiroz



Lo alternativo es una opción, un alternancia a lo establecido, que se mueve de manera paralela al mainstream -la corriente principal- sin pretender serlo, por lo que en muchos casos es sinónimo de independencia o de marginalidad, sin ser esto una regla que deba cumplirse cabalmente para ser considerado alternativo.





Lo contracultural, como su nombre lo dice, es la cultura de lo contra, de la confrontación con lo establecido –no de un paralelismo como en el caso de lo alternativo-, sino de un cuestionamiento y terapia de choque en desacuerdo con un sistema de valores, ya sean políticos, religiosos o de otra índole; es la disensión de la ideología predominante. Ambas formas se mezclan y conforman un híbrido, pero a la vez en ocasiones también divergen hacia puntos contrarios. Irónicamente, el destino de lo alternativo y lo contracultural es convertirse en aquello de lo que pretenden escapar, ya sea ofreciendo una opción o tratando de derribar paradigmas, porque acaban convirtiéndose en aquello que rechazan: pasan de la marginalidad al protagonismo.



Lo alternativo se convierte en la opción principal, lo contracultural se vuelve la cultura predominante: ambos están condenados a ser reemplazados por otras alternativas, otra contracultura de la contracultura si así se quiere ver. No hay un estatismo, sino un constante flujo que cambia a cada momento, una especie de Uruburu interminable que se devora así mismo, que muda de piel segundo tras segundo, para ser sustituido por nuevas formas que también pronto se avienen a ser cambiadas por lo que se está gestando en este preciso instante. La contracultura aspira a ser cultura, a cambiar los viejos conceptos por otros nuevos, a reemplazar los paradigmas por los propios, a convertirse en el principal motor de una neo-sociedad poniendo en tela de juicio las prácticas de la actual. En cambio, lo alternativo tiene características similares pero fundamentalmente distintas en cuanto a sus objetivos –o la falta de ellos. La cultura alternativa o subterránea, en lo artístico estimula la sensibilidad de grupos locales y pequeños, apareciendo y desapareciendo sin que el curador, historiador o crítico de arte lleguen a reparar en ellas por más de un segundo. Es por ello que sus ambiciones no obedecen la norma establecida por el mainstream –lo cual es su mayor virtud y su mayor defecto- ya que se mantienen alejadas del criterio de calidad establecido en su contexto, por lo que no requiere la aprobación de los expertos para continuar siendo expresada y utilizada en nombre de la finalidad que obedezca a sus necesidades inmediatas. Esto no quiere decir que esas manifestaciones no trasciendan, sólo significa que esa no es su intención primordial. Su valor radica en no participar de la estética directriz, no sumarse al discurso de siempre, no dejar huella visible, porque esto también constituye la alternativa a las expresiones creadoras que así lo pretenden.






No obstante, lo alternativo en Yucatán no implica caos y desorganización –aunque en muchos casos así es-, sino lanzar una propuesta independiente por sus propios medios económicos y de promoción cultural; esto se realiza mediante restaurantes, bares, o tiendas-galerías, negocios redituables que permiten tener los recursos para que el proyecto alternativo sea autogestivo y no dependiente de lo institucional.



Precisamente por no tener como estafeta lo contracultural, lo alternativo no deja de serlo por colaborar con las instituciones gubernamentales –como el caso de este encuentro-, siempre y cuando mantenga su independencia conceptual y operativa, al menos en lo artístico, para presentar su propuesta, su opción, su alternativa ante un público que no necesariamente pertenece a la cultura subterránea.



Curiosamente, empieza a darse un fenómeno de mutua búsqueda entre las distintas vertientes, tanto la institucional como la alternativa coquetean entre sí. Una para despojarse de la sacralidad que le rodea, y otra para validarse a través de ella. Finalizada la colaboración entre sí, ambas pueden regresar a su estado original, al lado del espectro que les corresponde como contrapeso uno del otro y viceversa.





En medio de este fenómeno se encuentra lo alternativo en Yucatán, ya que no siempre es capaz de generar proyectos autogestivos y sustentables en sí mismos, por lo que es común que artistas individuales y colectivos busquen el apoyo del estado, pero sin comprometer su integridad artística. Es un convenio beneficioso para ambas partes, en las que finalmente el ciudadano y el público sensible a estas manifestaciones recibe la mejor tajada, teniendo un abanico de opciones subvencionadas por el gobierno. Y es que un país como el nuestro en el que no existen los mecanismos para que el arte subsista por si mismo, queramos o no tiene que ser así. De ahí la proliferación de becas, premios o mecenazgos a los que muchos creadores tienen que recurrir. Sin embargo, en algún lugar un creador alternativo o contracultural está haciendo algo, una obra nace en su estado más puro, y dependerá del artista mantenerse en esa cara de la moneda, lo cual no es imposible, como varios de los creadores independientes yucatecos podrán atestiguar y refrendar con su trabajo y trayectoria, ahí en la nebulosa línea que define lo que está adentro y lo que está afuera, o lo que simplemente está.

3 comentarios:

Ego sum qui sum dijo...

Excelente texto, muy claro y preciso. Definiste de forma acertada esos dos conceptos.

Pipe dijo...

Muy buen texto... hacer esa diferencia es básica. Saludos.

Jerónimo Freymann Calero dijo...

Exacto,
Gracias por tan buen análisis.
Saludos

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