domingo 19 de julio de 2009

Axiomas para documentar nuestra ignorancia



Muchos poetas que viven del cuento.




José Díaz Cervera.

Defescritores




Por Conrado Roche Reyes


Existe, entre la nueva camada de escritores jóvenes y otros no tanto, algunas actitudes impensables hasta no hace mucho tiempo. La generación anterior, quienes rondan ya los setenta abriles, enfocaban su manera de ser a eso, parecerlo. Hay quienes, incluso, se disfrazan de escritores o escritoras. Sin excepción enfocaban sus anhelos hacia el reconocimiento oficial más aún que el del público lector. Claro está, sin dejar de publicar de vez en cuando un libro. Dictar conferencias. Ganar becas. En fin, se circunscribían al ámbito meramente intelectual. Aunque justo es decir que desde siempre, los artistas han estado ligados íntimamente al poder. Casi todos los prohombres que forjaron nuestro país se encontraban rodeados de ellos, especialmente en la Guerra de Reforma.

Pero volvamos a nuestro tema. Hoy, ser intelectual implica actitudes por demás con semejanzas maravillosas. Son unánimemente indigenistas, incrustando dicho tema casi al huevo en sus charlas públicas. Se preocupan exageradamente —en algunos casos caen en lo chocante— del problema ecológico, tema también obligado en sus intervenciones. Políticamente se manifiestan de izquierda —no me refiero aquí a los de la televisión, esos no son intelectuales, son voceros del poder del modo más burdo— aunque casi ninguno haga algo por dicha ideología.

Les fascina ser invitados a alguna entidad federativa, donde son tratados a cuerpo de rey y ellos, aunque veladamente, su menosprecio a la “provincia”. De un día para otro, les ha entrado la euforia futbolística, y llegan al grado de ser contratados como comentaristas. Ah, ¡eso sí, sin excepción, todos le van a los Pumas de la Universidad. Esto parece dar cierto status. Y aquí incluyo a los artistas de la farándula, los que hacen películas del llamado nuevo cine mexicano. Al ser cuestionados acerca de cuál sería su deseo para México, después de responder lo clásico, añaden medio en broma y medio en serio, “y que ganen los Pumas”. Aquí hago un breve paréntesis que molestará a muchos. Héctor Herrera “Cholo”, a pesar de homenajes y demás, no ha sido el primer yucateco en ganar un Ariel. Lo ganó en dos ocasiones Arturo de Córdoba, hace muchos años, y recuerdo el nombre de una película en que obtuvo dicho galardón por papel protagónico: “En la palma de tu mano”.

Y a últimas fechas, se han declarado muy aficionados a la lucha libre. Absolutamente todos son furibundos antitaurinos. Tal parece que se pusieron de acuerdo. Y otra cosa más que me choca, es que siempre expresan mientras están en nuestra ciudad, que Mérida es la más bonita del mundo. Con el público mas conocedor. Más culto. Esto no falla, la ovación es inmediata.

Al término de su actuación, llamémosle así, acuden a cenar. Piden un “salbute”. Si son heterosexuales, no quitaran los ojos a la guapa de moda en el ambiente. Conozco a un sempiterno jurado —hoy ya pasó bola—, hombre bastante mayor, que pescó una queridita mucho más joven que él, que creo es casado.

Todo lo anterior es aplicable a los que viven en el ombligo del mundo, esto es el DF. Los nuestros, como es de todos sabido, nos cocemos aparte. Por algo se dice —no hay refrán ni dicho popular perdido— entre los paisanos. “Qué me importa lo que pase, total, si se acaba el mundo, me voy a Mérida”. Esta chacalada tiene un trasfondo sublime, imposible de comprender para quien no nació en la tierra de Maria Santísima, Mérida, Yucatán, México.




Por esto!, jueves, 16 de julio de 2009.

Desclasificado

Por Manuel J. Tejada Loría


Calderón quiere reactivar el turismo nacional. Por eso días atrás invitó a cantantes y actores de televisión para que lo respaldaran. Desde entonces cada diez minutos se transmite un spot publicitario invitando a los mexicanos a conocer otros estados del país. En el extranjero también se hace otro tanto de propaganda con artistas internacionales. El turismo es una de nuestras principales fuentes de ingreso económico. El virus de influenza en abril sin duda fue un golpe bajo, lo sigue siendo en la medida de su descontrol.

Pero Felipe parece no darse cuenta de que el país atraviesa una guerra sin precedente. Una guerra contra el narco para ser más precisos. No estamos hablando de federales contra unos cuantos sicarios sino de ejércitos fuertemente armados con técnica militar de ataque. No pasemos por alto que el grupo armado del Cártel del Golfo, “Los Zetas”, fue conformado por integrantes de la élite del Ejército.




Comandos de por lo menos 30 sujetos con armamento superior al de Sedena y la Policía Federal (alto blindaje vehicular, granadas de todo tipo y armas de muy alto calibre capaz de atravesar chalecos antibalas). Hay mucho dinero de por medio y por ende, el narco no escatima ningún dólar si de asegurar su patrimonio se trata.

Detrás de los últimos ataques perpetuados a cuerpos federales en el centro y norte del país podemos ver que el problema es bastante complejo y no basta con tender unas cuantas líneas de acción. Los federales ejecutados hace un par de días eran agentes de inteligencia que se encargaban de configurar el organigrama del grupo criminal “La Familia”. Fueron traicionados, ya sea por los niveles más altos de la policía o por los mismos agentes, pero sólo de esa forma los sicarios pudieron ubicar a este grupo de investigadores.

Los levantaron, torturaron y asesinaron. Luego los tiraron como señuelo en un cruce de carreteras y se escondieron. Cuando se hizo el descubrimiento y llegaron más agentes, los sicarios lo recibieron con una lluvia de balas y a correr. Precisos, exactos en los objetivos para luego huir con destino incierto ¿pero a dónde huyen? ¿dónde pueden esconderse estos comandos de sicarios transportándose siempre en un notable convoy de vehículos?

Desde luego, estamos hablando de una complicidad a distintos niveles de gobierno (aunque la corrupción sea la misma). Como cuando la fuga masiva de sicarios en el reclusorio de Zacatecas. Los videos de vigilancia registraron los movimientos tanto fuera como adentro de la cárcel. Más de uno quedó atónito por ese protocolo de fuga, esa disciplina con que los criminales salieron, abordaron y se fueron.




Los ejércitos del narcotráfico son capaces de eso y más. Al alcalde de Chihuahua lo esperaron largamente para matarlo. Después de sinfín de amenazas, levantaron a su jefe policiaco junto con otros funcionarios de su gabinete y hasta hoy no aparecen. El alcalde prácticamente administraba la ciudad desde el otro lado de la frontera. El día que regresó lo recibieron a balazos. Nadie parece escaparse del ajuste de cuentas.

Se contabilizaban siete cárteles en el país. Cada uno con su brazo ejecutor. Luchan entre sí por el territorio de la distribución de la droga y esta narcoguerra se vuelca contra el Estado en el momento en que hay funcionarios coludidos. Son muchas las narcomantas que advierten sobre los compromisos del gobierno de FeCal con los capos de la droga. Estas señales, más claras que el agua, nos hablan de un cinismo gubernamental.

No hay voluntad para un combate frontal al narcotráfico. No hablo de armas sino de leyes. El consumo clandestino de estupefacientes sigue alimentando estas batallas que ya comienzan a cobrar víctimas civiles. Durante los tiroteos entre sicarios y federales, cientos de balas se pierden en la noche. Uno bien podría morir atravesado por un disparo mientras se duerme plácidamente en el sillón de la sala. Son las bajas de una guerra que se libra y que el gobierno no quiere aceptar. La misma guerra que nadie quiere ver, pero ahí está.






Por esto!, jueves, 16 de julio de 2009.

sábado 18 de julio de 2009

Arenas Blancas y la pluralidad estética


Por Rosely E. Quijano León



Diferentes voces se entrelazan para conformar el número 10 de la revista Arenas Blancas, de la Universidad Estatal de Nuevo México, que hoy, a través de su editor, Tomás Ramos Rodríguez nos llega a Yucatán.

En este número de la revista —que contiene cuentos, poemas, fragmentos de una novela y teatro, así como ensayos, crónica y reseñas— encontramos que el punto de unión, como se comenta en la página editorial, es una estética fragmentada, donde la intención es dejar atrás la rigurosidad tanto de forma como de contenido que suele caracterizar a las revistas literarias.

Y es que en este número se aprecia un interés por abordar esos temas, que de pronto catalogamos como “escabrosos”, “grotescos”, o que rompen con la idealización y estilización que muchas veces se pretende encontrar en una revista literaria.

Por el contrario, esos temas que pocos abordan y que son parte de nuestro mundo postmoderno se nos presentan desde una visión más actual y renovada. Es así como, por ejemplo, en el ensayo de Rafael Torriz titulado “Entre lo kitsch y lo naco. Aproximaciones a una estética masificada” se nos explica el origen de estos dos términos y cómo se han ido expandiendo hasta ir desplazando los cánones estilísticos.




Torriz en su ensayo se pregunta algo que muchas veces, como mexicanos, nos hemos cuestionado, pues en su ensayo nos dice: “¿De dónde proviene el gusto por lo estrafalario, lo dorado (…) la ropa de marca que suena y tiene tipografías parecidas al original (Mike por Nike) los televisores Rony, los vasos de graduación y quince años (…) las últimas cenas adornadas con escarcha, las figuras de la virgen de Guadalupe con coronas de foquitos navideños”, y situaciones como éstas, de las que alguna vez nos hemos hecho preguntas, ya sea porque algunas de estas cosas han caído en nuestras manos por alguna extraña razón o, si no queremos admitirlo, porque por lo menos tenemos un amigo o conocido que suele adquirirlas.

En fin, no es mi intención resumir el contenido de todos los trabajos que contiene la revista, y si lo hiciera se perdería definitivamente el verdadero sentido de una presentación editorial, que es el de invitarles y contagiarles el interés por leerla. Así que de manera más general quiero comentar que los cuentos son innovadores en cuanto a su temática y nos adentran en la cotidianeidad que cada día nos rodea y nos atrapa.

Los poemas incluidos en la revista tienen como característica su deseo de sublimar el transcurrir de la vida cotidiana, y destacan los pequeños indicadores que nos transportan a una concepción profunda del alma. Así, Oscar Hahn nos transporta a la materialización de los recuerdos, de los sentidos y a las cosas que guardamos a lo largo de nuestra existencia, que no aparecen de golpe, sino al contrario: se deslizan hasta concretarse en nuestro presente. Son las sensaciones que permanecen dormidas, ocultas, esperando para activarse, porque el pasado no desaparece, sino que duerme: “en el cosario yacen las cosas/ están inmóviles a la espera/ de que empiece el deslizamiento/ y cuando empiezan a deslizarse/ y se van cuesta abajo/ entreabren los párpados…”.

Manuel Tejada, en su Litografía del Aprendiz, nos lleva al mundo familiar, versos encadenados con lo impreciso del futuro, con la orfandad heredada, una vida que fluye nada más, que encuentra incentivos para agitarse, para sentir de nuevo el mundo con todas sus pasiones, donde “no habrá prudencia entre estas manos/ si sólo se trata de vivir”. Ambos poemas tienen estéticas diferentes, que fragmentan nuestra concepción del mundo y nos obligan a replantearnos y meditar sobre lo cotidiano y sus posibilidades para entender nuestro espíritu.

Los ensayos muestran diferentes enfoques de temas literarios tanto actuales como clásicos, es el caso del trabajo de Rodrigo Ordóñez titulado “La fragilidad como estética en la literatura y el cine gore”, donde nos adentra en este tipo de literatura y cine que muy pocos estamos acostumbrados a ver y leer y que refleja al fin y al cabo, pese a todas las escenas y descripciones grotescas y sangrientas que contiene, que su única intención es, como menciona Rodrigo, “crear una atmósfera que sofoca al lector con narraciones detalladas e imágenes violentas, para recordarnos que la inmortalidad está basada en el deseo de olvidar que la muerte acecha detrás de cada segundo”.




Por otro lado, nos encontramos ante la desmitificación en la llamada “Novela de la Revolución” de dos héroes históricos de nuestro país: Zapata y Villa en el ensayo de Oscar Ortega Arango titulado “Villa y Zapata: Sombras de su historia” en donde contextualiza a estos dos personajes para comprenderlos mejor. De igual forma, Iván Schulman logra con su ensayo titulado “La mirada martiana del Oriente frente a la globalización modernista” explicar que el término globalización no es algo nuevo y como el autor menciona “Martí lo percibió con clarividencia ejemplar”.
Es importante también mencionar el fragmento de la novela “Diario de las especies” de la escritora Claudia Apablaza, que nos muestra una propuesta muy original en su narración al presentarla en un formato muy innovador y ad hoc con la época, pues la historia la construye a través de un blog y los comentarios que sus visitantes le dejan.

Hay muchas otras cosas interesantes en la revista que como lectores irán descubriendo cuando realicen cada uno de ustedes la lectura de este número, pues el hecho de venir a la presentación de una revista es por el interés que se tiene hacia el contenido de la misma, y para poder cerrar el círculo que inicia con la intencionalidad de los escritores, editores, y demás gente que se involucra con la creación de una revista, definitivamente tiene que ejercerse la lectura de la misma.
Este número en particular engloba una especie de los dos espacios que conforman a su editor y que han sido su ir y venir en los últimos años: Nuevo México y Yucatán. El hecho de incluir diferentes voces de distintas partes del país y del extranjero hace que se refleje la pluralidad de visiones y percepciones, pero que a la vez, pese a la distancia, converjan en un punto y se enriquezcan.

Por lo general, las revistas literarias que surgen de una institución educativa suelen únicamente incluir a los miembros de la misma para difundir sus trabajos, pero este no es el caso de Arenas Blancas, que demuestra apertura para incluir trabajos de diferentes personas de diferentes lugares y formación académica y creo que ello le da el carácter de plural, porque el ser excluyentes nunca ha sido y nunca será el verdadero sentido de la literatura, y hoy en día menos que nunca, en que la literatura traspasa fronteras, idiomas, ideologías, culturas, políticas y muchas cosas más.

Y es significativo que una revista sea tan congruente con su título, su ideología, su idioma y su contenido y, en este caso, su lugar de origen, pues su intención es clara: no existen fronteras para la literatura ni para la difusión de la misma.

Para finalizar, quiero agradecerle a Tomás su invitación y mencionar que para los que tenemos la oportunidad de conocerlo desde hace algunos años nos es casi imposible no ver este trabajo en retrospectiva, desde que inició la revista “Andanzas y Tripulaciones”, ya que hoy observamos su evolución en esta difícil tarea de ser editor. Se le agradece el hecho de incluir trabajos de yucatecos en su revista, de no perder esa nostalgia por los recuerdos y los no tan viejos tiempos de universitario y por tener siempre presente que la literatura no debe ser un pretexto para pleitos, desacuerdos ni distanciamientos, sino todo lo contrario: un medio y un fin para crear y unificar.

(Texto leído para la presentación de la revista Arenas Blancas, en la Biblioteca Central Estatal “Manuel Cepeda Peraza” del ICY, el pasado martes 14 de julio).




Por esto!, viernes, 17 de julio de 2009.

viernes 17 de julio de 2009

Mujeres, libertad y sueños

Por Jorge Cortés Ancona


Entre otras muchas virtudes, Emilio Carballido ha sido un gran dramaturgo del tema feminista. Obras suyas, familiares en el ámbito yucateco, como “Orinoco” y “Rosa de dos aromas” lo demuestran. Ahora, con la pieza “Zorros chinos”, ratifica esa capacidad de introspección en el complejo mundo femenino, encuadrándola en un choque entre la dura realidad y los sueños de vivir un mundo lleno de sensaciones y sentimientos felices.

Esta particularidad tiene el agregado de tener como contexto el Michoacán del siglo XVIII y, en especial, el tema de la cuarta raíz de nuestro mestizaje, que es la proveniente del mundo oriental. Este México nuestro incorporó desde hace siglos numerosos elementos culturales originados al otro lado del Océano Pacífico, sobre todo en China. Esta combinación de ámbitos da lugar en esta obra teatral a la simbiosis de los mundos purépecha y chino, con su entorno imaginativo y animado en difícil relación con el recio y crudo realismo español.

A la vez, esta obra pone en interacción un intenso mundo onírico y los conflictos de la familia, el dinero y la opresión de la mujer. Choque de géneros, de culturas, de intereses y temperamentos personales.

La puesta en escena, bajo la dirección de Paco Marín, asimila esta complejidad para lograr un espectáculo variado en recursos escénicos, tanto de actuación, como de disciplinas artísticas y de imágenes, ya que se enfatiza una comunicativa expresión corporal y se otorga mucho sentido a los recursos de iluminación. Los actores hacen varios papeles a lo largo de la obra, mostrando la condición polivalente del actor actual, capaz de danzar y hacer acrobacias, y de expresarse con eficiencia a través de gestos y desplazamientos, además de la soltura en los parlamentos, trátese de medias palabras, introspecciones o diálogos con distinto grado de reciprocidad.

La obra se divide en cuadros, con cambios de escenario y paralelismo de tiempos, a la vez que de traslados constantes hacia los entornos real, onírico y maravilloso. Obra de drama y humor, en una puesta en escena arriesgada. Confieso que al principio de la obra me sentía destanteado como espectador, pues no sabía a dónde estaban conduciendo las escenas iniciales, que parecían inconexas, además de que los cambios extremos de luz y oscuridad contribuían a esa falta de asideros en la ilación argumental. Sin embargo, la obra se va aclarando hasta hacernos percibirla en su totalidad como una obra coherente y de argumento bien estructurado.

Los actores encarnan de manera convincente los distintos papeles. Socorro Loeza, como Yuriria, la protagonista, manifiesta una notable capacidad para registrar el sufrimiento y la alegría en tanto tiene que cumplir los distintos roles de madre, esposa, nuera, amiga y amada. Con adecuada proyección de voz, se esfuerza en cambiar su fuerte acento yucateco a fin de ofrecer uno más cercano al de la zona occidental de México, lo cual es muestra de esa voluntad de afirmar la conciencia de la otredad en tanto que actriz.

Laura Zubieta impone como la torva suegra hundida en la pesantez de la abulia, un papel que podría parecer fácil de interpretar pero que no lo es, y con esa condición inane correctamente representada termina por ser un personaje desesperante, al igual que el resto de la familia, con el machismo y la contradictoria reverencia a la madre como condiciones domésticas cotidianas.

Pablo Herrero aparece en uno de sus acostumbrados papeles de tipo farsesco (corre el riesgo de encasillarse en ese tipo de personaje) para desempeñarse cómodamente como Pascual, el mezquino mesonero gachupín. Miguel Ángel Canto hace el papel de un ex jesuita de nombre Fray Ignacio, transformado en fraile franciscano; personaje clave en la obra por ser el conocedor pleno de lo que está ocurriendo en el trasfondo mágico y con ello cumplir la función de némesis de Yuriria y de los zorros chinos. Canto se desempeña con habilidad en su doble condición cómica y malévola, pero tal vez por el hábito y la capucha demasiado holgados para lo que debieran ser, tiene algunos altibajos de voz, que restan fuerza a su personaje.

Oswaldo Ferrer, como el Príncipe Wu, y Hugo Quiñones, como su criado, cumplen cabalmente con su papel, al igual que Susan Tax (Uharari), Sebastián Liera (Nemario, marido de Yuriria), Ulisis Vargas (Domingo). Asimismo, los numerosos actores secundarios, en sus papeles de zorros, alebrijes, músicos y seres inanimados-animados, contribuyen a que esta puesta en escena plasme en hecho dramático toda la riqueza cultural, social y psicológica del texto base.

Hay varias escenas memorables, como aquella donde Yuriria es devorada simbólicamente por su familia; o aquellas en que logra el sueño de vivir la condición de persona respetada en su dignidad humana, dentro de un entorno feliz donde es servida y amada y escuchada, y todo ello a causa de la magia de estos zorros chinos.

Como espectáculo me resultó disfrutable, sobre todo por la interpretación actoral, la variedad de recursos escénicos y la integración multidisciplinaria (teatro, danza, acrobacia, música, video). Reconozco algún cabeceo por las casi dos horas de duración, pero entiendo que todo estreno tiene dificultad para alcanzar el ritmo debido, así que supongo que la obra será más rápida y fluida en futuras puestas en escena. (Fue un prejuicio que extraoficialmente se dijera que la obra constaba de un solo acto, cuando en realidad está organizada en varios cuadros continuos: la dramaturgia actual tiene otras maneras de estructurar el texto que no necesariamente son las acostumbradas en actos y escenas).

Como toda obra que rompe esquemas preconcebidos, “Zorros chinos” ha generado reacciones polarizadas entre muchos de los espectadores. Salvo algún caso con algunas reservas, la propuesta escénica gustó a todos los escritores a los que les he preguntado su opinión. Pero entre otros sectores del público las opiniones parecen poco favorables, ya sea por razones de gusto artístico (éste no es un teatro tradicional), de “pureza” teatral (había partes coreográficas y de video) e incluso de tipo moralista.

Una razón más, bastante poderosa, fue la de no entender el contexto. Esta obra flota sobre lo histórico (aunque hay referencias para anclar el tiempo como la de la expulsión de los jesuitas del ámbito hispánico) con el propósito de ir más allá, hacia una integración plena de hechos como el mestizaje cultural, la empatía con la mujer oprimida que busca su libertad, el enriquecimiento del entorno humano por la dinámica de insertar el sueño y la magia dentro de la realidad, y en suma, por el homenaje a la vida humana en busca de un mundo más allá de las ataduras colonialistas, las cárceles domésticas y las fronteras lacerantes.

Algunos espectadores ven sólo el hecho escénico técnicamente fuera de toda contextualización temática; para otros, la comunicación escénica más allá de la voz sale sobrando, por lo que preferirían un apego a los modos convencionales de hacer teatro. Ni con unos ni con otros, creo que la propuesta integradora de Paco Marín ha tenido un resultado positivo y que tiene mucho significado que el Festival de Teatro “Wilberto Cantón” 2009, organizado por el ICY, haya empezado con una obra ubicada en otra época y en otra región del país, creada por un autor no yucateco (pero muy apreciado por nuestra comunidad teatral) y que todo ello permita presenciar una obra cuya dimensión humana trasciende tiempos y espacios.




Por esto!, miércoles, 15 de julio de 2009.

Las damas primero

Por Manuel J. Tejada Loría

Sobra fortuna porque la mujer está con nosotros. Y tanto sus ojos como sus labios (su cintura debo decir, la sutil manera con que atraviesan el aire, también) son parte ya de nuestros escenarios. Que rápidas van las horas cuando presentes están y sus cabellos vuelan por doquier imitando al bíblico diluvio. Nada haré por salvarme si sus labios son una tempestad que amenazan con ahogarme.

Decir mujer es enturbiar los mares, es invocar a la tormenta, al huracán de los elogios. Porque son origen y continuidad, porque alguna vez hogar, mi patria lleva los senos más hermosos, el abrazo más cautivo y una sonrisa que apacigua cualquier abrojo. Después de todo, una mujer es un hermoso verbo en infinitivo, una acción crepuscular, es comienzo pero también un fin.




Más de la mitad del mundo está poblado por mujeres, el 51% para ser exactos, apenas un uno por ciento celestial. Sería un infierno si las cifras se vieran alteradas, pues eso del machismo es cosa grave. El machista no distingue género, aunque indiscutiblemente, ellas se han llevado la peor parte. Y a pesar de que el machismo está en franca decadencia todavía pueden verse vestigios, someros indicios de esta socarrona actitud que habla más de profundas inseguridades que del fatuo poder que se intenta demostrar.

El poder de la mujer es un poder innato, propio y sin fines de lucro. Ellas mueven el mundo muy a pesar de los simiescos caballeros quienes ahora no tienen de otra que enredar la cola entre las patas pues son ellas, las mujeres, las que mantienen con tesón el timón del hogar. No digamos “las que llevan los pantalones de la casa” que resulta un símbolo tan machista como perverso.

Es cierto que la belleza habita en unos ojos cautivos, en cualquier resplandeciente cabellera o en la tersa superficie de una cadera donde bien se podría vivir más de una eternidad. Pero sólo es algo. La hermosura de una mujer no se vería culminada de no ser por esa constante actividad en que se ve envuelta de manera cotidiana, ahora incluso ocupando -por fortuna- espacios antes exclusivos para los hombres.




Mujeres policías, mujeres en la política, mujeres chofereando un autobús, mujeres encabezando escuelas, instituciones, empresas; mujeres novelistas (cada vez más y con mejor propuesta literaria que los autores hombres); mujeres en la radio y en la tele, mujeres narcotraficantes, mujeres astronautas, mujeres deportistas (en más deportes cada vez); y estoy casi seguro, que dios de existir tendría que ser mujer.

Todos y todas, hasta las mismas mujeres, aman alguna vez en su vida, a una mujer. No es para menos. Es una ley natural eso de amarlas, quererlas y consentirlas. A pesar del complicado laberinto que hay tras ellas, es un placer perderse y nunca volver a encontrar salida. Vale la pena morirse una y mil veces de amor por ellas, vale la pena poner de cabeza al mundo si de dibujarles una sonrisa se trata. Después de todo, parafraseando a Borges, estar con ellas o no estar con ellas, es la medida de nuestro tiempo. Una mujer -que alguien se atreva a negarlo- nos duele en todo el cuerpo.




Por esto!, miércoles, 15 de julio de 2009.

jueves 16 de julio de 2009

Tus palabras... mi tormenta


Por Hortencia Sánchez

“… y sentirme más libre por dentro, con el mínimo de dolor, de celos; enfrentarme con el que resiente mis fatuidades, mis vacíos; cubrirme de ella hasta que la encuentre en el mismo sitio que yo, hasta que la encuentre también debajo de ella, debajo de la compañera, debajo de nosotros y brotar como el lecho, permanente sobre las horas, simple en las caricias que se han hecho nuestras, donde nos podríamos reconocer en otras vidas, a través de otros cuerpos y otros amores.”

Carlos Montemayor


Qué gusto me provoca escuchar en otra voz las palabras que hubiera querido decir, escribir, pronunciar, entender. Existen creadores que se han dedicado con tesón y pasión a su profesión, por lo que su producción es importante, reconocida, pero sobre todo arropada por muchos lectores que los conocen y estiman a partir de su propuesta literaria.

A mis manos han llegado algunos de los libros de Carlos Montemayor. Desde que encontré su voz, me ha cautivado. Lo he visto en los medios de comunicación, en foto en la portada de su libro “El alba y otros cuentos”, y recientemente me dijeron que presentó un libro en nuestra calurosa Mérida. No me enteré de que estaría aquí, sin duda tuvo que ver con que se realizaba un encuentro de teatro, por lo que mi atención se encontraba centrada en la problemática de esta área.

Por lo que cuando me encontré el fin de semana con Jorge Cortes y me comentó que hacía unos minutos había estado sentado en una de las mesas del Bar El Gallito, me dio gran tristeza. Llegué tarde a tomar ahí mi cerveza; pude conocerlo, tomar su mano, escuchar su voz. Hubiera sido gratificante, ya que a través de sus letras me he convertido en admiradora de su trabajo.




Cuando leí su poesía retornó a mí la mujer deseosa de vida, que durante algún tiempo había permanecido oculta entre las sombras de la tristeza y la cotidianidad. Trajo a mi memoria las sensaciones que, a fuerza de estar tranquilos, en armonía con los otros, solemos olvidar. Me reafirmó lo efímero de la existencia, por lo cual retomé mis sueños y aspiraciones con mayor ímpetu. Sus poemas me impactaron, me acariciaron el alma y surcaron mi ser. Durante muchos días lave mis ojos, pude mirar de mejor manera las pasiones, los campos, los amores.

Ahora ha estado entre mis manos su libro “El alba y otros cuentos”, y me sucede de igual manera que con su poesía. Encuentro en sus letras una enorme sensorialidad, me trasporta a paisajes grandiosos, trae a mi memoria la sensación del agua, del viento, del lodo y la lluvia pegados al cuerpo, de los temores más arraigados de los niños y los hombres ya formados, del respeto al abuelo y la gran necesidad de que permanezca por siempre en un lugar a donde llegar a visitarlo; de temer a la naturaleza, pero de igual manera respetarla, vivirla y sentirla.

“… y algo dentro de mí se sumerge en el agua que me llama y quiero que me siga mojando esta lluvia. Quiero que regrese otra vez la tierra, lo que no debe dejarme, abuelo, para que sigas aquí, en lo que no quiero que dejes de ser, abuelo, en lo que no quiero que te pierdas.”

Pero de igual manera nos puede trasportar al olor, sabor, textura de rostros, voces, sonidos, música, ambiente de cantina, donde los hombres se comunican con el sonido de las copas, el humo del cigarro, la charla amena, o el silencio que algunas veces los acompaña; en esta atmósfera un hombre revive su creación, su momento luminoso, la respuesta más precisa a su existencia, “la música es el alma”.

“De alguna manera, en silencio comprendió por qué la música provenía de él como un grito que libera la vida, el alma. Que no estuviera ya sofocada, que no sintiera la opresión de la vida sofocándose, asfixiándolo.

Ahora la música era lo que podía sentir su cuerpo, lo que era posible en el cuerpo ser.”
Este libro viene a recordarme que es posible soñar, mirar a través de los ojos de un hombre que con sus cuentos me regala noches repletas de estrellas, el cielo que baña de frescura mi cuerpo y mi corazón que se desborda cual tormenta.


Carlos Montemayor nace en Parral, Chihuahua, en 1947.

Desde 1985 es miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. En 1993 recibió el Premio Juan Rulfo Internacional por su cuento Operativo en el trópico o el árbol de la vida de Stephen Mariner; el Xavier Villaurrutia por su libro de cuentos Las llaves de Urgell; el Alfonso X de traducción literaria; El José Fuentes Mares por su libro de poesía Abril y otras estaciones y el Premio de Narrativa Colima por la novela Guerra en el Paraíso.



ritualteatro@hotmail.com

miércoles 15 de julio de 2009

Gilberto, rock, aventuras y desventuras

Por Conrado Roche Reyes

Aceptado el contrato que Mike me ofrecía, nos trasladamos a Cancún en su carro, un Dart gris. Él vivía en una casa situada en zona residencial sobre la avenida Nader con su esposa y pequeña hija. Comenzamos los ensayos. Ufff!. Él y “Tse” Basteris, el baterista, habían platicado sobre mi. Estaban concientes de mi oxidamiento. Se dieron un plazo de dos semanas para que yo agarrase la onda. Practicábamos en dicha casa. El repertorio no era nada fácil. Ellos ya se lo sabían. No habían dejado la música como yoni. Los primeros días fueron caóticos. Algo no encajaba. Un día, mientras Mike, chiva por mis errores, subió a su cuarto, el batería y yo tocamos las rolas que habían salido pésimas con él. Sonó a toda madre. Conociendo como lo conozco, pienso que me la estaba haciendo cansada para que me apure. Rápidamente bajó e intentó enchufar toda su pedalea de efectos. No le dio tiempo. Exclamó que porqué no había yo tocado así. Él sabía perfectamente porqué.

A partir de entonces, el grupo sonó como nos gustaba. En un ensayo, se presenta una suramericana proponiéndose como representante del grupo. Su argumento y la aceptación nuestra fue inmediata, traía un gran argumento. Una tocada en Playa al día siguiente con un buen biyuyo. Aceptamos.

Día siguiente. Local de un personaje non sancto. “El jardín”, en plena 5ª avenida. Ahí, se puede encontrar a personajes como Paco de Lucía, Brad Pitt, etc. En una combi que Mike tenía, nos trasladamos a Playa-maldita carretera-, tuvimos un percance. El grupo de reggae “Bosquimanos” que tocaban ahí, nos echaron la mano. Gracias al esposo de la escritora Pía llegamos a tiempo. Ninguna autoridad se había externado en el sentido del tamaño del meteoro. Arribamos a Playa en donde el empresario, acompañado de dos putas- una de ellas nuestra representante- se mamaba en el local donde actuaríamos. Nos dijo que tomásemos un cuarto de su hotel. Que hablásemos con el Sr. Gual. Todos imaginamos a un maestro gato del gángster que nos pagaría. El Sr. Gual resultó ser un viejo conocido, es más, no existe adjetivo para él, de la banda yucateca por mal nombre “El Mosco”. Nos recibió feliz. A pesar de su onda tan gruesa, nos admiraba.

Nos pusimos guapos en una palapa (de luxe) y fuimos a tocar. Nada más nuestra repre, una española- qué tetas - y el dueño. Comenzamos a tocar. En diez minutos el local estaba repleto. “Hombre bien vestido” de ZZ TOP, Época de brujas” de Steve Stils, “Eres preciosa” de Joe Coocker, “Cocaína” De Clapton, en fin, un reper, poca madre, sin faltar los blueses, Kiko se echó la paloma en “YOUR LOOSE THAT LOOVING FEELING”. Kiko es una de las mejores voces de México, cantante del mejor grupo de rock en la época represiva, “Bandido”. Llegó el momento en que se gastó uay- serás yucateco- el trago. La pista repleta de bailarines. Mandaron comprar más. Estábamos en lo mejor, Mike me dijo al oído que estábamos sonando poca madre.





El cielo se pone de pronto feo, negro. Un viento fortísimo comenzó a azotar. Lluvia. Intentamos parar la tocada por precaución a que alguien se electrocutara, en especial yo que estaba donde el agua penetraba. Nada, de quién sabe dónde sacaron una cama y ahí estoy, tocando parado en ella. Por momentos el cielo se ponía aterrorizante. PERO LA FIESTA EN SU ESPLENDOR... El empresario, viejo zorro- estaba ganando el triple- nos manda decir con la ibera-¡qué tetas ostia!- qué queríamos. De inmediato nos lo mandó. Bailaba la esposa de un amigo, que resultó no serlo, mandándome mensajillos sexuales. Confieso que en un break la arrastré por la playa. ¡Mal amigo!...

Hubo un momento en que los truenos espantaban. El agua ya nos llegaba. Incluso juro que vi a Mr. Magenta en el cielo. Era ya imposible seguir tocando. Nuestra representante-de no malos bigotes- nos anuncia que se ha ganado muy buena LANA, QUE YA, DEJEMOS DE TOCAR, NO VAYA SER QUE SE MUERA ALGUNO. Sin embargo nos informó, que por nuestra buena actuación y la feria ganada, nos tenía un regalito. Está en su palapa. Ante las protestas del respetable, nos retiramos a dicho lugar. Allí nos esperaba la española. Primero uno a uno y después...¡moloch!. Ella, happy, gimme more lovin. El regalo era ella.

Al día siguiente, me levanto y salgo- Cancún-, un desastre. Don GILBERTO acabó con todo. Caos, destrucción. Lástima, ya que teníamos cinchado tocar a diario en el mismo lugar. ¿Por qué no avisaron? Viva MEXICO.

No es exageración: desapareció la hoy llamada Riviera Maya y nuestro jugoso contrato y reencuentro. No es un decir, se derrumbó.




Por esto!, martes, 14 de julio de 2009.

martes 14 de julio de 2009

El gran suceso

Por Hortencia Sánchez


Sin duda algunas personas ya se habrán cansado de mirar y escuchar la cobertura que se le ha venido dando a la muerte del rey del pop, Michael Jackson. En lo particular me llama la atención la capacidad que tenemos para disfrutar de conocer las intimidades, los sucesos, la manera en que alguna persona muere y deja su legado, su recuerdo, su ausencia. No se puede dejar de reconocer los actos altruistas y los logros a nivel profesional que alcanzó este personaje.

Al mirar el gran revuelo que ha causado su partida llegan a mí muchas preguntas: ¿Qué era más importante para nuestros jóvenes, las votaciones o la muerte del rey? ¿Sentirán curiosidad o algún tipo de afectación ante la muerte de personajes menos famosos o más cotidianos? ¿Nos daremos cuenta de la fragilidad de la vida y por lo tanto encaminaremos nuestros empeños con más ímpetu y entrega? ¿Podremos mirar desde el cielo, o el infierno, cómo nos amaban, odiaban, u olvidan? ¿Seremos capaces de entender, mirar, aceptar nuestros errores, o pronunciar una palabra de amor, de consuelo, de solidaridad a amigos, compañeros o conocidos que vienen enfrentando grandes luchas contra alguna enfermedad? ¿Pensaremos muy bien las cosas antes de decirlas, publicarlas, o dejarlas tatuadas en la historia? ¿Contamos con más aciertos que errores para desempeñarnos en lo que, como profesión y labor, nos corresponde? ¿Seremos capaces de escupir al miedo para continuar atreviéndonos a mirar a los ojos y hablar con la verdad a pesar de las diferencias de vivir o pensar? ¿En algún tiempo nos corresponderá mirar la oscuridad y tener que dejar a quienes amamos anclados a la tierra?

Pues bien, que sirva la muerte de este personaje famoso, teatral, intenso, pero, de igual manera, frágil y, como cualquiera de nosotros, mortal, para reflexionar a cerca de mi rol de madre de familia.

Sirva el dolor de su madre para ponernos en su lugar y querer dar lo mejor a cada uno de nuestros hijos, no dejando de mirar sus errores, sus defectos, sus pasiones, sino intentando conducirlos a ser buenos seres humanos, capaces de llevar sus luchas, sus derrotas, pero sobre todo a contar con la esperanza que ellos sean quienes esparzan nuestras cenizas en el jardín.

Sirva la muerte de este personaje para decir que amamos al teatro a quienes de alguna manera tienen que incidir en él; a los amigos que saben escucharnos con paciencia, y toleran nuestras frustraciones o grandes anhelos, y hasta algunas veces se atreven a engañarnos.

Sirva para saber que no seremos eternos, que necesitamos los unos de los otros para construir un mejor futuro para los jóvenes que han decidido abrazar la escena como parte irrevocable de su existencia.

Sirva para hoy decir que extraño la presencia de Salvador Lemis. Ahora que estoy trascribiendo su obra “Retratos de Artistas Adolescentes”, redescubro que lo amo porque sueña y en el teatro crea una existencia mejor.

Para reconocer la labor tan importante que viene haciendo mi gran amigo Jorge Chablé, coordinando los talleres en la Casa de la Cultura del Mayab, que este martes por la noche en el Teatro Mérida realizaron una clausura que nos permite entender cómo el arte abraza y alberga mejores almas de niños, adolescentes y adultos mayores, aunque no se trate de artistas, sino de quienes gozan de éste como un entretenimiento.

Sirva la muerte para aceptar algunos de mis muchos errores, como serían a veces callar para no dañar, sin embargo en el fondo entender que necesitamos cambiar en varios aspectos porque si no la vida se vuelve mediocre. El no contar con las palabras todas, los sueños todos, los amigos todos, las luchas todas, los miedos enterrados, arrancados para algún día besar ya a la dulce muerte.

Te acercas muy lentamente
Me jalas de la mano
Dejo atrás mi cuerpo y el cuerpo amado
Dejo atrás el vino y la cerveza fría
Mis sueños y esperanzas
A mis hijos, mis padres, mis amigos…
A tus ojos de niño grande y tu boca pequeña
Dejo atrás la vida…
¿Qué pasará ahora al besar la dulce muerte?
Me trago el dolor
Me consuela saber que la palabra
La voz…
Por siempre vivirán.

ritualteatro@hotmail.com


Por esto!, lunes, 13 de julio de 2009.

lunes 13 de julio de 2009

El espíritu científico y la poesía



Por José Díaz Cervera

A propósito de los aniversarios del 2009, referidos por Jorge Cortés, el del natalicio de Manuel Gutiérrez Nájera es uno de los más relevantes a nivel nacional.

Cuando uno piensa en las largas charlas que, caminando por la antigua calle de Plateros (hoy Madero, si no mal recuerdo) en la Ciudad de México, sostenían Gutiérrez Nájera y José Martí, uno no puede más que dejar volar la imaginación. La vehemencia del mexicano, su compromiso con la modernización de las letras nacionales (más allá de los corsés formales y de las ataduras vernáculas), debieron haberse catalizado con la lucidez del antillano, cuya prosa divina dio al español de ambas riberas del Atlántico un aliento y un ritmo sublimes.

Gutiérrez Nájera y Martí eran dos caras de la modernidad hispánica, misma que estaba desde su raíz desbordando el ámbito estrictamente literario. Lo que vemos en el primero es un deseo ferviente de que los ideales del liberalismo se cumplan a cabalidad en los terrenos de la expresión artística; en el caso del segundo hay un anhelo de encontrar aquellos lazos que unen a una región en un destino común. En ambos, sin embargo, hay datos que dan cuenta de su vocación de universalidad, y entre éstos podemos referir aquellos que se relacionan con el espíritu científico de su época.

Asumiendo que una reflexión más profunda sobre este tópico requiere de un ensayo cabal y que un artículo periodístico no puede aspirar a agotar el tema, podemos, sin embargo, referir que uno de los aspectos que dan cuenta de la instalación de la poesía hispanoamericana en la modernidad literaria de occidente tiene que ver con la reflexión crítica emprendida por poetas como Gutiérrez Nájera y Martí en torno a la ciencia positivista.

La noción (aún aceptada hoy día) de la objetividad como fundamento del conocimiento científico, era uno de los grandes temas de discusión en el último cuarto del siglo XIX, y los primeros poetas modernistas tuvieron la sensibilidad suficiente para percatarse que en esa polémica se libraba una de las grandes batallas del mundo moderno.

El problema era que la defensa de la objetividad positivista pasaba por la denostación de todo aquello que tuviera algún tufo de subjetividad; esto llevaba al hombre a una especie de callejón sin salida, donde la esfera de lo sensible quedaba confinada a un ámbito en el que era prácticamente inexistente. Cuando leemos las polémicas que alrededor del asunto se ventilaron en los periódicos de la Ciudad de México, no podemos más que sorprendernos, no tanto por los argumentos —que a lo mejor no eran suficientemente sólidos en algunos casos—, sino por la vehemencia con que se emprendía la reivindicación de la esfera emocional del ser humano.

La poesía hispanoamericana empezaba así a sintonizar con los problemas de su tiempo, para con ello dejar de ser el simple traspatio de lo que sucedía en las metrópolis europeas. No se trataba solamente de “modernizar” la literatura, se trataba de entender la situación propia más allá de las trampas del regionalismo; en el intento, el poeta hispanoamericano se descubrió como parte de un mundo y ahí miró su rostro para entenderse mejor. Martí fue extraordinariamente lúcido; Manuel Gutiérrez Nájera fue impetuoso. Ambos eran la síntesis de un mundo en ebullición.




Por esto!, sábado, 11 de julio de 2009.